Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Abrí la puerta para descubrir un amplio espacio con tres camas y sus correspondientes escritorios y armarios.

La habitación era enorme, con un doble nivel: las camas estaban en la parte inferior, con edredones y almohadas, pero parecía que un huracán hubiera pasado por encima.

Las sábanas estaban arrugadas y las almohadas por el suelo.

Al pie de cada cama había una pequeña alfombra que añadía un toque de calidez al espacio.

Los escritorios estaban equipados con lámparas y había un espacio para libros y libretas.

La decoración era sencilla, con las paredes en un tono beige y cortinas que dejaban pasar la luz natural.

En el nivel superior había una zona con tres sillones de color gris y una pequeña mesa junto a una gran ventana con vistas al patio exterior.

Además, en esta parte también contábamos con una mesa y una minicocina con lo básico para preparar el desayuno, ya que imaginaba que las comidas y cenas las haríamos fuera.

También, teníamos un microondas, una pequeña nevera, tostadora y un espacio para guardar platos, boles y cubiertos, además de un armario con tres baldas para dejar comida.

El suelo estaba cubierto con una alfombra grisácea que proporcionaba más calidez al lugar. A pesar del evidente desorden que estaba viendo, con maletas esparcidas por todos lados, el espacio tenía un gran potencial para convertirse en mi nuevo lugar seguro.

— ¡Hello, rider! Soy Brooke —dijo una chica, que supongo debió ver mi cara de confusión, y añadió—: No te preocupes, es una manera de saludar que tenemos aquí.

—Encantada, soy Olivia —respondí, un poco vergonzosa.

—Me he tomado la libertad de escoger cama, y Emily ha escogido la otra, así que tu espacio va a ser ese, ¿te parece bien?

—Por su tono de voz y su entusiasmo, parecía una persona bastante intensa y afable.

Me indicó la cama que quedaba más escondida de la habitación, y en la que las sábanas y los cojines aún seguían ordenados encima.

—Claro, sin problema. Me encanta el espacio que me ha tocado.

—Es un poco pequeña la habitación; me la esperaba más grande —comentó Brooke. Por su comentario, pude entender que venía de una familia acomodada, y que su habitación probablemente era tres veces esta, mientras que la mía era la mitad de la mitad de esta.

—¡Yo creo que está súper! Al final solo tenemos que venir para dormir y estudiar, seguramente nos pasaremos el día fuera. Voy a ir a buscar las cosas a la furgoneta para empezar a descargarlas.

—Yo ya casi he terminado con mis maletas. Si quieres, te acompaño y así te ayudo —dijo Brooke.

—Perfecto. Tengo la furgoneta en el aparcamiento.

Pusimos rumbo al aparcamiento para recoger todas mis cosas y las de Liberty.

Estaba empezando a oscurecer, así que debíamos darnos prisa si queríamos bajar todo.

Durante el camino, Brooke y yo tuvimos la oportunidad de conocernos un poco más.

Bueno, más bien, yo la conocí a ella, porque no dejaba de hablar.

Aunque a mí me iba bien, ya que, de momento, quería pasar un poco desapercibida.

Brooke tenía mi edad, dieciséis años. Lucía un pelo moreno, más bien oscuro, con grandes rizos, piel tostada, su mirada era feliz agradable y los ojos marrones color miel.

Montaba desde que era pequeña y había tenido una cantidad asombrosa de ponis, como Black Jack, Faith, Edelweiss…

Siempre se había decantado por la doma clásica y había competido en varios campeonatos de Inglaterra.

A medida que me contaba más, cada vez entendía menos lo que yo hacía allí.

Su caballo, Bumblebee, un Holsteiner, de capa castaña con un cordón corrido que ocupaba gran parte de su cara y calzado de las cuatro patas, debía medir un metro con setenta centímetros.

Para ser de doma, no era exageradamente grande y, por lo que me había comentado Brooke, tenía doce años, estaba en el nivel jóvenes jinetes y participaba en competiciones territoriales y nacionales, aunque su padre, se había aficionado a la cría y ya tenía otro caballo para prepararlo para la categoría under 25 en unos años.

La categoría de júniors o jóvenes jinetes era la que me correspondía con Liberty. La primera abarcaba desde los dieciséis hasta los dieciocho años, mientras que la segunda iba de los dieciséis a los veintiuno.

Durante esta etapa de transición, podías elegir en qué categoría competir, ya que había un gran salto entre una prueba y otra prueba.

