Capítulo III #7
—Completamente, Maruxa Cósmica. Muchas expertas nos explican que las cazas de brujas representan la lucha de dos regímenes, de dos formas de ver el mundo, de lo antiguo, lo pagano, lo ligado a la naturaleza y al campo, frente a la era moderna, el humanismo, el pensamiento científico y un supuesto progreso económico y cultural.
Sin embargo, está más que estudiado que en el sur de Galicia, de donde viene mi familia, no fue esto lo que ocurrió.
Verás. A principios del siglo XVII hubo muchas incursiones otomanas en toda la costa gallega, ¿verdad?
La ría de Vigo fue una de las más afectadas por estos asedios y muchos hombres murieron intentando defender sus pueblos o fueron capturados y esclavizados por los turcos.
Esto dio lugar a la aparición de muchas mujeres viudas y con cierto patrimonio heredado de sus maridos, padres o hermanos.
Al mismo tiempo, los tribunales inquisitoriales de Galicia habían sido constituidos por nobles venidos a menos y encontraron en estas mujeres que habían heredado bien el chivo expiatorio perfecto.
Acusándolas de brujas, de meigas, estos noblecillos podían requisar su patrimonio.
Está comprobado que las acusaban sin pruebas o con algún testimonio comprado de vecinos o vecinas envidiosas y eso era suficiente para ser ajusticiada y sentenciada, no siempre con la muerte, pero sí con la reclusión y con el requisamiento de sus posesiones.
—Quieres decir que estas mujeres no eran meigas realmente.
—No tiene por qué. No digo que no hubiera alguna meiga verdadera entre ellas, pero muchas acusaciones se debían a inventos o confabulaciones por motivos económicos y sociales.
Tenemos que entender que, desde tiempos antiguos, estas mujeres empoderadas, estas sanadoras, estas meigas y brujas de todos los lugares han sabido estar atentas a las artimañas que intentan disciplinar a aquellas mujeres que subvierten el orden patriarcal.
—Claro, las mujeres tenían y, desgraciadamente, muchas aún tienen que dormir con un ojo abierto. Cuéntanos, ¿qué hubiera pasado si una meiga, una de verdad, hubiera sido capturada por la Inquisición?
—Bueno, esto es muy poco probable, primero por lo que comento. Una meiga sabe que corre un riesgo solo por el hecho de ser meiga y mujer. Y segundo, porque una meiga de verdad tiene muchos recursos en su mano para salir airosa de esta situación.
—Digamos que tiene muchos trucos dentro de la chistera. Una broma de magos. Pero ahí quería yo llegar. Cuéntanos, Aine. ¿Puede una meiga deshacerse de un grupo de hombres armados gracias a sus poderes?
—Todo depende de las capacidades de la meiga en cuestión, pero conjuros y pócimas muy básicas ayudarían a una meiga a salir airosa de estas situaciones sin ningún problema.
—Pongamos un ejemplo.
—Claro, por supuesto, como digo en mi libro, yo he venido a contar la verdad y toda la verdad sobre las meigas. Mira, la mezcla correcta de ciertos ingredientes muy habituales en cualquier jardín gallego, disueltos en el aire, puede paralizar a una persona no habituada a esta combinación.
—Es decir, que con unos polvos, este grupo de hombres armados quedaría paralizado y ella podría escapar.
—Eso es.
—Yo he paralizado a muchos hombres con mis polvos.
—No me cabe duda, Maruxa ¡Y qué polvazos!
De eso estoy segura. Otra opción, relativamente accesible a muchas meigas, incluso a las menos entrenadas, es la adivinación.
Todas las personas, los hombres, las mujeres, practiquen el arte del meigallo o no, estamos conectadas con el universo cuántico que nos rodea.
Formamos parte de él. Todo lo que está por pasar ya ha pasado.
Por eso, si estás atenta a las señales y, sobre todo, sabes cómo interpretarlas, puedes acceder a los acontecimientos que están a punto de ocurrir o que ocurrirán en nuestro futuro.
Quiero decir, que algunas meigas podrían presentir o ver a través de algún elemento de adivinación, como las cartas, el comportamiento de los animales, las estrellas o los sueños que los inquisidores iban a ir a buscarlas.
En ese momento, tocaba desaparecer por un tiempo.
—Pues ahora que lo dices, desde hace poco me he enganchado a las cartas del tarot Me he lanzado a lanzarlas. Y oye, la gente dice que acierto un poco, eh, no te creas.
—Es que, a ver, yo creo que tú eres un poco brujilla, que hay magia en ti. Hay magia en todes nosotres, solo hay que saber cultivarla, canalizarla.
—Ay, qué cosas me dices, ¡tú sí que eres bruja! Pero espero que no, porque si te cuento los sueños que tengo últimamente… No hago más que soñar con que todo arde, ¡el mundo arde! Será por eso que estoy tan caliente, ya sabes.
—Los sueños hay que saber interpretarlos.
—Eso es verdad. ¡Qué freudiano todo! Pero continuemos con las meigas perseguidas, que esto está cada vez más interesante.
