Bienvenidos a Cíes Capítulo III #8
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Capítulo III #8

El día, como tantos otros desde que ostenta el difícil cargo de presidente de la Xunta, ha sido muy ajetreado.

No obstante, tiene la sensación de que la jornada no ha terminado.

Mientras consejeros y asesores, entre nerviosos y aliviados, abandonan el Palacio de Montepío, el presidente hace un gesto a su jefa de gabinete y al conselleiro del Interior para que pasen a su regio despacho.

Como solo ocurre en las ocasiones muy especiales, Yáñez-Santiso se coloca detrás de su mueble bar acabado en madera y un sky buenísimo, saca tres copas de fino cristal, deja caer un par de piezas de hielo por cada una y convida, compañero, a sus políticos y expectantes colegas a tomarse un par de gin-tonics .

De ginebra gallega, por supuesto. Mientras prepara los combinados, el presidente toma la palabra.

Nuestras tierras y nuestras gentes se merecen lo mejor.

Sí, presidente. Los gallegos y las gallegas son gente de bien, madura y reflexiva.

Tienen sentidiño . Lo son, presidente. Pero, a veces, ciertas situaciones hay que agarrarlas con tiento.

Están de acuerdo, ¿no es así? Lo estamos, presidente.

Vamos a contar toda la verdad de lo que está pasando en las islas Cíes pero, como digo, debemos ser estratégicos.

Quizás pensáis que estoy exagerando. ¡Es solo una intoxicación en una cafetería de un camping !

, me diréis. ¡Una única persona evacuada!

Ocurre cada día, me recordaréis. Y no os falta razón.

Pero, a veces, la caída de un peón es suficiente para poner al rey en jaque.

Con el rey no me refiero a mí, es evidente.

No. Hablo de la institución que defendemos.

La Xunta. La Democracia. El Orden. Y, bueno, también está nuestro partido.

No podemos fallar a toda esta gente. Lo comprendéis, ¿a que sí?

Lo comprendemos, presidente. Tenemos la responsabilidad y el honor de mantener la armonía y la convivencia en unos momentos tan delicados como en los que nos encontramos.

Nunca subestiméis el poder de una crisis sanitaria, por pequeña o insignificante que parezca.

Por otro lado, es obvio que tampoco queremos alarmar a la población sin razón y poner en peligro la paz social. Sin duda, presidente.

E invitando a los atentos interlocutores a recoger un gin-tonic y a ocupar sus correspondientes butacas en torno al escritorio, el presidente continúa.

Ay, la dichosa información… Lo que está ocurriendo ahora en las islas Cíes puede resultar muy goloso y no solo para nuestros adversarios políticos.

No podemos permitir que esta información caiga en las manos equivocadas.

Faltaría más, presidente. Cuento con vuestra mano izquierda para anticiparnos a lo que pueda suceder.

Porque, desafortunadamente, no existen procedimientos para solucionar todos los problemas, y a veces la Administración General es demasiado rígida, demasiado…

¿cómo diría yo? ¡Inflexible! Bien lo sabéis.

Esto nos obliga a ser ingeniosos, ¡creativos!

Efectivamente, presidente. Fantástico, entonces, ¿qué plan creativo tenemos entre manos?

El conselleiro de Interior coloca una carpetilla marrón sobre la mesa de madera y la desliza hacia el presidente, recostado sobre su sillón de cuero.

Los hielos tintinean en el vaso. El presidente abre la carpetilla y ojea el contenido, enarcando una ceja.

Su mirada, alternativa entre el documento y el conselleiro, pone nerviosa a la jefa de gabinete.

Finalmente, Yáñez-Santiso la cierra y esboza una amplia sonrisa. Otra copa para brindar.

Norma pega un respingo en la cama. La niña cree haber oído algo.

Un ruido que proviene de fuera de la tienda de campaña.

Si a ella la ha despertado, está segura de que a Aída, su gemela, también.

Así que vuelve el rostro hacia su hermana, acostada en la misma cama.

Al hacerlo, se encuentra con el semblante de Aída, que ya la está mirando como un reflejo de ella misma.

Sí, lo he oído, le dice sin que Norma le pregunte nada.

Salgamos a ver qué es, propone Aída. Norma niega con la cabeza.

Vamos, tengo ganas de hacer pis, susurra. Yo también, contesta la otra, es que…

Norma no quiere ir. Por desgracia para Norma, en cada par de gemelas, siempre hay una buena y una mala.

Así que Aída se desliza fuera del saco de dormir, pone los pies en el suelo y camina dando pasitos por la espaciosa tienda familiar hasta la entrada.

Aída sonríe mientras baja la cremallera del porche.

Dedica una última mirada a su hermana, que la observa paralizada desde el catre, y se escurre fuera de la tienda.

Norma siente pavor, pero la fuerza que la une a su gemela univitelina es mayor que cualquier otra.

Así que se desliza fuera del saco de dormir ella también, pone los pies en el suelo y camina dando pasitos por la espaciosa tienda familiar hasta la entrada.

Norma duda mientras pasa su mano por el cierre abierto del porche.

Dedica una última mirada a sus padres, que duermen a pierna suelta, y se escurre fuera de la tienda de campaña.

En el exterior, la noche se viste sin luna.

Lo había dicho la guía del cielo, ideal para contemplar las constelaciones, pero terrible, piensa Norma, para ver a su hermana.

¿Dónde piolines se ha metido? Gira la cabeza a diestra y siniestra, pero no la divisa por ningún lado.

Siguiendo con la mirada el camino hasta la caseta de aseo, logra percibir una sombra que se cuela por la puerta del baño de mujeres.

Norma, intentando no hacer ruido, sale al camino principal.

A ambos lados, dos masas parduzcas de tiendas de campaña la circundan, indistinguibles unas de las otras, como bloques de cemento de una ciudad fantasma.

¿Sabrá volver a la suya? Cada problema a su tiempo.

Al otro lado de la ría, la luz de Vigo compite con la de los astros que cuelgan de la bóveda celeste.

El calor ha cedido levemente, pero eso qué le importa a una niña.

Solo el cantar de los grillos quiebra con su cri-cri el silencio nocturno.

Se siente observada. Mirando a todos lados y a ninguno, Norma camina apresuradamente hacia los baños.

Está segura de que allí encontrará a Aída, y cuando la vea, piensa darle un buen coscorrón, por tonta y por mala.

Date prisa, Norma, le dicta su cerebro. Más rápido.

Trastabilla, cae al suelo, pero se levanta en el acto.

Estas niñas son de goma. Unos pasos más y ya estarás en el baño.