Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Las chicas y yo nos acercamos un poco más para poder escuchar bien a Mr. Matthew.

Antes de empezar a andar, nos dividió el terreno en partes y nos recordó que las normas (como que no podíamos salir a X horas o no podíamos cruzar a una casa que no fuese la tuya) nos las iban a comentar al día siguiente.

Esto iba a ser más duro que una academia militar, pensé para mis adentros.

Las tres casas se encontraban en cada una de las puntas del campus.

El edificio en el que estábamos era el punto central de la academia, y allí se situaban las aulas, donde se impartían todas las clases teóricas que íbamos a tener a lo largo de los días.

Cada semestre nos enseñarían asignaturas diferentes y, aunque aún no nos habían dado los horarios, sabía que en el primer trimestre iba a tener Anatomía y Bienestar Animal.

Siempre había sido buena estudiante, no porque lo entendiera y se me quedará grabado todo a la primera, sino porque le dedicaba muchas horas a repasar lo que dábamos en clase.

Aquí no iba a ser diferente, pero los temas iban a ser mil veces mejores.

Mr. Matthew empezó a andar. La primera parada fue la casa de los jinetes y amazonas de salto.

Aunque yo ya había estado cuando aún era oscuro, de día se veía todo precioso.

La estructura era bastante parecida a nuestra área.

Cada caballo y jinete tenían su espacio, y la residencia era del mismo estilo.

Anduvimos un poco más y nos paramos delante de las pistas.

Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. Mr. Matthew empezó a hablar.

—Brindamos a los estudiantes acceso a instalaciones ecuestres de clase mundial.

Para los jinetes de salto, hay dos pistas de competición internacionales, una cubierta y otra al aire libre, así como otra pista de hierba adicional.

Cada casa cuenta con cuarenta paddocks más casetas para los jinetes.

En estas pistas han crecido y competido grandes jinetes de salto, como Henrik von Eckermann.

Espero que sea fuente de inspiración para vosotros.

Yo, la verdad, no había visto esas pistas en mi vida, niveladas a la perfección, sin una pisada, los saltos nuevos y la pista principal rodeada de gradas.

La siguiente parada fue la casa de doma.

La noche anterior no había investigado mucho, así que era la primera vez que veía los dos cuadrilongos de doma con sus letras y flores en cada una de ellas, perfectamente medidos, dentro de una gran pista con las vallas de color blanco nuclear.

Definitivamente, esto era el paraíso. Al lado de las pistas principales, una cubierta y otra al aire libre, también teníamos pistas redondas para dar cuerda.

—No quiero imaginar la de gente de mantenimiento que tienen aquí para cuidar todo esto —le comenté a Brooke.

—Nosotros haremos trabajos de mantenimiento y, créeme, son bastante intensos. Uno de los grandes valores de la academia es la disciplina, así que sacar las hierbas que van creciendo en las diferentes pistas, pasar el tractor y hacer los bordes de las pistas va a estar en nuestro horario.

—Me estoy empezando a agobiar con esto de los horarios y las clases.

—No te preocupes, todo el mundo ha sobrevivido a la academia. Cuesta un poco adaptarse, pero una vez que coges ritmo, todo es más fácil —dijo Emily mientras pasábamos por el lado de la pista.

Pasamos por varios edificios. Teníamos un bar donde podíamos juntarnos todas las casas en nuestras horas libres, y también había un gimnasio.

Era un sitio en el que no sé por qué me daba la sensación de que iba a ser una clienta habitual.

Mi complexión era pequeña y delgada, y aunque tenía un core fortalecido, me costaba mucho coger fuerza en los brazos, pero era más fuerte de lo que parecía.

Solo en los meses en los que debíamos recoger las alpacas de paja y heno que había crecido en el campo para apilarlas en la hípica, notaba una mejora increíble en mi fuerza, pero solo me duraba unas semanas.

Mirando a mi alrededor, todos los jinetes parecían fuertes.

