Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

Quedaba un poco más de una semana antes de empezar con el intercambio.

Los domingos eran muy tranquilos en la Academia Rider.

La mayoría de los jinetes se iban a sus respectivas casas desde el sábado por la tarde hasta el domingo por la tarde, para estar con sus familias.

Para mí, era un día de descanso y de pasar momentos con Liberty.

Mi casa estaba demasiado lejos como para ir y venir en un día, y mi familia no tenía dinero para coger un vuelo hasta aquí.

Brooke y Emily volvían todos los fines de semana a casa, siempre despidiéndose y preguntándome si no quería ir con ellas cuando las acompañaba al aparcamiento donde sus respectivos chóferes las estaban esperando.

—Tienes que venir un fin de semana con nosotras y desconectar de la academia —dijo Brooke emocionada—. A mi familia le encantaría conocerte. Les hablo a todas horas de vosotras.

—No tengo dudas, Brooke, de que les cuentas todo lo que pasa por aquí —contestó Emily, mirándome y riéndose. Las dos vivían a una hora de la academia, Brooke en dirección norte y Emily en dirección sur.

—Descansad, ¿vale? Y disfrutad de estos días.

Yo voy a cuidar de Bumblebee y Kingsman —dije.

A diferencia de los otros jinetes, quienes dejaban la lista de cuidados de sus caballos a las personas de mantenimiento de la academia, a mí me gustaba encargarme de los caballos de mis amigas y mimarlos un poco.

Había descubierto que sus personalidades eran totalmente distintas conmigo.

—Eres la mejor, Olivia. No sé qué haríamos sin ti —dijo Emily mientras cerraba la puerta del Chevrolet que la recogía.

—¡Os echaré de menos! ¡Nos vemos mañana por la tarde! Os iré informando de cualquier novedad.

Los domingos empezaban a gustarme. Me dedicaba tiempo a mí y a Liberty, a Bee y Kingsman poco a poco los iba conociendo y descubriendo sus personalidades.

Bee era muy juguetón, no tanto como Liberty, pero siempre que estabas en su paddock requería tu atención.

Al principio era algo prudente, pero una vez que te conocía, iba al fin del mundo contigo.

Por otro lado, Kingsman era mucho más arisco; quizás porque su relación con Emily era más fría.

Tenía muchos miedos, aunque no los quería mostrar y, en mi opinión, había perdido un poco la esencia de ser caballo, limitándose a trabajar y hacer su trabajo bien hecho cada vez que entraba en el cuadrilongo.

Delante del paddock de Kingsman, vivía First Romance, el caballo de Charlotte.

También me había parado a observarlo algunas veces.

No interactuaba mucho, menos de lo que lo hacía Kingsman.

A veces se le notaba nervioso con algunas estereotipias, y otras veces se le veía apático, aunque en la pista brillaba con Charlotte.

Ese domingo no fue diferente; solo nos habíamos quedado tres o cuatro jinetes de la casa de doma, y la verdad es que era un día en que no me apetecía interactuar con nadie y quería pasar desapercibida.

Ordené y limpié mi habitación, puse lavadoras con toda mi ropa, cambié las sábanas, organicé los apuntes de la semana, preparé las comidas de los caballos con ración extra de manzanas y zanahorias, y organicé el correo con la planificación de Liberty que le iba a mandar a Mrs. Sabina esa misma tarde. Me gustaba pensarlo bastante:

● Lunes: cuerda. Era una manera de empezar la semana de manera fácil y tranquila.

● Martes: clase de doma.

● Miércoles: campo.

● Jueves: clase de doma.

● Viernes: clase (intercambio con Jack).

● Sábado: trabajo pie a tierra o aqua trainer . Mi día comodín lo acostumbraba a gastar con trabajo pie a tierra. Mientras el resto de los jinetes lo usaban para añadir un día más de clase, yo prefería disfrutar con Liberty de otra manera.

● Domingo: descanso.

Nunca acostumbraban a responder a los correos de planificación. Simplemente, al día siguiente, en el tablón de anuncios, veías con qué entrenador ibas a entrenar. Hasta ese momento, en el que me llegó un correo que decía:

● Jueves a las 17:30 h: clase con Carl Hester.

¿Con Carl Hester?, pensé, sorprendida. ¿El jinete olímpico y referente en el mundo de la doma? Aunque Brooke me había advertido de que era muy probable que esto pasara, no me había hecho a la idea hasta que leí el correo.

Ese jueves las clases se anulaban y el día estaba dedicado a hacer un clinic con Carl Hester.

