CAPÍTULO 15 #2
Después de la intensa mañana de clases, nos dirigimos a nuestra última clase del día: Redes Sociales y Actualidad en el Mundo del Caballo.
Esta clase estaba impartida por una experta en comunicación ecuestre, y era crucial para entender cómo se estaba transformando el mundo de la hípica en la era digital, cosa que yo nunca me había planteado y vivía un poco alejada de todo ello.
Mrs. Abigail entró en el aula. Era una mujer joven, siempre vestida de manera sofisticada y con experiencia en marketing digital, que trabajaba para marcas ecuestres internacionales. Se veía que era una persona con liderazgo y pasión por el tema.
—Buenos días, riders —dijo con una sonrisa—. Hoy vamos a explorar cómo las redes sociales han cambiado el mundo ecuestre y cómo podéis utilizarlas para vuestro propio beneficio, ya sea como jinetes, entrenadores o empresarios en el mundo del caballo.
Nos sentamos en primera fila, listas para aprender, la verdad es que nunca había ido tan motivada a clase.
Por otro lado, jamás había pensado demasiado en la importancia de las redes sociales, pero después de unas clases, estaba fascinada.
Mrs. Abigail nos enseñó cómo algunos jinetes habían construido carreras fuera de la competición simplemente gestionando bien su imagen en Instagram, TikTok y YouTube.
—Las plataformas como Instagram y TikTok han permitido a los jinetes llegar a todos los rincones del mundo —explicó—.
Ahora, ya no se trata solo de ganar en competición, sino de cómo compartís vuestro viaje.
Vuestro público quiere ver lo que hay detrás de escena: cómo os preparáis, la frustración, el vínculo con vuestros caballos, las victorias y las derrotas.
Es importante construir una marca personal sólida.
Que se sientan identificados con vosotros y puedan ver que no solo ellos tienen días malos, caídas o pierden competiciones, sino que nos pasa a todos.
Al final de la clase de Redes Sociales y Actualidad en el Mundo del Caballo, la profesora nos dejó unos deberes interesantes: crear un plan de redes sociales para un jinete imaginario.
En el plan se debía escoger una plataforma (TikTok, Instagram o YouTube), hacer una estrategia de contenido e interactuar con posibles patrocinadores.
Para mí, esto representaba todo un reto, pero estaba decidida a aprovecharlo.
Además, teníamos que mantener activas nuestras redes sociales a lo largo del trimestre, con especial atención al contenido que compartimos sobre nuestra experiencia en la academia.
Al principio, pensé que la privacidad de este sitio era una de las normas más importantes, pero pronto me di cuenta de que nos animaban a enseñar lo que hacíamos aquí.
El examen de final de trimestre incluía trabajar para una marca, y teníamos estos meses para contactar con alguna.
Emily, por ejemplo, había colaborado con marcas reconocidas como Anky y DeNiro.
Mi perfil de Instagram, por otro lado, era bastante modesto, con solo unas pocas fotos de Liberty y escasas historias en todo el año. Pero eso estaba a punto de cambiar.
Tras la clase, nos dirigimos a las cuadras.
Uno de mis momentos favoritos del día era la pausa entre las clases teóricas de la mañana y las prácticas de la tarde, y tenía la oportunidad de desconectar un poco con Liberty.
A la una y media le dábamos la segunda ración de pienso, y yo siempre le añadía un poco más de heno.
Después le repasaba el paddock , recogiendo cualquier caca que hubiera, y dejaba preparado todo lo del entreno de la tarde.
Brooke y Emily ya estaban acostumbradas al ritmo. Manteníamos el espacio en el que vivían los caballos impecable, ya que los entrenadores revisaban el estado de las cuadras al menos una vez a la semana.
Liberty estaba especialmente mimoso ese mediodía. Cuando me vio, se acercó para que le acariciara y le diera algunas de las chuches que tenía guardadas.
—Eres el mejor, Liberty —le dije mientras le daba su pienso—. No hay duda de que aquí vamos a crecer mucho juntos.
El vínculo con Liberty se iba haciendo más fuerte cada día que pasaba, y yo lo notaba.
A los diez minutos subieron Emily y Brooke de sus respectivos paddocks a recogerme, siempre nos entreteníamos y terminábamos yendo corriendo al restaurante para comer en veinte minutos antes de volver a las clases.
El comedor era enorme, con grandes mesas donde todos nos sentábamos y hablábamos sobre cómo nos iba el día.
