Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 2
7%

CAPÍTULO 2

El día se me hizo eterno, y eso que los niños del campamento lo ponían fácil porque no paraban y tenía que emplear mis diez sentidos para que todo fuera bien.

Llegué a casa casi a las ocho de la noche agotada, pero emocionada.

Había decidido entrenar con Liberty antes de ir a casa para aclarar mis ideas sobre cómo afrontar esta conversación.

Mis padres eran de ciencias; los dos habían crecido rodeados de animales, pero los caballos no eran precisamente sus animales favoritos.

En casa, vivíamos sin grandes lujos, éramos una familia humilde de cinco: mi padre, mi madre, mi hermano Tyler, Bella, que era mi perrita, y yo.

No se me daban del todo mal; mis asignaturas favoritas eran las matemáticas y las ciencias, aunque tenía que dedicarles horas al estudio para sacar buenas notas.

Siempre había querido ser veterinaria, médico o hacer algo relacionado con las ciencias, aunque siempre compaginado con mi vida de amazona.

Pero desde esa mañana, estudiar veterinaria, medicina o ciencias acababa de quedar apartado, y debía comunicárselo a mi familia.

Pensaba que mi vida estaba muy encarrilada y que, justo después de terminar bachillerato, iba a ingresar en alguna de las universidades que estaban lejos de casa.

Tenía posibilidades de entrar en la Universidad de Londres o Cambridge si me seguía esforzando como hasta ahora.

No obstante, mi vida acababa de dar un cambio radical, y debía decidir qué hacer.

Mi rutina durante el año era muy diferente a la de verano, y todo el mundo podía ver cuánto me esforzaba.

Mi despertador sonaba a las cinco y media de la madrugada, a las seis y media estaba montada en Liberty, entrenábamos y luego me iba a la escuela hasta el mediodía.

Después, comía algo rápido y estudiaba hasta tarde, excepto los días en que daba clases de repaso a los chicos del pueblo, para ganar algo de dinero que me ayudara a pagar la manutención de Liberty.

Todo ello se sumaba a lo que conseguía con mi trabajo en la hípica el fin de semana, entre clases, cumpleaños y excursiones con los turistas.

Me di una ducha de agua fría y me miré al espejo pensativa, era de constitución delgada, lo que siempre había hecho que la gente pensase que era frágil, pero nada más lejos de la realidad.

Mi piel era morena en verano e invierno, salpicada con pequeñas pecas, tenía ese color que parece que hubiese tomado cada día un poquito de sol, y que en Inglaterra era muy envidiado; además, eso hacía que mis ojos verdes resaltasen más, o al menos eso me decían.

Mi pelo, bueno, es una mezcla extraña entre moreno y rubio, con ondas que nunca terminan de ser rizadas, pero tampoco del todo lisas.

Cuando el sol me da, a veces parece que se ilumina en tonos dorados, lo cual siempre me ha parecido curioso.

Me puse el pijama justo antes de que mi madre gritara:

—¡A cenar, Libby! —Creo que era su frase favorita, el momento en el que nos sentábamos los cuatro en la mesa y contábamos nuestro día. Libby era un mote que me habían puesto desde pequeña y con él me había quedado. Solo me lo decían mis padres y mis mejores amigos.

Bajé las escaleras corriendo, aún con el pelo mojado. El calor de verano era sofocante y me encantaba dejar mi melena al aire para que se secara de manera natural. La mesa estaba puesta, y fui la primera en sentarme, respirar y disparar:

—Tengo algo que contaros. —Vaya, pensé en ese momento, ¿esto es lo mejor que se te ha ocurrido, Olivia? ¿Y con esta efusividad?

—Cuéntanos, cariño, ¿cómo ha ido el día en la hípica?

¿Liberty está bien? ¿Va aprendiendo? —Obviamente, no dominaban muchísimo del mundo del caballo, pero al menos intentaban estar al tanto de nuestros progresos e ir aprendiendo un poco más cada día.

