Capítulo IV #4
—¡Lo sabía! Quieres ir a ayudarla —interrumpe Fiz intentando no levantar la voz—. Alucino contigo. ¿No eres imprescindible, sabes? Además, si necesitasen a alguien, tienen al epidemiólogo de guardia. Vamos, estoy seguro de que ya han enviado a alguien para echarle un cable en el primer ferri.
—Ya, tienes razón. Seguro que sí.
Marina sale a la cubierta enfundada en una camiseta de publicidad de Supermercados Adriano y unos pantalones cortos de pijama.
Lleva una taza de café en las manos. Con el pelo cayéndole sobre la cara, se sienta frente a Fiz y Pedrito, que se miran en silencio.
Marina, algo ensimismada y medio dormida, no percibe la tensión en el ambiente.
—Hoy vamos a tener toda la ría de Vigo para nosotros. Han cancelado los ferris que van a las Cíes por no sé qué problema.
Radio El Olivo, todo sobre la ciudad de Vigo.
Sumergibles Indalecio.
Increíbles pecios a los mejores precios.
¿Quieres ver la ría de Vigo como nunca la has visto?
¿Quieres conocer los tesoros que guardan sus aguas cristalinas?
Sumérgete con nosotros en un viaje a las profundidades.
¡Innumerables barcos hundidos te esperan!
Desde galeones y corsarios llenos del vil metal hasta submarinos y transatlánticos de la Segunda Guerra Mundial.
El mercante Achondo, te pondrá cachondo.
Los galeones de la batalla de Rande, son lo más grande.
Con los submarinos U-boot de los nazi, parecerás un paparazzi .
Los corsarios ingleses y otomanos, me los quitan de las manos.
Con nuestro batiscafo Nautiliño, nos sumergimos en los fondos de arena de las islas Cíes, Ons, Sálvora y San Simón. ¿Quieres sentirte como Julio Verne? ¡Ven a verme!
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Buenos días, queridos oyentes. Tercer día de esta ola de calor extrema.
Son las nueve y treinta y tres minutos de la mañana y los termómetros ya marcan los treinta y tres con nueve grados y se esperan que sigan subiendo hasta superar los cuarenta.
¡Qué barbaridad! Y si alguien estaba pensando en ir a refrescarse a las islas Cíes, le recomendamos que vaya pensando en un plan alternativo.
La naviera ha anunciado que el trayecto que venía efectuando ha quedado interrumpido por motivos de seguridad debido a una avería en el sistema electrónico de navegación que permite, entre otras cosas, conectarse con el radar y la comunicación con tierra en casos de emergencia.
En un comunicado de esta mañana, la empresa se ha disculpado con sus usuarios y ha prometido reembolsar todos los billetes vendidos, así como indemnizar a quienes tengan reservado un alojamiento en las islas durante estos días.
El Concello de Vigo también se ha pronunciado, agradeciendo a la empresa de transporte marítimo su preocupación por el bienestar de todos los vigueses y viguesas, así como de sus visitantes, y tiende la mano a colaborar en todo aquello que esté a su alcance para que esta situación pueda ser revertida a la mayor brevedad y restituir el tráfico marítimo hacia las islas.
En un gesto de cortesía, Caín Fidalgo, alcalde de la ciudad, ha anunciado que todas aquellas personas que se han quedado sin posibilidad de ir a las islas Cíes, podrán asistir al evento de candidatura de Vigo a sede de los Juegos Olímpicos, el cual tiene lugar esta misma noche en el estadio de Balaídos.
Solo tienen que presentar su billete o reserva en la entrada del estadio.
Asimismo, Fidalgo ha aprovechado para expresar su malestar con el gobierno autonómico, a quien acusa de no estar poniendo de su parte para resolver este incidente: «El presidente de la Xunta, el señor Yáñez, está demostrando una vez más lo poco que le preocupan los problemas reales de la gente y que está más interesado en la política nacional que en dar respuesta a los intereses de los ciudadanos y ciudadanas de Galicia».
Además, ha lamentado la falta de colaboración institucional por parte de la Consellería de Transportes, que no les hayan comunicado esta situación de primera mano, teniendo que enterarse a través del armador.
No obstante, el alcalde ha asegurado que esta temporada turística será la mejor de los últimos años.
La relación entre la Xunta y el Concello está que arde.
En el ámbito deportivo, el Celta ha vuelto a perder y ocupa puestos de descenso a solo dos jornadas del final de La Liga…
Vidal espera a Prado al fondo de la sala de comunicaciones de la Xunta.
La rueda de prensa, opina, ha sido un auténtico paripé.
Nada de lo que sorprenderse en la política de hoy en día.
Allí han comparecido dos pesos pesados de cualquier gobierno autonómico.
Nada más y nada menos que la Excelentísima Conselleira de Transportes y el Ilustrísimo Conselleiro de Turismo, vamos no me jodas, ríe Vidal.