Ese día hacía buen tiempo, así que Brooke, Emily y yo decidimos comer en las mesas de fuera para disfrutar del sol antes de nuestra próxima clase: Primeros Auxilios.
Yo de primero cogí una ensalada con lechuga, garbanzos, kiwi y huevo duro y, de segundo, carne vegetariana con salsa de champiñones.
Había descubierto un nuevo mundo con la comida vegetariana de la academia, y me encantaba.
La clase de primeros auxilios era en la clínica veterinaria de la academia, conocida en todo el país.
Traían caballos de todas partes para operaciones o tratamientos especializados.
Antes de decidir qué quería ser, soñaba con entrar en un quirófano y curar animales, así que las clases en la clínica me fascinaban.
Las clases prácticas eran muy diferentes a las de la mañana.
Teníamos clases prácticas de tres a cinco de la tarde, y era donde más aprendíamos.
La clínica tenía doce boxes para caballos ingresados.
Todo estaba extremadamente limpio y desinfectado, y se respiraba tranquilidad, sin apenas ruido, solo el de los cascos de los caballos que podían pasear y las voces de los veterinarios y auxiliares.
Nuestro profesor de Primeros Auxilios, Mr. Robert, era el veterinario jefe de las instalaciones, y nos enseñó cómo curar heridas superficiales, vendar una pata de manera correcta y cómo actuar en caso de cólico, una de las emergencias más comunes y graves en los caballos.
—Recordad que el tiempo es crucial en estos casos —nos explicó mientras nos mostraba cómo medir la frecuencia cardíaca de un caballo—. La prevención es clave, pero cuando ocurre una emergencia, debéis estar preparados.
Absorbía cada palabra. Ver a los veterinarios en acción me inspiraba, pero también me daba tranquilidad saber que había una clínica tan bien equipada cerca de Liberty.
Durante el año, asistiríamos a varias operaciones para entender todos los procesos que se realizaban.
Era como estar en una película, con el quirófano rodeado de cristales que permitían ver la operación desde diferentes ángulos.
El tiempo en la Academia Rider siempre pasaba volando, y antes de darnos cuenta, era hora de entrenar.
Tras el intenso día de clases, nos dirigimos las tres a las cuadras en bicicleta.
Las bicicletas de libre uso eran la mejor idea que había tenido la academia, ya que nos facilitaba movernos de un lugar a otro bastante rápido.
Una vez en los paddocks , comencé a preparar a Liberty, agradeciendo haberme puesto la ropa de montar por la mañana, ya que, como siempre, íbamos justas.
Emily estaba trabajando con Kingsman a la cuerda, centrada en que se estirase él solo y se relajará, mientras que Brooke se preparaba para dar un paseo por los alrededores de la academia con Bumblebee.
El momento de montar siempre era el más esperado del día.
La pista estaba tranquila, lo que me permitió concentrarme mucho.
Mrs. Sabina se había vuelto nuestra entrenadora favorita, estaba al mando de nuestras clases.
Trabajar con ella era un placer; si pudiera elegir a cualquier entrenador, ella sería siempre mi primera opción.
Nos centramos en los ejercicios básicos, enfocándonos en el paso y el trote, pasando por el dorso y avanzando sin necesidad de empujar en cada tranco. A pesar de ser pequeño, Liberty siempre estaba dispuesto a trabajar y, cada vez que le enseñábamos algo nuevo, siempre lo entendía muy rápido.
—Hoy has estado súper, Lib —le dije mientras le acariciaba al finalizar el entrenamiento—. Estamos avanzando, y eso es lo que cuenta.
Después del entrenamiento, volví a las cuadras para comentar con Brooke y Emily cómo les había ido.
Despreparé a Liberty, le mojé un poco las patas para quitarle el sudor y me aseguré de que estuviera cómodo.
Le di su cena y nos dirigimos al gimnasio para nuestra rutina de ejercicios, a estas horas ya empezaba a estar cansada, ya que no habíamos parado ni un segundo.
La sesión de hoy estaba enfocada en resistencia y fuerza. Mientras corría en la cinta, aprovechamos para hablar sobre nuestros planes futuros, sueños y objetivos que teníamos dentro de la academia con otros compañeros que también estaban en el gimnasio.
Después de una ducha que me dejó como nueva y una cena con las chicas, Harper y Grace, regresé a la habitación.
El cansancio podía conmigo, pero tenía la sensación de que estaba aprovechando al máximo cada momento del día.
Me tumbé en la cama y me tapé con el edredón, y en cuestión de minutos me quedé dormida.
Así transcurría cada día en la academia.