La dinámica era la de una clase magistral: juntaban a dos o tres jinetes que tuvieran el caballo del mismo nivel y realizaban una clase de cuarenta y cinco minutos.

El resto de los alumnos escuchábamos desde las gradas.

Carl lo enfocaba un poco más a los oyentes que a los propios jinetes.

Es decir, los jinetes trabajaban por la pista y él iba corrigiendo algunas cosas, pero más que nada explicaba ejercicios, cómo les pedía él las cosas a los caballos, su escalera de entrenamiento…

La verdad es que me habría pasado horas viéndolo y escuchando.

Ir a clinics o clase magistral para poder ver métodos de otros entrenadores era una de mis cosas favoritas, pero en mi zona solo había podido ir a una sobre los siete juegos de Parelli.

La semana pasó volando y todos estábamos esperando con ansias el jueves para poder disfrutar de Carl.

Charlotte y Emily fueron de las primeras con sus caballos casi en gran premio. La verdad es que envidiaba lo elegantes que parecían. Yo tenía que empujar a Liberty en cada tranco si quería que avanzara, mientras que a ellas no se les veía mover una pestaña.

Brooke se incorporó al siguiente grupo de jinetes, también estuvieron muy bien. Con las indicaciones de Carl, todo parecía fácil.

Yo participé en la última clase junto con otros dos chicos que tenían dos caballos de siete años cada uno.

Éramos la clase de los más jóvenes, y Carl parecía disfrutarla como el que más.

Estaba muy nerviosa por tener a toda la casa de doma observando cada uno de mis movimientos, pero me dio buenos consejos para trabajar y se centró en un entrenamiento positivo, cosa que yo agradecí enormemente, y los nervios se desvanecieron con rapidez.

Liberty me estuvo escuchando en todo momento y yo le dejaba su espacio para pensar. Cuando terminamos, hizo un comentario a todo el público que estaba ahí:

—Los grandes caballos no tienen por qué trotar y galopar espectacularmente.

Solo necesitan una buena cabeza, buen paso, un jinete que crea en ellos y que quiera trabajar en el vínculo.

Con eso, puedes domar cualquier caballo —dijo mirándonos a Liberty y a mí—.

Valegro —prosiguió—, caballo que todos conocéis, no fue el mejor de los potros.

No destacaba en nada y lo compré a un precio extremadamente bajo, dado que yo no tenía la mejor economía.

Pero con trabajo lo conseguimos. Con esto, quiero concluir mi clase magistral de hoy.

Creed en vuestros caballos y haréis magia.

Gracias a todos, ha sido un día muy productivo.

Las gradas aplaudieron con entusiasmo y yo no podía estar más feliz de ir a la cuadra. Era la primera persona que nombraba que trabajar el vínculo con el caballo nos haría imparables, y eso no se lo había escuchado a ningún otro profesor.

—Olivia con Liberty, ¿verdad? —dijo Carl mientras yo y Liberty salimos por la puerta.

—Sí… —dije sin creer que Carl se estuviese dirigiendo a mí.

—Puedes hacer grandes cosas con tu caballo, quizás ahora mismo tú y la mayoría de jinetes no lo vean, pero yo he podido ver cómo lo escuchas, le das su tiempo, lo pides todo de manera tranquila y paciente, y eso no se ve todos los días.

—Gracias —me apresuré a decir.

—Los caballos necesitan tiempo y tener este vínculo con su jinete, y hoy me habéis impresionado. Enhorabuena —dijo mientras acariciaba la grupa de Liberty.

—Muchas gracias —fue lo único que me salió decir.

—Espero verte en algún concurso en un futuro, pero no tengas prisa —añadió mientras se reunía con todo el profesorado.

No cabía en mí, ¿Carl Hester acababa de decir eso de Liberty y de mí?

Debía estar soñando… Estaba tan feliz de que alguien viera todo el trabajo que le dedicaba a Liberty fuera de la pista, porque quizás dentro del cuadrilongo no éramos los mejores, pero durante la mañana, me había dado tiempo a analizar a varios jinetes.

La mayoría de ellos estaban tan centrados en entrenar que olvidaban pasar momentos con sus caballos sin la presión de un entrenamiento.

Muchos caballos solo relacionaban a sus humanos con ir a trabajar.

Pocos riders dedicaban un rato a dar de pastar fuera del paddock , con un paseo de la mano o aprovechando el día comodín para hacer cosas diferentes.

Y eso se notaba a la legua cuando los veías.