CAPÍTULO 15
El despertador sonó temprano, como siempre, pero hoy era viernes y el fin de semana estaba cerca.
Llevábamos un par de semanas en la Academia Rider y la rutina empezaba a envolvernos.
El sonido de los cascos y el aire fresco de la mañana se había vuelto nuestro despertar.
Me levanté de la cama de un salto, lista para enfrentar las clases que teníamos hoy.
Al ser finales de septiembre, las mañanas empezaban a ser frescas, pero el uniforme de la academia me resultaba cómodo, y con una sudadera encima era perfecto para pasar el día.
Cada noche dejaba preparada mi ropa según el día que tuviera por delante.
Los viernes eran intensos en cuanto a clases y hoy también le había puesto entreno en pista a Liberty después de las horas de clase.
Por eso, elegí un polo granate, los breeches negros y una sudadera con el logo de la academia en la espalda, calcetines largos negros para mantener la uniformidad y un gorrito.
Lo dejaba preparado por la noche, así no tenía que pensar demasiado cuando me levantaba.
Brooke y Emily seguían dormidas, como de costumbre. Me senté en la parte superior de la habitación mientras desayunaba un bol de leche con cereales, esperando a que se despertaran.
—¡Buenos días, dormilonas! —bromeé con una sonrisa cuando las vi abrir un ojo.
—Buenos días —respondieron con una sonrisa perezosa, mientras se acercaban a por una tostada.
—¿Estáis listas para otro día de clase? —dije con energía.
Emily asintió con entusiasmo mientras se ponía su chaqueta de la academia. Aunque al principio siempre la veía con actitud pasota, era evidente que empezaba a disfrutar un poco de la academia. Brooke, por su parte, seguía con su energía imparable, siempre lista para lo que el día le deparara.
—Hoy a primera hora tenemos Anatomía, ¿verdad? —pregunté, revisando mentalmente nuestro horario mientras daba el último sorbo a mi bol de leche.
—Exacto —respondió Brooke—. Yo creo que hoy nos tocará hacer la parte de los sistemas musculares y óseos del caballo. Va a ser interesante.
Emily y yo intercambiamos miradas, sabiendo que cualquier clase relacionada con la anatomía del caballo siempre captaba nuestra atención. Era un tema fascinante, y aprender más sobre los caballos nos hacía sentir más conectadas con ellos.
Cuando terminamos de desayunar, cogimos las mochilas con las libretas y estuche, y las tres salimos juntas del dormitorio.
Anduvimos por los caminos que nos llevaban a los paddocks para empezar nuestro día.
A lo lejos, vi a Liberty esperando su desayuno.
Como cada día, la toma de pienso de la mañana ya la había dejado preparada la noche anterior, así por la mañana podía ir más justa y solo tenía que darle el cazo preparado, un poco de heno, hacerle algunos mimos y limpiar las cacas que hubiera hecho por la noche.
Empezábamos a coger rutina, y en treinta minutos lo teníamos todo listo, justo a tiempo para ir a clase.
Al llegar al aula de Anatomía, el profesor ya nos esperaba con una gran pizarra blanca y varios modelos de esqueletos y órganos de caballos.
Era un hombre de mediana edad, al que llamábamos Mr. John, con una barba bien cuidada y muchísimo conocimiento sobre los caballos.
Al entrar, nos saludó asintiendo con la cabeza.
—Buenos días a todos —dijo con su voz calmada, pero autoritaria—. Hoy continuaremos estudiando la anatomía del caballo, centrándonos en dos de los sistemas más importantes: el sistema muscular y el sistema óseo.
Nos sentamos en nuestras mesas, sacando los cuadernos y bolígrafos mientras el profesor empezaba a dibujar un esquema en la pizarra.
Yo tenía un color de libreta para cada asignatura: azul para Anatomía, verde para Redes Sociales, rojo para Gestión…
Me gustaba ser organizada en este tema, y era una manera de mantenerme motivada.
—El sistema óseo de un caballo está compuesto por más de doscientos huesos —explicó—. Es la estructura que permite el movimiento y protege los órganos internos. Hoy nos centraremos en algunos de los huesos más importantes.
Con precisión, comenzó a señalar algunos de los huesos más relevantes en el modelo esquelético de caballo que teníamos en clase. Nunca había visto un esqueleto a tamaño real de un caballo, y realmente, visto así, era mucho más fácil de aprender.
—Aquí tenemos la columna vertebral —dijo, señalando la larga línea de huesos que se extendía desde el cuello hasta la cola—.
Esta estructura es clave, no solo porque soporta el peso del cuerpo, sino porque también permite la flexión y extensión del caballo durante el movimiento.
La columna está dividida en cinco secciones de vértebras: vértebras cervicales, vértebras dorsales, vértebras lumbares, vértebras sacras y coxígeas.