—Pues, a ver, por dónde iba. Ah, sí. Otro poder enseñado de generación en generación es el de la hipnosis.
Mantenerla durante mucho tiempo requiere un nivel de brujería considerable, pero una hipnosis momentánea que te permita escabullirte es algo sencillo de realizar.
Lo mismo pasa con la zooquinesis y la telequinesis.
Manipular a animales como pájaros o caballos para que se interpongan entre tu captor y tú o hacer que se caigan cosas sobre ellos, tejas por ejemplo, es algo posible para una meiga cultivada. Y luego está la transmutación.
—¿La masturbación?
—¡La transmutación!
—¿Cómo? ¿En plan metamorfosis?
—Sí, vendría a ser lo mismo.
—Mira que yo me hago unas metamorfosis de hombre a mujer que ni pa qué.
—Total. ¡Muy meiga tú, Maruxa Cósmica! El caso es que las meigas más expertas pueden recurrir a la transmutación animal, transformarse en un ave y salir volando, o correr a la playa o al puerto y convertirse en un animal marino para ponerse a salvo.
—¿Es eso posible? Entiéndeme la pregunta.
—Absolutamente. Claro que solo las meigas de alto nivel pueden llevar a cabo con éxito tales hazañas. Entraña un gran poder, pero también, un gran peligro.
—A ver, a ver, ¿cómo es eso? ¿Hay que contratar un seguro o algo? ¡Mira que llamamos ahora mismo a Seguros Rande, su tranquilidad al instante! Querida audiencia, no lo intenten en sus casas.
—No, mejor que no. La transmutación animal es un acto peligroso, casi funambulista.
Requiere de una gran destreza y control.
Sobre todo control. Por un lado, hay casos de meigas que lo han intentado y han terminado convertidas en criaturas medio humanas, medio animales: sirenas, Iicántropas, harpías.
—Vamos, como cuando yo intento un nuevo maquillaje y me sale mal. Un cuadro.
—Exacto. Ya sea porque la transmutación es incompleta o por un desequilibrio en las fuerzas necesarias para retomar a la forma original, ambos momentos sensibles del proceso pueden conducir a resultados desastrosos.
—Es asombroso. Decías, Aine, que por un lado estaba este problema. ¿Cuál es el otro?
—El otro problema es el tiempo. Verás, Maruxa Cósmica: transformarse en animal significa exactamente eso.
Adoptar la forma, sí, pero también la mente.
La psique de la criatura. Esto implica que cuanto más tiempo se pasa transformado en este ser, más se va pareciendo una al animal y más va dejando de ser humana.
—Eso le pasa a mi madre también. Que cada vez se va pareciendo más a una hembra de orangután que a una persona, pero eso es otro tema. ¿Puedes contarnos algún caso en el cual esto haya sucedido?
—…
—Vamos, no nos dejes así, Aine, cariño. Hay que normalizar estas cuestiones. ¿No es para eso tu libro?
—Bueno, es que es una historia familiar. Diría que es una leyenda, pero para mí tiene mucho de verdad y tampoco es algo que cuente a menudo a la gente, no sé, me da cosa.
—Mujer, una buena manera de honrar a tus antepasadas es contribuir a que su historia no se pierda. Lo que nos cuentes quedará entre nosotras y nuestras oyentes y, con este gesto, todos los que tengan historias similares sabrán que no están solos en el mundo.
—Está bien. Muchos investigadores sostienen que no pocas de las mujeres condenadas por la diócesis de Santiago de Compostela fueron enviadas a las islas prácticamente despobladas de las Cíes.
En mi familia se cuenta que algunas meigas se transformaban en gaviotas y sobrevolaban la ría para encontrarse con sus hijas y hermanas, meigas jóvenes y adolescentes todavía no expertas en el arte del meigallo, y que no fueron capaces de burlar a la Inquisición.
Necesitaban verlas y cuidar de ellas. Pero tanto acudían al encuentro de sus hermanas e hijas, tanto se transformaban en gaviotas para atravesar la ría, que cada vez les costaba más volver a su forma humana original.
Y tanto se alegraban sus familiares al verlas, que cómo no iban a seguir haciéndolo a pesar del riesgo al que se exponían.
Al final pasaban más tiempo convertidas en gaviotas y menos en seres humanos.
Hasta que un día no fueron capaces de regresar a su forma original, quedando transformadas en gaviotas para el resto de sus días.
Sí, algunas de ellas eran de mi familia.
Esta historia me la contó mi madre, y a ella, mi abuela, y así, remontándose a nuestros orígenes en la marinera villa de Cangas, ha pasado de generación en generación hasta nuestros tiempos.
—Guau, qué bonito y qué triste a la vez.
—Así es. Para quienes me escuchéis esta noche, o cuando sea, deciros que si algún día visitáis las islas Cíes, sed buenos con las gaviotas que pueblan sus arenales.
Puede que alguna de ellas sea una antigua meiga atrapada en forma de gaviota, tan solo por el deseo de volver a ver a sus hermanas e hijas.