Bienvenidos a Cíes Capítulo V #2
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Capítulo V #2

Ahora, mientras esperas a que la tediosa conversación entre esos viejos termine para dar paso a una nueva tarde de diversiones con tus primos, puedes oír la cabecera de tu programa favorito, ese de los pueblos que compiten entre ellos por una atención mediática inmerecida.

A tu lado, el presentador del concurso, vestido de traje y con cara de uva pasa rehidratada, anuncia el operativo organizado para la búsqueda de los campistas.

PRESENTADOR : Bienvenidos y bienvenidas a este Gran Cíes .

[Aplausos. Aplausos. Stop ]. Les presentamos a los cuatro equipos que van a participar en nuestra gincana de esta tarde.

En primer lugar, tenemos al Equipoooo Verdeeeee.

Con una media de edad de muchos años y kilos de arrugas en las patas de gallo tenemos a Eusebio, el guardabosques, y a Marga, la epidemióloga.

Su arma secreta es el coche. Un aplauso para ellos.

[El público aplaude con ansia viva]. ¿Queréis contarnos algo? ¡Vamos, decid algo a nuestra audiencia!

EUSEBIO : Ahora que estaba aprendiendo a abrirme, quizás me espere un trágico final.

MARGARITA : Menos mal que vamos en coche, porque tengo las varices a reventar.

PRESENTADOR : ¡Oh! ¡Qué interesante! Pasemos a nuestro segundo equipo. El Equipooo Rosaaaaa. Acompañado por unos cuantos figurantes con menos futuro que un estudiante de pedagogía, el piolín apesebrado y médico residente, Pedrito Casas. ¡Cuéntanos algo de ti, Pedrito!

PEDRITO : Si vuelvo a casa muerto, mi novio me mala.

PRESENTADOR : ¡Oh! ¡Qué bonito! ¿Qué dice ese público?

PÚBLICO : [Cantado]: ¡Qué bonito! ¡Qué bonito!

PRESENTADOR : Y llegamos al tercer equipo, el Equipooooo Rojoooo. Rojo sangre, rojo pasión. Coordinando un grupo de campistas que van a durar menos que el orgasmo de una hormiga, Noela, la monitora de tiempo libre; Caye, la bloguera, y Enrique, el…

ENRIQUE : Abogado.

PRESENTADOR : ¡El que tengo aquí colgado! [El público ríe con entusiasmo]. Siempre pican… ¿Qué nos contáis de vosotros? ¿Caye, Enrique, Noela?

CAYETANA : Soy una líder natural.

NOELA : Me encanta hacer felices a las niñas y a los niños.

ENRIQUE : Esta chavalita se me va a tirar al cuello cuando yo te diga.

NOELA : Soy lesbiana.

ENRIQUE : Eso es porque no has probado un buen [pitido].

PRESENTADOR : ¡Bueno, bueno! ¡Durísimas declaraciones de nuestros participantes!

¡Parece que va a ser un programa de morirse!

Cada grupo tiene asignado un área de búsqueda.

El grupo que vuelva con más campistas se hará con el premio secreto.

Ya que los desaparecidos pueden aparecer por sí solos en el camping , tenemos un cuarto equipo, el Equipooooo Maaaaaarroooón.

Formado por los campistas más cobardes que prefieren quedarse haciendo bocadillos de queso y chorizo para la cena, y vagos, como ese adolescente entrado en carnes que lleva puesto un flotador y está esperando que empiece la gincana para escaquearse e irse a la playa —sí, lo digo por ti cara-caqui—, un equipo liderado por Berta, la responsable del camping . ¿Qué pasa, Berta?

BERTA : No sé por qué, pero me presento como la responsable del camping , cuando solo soy recepcionista. Mi tío…

PRESENTADOR : ¿Cómo dices, Berta?

BERTA : No, nada, nada…

PRESENTADOR : ¡Pues nada, entonces! Tenemos a todos en sus puestos. Estamos a punto de dar el escopetazo de salida, pero primero, una pequeña pausa publicitaria y enseguida estamos de nuevo con ustedes. ¡No cambien de canal!

[Aplausos. Aplausos. Zoom out ]

Radio El Olivo, todo sobre la ciudad de Vigo.

Radio El Olivo les abre las puertas al mundo del saber.

Cultura en familia . Historia, arqueología, gastronomía, cine, teatro, fútbol.

Cultura en familia , pensada para grandes y pequeños, niños y adultos.

No se pierdan nuestro próximo programa de Cultura en familia: Antropofagia en el siglo XXI .

Cultura en familia , en su horario habitual de las cuatro de la mañana.

—¿Has dicho fiebre o febrícula? —pregunta Carmela sosteniendo el teléfono móvil contra su oreja. Pregunta casi más por preguntar que por otra cosa y así ganar algo de tiempo. Los pasos a seguir son exactamente los mismos, ya sea fiebre o febrícula.

