Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

Al día siguiente volvimos con la misma estrategia, no había pasado de sesenta centímetros, pero Liberty, la verdad, había estado increíble en estos dos entrenamientos.

Nunca había pensado que podría sentirme cómoda saltando, aunque hacerlo con la montura de doma no ayudaba; los topes delanteros de la montura se me clavaban cuando me levantaba y el asiento era demasiado profundo como para ser rápida levantándome y sentándome.

Eran las seis y nuestra sesión estaba a punto de terminar.

Al igual que el día anterior, debía guardar a Liberty antes de las seis y media de la mañana para que nadie se diera cuenta.

De repente, vi una figura a lo lejos apoyada en la puerta de la pista.

Me quedé blanca, ¿quién podía ser? ¡Eran las seis de la mañana!

ningún profesor ni alumno debía estar aquí.

—Rompenormas, veo que no te das por vencida, ¿no? —dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Odiaba ese mote, pensé para mis adentros.

—Debo entrenar si quiero hacer algo bien en esta academia.

—¿Y la solución es poner a tu caballo de doma a saltar después de haber mentido al veterinario fingiendo una lesión?

—Dicho así suena terrible —dije reflexionando.

—No tiene mal estilo —dijo Jack, cambiando de tema y mirando a Liberty—. Prueba a entrar con más ritmo en el salto y a no hacer una vuelta tan grande. Deja que él te lleve. Cambia esta actitud de domera y ponle una marcha más.

—¿Acaso vas a ayudarme? —pregunté sorprendida.

—No quiero que te rompas nada, Rompenormas. Mi examen depende de vosotros dos.

Se acercó al salto y lo subió por ambos lados.

—Ehh, para, para, para… —dije mirando el salto asustada.

—¿No pretenderás saltar esta altura teniendo un examen a casi el doble de altura? Hay que probar hasta dónde podéis llegar. Además, solo lo estoy poniendo recto; que no sabes ni contar los agujeritos del reparo, Rompenormas.

Mmmm, es que lo odiaba. ¿Que no sabía contar?

¡Como si no hubiera visto que lo había subido al menos un palmo!

En fin, decidí restarle importancia y centrarme en lo que tenía delante.

Intenté darle más ritmo a Liberty. Para una persona acostumbrada a la doma clásica y al galope reunido y muy lento, que se lleva en nuestra disciplina, esa velocidad era increíblemente rápida.

Poco a poco me aproximé al salto, autoconvenciéndome de que podíamos hacerlo e intentando transmitirle seguridad a Liberty, aunque no la tenía ni conmigo misma.

La distancia nos vino un poco corta, pero Liberty saltó sin pensarlo.

Noté cómo nos paramos unos instantes en el aire.

No sé cómo se vio desde fuera, pero yo lo sentí increíble.

Miré hacia adelante cuando aterrizamos, mientras veía a Jack desaparecer por la puerta.

—Eee —grité para llamar su atención—. Jack, ¿cómo lo hemos hecho?

—A este ritmo, hasta una tortuga te gana. —Ni siquiera se dio la vuelta para mirarnos. Desapareció en la oscuridad. ¡Es que… no podía con él!

Segundo día del experimento o misión superado.

No tenía pruebas pero tampoco dudas de que Liberty estaba disfrutando esta faceta desconocida para ambos.

Al haber pasado tanto tiempo con él desde que era pequeño, había conseguido crear un vínculo especial, y sabía perfectamente cuándo estaba disfrutando algo.

Por otro lado, la vida en la academia no paraba, no tener entreno de doma con Liberty no significaba que me librara, los encargados de nuestros entrenamientos físicos habían decidido que era buen momento para ponerme sesión doble de gimnasio para seguir ganando fuerza y masa muscular, con lo que terminaba mis días más agotada de lo normal.

Por otro lado, Brooke y Emily ya empezaban a sospechar, y querían que fuera al médico para ver qué me pasaba, después de decirles durante dos noches seguidas que me iba a dormir pronto porque me encontraba mal.

Así que esa noche me tocaba aguantar despierta hasta que ellas se fueran a dormir para no poner más excusas.

