CAPÍTULO 13
Los primeros días fueron duros; debía acostumbrarme a las clases, a los alumnos, a los entrenos y a los profesores.
Por las noches, caía rendida en la cama; ojalá la hora de ir a dormir fuera antes de las diez de la noche, porque la iba a cumplir sin miramientos.
Las clases en general me gustaban, especialmente Anatomía y Fisiología.
Siempre me había llamado mucho la atención el cuerpo equino, y estudiar sus sistemas, huesos y músculos no me costaba mucho.
Los espacios de estudio eran acogedores, las aulas estaban decoradas con muebles de madera oscura, pupitres individuales y todo iluminado por los grandes ventanales del castillo.
La biblioteca de la academia era uno de los lugares más bonitos que había visto en mi vida, con estanterías llenas de libros antiguos y obras clásicas.
Podías encontrar todos los libros de equitación que existían en todos los idiomas posibles.
Allí pasábamos algunas horas en mesas de lectura iluminadas por lámparas de escritorio de estilo victoriano, haciendo los deberes que nos mandaban o trabajos de investigación.
Con Brooke y Emily, cada vez hacíamos más piña.
Se habían vuelto un pilar imprescindible en mi día a día en la academia.
Entre las tres intentábamos ayudarnos al máximo y, como aún no estábamos muy situadas en dónde teníamos cada una de las clases, íbamos a todos lados juntas.
Una tarde, aprovechamos para salir temprano y bajar a la tienda del pueblo a comprar algunos detalles que nos faltaban para la habitación y para el guadarnés.
Poco a poco, esos espacios se iban convirtiendo en nuestro hogar.
Compramos unas lucecitas pequeñas para colgar por la pared, junto con unos hilos y unas pinzas para colgar recuerdos y fotos de nosotras y nuestros caballos.
Para la habitación yo también compré algunos cojines, una agenda para llevar todo mi día a día organizado, algunos subrayadores y un par de libros que tenía muchas ganas de leer, ya que casi había terminado el libro que me estaba leyendo, Alas de sangre .
Para el guadarnés, compré colgadores y cubos.
Decidí que el color de Liberty (quitando todo lo granate que tenía de la academia) iba a ser el rosa, así que cogí cubos rosas de diferentes tamaños para marcar con su nombre y preparar sus raciones de comida diarias.
También compré algunos sprays de flis flis , velitas aromáticas, un par de cactus con unas macetas para la estantería y un marco de fotos donde iba a poner algunas de nuestras fotos.
Volvimos a casa felices con nuestras compras, y cuando decoramos la habitación con todo lo que habíamos elegido, definitivamente pudimos decir que era nuestra habitación.
Cada una de las camas reflejaba nuestro estilo y personalidad, y ese toque especial, en la zona común, hizo que el espacio lo sintiéramos como verdaderamente nuestro.
Nos convocaron a todos el 15 de septiembre a las cuatro de la tarde en el auditorio.
Ahora que llevábamos unos días de clases, nos iban a explicar el procedimiento para los exámenes, detallando paso a paso lo que se esperaba de nosotros.
Además, aprovecharon para proporcionarnos información útil y consejos prácticos que nos ayudarían a preparar mejor los exámenes.
—Queridos alumnos de la casa de doma —comenzó Mrs. Sabina—, espero que estas semanas hayáis prestado atención en clase, porque al final de cada trimestre tendréis los exámenes finales.
Os ponemos en situación ya, porque no va a funcionar estudiar a última hora.
Para cada asignatura habrá un examen escrito y práctico, que se harán en la última semana de diciembre, antes de las vacaciones de Navidad.
En cuanto a vuestro examen de monta para la casa de doma, consistirá en realizar una reprise con los ejercicios más exigentes que podáis hacer, con música de acompañamiento, vendrá a ser como una kür .
Seréis juzgados por vuestros entrenadores y por algún invitado sorpresa.
