CAPÍTULO 19
Después de pasar el domingo por la tarde reflexionando mucho sobre todo lo que estaba ocurriendo en la Academia Rider, y de que las chicas llegaran y me contarán todas sus aventuras del fin de semana, había llegado a la conclusión de que no podía volver a pasar un momento como este con Jack ni con Phoenix, y muchos menos seguir por este camino.
Era lunes y debía aprender a saltar antes de que me hiciera daño saltando con un caballo tan experto y fuerte como Phoenix.
En mi cabeza tenía varias ideas, pero no terminaban de tener forma.
Si algo me habían dicho es que era extremadamente resolutiva, así que empecé a barajar todas las opciones que se me ocurrían: podía ir a una hípica que estaba a veinte minutos de la academia y pedir clases de salto los domingos, o podía…
Mi mente se detuvo un momento pensando en el día anterior con Liberty en el campo.
¿Y si…? ¡No, Olivia! ¡Sería romper MUCHAS normas!
Pero ¿qué más podía hacer? Me invadieron todas las dudas, pero cogí la libreta en la que había anotado la noche anterior todas mis ideas y tracé un plan.
Y ese plan empezaba este mismo lunes: OPERACIÓN APRENDER A SALTAR.
Por la mañana, me dirigí a la clínica de la academia antes de la próxima clase para hablar con Mr. John.
Había hecho buenas migas con él en la clase de Anatomía y Fisiología; seguramente era la alumna más interesada en las disecciones y una de las pocas a las que no le daban asco las fotos que nos mostraba.
Tenía que buscar una buena excusa, así que llamé a su puerta y entré en su despacho.
—Buenos días, Mr. John —dije con voz angelical.
—Buenos días, Olivia —me respondió extrañado—. ¿Hay algún problema?
—Bueno… al inicio del curso nos dijeron que cualquier cosa que viéramos en nuestro caballo debía ser informada.
—Exacto —contestó prestando más atención.
—Verá… es que a Liberty, esta mañana, lo he visto con el ojo un poco entrecerrado. Le ha pasado varias veces y ya tengo el colirio que siempre le pongo. Es algo que le suele ocurrir
—Entiendo. ¿Necesitas que un veterinario vaya a visitarlo?
—¡No! —me apresuré a decir—. Creo que con tres días de colirio y descanso estará perfecto.
—De acuerdo, voy a informar que, durante tres días, Liberty va a tener descanso por prescripción médica.
—¡Genial! —dije intentando no parecer muy emocionada—.
Muchas gracias —añadí, sorprendida de lo fácil que había sido.
Supongo que nadie quería mentir diciendo que su caballo estaba malo teniendo los exámenes a la vuelta de la esquina y sin tiempo para practicar, pero ese era el primer paso de mi gran plan.
Cerré la puerta y me reuní con Brooke y Emily para asistir a nuestra última clase del día, la de Bienestar Animal.
Era muy interesante; al resto de jinetes parecía que no les apasionaba el tema, pero, tal y como están las cosas en el mundo ecuestre, era de vital importancia prestar atención.
Durante estos meses habíamos repasado los casos más relevantes en relación al bienestar del caballo que habían salido en televisión.
Helgstrand, César Parra, Charlotte Dujardin, entre otros, eran los nombres que más sonaban.
Me gustaba aprender a mejorar y escuchar mi relación con mi caballo, y esta clase era perfecta para ello.
En estos momentos, estábamos estudiando las cinco libertades de los caballos para su bienestar.
Algunas parecían obvias, pero era porque nos encontrábamos en un sitio privilegiado.
Sin embargo, en la zona de la academia de caballos rescatados, se podía ver que las cinco libertades no se cumplían en todos lados.
El profesor Owen las repasó una vez más para que se nos quedara bien integrado:
● Libre de hambre, sed y desnutrición: todos los caballos debían tener una alimentación correcta y disponer de agua durante las veinticuatro horas del día.
● Libre de miedos: ¿somos capaces de identificar cuándo nuestro caballo tiene miedo y ver en qué varía su conducta?
● Libre de incomodidades físicas: repasar que nada de nuestro material le pueda causar daño: silla mal colocada, filete, incomodidades en el dorso…
● Libre de dolor y enfermedad: hay que tener un control rutinario por nuestros veterinarios, fisios, odontólogos o podólogos para controlar que todo esté bien.
● Libertad de expresar su comportamiento natural o normal: priorizar la salud mental de nuestros caballos con una rutina variada, un espacio suficientemente grande para moverse y tener compañeros con los que poder relacionarse.
Liberty cumplía con todas las libertades, pero siempre me decía que qué suerte había tenido con él y la cantidad de caballos que vivían en unas condiciones deplorables o con dueños que no escuchaban sus necesidades en el mundo.
