CAPÍTULO 5
Llegamos a las puertas de la academia alrededor de las cuatro de la tarde.
Seguramente éramos los últimos en llegar.
Las últimas horas se habían hecho largas.
Menos mal que a Liberty le encantaba viajar y no se movía mucho durante el trayecto, mientras tuviera un poco de heno para ir comiendo, era feliz ahí donde estuviera.
Tenía delante dos grandes puertas de hierro, detrás de las cuales se extendía un camino rodeado de grandes robles frondosos. Solo al fondo se podía percibir la figura de lo que parecía una construcción majestuosa. Bajé de la furgoneta para picar al timbre.
RIIIIINGGG.
Sonó el timbre con fuerza.
—Nombre y caballo —respondió una voz masculina de manera seria y cortante.
—Olivia Thorn y Liberty.
—Llegan tarde. Siga el camino recto y al final encontrará un aparcamiento donde podrá descargar su caballo y sus enseres, y una persona se encargará de indicarle su cuadra. —La voz era tan fría que me estaba empezando a poner nerviosa. El ambiente se respiraba tenso.
Entramos por el camino siguiendo las instrucciones, hasta encontrar una gran P de aparcamiento. Al lado de la señal, había una mujer vestida de manera elegante y con rostro poco afable.
—Aparque aquí y descargue a su caballo, por favor —dijo con un tono cortante, a lo que seguidamente añadió—: Soy Sarah, y mi función de hoy en la academia es guiar a los alumnos de primer año a sus respectivas cuadras.
Aparcamos donde nos había indicado y, antes de descargar a Liberty, me despedí de mi hermano.
—Hemos llegado tan tarde que mis amigos llevan una hora esperándome en el bar, están impacientes por irnos a la residencia de la universidad —comentó él.
—Diles que es culpa mía, que nos hemos entretenido —le dije sintiéndome un poco mal.
—Ni te preocupes, Olivia —continuó—. Pórtate bien, no te metas en líos, por favor, no me gustaría tener que venirte a buscar —dijo riéndose—. Es broma, en verdad podrías liarla un poco, parece un sitio muy serio, estirado y aburrido.
—Espero no meterme en líos, eso espero por ahora —le dije convenciéndome a mí misma de que iba a pasar desapercibida, al menos hasta que me adaptara—. Te echaré de menos.
—Yo también, nos vemos para Navidades —dijo mientras me abrazaba. Luego me dio un beso antes de girarse para volver a cruzar las puertas de hierro de la academia y poner rumbo a la universidad.
Descargué a Liberty de manera ágil. Al menos en esto teníamos mucha práctica, ya que lo habíamos hecho cientos de veces, y no me dio tiempo a coger nada más, porque Mrs. Sarah ya estaba andando en dirección a las cuadras (o eso suponía).
Liberty estaba tranquilo, pero atento a todo. No se separaba de mi lado. Yo intentaba respirar y andar de manera tranquila para transmitirle esa paz, diciéndole que no pasaba nada, que, aunque todo era nuevo para los dos, nos íbamos a adaptar y trabajar duro juntos.
Miré a mi alrededor mientras seguía a Mrs. Sarah.
¡Este sitio era ALUCINANTE! La extensión de terrenos era asombrosa; se veían montañas, edificios y pistas por todos lados.
No podía entretenerme mucho mirando maravillada a mi alrededor, ya que Mrs. Sarah llevaba un paso acelerado.
Pensé que ya tendríamos tiempo para investigar.
Entramos en una especie de camino en el que había vallados a ambos lados, eran paddocks .
Por el tamaño, calculaba que tenían diez por quince metros, y al final de cada uno había tres casetas de madera.
En el camino se podían ver placas con nombres escritos, entendiendo que esos eran los nombres de los caballos que vivían allí: Evolution, Mystic, New York, todos eran nombres elegantes que imponían, así como los caballos que estaban ya descansando en sus paddocks .
Pasamos unos veinte paddocks hasta que Mrs. Sarah se detuvo.
—Bienvenidos a la Academia Rider. Este es el nuevo espacio en el que va a vivir tu caballo, Liberty —comentó Mrs. Sarah, mirando la placa delante del paddock en la que, con letras plateadas y mayúsculas, ponía: LIBERTY.
