CAPÍTULO 11
Era la hora de comer, pero no me entraba nada.
Estaba empezando a notar los nervios de tener que montar a Liberty delante de profesionales y jinetes muy superiores a mí.
El comedor estaba lleno de jinetes emocionados por empezar a montar esa tarde y demostrar de lo que eran capaces.
Los de segundo y tercer año también iban a estar observando.
Charlotte no me quitaba ojo de encima mientras comentaba, o más bien criticaba por lo bajini con su clan.
La alimentación en la academia era variada y muy saludable.
Viendo el horario, ya me había quedado claro que la salud del jinete era uno de los puntos clave.
De momento, no nos habían establecido una dieta en función de nuestras necesidades energéticas y físicas, pero seguro que pronto lo introducirían.
El bufet estaba lleno de toppings para añadir a las ensaladas y después había una opción de carne, pescado o vegetariana para escoger de segundo plato.
De postres no quedaba mucha alternativa: fruta o yogurt.
Los días anteriores había cogido manzana para ir a compartirla con Liberty.
Emily seguía en su plan pasota y, desde que había llegado aquí, yo no había escuchado un comentario positivo: que si cuántas clases, que si entrenar por la tarde, que si la comida era demasiado sana…
Tenía ganas de verlas montando esta tarde a sus caballos. Habíamos decidido hacer la familiarización juntas, e íbamos a ir sobre las seis de la tarde, dejando a los más ansiosos entrar en la pista primero.
En la pista había cuatro profesores en la caseta, todos juntos tomando notas de los jinetes que estaban en pista. Emily, que no sé cómo lo hacía, no parecía interesarle mucho la academia, pero conocía a todos y empezó a presentarlos:
—La mujer de la derecha es Catherine, amazona olímpica que ha participado en varios Juegos Olímpicos.
El hombre con barba y rostro serio es Mr. Benjamin, el seleccionador nacional.
Es amigo de mi familia y lleva años eligiendo a los mejores jinetes del país.
El señor con sombrero es el coordinador de la casa de doma y, por último, la mujer de la izquierda es Sabina, a cargo de nuestros entrenamientos y coordinadora de los entrenadores que tendremos en nuestro día a día.
—¿Montaremos con jinetes olímpicos? —pregunté con ilusión.
—Sí, el programa de la academia incluye entrenamientos trimestrales con jinetes olímpicos que hacen seguimiento de los binomios —dijo Brooke con entusiasmo—. El año pasado vinieron Carl Hester y Charlotte Dujardin a entrenar a los de primer año.
—¡Qué emocionante! —solté dando un pequeño saltito.
Nos fuimos a preparar a nuestros caballos.
Eran las cinco y cuarto, y habíamos quedado para entrar a las seis en la pista.
Quería tomarme todo el tiempo del mundo para cepillar y preparar a Liberty; estos momentos eran los que más disfrutaba.
A Liberty le encantaba hacer la croqueta en el paddock .
En casa siempre lo hacía y se quedaba de color marrón, lleno de polvo.
Y aquí no había sido diferente; llevaba dos días en ese paddock , y ya se había hecho a él.
Me producía tanta tranquilidad que tuviera estos metros para andar, hasta podía pegarse los saltos que quisiera.
A las seis en punto vi aparecer por el camino de los paddocks a Brooke y Emily con sus caballos.
Sus conjuntos eran perfectos: el casco con un toque de brillo y los caballos, Bumblebee y Kingsman, eran imponentes.
Andaban con paso ligero, muy concentrados y seguros de sí mismos.
Yo me monté a Liberty, que solo quería investigar todo lo que había a su alrededor.
Solo con poner un pie en el estribo, ya noté que Liberty estaba tranquilo y sabía que el entrenamiento iba a ser divertido, así que me sentí preparada para afrontar lo que viniera.
Tenía estructurado el entrenamiento en mi cabeza.
No me gustaba mezclar ejercicios, y prefería centrarme en uno específico en cada sesión, dentro de un mismo aire.
Mis entrenamientos no superaban los treinta minutos; consideraba que tener un caballo fresco mentalmente era más importante que hacer un ejercicio perfecto, y que eso ya vendría a medida que fuéramos creciendo.
Hice cinco minutos de paso a cada mano para calentar.
Para mí, calentar y enfriar eran algo básico; casi le dedicaba más tiempo a esto que a otra cosa.
Liberty aún estaba terminando de formarse físicamente, ya que hasta los seis años no terminan de desarrollarse por completo, y también necesitaba coger fuerza.