Me fui a dormir a las nueve, diciéndoles a Brooke y Emily que no me encontraba del todo bien y quería ir a descansar.
Abrí mi armario y me puse los pantalones y la camiseta más cómodos que tenía de montar para, seguidamente, tumbarme en la cama y quedarme dormida.
No sé qué soñé, pero recuerdo haberme despertado varias veces durante la noche.
Creo que estaba ansiosa y me daba miedo sucumbir al sueño.
Mi despertador sonó a las cinco de la mañana.
Menos mal que Brooke y Emily eran de buen dormir y su despertador tenía que sonar cinco minutos seguidos antes de que abrieran los ojos.
Por mi parte, con el primer PIII ya estaba en pie.
Salí de manera sigilosa por la puerta de la habitación y me escurrí hasta llegar al paddock de Liberty.
Liberty se encontraba tumbado cómodamente en su paddock .
Me supo fatal tener que levantarlo, pero con unos mimos y un soborno a base de zanahorias conseguí levantarlo e ir rápido al preparador.
Hice una carrera conmigo misma, contando cuántos minutos podía tardar en tenerlo listo.
La adrenalina corría por mis venas, pero la tranquilidad que se respiraba con todos los caballos descansando me ayudaba a relajarme.
Le puse montura, nuestra brida de dar cuerda con un filete simple, unos protectores, y me dirigí hacia la pista general cubierta.
Cada paso que dábamos me hacía sudar más.
Liberty no era precisamente sigiloso y sus herraduras resonaban en el suelo a cada paso que dábamos, si alguien nos pillaba por el camino a las cinco y media de la madrugada, no sé qué excusa iba a poner, porque no había por donde salvarlo.
Llegamos a la pista general, llevé a Liberty del ramal y después le preparé un obstáculo en medio de la pista.
No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero solo tenía en mente mejorar y ser mejor amazona.
Los obstáculos que había en la pista general eran los que se les habían quedado viejos a la casa de salto.
Solo había un par de reparos para montar un oxer y un vertical.
Obviamente, quien quisiera saltar se iba a las pistas principales de salto, pero eso sería romper más normas de las que podía contar.
Aparte, en todas las pistas pasaban la rastra cada día a las nueve de la noche, así que, si las pisaba, seguro que me pillarían, mientras que las generales las pasaban al mediodía y podía ser que algún caballo las hubiera pisado por la tarde.
Estábamos acostumbrados a montar con poca luz. En Blackwood había veces que iba muy pronto y, para ayudar a Emma con el ahorro energético, no encendía la luz. No me daba miedo, ya que sabía que los caballos veían mejor por la noche que nosotros y Liberty estaba muy tranquilo.
Decidí empezar con un par de cruzadas en una calle, recordando todo lo que me había explicado, más bien chillado, Jack en estas semanas: rectitud en la calle era lo más importante, darle ritmo y mantenerme quieta sin atacar, que fuera él quien tirase de mí.
Antes de empezar a saltar, pasé a Liberty varias veces al paso para que lo mirara.
No se extrañó mucho; creo que era una de las cosas positivas de trabajar la desensibilización con mil objetos diferentes, que cada vez que le introducía algo nuevo a Liberty le parecía bien.
Empecé al trote antes de galopar, ya que de esta manera podía tener más control, y lo pasé suavemente por en medio del obstáculo.
¡Boom! Liberty saltó como si fuera un salto a ochenta centímetros.
Lo paré en recto y lo acaricié. Nos dedicamos a hacer esto varias veces.
Descubrí y tuve la suerte de que a Liberty no le gustaba tocar porque, si no, me habría hecho bajar a poner la cruzada cada dos por tres.
Desde el primer momento, noté una buena sensación con Liberty.
Le sentía contento y feliz. Aunque él quería ir más rápido, yo no era capaz de darle velocidad.
Justamente en doma estábamos practicando reunir y llevarlo por la pista a un ritmo lento y constante, y aquí era todo emoción.
No sé si era la mejor de las ideas; para mí era todo un reto.
Pero al final del entreno habíamos cogido un ritmo donde los dos estábamos muy cómodos.
No paraba de acariciar a Liberty y decirle lo bien que lo estaba haciendo.
Miré el reloj y marcaba las seis y cuarto, hora perfecta para recoger todo, desensillar volando y volver a escurrirme en la habitación como si nada hubiera pasado. Estaba eufórica con el trabajo que habíamos hecho hoy.
Primer día de la misión Saltar con Liberty completado con éxito, sin un rasguño. Nos quedaban dos días más para seguir practicando.