La excrementísima y el deslustrísimo. Con razón no ha acudido ni un periodista.
A pesar de ello, la conselleira se ha mostrado muy persona, muy seria, explicando a toda Galicia —en su imaginación— que el Consejo de Gobierno Extraordinario, recalcando la palabra extraordinario para que las gallegas y los gallegos sepan que el gobierno está ahí cuando se le necesita, ha decidido cortar el servicio de línea regular hacia y desde las islas Cíes por cuestiones técnicas y telecomunicológicas muy difíciles de explicar en esos momentos.
Que el tráfico marítimo, en cierto modo, hubiera podido seguir funcionando, pero para salvaguardar la seguridad de la propia ciudadanía gallega y sus bienaventurados turistas, el Gobierno, una vez más, en su extrema moderación, se ha anticipado al problema.
Más vale prevenir que curar, ha dicho mostrando su política dentadura el conselleiro de Turismo, a lo que le ha seguido un ruidoso silencio.
No se han aceptado preguntas de la prensa.
Dio igual, porque apenas había. Y con la misma se han marchado.
María del Prado, Maruchi para sus amigas, avanza pisando con garbo, carpeta bien apretada contra su generoso busto, y luciendo un traje de dos piezas de Pestian Zamarelli color azul bandera de Galicia y unos tacones blancos de Galitex.
Con su carácter pizpireto y su pelo negro rizado cayéndole por la pechera, pasa por delante de Vidal clavando sobre él una mirada retadora, pero sin dirigirle la palabra.
Vidal sale detrás de ella y, poniéndose a su lado, comienza la conversación que llevaba horas planeando:
—Maruchi, buenos días, oye, qué bien os ha salido la erredepé , enhorabuena, os ha quedado niquelada, y menudo elenco, Turismo y Transporte, ahí es nada, mostrando poderío, claro que sí.
—Prado avanza haciendo caso omiso, saludando en la distancia a compañeros apostados a la vera del pasillo mientras camina—.
Oye, ¡y qué pedazo de traje que te has comprado!
Se ve que te pagan mejor que a un servidor, pero claro, tú te lo mereces más que yo aunque lo aprendieses todo de mí.
—Prado pone los ojos en blanco y esboza una risa de desaprobación—.
Y qué curioso que en la erredepé no se haya comentado nada sobre la paciente que evacuasteis de las islas Cíes y que está con pronóstico reservado en una habitación de alto aislamiento con un diagnóstico de…
¿Cómo era? Ah, sí: fiebre hemorrágica de origen desconocido en un hospital que no es apto para este tipo de pacientes. Eso suena a un marrón muy feo, ¿no?
Al terminar la frase, Vidal se detiene. Prado da un par de pasos más y frena en seco. Después de unos segundos, ladea la cabeza hacia la derecha para encontrarse con los ojos de Vidal que le devuelven la mirada con una socarrona sonrisa sobre su semblante.
—No, no digas nada, tú eres una tumba igual que lo soy yo.
Pero claro, sería una pena que alguien fuese con el cuento a la prensa, que ya sabes que les encantan estas historias.
Sería una pena cuando falta tan poco para el Comité Nacional de vuestro partido, algo a lo que le habéis echado el ojo desde hace tiempo, según dicen por ahí.
Pero bueno, yo no me fío de las habladurías.
Se me ocurre que quizás al presidente Yáñez-Santiso le convendría venir esta noche al acto de candidatura de Vigo a los Juegos Olímpicos y así mostrar un poco de talante y colaboración institucional, no vaya a ser que necesitéis echar mano de alguna ayudita por si os estalla algún escándalo en la cara… No sé, Prado, dadle una pensada.
Vidal ve a Prado calcular. La conoce como si la hubiera parido.
Si la hubiese pillado en su despacho, las cosas habrían sido diferentes.
Pero en medio del pasillo, delante de todo el mundo, no puede permitirse el lujo de montarle un buen pollo.
Sabe que se está mordiendo la lengua. ¿Estará también mordiendo el anzuelo?
Prado vuelve la vista al frente, con un golpe de melena al aire y, sin decir esta boca es mía, reinicia su andadura por el largo pasillo, perdiéndose en el laberinto del Palacio de Montepío.
Una hora más tarde, Pedrito desembarca en el muelle secundario de la isla del Faro. Fiz está de pie en la lancha motora, manejada por Marina. Pedrito levanta las manos hacia el frente.
—¿Me pasas la mochila?
Con premeditada parsimonia, Fiz la recoge y la retiene durante unos segundos.
No le gusta la idea de que Pedrito se meta en una isla en la que han notificado un posible brote de fiebre hemorrágica y, para más inri, cuyo único transporte a tierra ha sido bloqueado.
Llámenle loco. Pero no dice nada, calla.
Las buenas intenciones de Pedrito le hacen sentirse, en parte, orgulloso. Le lanza la mochila.
—Ten cuidado.
—Lo tendré.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.