Cuando decidí empezar a montar, a mis padres les daba mucho miedo y respeto, pero era una actividad al aire libre que se suponía que solo iba a hacer una vez a la semana, y digo «se suponía» porque he terminado estando ahí más que en casa.

Me compraron mi primera equipación, me llevaban los sábados por la tarde a dar clases con Emma en ponis, y enseguida vieron que esto no iba a ser una simple afición para mí, sino que se iba a convertir en mi estilo de vida.

—Sí, Liberty está estupendo. Y a mí me ha llegado una carta para estudiar becada en una prestigiosa academia de caballos en el norte de Inglaterra.

—Hala, así, del tirón. Mejor fuera que dentro.

Estaba nerviosa mientras veía que mi padre dejaba caer de golpe el tenedor en el plato lleno de guisantes.

Mi madre intentaba abrir la boca y mi hermano se mostraba indiferente.

—Pero…, hija, ¿no querías estudiar veterinaria? ¿Una academia de caballos? ¿Eso existe? —Obviamente, se estaban haciendo las mismas preguntas que me había hecho yo esa mañana. Y ahora empezaba la operación: Quiero estudiar los próximos tres años en la Academia Rider .

—Es una academia de equitación en la que nos forman para ser jinetes profesionales y reconocidos en todo el mundo. —Mi madre no había dicho una palabra aún; yo creo que seguía en shock .

—Pero… ¿tienes todo pagado? ¿Cuántos años son? ¿Está muy lejos? —disparó mi padre.

—La beca me cubre el primero de los tres años de estudios.

Si saco buenas notas, me la seguirán pagando los próximos años.

Está casi tocando a Escocia, un poco lejos de aquí; la verdad es que no me ha dado tiempo a investigar mucho, pero sé que es un sitio con mucho renombre —respondí, intentando contestar a todas sus preguntas.

—¿Y cómo vas a llegar hasta allí? —dijo preocupado mi padre—.

Tu madre y yo empezamos la semana que viene a trabajar, y ya sabes que es complicado pedir vacaciones extra.

—Mis padres, en el ambulatorio, tenían unas jornadas laborales muy intensas.

Hasta el día anterior, yo quería seguir sus pasos y poder estudiar, trabajar, asegurarme un buen sueldo, tener mi casita cerca de mis padres y vivir una vida como la que ellos habían tenido.

—No lo sé, eso es problema del futuro de Olivia… pero ¿eso significa que puedo ir? — dije mientras se me abrían los ojos como platos.

—Mmm —dijo mi padre, mirando a mi madre, que aún no había abierto la boca.

—¡Pum, no se hable más! —contestó de golpe mi madre, soltando el tenedor sobre el plato—. Es un tren de esos que solo pasan una vez en la vida, hija. Hay que aprovecharlo. Ya veremos cómo nos organizamos con todo, pero creo que es una oportunidad y podrás dedicarte a lo que más te gusta.

Mi familia siempre había creído mucho en las señales del destino y en que los acontecimientos pasaban por algo. Obviamente, había que manifestarlos para que ocurrieran cosas positivas, pero este momento era uno de ellos.

Ayudé a recoger la mesa mientras nos íbamos organizando.

Mi cabeza iba a estallar de la emoción, pero también empezaba a pensar en las últimas cosas que iba a hacer con ellos por unos meses: cenar en familia, ir a visitar a Liberty todos juntos, salir a pasear con mi madre, entrenar con Emma…

Todo, absolutamente todo en mi vida, iba a cambiar.

Subí a mi habitación para volver a releer la carta y aprenderme cada detalle de ella antes de irme a dormir.

Supuse que iba a descansar de maravilla sabiendo que mi futuro acababa de cambiar.

Aunque ahora me empezaban a invadir todos los miedos y preguntas, era algo de lo que tenía que sobreponerme.

Mientras me acurrucaba bajo las sábanas, el sonido de la lluvia de verano contra la ventana me relajaba e intentaba imaginarme en una nueva academia, con Liberty, conociendo a otros jinetes y formándome en las mejores clases y con los mejores entrenadores.

Cerré los ojos, sonriendo mientras todos los pensamientos iban tomando forma.