Bienvenidos a Cíes Epílogo
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Epílogo

Epílogo

Marga mira fijamente una grieta en la pared de lo que se podría llamar una habitación. Una mesa de madera barata con su silla a juego, un catre incómodo a más no poder y un retrete metálico en una esquina completan la decoración de la austera celda.

No recuerda cómo ha llegado hasta allí. Después de que la recogiera el helicóptero, todo se había fundido a negro, y cuando se ha despertado, ya estaba allí, vestida con un pijama blanco y sin ninguna de sus pertenencias.

Resulta extraño, pero ha sido capaz de mantener la calma durante todo el aislamiento.

Seguramente, gracias a algún tranquilizante que le ponen picadito en la comida.

Se ha dado cuenta de que no es capaz de sentir ninguna emoción.

Nada. Ni alegría de estar viva. Ni tristeza por la muerte de todos aquellos que la habían rodeado en aquel lejano brote. Alexitimia total.

Los primeros días los ha pasado presa de un profundo sueño.

Si ha sido a consecuencia de los nervios sufridos durante su tiempo en las Cíes y su posterior bajón de adrenalina o debido a esa medicación, lo desconoce por completo.

Eso sí, tampoco ha perdonado ni una comida.

Sabía que, mucho o poco, tenía que comer para mantenerse lo más lozana posible en este encierro involuntario al que, sin remedio, se ha ido acostumbrando.

Tanto, que si no fuera porque cada día algún militar se presenta ante ella para interrogarla sobre lo que ha sucedido durante aquel brote en las Cíes, habría empezado a dudar de que todo aquello hubiera ocurrido realmente.

Si no fuera por esos interrogatorios y, sobre todo, por las pesadillas recurrentes. El camping , el fuego, el convento.

Ella ha contestado, se ha mostrado colaboradora, ha interpretado su papel de colega de la Administración General del Estado, una funcionaría de carrera que coopera con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y no se han portado mal con ella.

Incluso le han proporcionado unas gafas para ver de cerca y un ejemplar de Carnavalito , el libro de Pestian Zamarelli que había dejado a medio leer en su tienda de campaña de las islas Cíes y que, con toda seguridad, ahora es solo un montón de cenizas, al igual que el resto de sus cosas.

Marga se ha convencido a sí misma de que la están manteniendo en cuarentena a la espera de que manifestara algún síntoma de la infección, aunque en ciertos momentos ha dudado de que vayan a dejarla salir de allí, ya sea sana o enferma.

Quizás esos militares piensen que sabe demasiado.

Marga ha adivinado que no es la única persona aislada en esas instalaciones. Ha escuchado puertas abrirse y cerrarse continuamente. Algunos gritos de otras personas que parecían pedir ayuda, llorar o elevar gritos de protesta.

No sabe qué hora es con exactitud, pero, como cada día, un rato después de que le hayan servido una bandeja con la comida, la trampilla de la puerta se abre y, a través de ella, una voz le ordena que ponga su espalda contra la pared más alejada a la entrada.

Marga obedece. La trampilla se cierra, el seguro se desbloquea y la puerta cede, siendo traspasada por una persona vestida con traje militar.

Hasta ahora, siempre la han visitado las mismas tres personas.

Sin embargo, al hombre que entra en esta ocasión no lo ha visto nunca.

Un hombre de mediana edad, de altura considerable y anchos hombros, con múltiples galones adornando su pechera.

Lleva consigo un maletín de cuero. Parece un pez gordo, piensa Marga.

—Buenas tardes, doctora Erauso —dice con una profunda voz de bajo barítono—.

Permítame que me presente. Mi nombre es [ BIIIIIIP ], comandante en jefe del Ejército de Tierra del Reino de España y al mando de esta operación.

Me hubiera gustado visitarla antes, pero hemos estado muy ocupados en los últimos días.

—Me lo imagino —contesta Marga cordialmente.

—No estoy tan seguro de que se pueda imaginar lo que está pasando ahora mismo ahí fuera.

Marga se debate sobre si hablar o callar.

—Me imagino que habrá habido otros brotes, más allá del que ocurrió en las Cíes. Una epidemia puede dar mucho trabajo. Lo sé de buena tinta, comandante.

—Es cierto. Olvidaba que estaba hablando con una excelente epidemióloga. He oído muchas cosas sobre usted, doctora.

—Todas buenas, supongo.

—Casi todas —contesta el comandante con una media sonrisa.

El militar toma la única silla que acompaña a la mesa y hace un gesto invitando a Marga a sentarse. Marga, en su papel de niña buena, toma asiento sonriendo.

—¿En qué puedo ayudarle, comandante? —pregunta Marga—. Supongo que no habrá venido hasta aquí solo para presentarse.