Seguramente ya tenían una rutina de gimnasio marcada y dedicaban varias horas a su entrenamiento físico.

Unos metros más allá había otro edificio que se componía de varias zonas.

Era un centro de veterinaria, con sus quirófanos, aulas, suelos de diferentes texturas para realizar los vet checks , y con dos salas especiales: la primera era un aqua trainer , donde podíamos hacer uso siempre que lo viéramos necesario; y la sala contigua, con un cartel de «Laboratorio de Biomecánica», donde había un simulador de caballo.

En el exterior de este edificio había una zona de norias por si querías poner a tu caballo en el caminador, pero nos explicaron que la noria se usaba más para los propios caballos del centro.

Yo en la vida había visto tantas instalaciones para caballos en un mismo sitio. No sabía que existían simuladores para calcular las ayudas del jinete y ver si se aplicaba más fuerza en una zona u otra, o aqua trainer para caballos, que parecía más un spa con agua congelada en vez de caliente.

Seguimos andando unos kilómetros por los caminos de la academia. Mi único pensamiento en esos momentos era que, si tenía clase en la otra punta, debía salir con mucha antelación. Por suerte, nos habían enseñado algunos puntos del centro donde podíamos coger bicicletas para ir de un extremo a otro.

Llegamos a la última casa, la de completo.

Esta era la más alejada del castillo principal, y cuando vi las instalaciones entendí el porqué.

El completo se trata de una disciplina donde el binomio debe realizar tres pruebas: doma, salto y cross .

Por lo que, además de la residencia, donde dormían los jinetes, esta casa debía contar con instalaciones para poder practicar todas las disciplinas.

La pista de doma y salto era como la de las otras casas que ya habíamos visto, pero lo más impresionante era el campo de cross . Cuando nos paramos delante, Mr. Matthew comentó:

—Como muchos estaréis pensando, sí, este es el campo de cross .

Todos vais a pisar alguna vez este sitio, aunque no sea vuestra disciplina principal.

Este campo ha sido diseñado por los grandes diseñadores de cross del país.

Hay obstáculos desde sesenta centímetros para iniciarse o calentar, hasta saltos que podrían salir en un concurso internacional de cuatro estrellas.

Si me acompañáis, vamos a ver algunos de los obstáculos.

Abrimos una puerta de madera y nos adentramos en el campo.

Mínimo debía haber tres hectáreas de terreno para correr.

De primeras, vi obstáculos naturales, como troncos de todas las medidas, algunos con formas muy raras; también vi obstáculos en lo alto de montículos, combinaciones que parecían imposibles, y un gran lago donde se habían colocado seis saltos.

Nunca había visto algo así. La hierba se mantenía verde, el verano había sido lluvioso y todos los campos alrededor de la academia parecían vivos.

Mientras andábamos por el cross , los rayos de sol atravesaban las ramas de los árboles, creando juegos de luces y sombras en el suelo. Y ahí, sentí por primera vez que podía llegar a conectar con este lugar y con este estilo de vida.

Mr. Matthew nos indicó que el tour había finalizado. A lo lejos se podían ver más cuadras con unas pistas, pero a esa parte no nos habían llevado.

—¿Por qué ahí hay más cuadras y pistas? ¿Hay otro equipo? —pregunté a las chicas.

—La academia es más grande, pero en este primer año solo nos moveremos por estas zonas.

Tengo entendido que ahí detrás queda la escuela para los más pequeños, donde en segundo curso aprenderemos a dar clases, y también la parte de potros.

Además, en segundo y tercero vamos a aprender a domar un caballo desde cero —dijo Emily.

—Me sorprende la cantidad de cosas que sabes de esta academia —le dijo Brooke, mirándola con cara de incredulidad.

—En mi familia, varias generaciones han pasado por aquí y cada uno cuenta sus historias de la academia. Por suerte o por desgracia, mi vida estaba predestinada a estar en este lugar.