Se trata de elegancia, dificultad y de llamar la atención de vuestros jueces para obtener una buena puntuación.
Uf, pensé. Todos los caballos nos dan mil vueltas en cuanto a nivel.
Vamos a tener que esforzarnos mucho y encontrar una música que se adapte bien a nosotros para este examen.
Por suerte, aún quedaban un par de meses para prepararnos.
Brooke saltaba de alegría a mi lado; iba a bailar con Bumblebee al ritmo de Ariana Grande, su artista favorita.
Ya lo tenía todo pensado, mezclando ejercicios de san Jorge y gran premio.
—Por otro lado —prosiguió Mrs. Sabina—, a partir de la semana que viene empezaremos con los intercambios de caballo.
Esto consiste en intercambiar vuestro caballo con un alumno de otra casa de primero, segundo o tercer curso, una vez a la semana.
Os entrenaréis entre vosotros y, en diciembre, tendréis el examen final en esa disciplina con el caballo intercambiado y viceversa.
Me empezó a entrar agobio. Por lo que había escuchado en la residencia, todo el mundo había hecho sus pinitos en otras disciplinas, mientras que yo no sabía ni la diferencia entre un oxer y un vertical. Esto iba a ser todo un reto, uno más en la lista de retos de esta academia.
—Además —añadió el entrenador, pidiendo silencio en la sala donde se había formado un revuelo—, los nombres de las personas con las que vais a hacer el intercambio aparecerán el viernes en el tablón de anuncios, y no se admitirán cambios.
Tendréis todo el mes de octubre y noviembre para adaptaros al caballo y al alumno que os hará de entrenador.
—Espero que me toque completo —comentó Brooke—. Me han dicho que es en la disciplina donde ponen la prueba más fácil para nosotros.
—Finalmente —continuó el entrenador—, a finales de esta semana tendréis un examen inicial de manejo. Os estamos viendo en clase y dándoos las herramientas para estudiar, pero queremos ver cómo os comunicáis y manejáis con vuestros caballos.
—Menos mal —dije en voz alta—, un examen que no va a ser un completo desastre.
La reunión sobre los exámenes nos había puesto nerviosos a todos.
Era real: empezaba el juego. Iba a haber exámenes y no iban a ser fáciles.
La cantidad de temario que habíamos dado ya en las asignaturas se me empezaba a acumular en el escritorio.
Tenía que empezar a hacer esquemas y procesar toda aquella información para que no me cogiera desprevenida las fechas del examen.
Mi momento favorito del día, aparte de las horas que intentaba pasar con Liberty, eran las clases prácticas que teníamos de tres a cinco cada día.
El primer día habíamos tocado los beneficios del aqua trainer y practicado cómo entrar y sacar a tu caballo de manera segura, así como cómo seleccionar el programa más adecuado según el entrenamiento que estuviera realizando tu caballo.
Pero de las clases prácticas, las que más disfrutaba, sin duda, eran las de horsemanship .
En la Academia Rider, además de los caballos de los alumnos (unos cuarenta y cinco por casa, ciento cinco en total), había una sección de cría y reproducción, y unos cien caballos más de disciplinas y razas variadas que vivían allí para clases externas.
Equinoterapia y caballos rescatados era la parte que no nos habían enseñado en el tour , pero que en las clases nos lo habían ido comentando.
Mrs. Lauren era la encargada de la asignatura de Horsemanship.
Todos los temas de doma natural y cómo entender al caballo eran algo que siempre me habían llamado mucho la atención.
Al final, había tenido que aprender los primeros pasos que hay que hacer pie a tierra para aplicarlos con Liberty antes de montarme en él por primera vez.
Solíamos trabajar con caballos con muchos miedos, analizábamos cómo reaccionaban y cómo gestionaban su cuerpo en momentos de estrés, así como de qué manera les podíamos ayudar.
Sinceramente, esperaba que esta asignatura no se terminara nunca.
Y este pensamiento me animó a quitarme el agobio que había experimentado días atrás.