Por lo que trabajarlo abajo, dejándolo estirarse con un contacto suave y sin mucha presión, consideraba que era lo más importante.
Ya tendríamos tiempo de crecer y hacer grandes ejercicios juntos.
Después de algunas vueltas, en las que la curiosidad de Liberty no nos dejaba trabajar mucho, conseguí que fuéramos tranquilos por la pista.
Empecé a trotar y hacer ejercicios básicos como serpentinas, líneas de cuarto y doblar a lo ancho.
En estos ejercicios, se debe trabajar bien en cuerpo y en conseguir que vaya 100 % recto cuando tocase, y doblado a la pierna interior cuando girábamos.
Esto se trabaja con mucha base, y mi impresión era que a veces los grandes profesionales lo olvidaban y tendían a correr un poco para tener al caballo en la edad adecuada para competir.
Al trote, Liberty parecía un alma libre.
Lo notaba bien de energía y con una actitud positiva.
No conseguía conectarlo pasando por el dorso en todos los trancos, pero su actitud estaba siendo perfecta.
Se notaba que le gustaba salir de casa. Galopamos un poco a ambas manos y, al igual que al trote, me puse un poco en suspensión y le ayudé a estirarse y galopar hacia adelante.
Yo me había relajado. Mi idea era hacer un poco de estiramientos, llamábamos así a días fáciles en los que solo trabajábamos en tener el caballo entre las ayudas, es decir, respondiendo correctamente a las indicaciones que le dábamos con las piernas y manos, manteniendo el equilibrio y la conexión.
Hacíamos muchos círculos, vueltas inversas, vueltas directas, serpentinas y galope para que pudiera estirarse.
Al fin y al cabo, llevábamos dos días en la academia y era un día de familiarización tranquilo.
Aunque seguramente debería haber hecho algún ejercicio más, o reunirlo un poco más, porque al caer al paso vi a Mr. James, uno de los entrenadores, acercándose:
—Disculpe, ¿es usted Olivia montando a…?
—Sí, Olivia Thorn montando a Liberty, de cinco años —dije con un hilo de voz.
—¿Están todos los ejercicios un poco desordenados, ¿no? —dijo Mr. James.
—Está despistado por estar en un sitio nuevo, es un poco curioso. Necesita un tiempo de adaptación y tener confianza. Me está escuchando en todo momento, aunque se mueva más o menos conectado, le estoy dejando un poco para que coja confianza en sí mismo.
—Este caballo no creo que valga para estar aquí. Más os vale dejaros de historias y poneros las pilas, porque la beca está para aprovecharla. Ciérralo y manténgalo con un contacto estable.
Éramos el último binomio en salir de la pista.
Me fui a la cuadra decepcionada conmigo misma.
No podía evitar que alguna lágrima cayera por mi mejilla.
Podía soportar las críticas hacia mí, mi técnica y mi posición, pero no hacia Liberty.
No entendían que era joven, estaba en un sitio nuevo y no era una máquina de trabajar.
Seguramente no tenía los mejores movimientos, pero yo creía, y confiaba al 1000 % en él, en todo lo que podíamos llegar a hacer.
Entré en el guadarnés para guardar la brida que le había sacado a Liberty.
—Toc, toc, ¿se puede? —Me sequé las lágrimas pensando que Brooke habría venido emocionada por lo bien que le había ido a su caballo.
—Mrs. Sabina, ¿qué hace aquí? —La recordaba porque Brooke nos había indicado quién era cada uno de los entrenadores que nos estaban observando.
—Quería disculparme en nombre de James. Creo que no han sido las mejores maneras de comentarte la sesión de hoy. Es cierto que había un poco de descontrol y que el nivel aquí es muy elevado.
—Lo sé, no he estado a la altura. Sinceramente, no sé qué hago aquí ni quién me dio esta oportunidad.
—Pasión no te falta. Yo fui quien presentó tu candidatura en la academia y espero no decepcionarme.
Hacía años que no presentaba a una amazona o jinete, pero en ese concurso tan desastroso de Rosewood, en el que mostraste tanta resiliencia y capacidad de trabajo, me recordaste a mí cuando era joven.
Tú y Liberty tenéis un gran camino por delante, y te aseguro que no será fácil, pero os merecéis estar aquí igual que todos los otros jinetes.
Nos vemos en los entrenos; tenemos mucho trabajo por hacer.
Me sequé las lágrimas y me dije a mí misma que iba a poner todo de mi parte para superar este curso con nota, porque Sabina tenía razón: no seríamos los mejores, pero era mi sueño y nos merecíamos estar aquí.