Sin embargo, en la academia no se contemplaba competir en júniors, y los estudiantes participaban directamente en jóvenes jinetes para acumular más años de experiencia.

Al cumplir veintiuno, pasabas al máximo nivel, el gran premio, había un escalón muy grande, ya que debías competir contra adultos.

Para suavizar esa transición, existía la categoría under 25, que iba de los veintiuno a los veinticinco años, donde competías en gran premio, pero contra jinetes de tu misma edad en lugar de medirte con adultos experimentados.

En la Academia se podía ingresar a partir de los dieciséis años; por lo tanto, todos los de primer año en doma estarían compitiendo en jóvenes jinetes, aunque Brooke estaba pensando en saltarse unos años esta categoría y empezar a competir antes en under 25 con su nueva yegua, Your Highness, la cual quería traer también a la academia el próximo año.

—¿Y tú? ¿Cómo se llama tu caballo? ¿Ya estáis trabajando en ejercicios de san Jorge?

—Mmm, mi caballo se llama Liberty, es negro y tiene cinco años. El año que viene entra en seis, y tendremos que empezar con los cambios de pie. —Mi cara en ese momento debía ser un poema—. ¿Todos los jinetes y amazonas aquí tienen tanto nivel?

—Bueno, la mayoría han ido o han sido seleccionados para los campeonatos de Europa, otros han ganado medallas en sus respectivos países con sus actuales caballos o, cuando eran más pequeños, en las categorías de ponis.

A su corta edad, ya están entrenando a jinetes con ponis y obteniendo grandes resultados —dijo Brooke con toda normalidad.

Yo seguí andando mientras en mi cabeza cruzaban mil pensamientos, y la voz de Brooke resonaba sin que entendiera bien lo que me decía.

La verdad es que estaba algo agobiada por el nivel que tenían los jinetes aquí, aunque conocer a Brooke me había dado un respiro, porque al menos sabía que no iba a estar sola.

No obstante, estaba empezando a ver las características de esta academia, y no sé porque me daba la sensación de que eso solo era la punta de un iceberg.

Llegamos a la happy van , y abrí la parte trasera para sacar mis dos maletas. Las cosas de Liberty ya las ordenaría al día siguiente con más calma y tranquilidad.

—¿Solo tienes dos maletas? Vamos a vivir tres años aquí. Creo que nos tendremos que ir de compras —dijo Brooke con una mirada pícara, parecía que lo estaba disfrutando.

Trasladamos las maletas hasta la residencia y, en la puerta, había un grupo de amazonas y jinetes vestidos con pantalones y polos de montar que parecían de lo más caros. Por un momento me sentí observada, hasta que una chica alta, rubia y de complexión delgada dio un paso adelante.

—¿Y tú eres…? —dijo con un tono despectivo.

—Vámonos —dijo Brooke, dirigiéndose hacia mí.

—Olivia Thorn —me salió de dentro.

—¡Aaaah, eres la chica becada de este año! —respondió con tono burlesco. Vaya, si no quería que de momento lo supiera nadie, se acababa de enterar toda la casa.

—Déjala, Charlotte —dijo Emily.

—Cuidado con quién te juntas, Olivia. Aquí hay un bando ganador y uno perdedor y, de momento, estás en el equivocado.

—Gracias por el consejo. Soy lo suficientemente mayor para escoger mis amistades, y creo que estoy en el correcto —solté sin pensarlo, abriéndome paso entre la multitud.

—¡Olivia! ¡Acabas de plantar cara a Charlotte! ¡No me lo puedo creer! Tú y yo vamos a ser grandes amigas.

—No sé quién es esta Charlotte, pero, desde luego, mis amistades las escojo yo, y de momento me gusta con quién estoy.

—Charlotte vendría a ser la reina del lugar, segundo año, con solo un año más que nosotras tiene las mejores notas, caballo de gran premio, elegancia suprema al montar.

Llevo toda la vida conociendo a su familia, y son beneficiarios de esta academia —dijo Brooke.

Charlotte tenía toda la pinta de ser la miss perfecta: alta, delgada, rubia y con ojos azules.

Siempre de punta en blanco, vestida de marca de arriba abajo y rodeada de sus secuaces, a los cuales, aunque eran sus amigos, no dejaba de mirar por encima del hombro.

Era una líder nata, y el resto lo sabía.

—Creo que me acabo de ganarme la peor enemiga que podría haber hecho en la academia —dije con preocupación.

