CAPÍTULO 18
Llevaba tres intercambios de caballos con Jack y Phoenix, y el tema no había mejorado.
Por si fuera poco, toda la academia lo sabía, y es que Charlotte se había encargado de ello colgando un tiktok, grabado a escondidas, de un salto de no más de cuarenta centímetros.
Un salto que, por cierto, fue un desastre.
A veces podía escuchar las risitas y murmullos al pasar cerca de los grupos de segundo y tercero de doma.
No era solo una cuestión de técnica, que con el tiempo iba a aprender, también era la presión de estar en el ojo público lo que me estaba agobiando.
Brooke y Emily me intentaban animar. Sus intercambios de caballos estaban siendo mejores; a las dos les había tocado completo.
En parte, pensaba que menos mal que no me había tocado completo.
Si no era capaz de saltar en pista, menos lo sería en un campo lleno de obstáculos fijos.
Pero, por otra parte, sus entrenadores eran amables y pacientes.
Sus exámenes eran bastante más fáciles que el mío, ya que era una especie de yincana que, por lo que contaban, era de lo más divertido.
Mi relación con Jack no había mejorado mucho.
Llevaba unas cincuenta flexiones por hacerlo mal, y ahora le habíamos añadido el ejercicio en el que debía contar trancos entre cruzada y cruzada y ver la distancia.
Menuda pesadilla esto de las distancias.
Me hacía contar tres, dos, uno y salto. Cuando no acertaba, corría una vuelta entera a la pista.
Imaginar la risa de todo el mundo cuando pasaba eso…
Mi orgullo no me dejaba rendirme, pero no había avanzado mucho con Phoenix.
No teníamos conexión; no podía pasar tiempo con él, no lo conocía.
Solo lo veía estresado por la pista cuando yo lo saltaba.
Muchas veces pensaba que, a pesar de sus duros métodos, Jack me daba pequeñas señales de que no todo estaba perdido, o eso me quería imaginar yo, ya que había momentos en que, tras un ejercicio particularmente básico, me miraba con una sonrisa aprobatoria, aunque rara vez lo dijera en voz alta.
Casi habíamos llegado a noviembre, y en un abrir y cerrar de ojos me había comido un mes de intercambio.
Mi preocupación iba en aumento. Yo era de las que creían firmemente que la base lo es todo y que practicar poco a poco hasta tenerlo todo supercontrolado te haría conocer al caballo a la perfección, y después solo sería subir las barras.
No habíamos pasado de sesenta centímetros en estas clases, quedaba casi doblar la altura para el examen.
El viento gélido procedente del norte empezaba a hacerse notar, yo seguía con mi rutina agotadora y la sensación de estar estancada en mi progreso se hacía más evidente.
Los demás estudiantes parecían estar en un juego comparado conmigo. Ellos se reían y se divertían con los entrenos, mientras yo estaba atrapada por alcanzar lo básico.
Era domingo y, después de esta semana, necesitaba un poco de desconexión.
Emily y Brooke se habían ido a casa, y aunque seguían ofreciéndome ir con ellas, yo decidí quedarme en la academia.
Pensaba que unos días fuera me desconcentraría de mis objetivos aquí, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas.
Me levanté temprano y no tenía ganas de ver a nadie.
Eran pocos los alumnos que quedaban en la academia, pero esa mañana estaba especialmente tranquila.
Decidí que necesitaba un descanso, y no se me ocurrió mejor manera de hacerlo que salir al campo con Liberty.
A veces, cuando todo se volvía oscuro, simplemente estar con él, lejos de las pistas y las exigencias, me ayudaba a ver las cosas desde otra perspectiva.
Era nuestra rutina favorita cuando estábamos en Blackwood, y siempre que teníamos un momento, nos escapábamos dos o tres horas a recorrer las montañas.
Después de desayunar rápidamente mis cereales y un bol de leche, me dirigí a los paddocks .
Encontré a Liberty estirado en su box. La luz de la mañana se reflejaba en su cuerpo y lo hacía parecer castaño en lugar de negro.
Estaba muy tranquilo a diferencia de mí, que debía desprender un aura de estrés y agobio.
Me acerqué con cuidado para no despertarlo y poder estirarme un rato a su lado.
Aproveché para sacarnos un par de fotos de este momento tan especial, colgarlas en Instagram y así poder seguir trabajando en mis redes sociales.