—Ciertamente no —admite con sinceridad—.

Veo que le gusta ir al grano y a mí también, así que seré directo.

El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la Agencia Española de Salud Pública está elaborando un informe sobre el brote ocurrido en las Cíes y el Hospital Central de Vigo al que enviaron a la paciente en coma.

Me gustaría que le echase un vistazo al borrador y me diese su opinión como epidemióloga de campo y encargada del brote.

—El comandante saca una carpetilla del maletín y, colocándola sobre la mesa, la desliza empujándola con el dedo índice hacia Marga.

Ella extiende el brazo y la toma en su mano.

Como en un inesperado acto ceremonial, abre la carpeta y extrae unos pocos folios de su interior.

Están escritos con un procesador de texto y una marca de agua atraviesa el fondo diagonalmente anunciando la palabra BORRADOR en letras mayúsculas.

Marga se echa hacia atrás y alcanza con la mano las gafas de encima de la cama.

Con parsimonia, se las coloca y respira profundamente antes de comenzar a leer el documento.

Evaluación Rápida de Riesgo

Brote epidémico de agresiones por mordedura humana en las islas Cíes, Hospital Central de Vigo y Ciudad de Vigo, provincia de Pontevedra, España.

21 de junio de 20…

El 17 de junio de 20…, la Xunta de Galicia notificó al Ministerio de Sanidad la aparición de un brote de una enfermedad hasta el momento desconocida, en las islas Cíes.

La definición de caso incluye a toda aquella persona que presenta un comportamiento extremadamente agresivo con tendencia a morder a otras personas y al menos uno de los siguientes síntomas: fiebre elevada, ictericia conjuntival, fotofobia, sialorrea y/o diarrea sanguinolenta.

Se ha documentado la transmisión interhumana sostenida.

La vía de transmisión incluye el contacto directo o a través de fómites con fluidos contaminados, especialmente con sangre o saliva.

No está claro si la enfermedad puede transmitirse por otras vías.

No se ha documentado hasta el momento la transmisión interespecie.

Sin embargo, existen algunos signos de alarma.

Los servicios de sanidad animal han comunicado una disminución importante en el número y actividad de las aves en los alrededores de las Cíes.

Sin otras explicaciones plausibles podría tratarse de una epizootia.

No es factible calcular la tasa de letalidad puesto que una vez que cesan los signos vitales de los pacientes sus cadáveres desaparecen.

Se ha establecido como índice o caso cero a una arqueóloga evacuada desde las islas Cíes.

La paciente presentaba marcadores de infección elevados y en los cultivos no se aisló ningún microorganismo habitual.

Las pruebas de microscopía electrónica muestran una estructura parasitaria hasta el momento desconocida.

Los especialistas en microbiología señalan la posibilidad de que se trate de un paleoparásito al que se ha denominado Plasmodium tenebrosum .

Se han enviado muestras al Centro Nacional de Microbiología para próximas determinaciones.

Un accidente biológico en la asistencia al caso índice inició una cadena de transmisión en el Hospital Central de Vigo, afectando a la práctica totalidad de profesionales y pacientes que se encontraban en el recinto.

El Acto de Candidatura de Vigo a sede de los Juegos Olímpicos actuó como un evento superpropagador, al producirse durante el mismo altercados que involucró al personal sanitario infectado que allí se manifestaba.

En la situación actual, el riesgo de exposición de las personas que vivan o viajen a la ciudad de Vigo fuera de las dos zonas sanitarias afectadas (islas Cíes y Hospital Central de Vigo) se considera muy alto.

Se recomienda suspender todos los viajes a esta ciudad y su área metropolitana, salvo para abastecimiento de suministros vitales y mantenimiento de infraestructuras críticas.

En caso de viaje, se debe realizar una toma de temperatura no invasiva y una exploración de las conjuntivas a las personas que salgan de la ciudad.

El mayor riesgo es para trabajadores sanitarios o de primera línea que participen en la respuesta a la crisis sanitaria.

El riesgo de propagación de la enfermedad en el resto de España a partir de una persona infectada dependerá del cumplimiento de las medidas anteriormente mencionadas.

El Comité de Emergencias para el Reglamento Sanitario Internacional ( RSI 2005) ha considerado que la transmisión continuada de la enfermedad y el riesgo de amplificación y expansión internacional de esta epidemia requieren la aplicación de medidas coordinadas a nivel internacional y la ha declarado una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional.

Pedro Casas

Centro de Prevención y Control de Enfermedades

Agencia Española de Salud Pública

Al terminar de leer, Marga levanta la vista y se retira las gafas, dejándolas caer sobre su naricilla. Con los ojos abiertos y llenos de lágrimas, se dirige al comandante:

—¿Pedrito está vivo?