Brooke, Emily y yo tomábamos notas rápidamente, asegurándonos de no perdernos ningún detalle.
—Después tenemos los huesos de las extremidades —continuó el profesor—, que son básicos para que el caballo pueda moverse.
Las patas delanteras, por ejemplo, están formadas por el húmero, el radio, el carpo y los metacarpos, mientras que las patas traseras incluyen el fémur, la tibia, el tarso y los metatarsos.
Después de unos treinta minutos de clase, habíamos cubierto una parte del sistema óseo y comenzamos a hablar sobre los músculos.
—El sistema muscular de un caballo es fascinante —dijo el profesor—. Hay más de setecientos músculos en el cuerpo de un caballo, y todos trabajan juntos para permitir el movimiento.
Después de la clase de Anatomía, nos dirigimos a nuestra siguiente sesión: Preparación Física y Nutrición.
Teníamos diez minutos para llegar a la siguiente aula, pero por suerte no estaba muy lejos.
Esta era otra clase fundamental, ya que nos enseñaba cómo mejorar el rendimiento de los caballos a través de una buena nutrición y ejercicio.
Nunca había aprendido sobre nutrición, así que en esta clase todo era nuevo.
La clase de Nutrición estaba equipada con todo tipo de herramientas: potes de cristal con semillas y hierbas, y diagramas que detallaban las rutinas de entrenamiento y las necesidades nutricionales de los caballos.
La profesora, una mujer con mucha energía y apasionada por el bienestar equino, nos recibió con una sonrisa.
—Hoy vamos a hablar sobre la importancia de una buena dieta y un programa de ejercicio equilibrado para nuestros caballos —comenzó—. Primero, hablemos de la nutrición.
Comenzó a escribir en la pizarra, enumerando los diferentes tipos de alimentos que son esenciales para la salud de un caballo.
—La base de la dieta de un caballo es el forraje, como el heno y la hierba fresca.
Esto debe representar al menos el 50-60 % de su dieta diaria —explicó—.
Sin embargo, dependiendo del nivel de actividad, algunos caballos pueden requerir suplementos de pienso, que proporcionan energía adicional.
Pero cuidado con el pienso; demasiado puede causar problemas digestivos, así que siempre es importante equilibrar su dieta de manera correcta.
Emily, que estaba especialmente interesada en la nutrición, hizo algunas preguntas sobre los suplementos de vitaminas y minerales.
—El entrenamiento físico de un caballo debe ser progresivo —dijo la profesora—.
No podemos esperar que un caballo esté en plena forma inmediatamente; debemos aumentar de manera gradual la intensidad y la duración del ejercicio.
Es como un atleta humano: si entrenas demasiado rápido o demasiado fuerte, corres el riesgo de lesionarte.
Y, finalmente, continuó donde lo había dejado en la última clase, explicando la importancia de los estiramientos y de incluir calentamientos y enfriamientos adecuados en cada sesión de trabajo.
A las once, cambiamos de clase para llegar a una de las clases más emocionantes del día, no porque fuera particularmente divertida en ese momento, sino porque en el futuro íbamos a ir a visitar varios lugares para probar y aprender sobre las diferentes disciplinas ecuestres.
Esta clase era una combinación de teoría y práctica, y me encantaba.
Al llegar al aula, nuestro profesor ya estaba allí. En el primer día de clase, habíamos hecho una lista de todas las disciplinas ecuestres que existían, y por el momento nos estábamos centrando en las tres olímpicas y las que se practicaban en la Academia Rider: salto, doma clásica y completo.
—Hoy vamos a seguir profundizando en tres disciplinas fundamentales —comenzó—: doma clásica, salto de obstáculos y completo. Vamos a trabajar sobre los reglamentos de cada una.
Empezamos con la doma clásica, que es la base de todas las disciplinas.
Nos enseñaron cómo la doma clásica ayuda a tener al caballo contigo, a trabajar la flexibilidad y la precisión de las ayudas.
Nos hablaron sobre la importancia de las transiciones suaves, la postura correcta del caballo para que viéramos si pasaba por el dorso y la capacidad de realizar movimientos avanzados como el piaffé y el passage .
Luego pasamos al salto de obstáculos. Vimos lo que era una distancia, que por lo visto es el eterno enemigo de todas las personas que practican el salto de obstáculos, y aprendimos a calcular las distancias entre los saltos según la velocidad y el tranco de tu caballo.
Finalmente, tocamos el concurso completo, que es una combinación de doma, salto y campo a través.
Esta disciplina requiere un caballo valiente y bien entrenado, capaz de hacer las tres disciplinas.
El instructor nos explicó cómo equilibrar el entrenamiento para que el caballo esté preparado, tanto física como mentalmente, para poder competir en completo.