No sé si era por el asombro de todo el momento, pero pensé que era la placa más bonita del mundo con el mejor nombre en ella—.
Este espacio te pertenece y vas a ser la encargada de mantenerlo y cuidarlo.
Al final del paddock , verás tres casetas: la de la izquierda es una cuadra; la puerta se puede dejar abierta para que tu caballo pueda acceder al paddock y entrar para dormir.
La caseta del medio está vacía y es tu preparador.
Y, por último, la caseta de la derecha es tu guadarnés, donde tendrás todo el material; detrás de esta hay un pequeño cubierto donde hay espacio para el pienso y el heno o paja de la semana.
Dentro del guadarnés encontrarás la equipación de la academia y podrás empezar a instalarte. ¿Alguna pregunta?
—¿Mi caballo tiene acceso al paddock todo el día? —pregunté, sin poder pestañear.
—Eso depende de lo que tú quieras y de cómo lo mantengas —continuó Mrs. Sarah—.
En el preparador encontrarás las herramientas para limpiar y mantener el espacio limpio.
En la Academia Rider abogamos por el bienestar animal y por qué los caballos vivan en espacios abiertos el máximo tiempo posible, pero las normas ya las repasaremos durante los próximos días. ¿Alguna pregunta más?
—Mmmm… ¿y dónde vivo yo? —solté con tono inocente.
—Si tu caballo está tranquilo, lo puedes dejar ahora en el paddock para que empiece a investigar. Antes de descargar nada de tu furgoneta, te voy a mostrar tu habitación y a tus nuevas compañeras —comentó Mrs. Sarah con resignación, debía haber estado haciendo lo mismo durante todo el día, pensé.
—De acuerdo. Hemos estado en la playa esta mañana corriendo, así que seguro que querrá descansar. —Sarah levantó la mirada rápidamente y me miró con cara de incredulidad y comentó por lo bajini: «¿A qué nivel de caballos y jinetes se ha rebajado esta academia?».
Solté a Liberty y le di un abrazo. Sentía que todo iba a ir bien y estaba convencida de que su nueva casa le iba a encantar.
Colgué la cabezada en un elegante colgador con forma de herradura que había al lado de su plaquita, para posteriormente dirigirme hacia donde estaba Mrs. Sarah y seguirla hasta la residencia.
—Existen varias residencias divididas según la casa a la que pertenezcas —comentó Mrs. Sarah.
—Disculpe, ¿cómo que «casa a la que pertenezca»? —pregunté con tono inocente.
—¿Es que no te han contado nada de cómo funciona esta academia? —respondió Sarah con sorpresa.
—No, la verdad es que me avisaron hace dos semanas que había sido aceptada y becada para venir aquí. Con toda la organización para poder llegar, no me he parado a buscar dónde estoy —pensé que responder con sinceridad era lo mejor.
—Existen tres casas o equipos: doma, salto, completo.
Ya las irás conociendo, ya que vais a competir entre vosotros.
Cada casa tiene un color: granate para doma, azul oscuro para salto, verde caqui para completo.
Tu paddock está situado en la sección de doma, y en el recinto de la escuela existen las otras secciones.
Tu residencia será con los jinetes y amazonas de la misma casa —Mrs. Sarah soltó el discurso como un robot, como si lo hubiera hecho cientos de veces y estuviera harta de ello.
—¡De acuerdo, gracias! Tengo ganas de conocer a mis compañeras —dije con una sonrisa de oreja a oreja.
Caminamos unos minutos hasta pararnos delante de una casa estilo château francés.
Todos los edificios ahí parecían castillos, y este no se quedaba atrás.
Fuera había gente sentada en la fuente hablando alegremente.
A través de las ventanas también se podía ver movimiento; era el día de instalarse y todo estaba lleno de maletas.
Entramos en el edificio y subimos unas escaleras con moqueta.
Odiaba la moqueta, pero no me parecía tan terrible en un entorno como este.
Llegamos a un pasillo abarrotado de maletas y personas corriendo arriba y abajo.
Mrs. Sarah se detuvo delante de la habitación dieciséis.
—Esta es tu habitación. Dentro conocerás a tus compañeras, que estarán contigo durante los tres años en la Academia Rider. Disfruta de tu estancia. —Y así, de seca y elegante como me había recibido en el aparcamiento, Mrs. Sarah se fue.