—Febrícula —responde al otro lado su colega de salud laboral—.

La enfermera tiene 37,6 grados en la escala Celsius, para ser más precisa —un silencio tenso empieza a construirse entre su interlocutora y Carmela, a la espera de la siguiente pregunta que ya intuye en su fuero interno.

Esa pregunta, tan temida ante las crisis sanitarias, cuya respuesta en el momento oportuno marca la diferencia, a veces sutil, entre hacer el ridículo o ejercer como una profesional de primer nivel—. ¿Y ahora qué hacemos?

—¿La habéis entrevistado en profundidad para aseguraros de si ha realizado alguna maniobra de riesgo en la paciente evacuada de las Cíes?

—continúa interrogando Carmela, albergando la esperanza de que pueda tratarse de un proceso viral común y corriente.

Acostada en la cama, juguetea con el borde de la sábana.

—Sí, la hemos entrevistado y ha entrado en contacto directo con la paciente y con sus fluidos.

Le ha puesto una vía y le ha tomado varias muestras tanto de sangre como de orina.

Ella asegura que hizo un buen uso del equipo de protección individual durante la atención, pero…

no puede garantizar que no cometiera algún descuido durante su retirada.

En ese momento estaba sola. Tendremos que revisar las grabaciones para ver paso a paso cómo se quitó el equipo, si se tocó la cara o algo así, pero tardaremos bastante.

Ya sabes cómo estamos con las vacaciones y con los temas de personal.

En ese momento, Andrea regresa del baño en plena desnudez y se acurruca al lado de Carmela. Pero esta se levanta y camina de un lado al otro de la habitación.

—Sí, sí, estamos igual en todos los servicios: el personal justito y las vacaciones sin reemplazo.

Y encima, cuando viene un marrón así, esperan que lo podamos hacer todo al instante y sin cometer ningún fallo.

En fin. Pues, por lo que dices, si cumple la definición de caso en investigación, cumple la definición de caso en investigación y actuamos en consecuencia.

Para eso están los protocolos. Y más aún cuando estamos hablando de una compañera, una enfermera de este mismo hospital que está en contacto permanente con otros pacientes en situación vulnerable.

Carmela cuelga el teléfono y promete volver al hospital enseguida.

Pensativa, se queda mirando el móvil. Los avisos de CharlApp® se acumulan en el panel de notificaciones.

En cuanto se difunda que una enfermera va a estar en alto aislamiento hasta descartar un contagio del patógeno traído de las Cíes, los chats del hospital van a echar chispas.

Muchos profesionales aprovechan la mínima para vomitar su frustración contra el hospital en estos grupos, un río revuelto al que Carmela teme verse arrastrada.

Tiene que adelantarse, poner en sobre aviso a la dirección médica, llamar a salud pública, hacer que todos espabilen, que pongan más medios, evitar males mayores.

Tiene que contactar con Marga, pero el número al que llama no responde, está apagado o fuera de cobertura en esos momentos, inténtelo de nuevo más tarde.

Además, tiene que escribir un correo electrónico para notificar el evento de manera urgente, describir las características de todas las personas en seguimiento por salud laboral, es decir, personal de medicina, enfermería, auxiliares, personal de limpieza y retirada de residuos…

¿y los familiares en seguimiento? ¡Buff!

—¡Hola! —Una voz le habla desde la cama.

Carmela se vuelve rápidamente con sorpresa.

Casi había olvidado que Andrea estaba allí, sobre su cama, completamente desnuda, mirándola con curiosidad.

Un aura de perfección la envuelve, como a una maja contemporánea pintada por una inteligencia artificial imitando a Velázquez.

Andrea lanza un lazo imaginario sobre el cuerpo de Carmela y tira despacio de ella.

Guiada por esa fuerza invisible, la preventivista vuelve poco a poco al colchón.

Andrea sonríe, graciosa y sensual, y con un último tirón, lanza a Carmela de vuelta a la cama y la cubre bajo las sábanas.

Allí abajo no hay hospitales, no hay infectados, no hay enfermedades de declaración obligatoria.

Al menos no por ahora. Las listas de verificación solo marcan zonas erógenas.

Solo ellas, mirándose la una a la otra como dos adolescentes.

Como no pudieron hacerlo cuando fueron adolescentes.

Carmela se entregaba a esos pocos y recientes encuentros olvidando todo lo demás.

Pero hoy no. Hoy su mente está muy lejos de allí y lo percibe en su mirada y su actitud, más preocupada de lo normal.

—Tienes que irte, ¿verdad? —pregunta. Carmela siente que algo se rompe en su interior.

Es el miedo a perderla. Permanece en silencio, sin saber qué contestar.

Finalmente le devuelve la mirada, pero antes de que diga nada, Andrea la tranquiliza—.

No te preocupes. Podemos vernos la semana que viene, si quieres. Tampoco es que sea el fin del mundo.