—¡No te preocupes! No pienses que todos son así en doma. Piensa que los saltarines y los completeros no van en este plan por el mundo, seguro que hacemos nuevos amigos. Vamos a deshacer tus maletas, dar de cenar a los caballos, ir a cenar y a dormir, que la semana va a ser intensa.

Volvimos a casa mientras Brooke me explicaba las cosas que se comentaban sobre Charlotte.

Había hecho llorar a más de una chica de su promoción, y para los entrenadores era bastante intocable.

Con perspectivas de ser una gran amazona, con solo diecisiete años sus padres la habían mandado a entrenar un mes con cada uno de los diez mejores entrenadores de Europa, Diedrick Vansilfhout en Holanda, Beatriz Ferrer-Salat en España, Patrick Kittel en Suiza…

, hasta había debutado este mismo año en la categoría de under 25, cuando aún le quedaban varios años de jóvenes jinetes.

Aspiraba a entrar en el equipo inglés, en los próximos Juegos Olímpicos, dentro de tres años, y estaba dispuesta a pasar por encima de quien hiciera falta.

Solo participaba en concursos internacionales con su caballo First Romance, así es como se llamaba, era un semental negro como el carbón, con un gran cuello y movimientos espectaculares, hijo de Glamourdale, y con la edad perfecta, catorce años.

Charlotte llevaba un par de años entrenando con él, lo compró en Holanda, más bien sus padres lo compraron, en la gran cuadra Van Olst, y las malas lenguas decían que había costado más de seis cifras.

Mientras sacaba las cosas de la maleta, Brooke no daba crédito.

—¿Qué son estos pantalones? ¿De algodón? ¿Te has dejado en casa los pantalones con grip ? Yo te puedo prestar algunos; creo que más o menos tenemos la misma talla, y tengo varios que ya no me pongo.

Conseguí deshacer mis maletas con el interrogatorio de Brooke, que estaba asombrada con las marcas que estaba conociendo.

Menos mal que no se enteró de que la ropa era de segunda mano, decidí dejar ese detalle para más adelante.

Terminamos justo a tiempo para ir a dar de cenar a los caballos.

Yo aún no había descargado las cosas de Liberty, pero no tenía energía para mover una caja o maleta más.

—Aquí son muy estrictos con las horas. Ya verás cuando nos den nuestro horario. Estoy deseando empezar a entrenar y conocer a los entrenadores —dijo Brooke emocionada.

—¿Tenemos un horario muy apretado?

—No vamos a poder vivir. Tendremos clases de doma, entrenos, gimnasio, clases prácticas de otras disciplinas…

—¿Cómo qué clases prácticas de otras disciplinas? ¿No hemos venido a hacer doma? —pregunté preocupada. Cuando leí la carta, entendí que íbamos a estudiar otras disciplinas, modo teoría, pero que bajo ningún concepto íbamos a practicarlas.

—Aquí aprendes de todo. Vas a tener que saltar, hacer cross, doma natural y además competir en ello y pasar exámenes.

Una vez a la semana, intercambiamos caballos con la persona que se nos asigne de otra casa.

Él o ella monta a nuestro caballo en doma mientras que nosotros montamos el suyo en la disciplina que hagan.

Estoy emocionada por saltar. La última vez que competí, hice un recorrido a un metro y veinte centímetros, y conseguí sentirme cómoda. ¿Y tú? ¿En qué has competido?

—Mmmm, no he saltado nunca —comenté sin levantar la vista del suelo.

—¿¿¿¿Qué???? Madre mía, vas a necesitar toda la ayuda del mundo —dijo Brooke, llevándose las manos a la cabeza.

Nos dirigimos a los paddocks para ver cómo estaban nuestros caballos, Liberty se encontraba tranquilo allí. Bumblebee, el caballo de Brooke, estaba dos paddocks más abajo y se podía ver con Liberty. Me reconfortaba que estuvieran juntos.

Liberty también debía estar un poco asustado con tanta novedad y quizás, si yo había hecho buenas migas con Brooke, él las habría hecho con Bumblebee, o Bee para los amigos.

Le puse una buena cantidad de heno que me había dejado la academia, preparado detrás del guadarnés, y le añadí un poco de pienso por encima, con un par de manzanas que había traído de casa.

Estaba segura de que esa noche no iba a dormir, preocupándome por si Liberty estaba a gusto y por todo lo que nos esperaba aquí.

Había sobrevivido a la primera tarde en la academia, pero no estaba segura de si iba a sobrevivir al año escolar.