—¿En tu familia hay jinetes profesionales? —le pregunté.

—Sí, he crecido rodeada de ponis y caballos —dijo Emily—. Empecé a montar antes que a andar. De hecho, creo que mi padre me subió a su caballo de gran premio justo después de salir del hospital.

—¿Qué? —dije alucinada—. Mis padres se hubieran muerto de miedo, ja, ja, ja.

—Bueno… —siguió Emily—, mi madre dejó su carrera deportiva para criarnos a mis hermanos y a mí, después de participar en las Olimpiadas de 1992, en Barcelona.

En aquel entonces, ya tenían una cuadra aquí, en el norte de Reino Unido, y se dedicaban a comprar, vender y entrenar caballos en doma clásica al más alto nivel después de haber estudiado en esta academia.

—Estoy alucinando, Emily, ¡lo llevas en la sangre! ¿Y tus hermanos también montan? —le pregunté con gran interés.

—Mis hermanos nunca han tenido mucho interés en la doma y se han pasado al lado oscuro, dedicándose al salto —dijo Emily—.

Yo, al ser la única chica, tengo la presión de mantener el legado familiar en la doma clásica.

Desde pequeña, todos esperaban que siguiera los pasos de mi madre, y aunque al principio solo quería disfrutar montando, con el tiempo entendí la responsabilidad que tenía sobre mis hombros.

No es fácil crecer en una familia tan dedicada a este deporte, donde cada paso que das es observado y juzgado.

—Uf, tiene que haber sido muy complicado tener este nivel de exigencia encima — comenté empatizando con ella.

—Sí —prosiguió Emily—, recuerdo que a veces sentía que no estaba a la altura, que cada error en la pista no era solo mío, sino que afectaba a todo lo que mis padres habían construido.

Esto me llevó a mantener varias sesiones de terapia con mi terapeuta.

Ahora, mi familia ha hecho un esfuerzo para que yo entrará a la Academia Rider, y siento que, si lo hago bien, todo ese sacrificio finalmente irá dando sus frutos.

—Seguro que sí, Emily —dije con unas ganas locas de abrazarla y reconfortarla, realmente se veía que lo había pasado mal.

—Así que vamos a por el trimestre —prosiguió Emily—. No solo es una oportunidad para mí, sino también una manera de demostrarle a mi familia que valgo para esto, aunque siempre me he preguntado si realmente esto es lo mío.

La cara de Brooke y la mía debían ser un poema, porque Emily enseguida sonrió y comentó alegremente:

—Eh, que no es para tanto. He sobrevivido todos estos años.

Yo solo podía pensar en cómo se debía haber sentido Emily toda su vida, y sentí un poco de lástima.

Mi familia nunca había tenido grandes expectativas conmigo ni con mi hermano, aparte de que fuéramos felices y siguiéramos nuestras pasiones.

A diferencia de Emily, yo siempre tuve la libertad de elegir lo que quería hacer, sin la presión de cumplir con un legado.

No puedo imaginar lo que tiene que ser que te obliguen a entrenar muchas horas al día, salir a pista a competir y decepcionar a los que más quieres y ver que no tienes otras opciones, más que caballos.

Por suerte para mí, con esta oportunidad en la Academia Rider, las cosas estaban cambiando.

Era mi momento de demostrarme que podía lograr algo grande, aunque esa libertad también traía consigo una incertidumbre que no había experimentado antes, ya que también tenía unas expectativas que cumplir y superar si quería seguir becada.

Brooke se unió a la conversación, rompiendo el silencio incómodo que se había formado.

—Bueno, al menos estamos juntas en esto —dijo con una sonrisa—. Ninguna de nosotras sabe exactamente qué nos espera, pero estoy segura de que vamos a ser imparables.

Asentí, sintiendo un poco de alivio al saber que no estaba sola en este viaje. Estaba convencida de que tener a Emily y a Brooke a mi lado lo haría más llevadero.