En estas semanas, había mejorado mucho; empezaba a cogerle el tranquillo a eso de los stories , mis seguidores empezaban a interactuar conmigo y el número de seguidores aumentaba a buen ritmo.
Me había dado cuenta de que mi naturalidad les encantaba; no añadía filtros y los stories del día ya los tenía previsualizados en mi cabeza, solo tenía que ejecutarlos.
Había desarrollado gran creatividad para esto, y estaba sorprendida de mí misma.
Subí un par de fotos de este momento mientras estaba apoyada en Liberty y él me tocaba con su hocico pidiendo mimos.
—¿Qué dices, Lib? —le pregunté suavemente, acariciando su hocico—. ¿Te apetece un paseo?
Liberty resopló despacio, como si entendiera que hoy no íbamos a entrenar, sino simplemente a disfrutar de un paseo por el campo.
Los días de la semana en los que los caballos tenían campo, yo pensaba que era solo soltar riendas y dar un paseo al paso, pero había aprendido que era todo lo contrario, una manera más de trabajar en un entorno diferente.
Teníamos una rutina de campo, en la que se nos marcaba en qué subida debíamos galopar o trotar, en qué camino dejar riendas largas al galope o en qué trozo debíamos hacer espaldas adentro, cesiones a la pierna o apoyos.
Lo preparé con calma, ajustando la montura y la brida con tranquilidad, y le di un par de terrones de azúcar.
Mientras lo hacía, noté lo relajado que se encontraba.
Nos conocíamos tanto que, al sacarlo del paddock o cepillarlo, ya sabía en qué estado de ánimo iba a estar ese día.
Una vez listo, salimos del paddock y nos dirigimos hacia el campo abierto.
El aire fresco nos rodeaba cuando cruzamos la valla que separaba los terrenos de la academia del campo abierto.
Dejé que Liberty caminara a su propio ritmo, disfrutando también.
El paisaje era precioso, no podías ver el final de los campos, era una mezcla de colinas verdes, bosques y caminos que se perdían en la distancia.
Después de unos kilómetros, nos detuvimos en la cima de una pequeña colina en la que se disfrutaba de una vista panorámica de los alrededores y de la academia.
Desde allí, podía ver todo desde otra perspectiva.
La academia, que a veces se me comía, había quedado reducida a un espacio pequeño e insignificante, lleno de edificios. No tenía que aterrorizarme tanto.
Suspiré y me bajé de Liberty, le quité la brida y lo dejé pastar libremente mientras yo también me sentaba en la hierba. Debíamos llevar una hora y media, el sol comenzaba a calentar de forma agradable, aunque el viento seguía soplando.
Apoyé la cabeza en las rodillas y me dejé llevar por mis pensamientos.
Me pregunté por qué me sentía tan desmotivada últimamente.
Quizás era la presión de mantener la beca, el miedo constante a fallar en los exámenes, o la incertidumbre de lo que estaba sucediendo en general.
Había tantas cosas fuera de mi control que me hacían sentir pequeña, como nadar a contracorriente sin moverme del sitio.
Estaba observando a Liberty cuando lo vi coger una pequeña rama que había caído de un viejo roble que teníamos al lado, siempre era juguetón con todas las cosas que se encontraba y era normal que me lo acercara para que lo viera yo también.
Vino tranquilamente a mi lado, lo soltó y empezó a pasar por encima de un lado a otro, yo no podía parar de mirarlo y sonreír pensando lo bien que se lo estaba pasando con una simple rama.
Me levanté lentamente y acaricié a Liberty, apoyando una mano en su espalda.
—Gracias, siempre, Lib —susurré.
Lo preparé de nuevo y empezamos el camino de vuelta a la academia.
Al llegar a los paddocks , preparé a Liberty y le di una buena ración de manzanas y zanahorias antes de soltarlo otra vez en nuestro pequeño recinto.
Aún me quedaban unas horas antes de que las chicas volvieran de su día fuera, así que revisé y cepillé a Kingsman y Bumblebee, y después volví a la residencia para prepararme algo de comer, tumbarme en la cama y ponerme una película motivadora en Netflix.
Cuando me acosté en la cama, ya duchada y con el pijama puesto, aunque fueran las tres de la tarde, me sentí más tranquila de lo que había estado en mucho tiempo.
Puse de fondo Nil Moliner en el ordenador y cogí mis libretas para repasar apuntes, hacer listas de tareas pendientes y empezar a ver el plan que debía trazar.