Por suerte, estaba motivada y levantarme no me costaba.

Era la última mañana de mi plan de saltar con Liberty antes de volver con Phoenix y ver si había servido de algo todo aquello.

Esa mañana mi idea era poner un oxer y un pequeño recorrido de cuatro saltos en la pista para probarme enlazando saltos.

La verdad, empezaba a tener agujetas por todos lados, no tenía ni idea de en qué en salto se utilizaban músculos tan diferentes a los de la doma.

Además, tenía la espalda destrozada por mi maravillosa montura.

Como cada mañana, desperté a Liberty y lo llevé al preparador.

Cuando abrí la puerta para salir del paddock y entrar al preparador, vi un objeto colocado en la valla.

Qué raro, pensé. Ayer lo dejé todo guardado.

Me acerqué con curiosidad hasta que vi que era una montura con una nota encima que decía: Rompenormas, más vale que no le hagas un rasguño.

Vuestra posición mejorará con esto. Firmado, J .

¡Este chico! De verdad que parecía que me estuviera persiguiendo, y creo que él también le estaba cogiendo el gusto a esto de saltarse las normas colándose en nuestro paddock en plena noche. Pero no podía evitar que se formara una sonrisa en mi cara.

Preparé corriendo a Liberty y me dirigí a la pista general.

Le estaba cogiendo el gustillo a esa pista.

Coloqué el recorrido como pude con los recursos que tenía.

Los jinetes de salto cuentan los trancos entre saltos para saber cuántos trancos tiene que dar su caballo para llegar con una buena distancia.

Yo no dominaba todo esto, así que coloqué los saltos repartidos por la pista como más me gustaba.

Calenté con Liberty y, la verdad, cada día estaba más emocionada.

Su energía era controlable, y aunque lo notaba fuerte, me había dejado claro que odiaba tocar las barras.

En estos dos días solo había tenido que recolocar una después de que Liberty tocara la barra y saliera dando unos saltos de alegría conmigo encima, seguramente asustado porque no sabía qué había pasado.

Por suerte, conseguí controlarlo. En doma apenas nos caemos, pero ahí vi mi vida peligrar.

Empecé el recorrido poniendo el primer salto a sesenta centímetros, el segundo y el tercero a setenta centímetros, y el cuarto a ochenta centímetros para ver cómo nos defendíamos.

Lo hice dos veces, y quedé tan satisfecha que decidí dejar el entreno ahí.

A veces menos es más, y lo que habíamos hecho estos tres días era como un sueño.

Cuando despreparé a Liberty, me quedaban veinte minutos para devolverle la montura a Jack y regresar a mi habitación.

Realmente había notado una diferencia abismal, ponerme en posición para el salto era mucho más fácil, y a Liberty le liberaba más las espaldas para poder saltar mejor.

Pasé por los paddocks de la casa de salto buscando a Phoenix.

Normalmente, cuando teníamos clase ya lo encontraba con Jack en la pista, así que debía investigar entre todos los paddocks cuál era el suyo.

Supongo que Jack había tenido que hacer lo mismo con el nuestro.

¡Y bingo! Finalmente encontré a Phoenix, estaba comiendo heno cuando me escuchó y puso sus orejas hacia adelante.

—Hola, Phoenix, soy yo. No te asustes —le dije con voz tranquila—. Solo voy a dejar esto aquí. Puedes seguir comiendo.

Phoenix reconoció mi voz, algo que me sorprendió, ya que nuestra relación se había basado en correr por la pista intentando controlarlo y trotar pasando solo cruzadas.

Vino despacio hasta donde estaba yo y me acercó la cabeza al pecho, quedándose quieto y esperando que le acariciara.

Me transmitió paz. No sabía que el caballo energético y fuera de sí que había visto en la pista tendría estos momentos de calma.

Ahí me di cuenta de que solo debía entenderlo y escucharlo antes de volver a montarme.

Nos quedamos unos cinco minutos así antes de dejar ahí la montura con una nota que decía: Se te da bien también esto de romper normas. Gracias. Firmado, O .