Bienvenidos a Cíes Capítulo III #4
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Capítulo III #4

Foro para que veas la clase que tenemos, vamos adelante con la colaboración institucional.

Esta misma tarde desde SOS Galicia atendimos una evacuación de las Islas Cíes y la persona afectada ha sido trasladada ya al hospital de Vigo.

Tenemos todo bajo control. Como bien sabes, emergencias y sanidad son competencia del gobierno autonómico.

Si quieres más información, tendrás que buscarla en otro sitio.

—Pero… ¿tan mal estaba que tuvisteis que evacuarla?

—Ay, Vidal, no te me pongas dramático. Sabes tan bien como yo que no existe un servicio de atención continuada las veinticuatro horas del día en las Illas Cíes y en caso de cualquier emergencia se llama al 112 y santas pascuas.

—Prado, no has respondido a mi pregunta… ¿Tan mal estaba? —repite Vidal—. Además, los arenales de Cíes son de nuestra competencia y llevamos desde aquí los contratos de los servicios de socorrismo.

—El estado de la paciente es reservado. No puedo revelar datos médicos, Vidal.

Parece mentira que me estés preguntando estas cosas…

Si tu jefe te presiona, no es problema mío.

—Prado suspira para sus adentros. No puede mostrar debilidad ante el adversario político.

Añade a la conselleira de Saúde un punto negativo en su libreta negra mental por no informarla de este marrón con más detalle.

— Caos veraniego en el Hospital Central . Es el titular de mañana de El Lucero de Vigo. ¿Y me dices que no pasa nada?

—Bueno, bueno, bueno. Ya sabes que siempre hay lío con las suplencias de las vacaciones de verano, por no hablar de la insoportable ola de calor que tenemos encima, el verano más cálido de los últimos doce mil años según GaliMet Tengo el entreteto como las cataratas del Niágara.

Y, ¡ah! —Añade Prado con fingida sorpresa—, el hospital también es competencia de la Comunidad Autónoma.

De lo demás tampoco hay mucho que contar.

—Siempre hay más, Prado, siempre hay más.

Y una cosa es que no sea nuestra competencia.

Y otra muy distinta que no nos incumba. Pero no te preocupes, que ya nos enteraremos —responde Vidal, a lo que le sigue un expresivo silencio al otro lado del teléfono.

Vidal ha conseguido justo lo que quería, ese silencio incómodo.

Esa sensación de estar siendo interrogada y observada ha calado hasta los huesos de Prado y solo es cuestión de tiempo que transmita esa sensación, queriéndolo o no, a Yáñez-Santiso.

La política es cuestión de sensaciones—.

Una última cosa. Si estáis haciendo esto para jodernos el acto de mañana, que sepas que desde aquí también sabemos ponernos chungos.

Adiós, María del Prado, seguimos en contacto.

Esta vez es Vidal el que cuelga el teléfono.

Golpea la punta del bolígrafo de publicidad de Radio El Olivo contra la libreta con mañosa satisfacción.

Cuando ha preguntado por el hospital, Prado ha contestado bastante rápido, pero no lo suficiente.

Ha sido tan solo un segundo, pero a veces, los segundos pueden determinarlo todo.

Esa conversación también le ha servido para sondear lo que ya sospechaba su jefe.

Caín tiene razón, algo se está cociendo en el Palacio de Montepío.

Se lo dice su intuición desde lo más adentro de sus políticas entrañas y el silencio de Prado ha terminado de confirmárselo.

—¿Cómo de limpio creéis que está el cielo de las islas Cíes?

—Se oye preguntar a Noela, la guía que dirige al grupo de turistas a las afueras del camping —.

Limpio, limpio, limpio… ¡Mirad, mirad qué despejado está!

El anticiclón de las Azores está de nuestra parte.

Y además, esta noche hay luna nueva, perfecta para ver las estrellas.

¡Estamos de suerte! ¡Los dioses del cielo nos sonríen!

—celebra Noela, a lo que el grupo de turistas asiente y concuerda con sí, sí, sí, sí, qué suerte tenemos, Mari, la verdad, sí, sí, sí, sí—.

La luz del camping es la única fuente de contaminación lumínica de la isla, bueno, además de las luces de los faros.

Así que venga, venga, vamos a ir alejándonos del camping para que su luz no interfiera con nuestras tareas de avistamiento.

¡Síganme los buenos! —Añade la guía haciendo un teatral aspaviento.

El rebaño de turistas desciende desordenadamente la cuesta, camino del dique que enlaza la isla del Faro y la isla Norte.

Este dique crea un pequeño remanso de agua que, cual marisma, se extiende hacia la playa de Rodas, reflejando la bóveda de un firmamento infinito.

Una vez que todas las reses han llegado al final del dique, la guía retoma su discurso.

—Un Destino Starlight —señala en un hollywoodiense gesto hacia las rutilantes estrellas, levantando las manos, llegando bien arriba—.

Eso es en lo que se convirtieron las islas Cíes, hace ya más de diez años, cuando obtuvimos este sello que nos califica como uno de los mejores destinos del mundo para observar el firmamento.

A lo que yo pregunto: ¿tenemos algún intolerante a la lactosa?

—Yo.

—Y yo.

—¡Pues no miréis hacia allí! —dice señalando al este—. Es la Vía Láctea.

Un Destino Starlight , repite la guía de las estrellas una y otra vez cuando Catuxa, Lois, Bieito y Xulia pasan a su lado.

Se dirigen hacia la isla Norte. Cada uno lleva un botellín de cerveza Astro Galaico, las únicas estrellas que, después de un largo y caluroso día de trabajo en el camping , están dispuestos a contemplar.

Un paseo nocturno con las chavalas, ¿eh?

, comenta uno de los turistas por lo bajini con aire socarrón.

Ojalá, piensa Lois, al que no le gusta nada el plan propuesto: salir en busca de Xan, a estas horas, en esta noche sin luna, perfecta para ver las estrellas, sí, pero muy mala para meterse en un bosque a buscar a alguien que se ha escondido, que por algo será.

No ha ido a esconderse, tarado, ¿por qué iba a esconderse?

Y yo qué sé. ¿Y si está desorientado? ¿No has oído a la doctora decir que podría estar enfermo como la arqueóloga?

¿Y si fue a buscar ayuda y se perdió en el bosque?

¿Acaso a ti no te gustaría que saliésemos a buscarte si te pasara algo?

Supongo… pero Lois no puede dejar de pensar que no es una buena idea.

Lo siente en la parte baja de su vientre.

Una corazonada de esas. Lo que te pasa es que eres un cagón, Loisiño.

Cállate, Bieito. No vayas de héroe ahora, que tú tampoco querías venir.

Pero eso es porque estaba muy tranquilo en la tienda de campaña. Tengo una maría que vas flipar . Risas.

Risas. ¿Qué son las risas? Intentas hacer memoria pero no lo recuerdas.

Te quiere sonar. ¿Cuándo fue la última vez que te reíste, si es que te reíste alguna vez?

Risas. Se escuchan esos sonidos, escapando de narinas expandidas y bocas abiertas y cercanas.

Desde el pinar puedes verlos caminando por la senda asfaltada varios metros más abajo de tu posición.

Está oscuro, pero lo ves con suma claridad.

¿Debes pedir ayuda? No. Solo es un dolor de cabeza y frío en las manos.

Debes llamarlos para que vayan contigo. Ya habías intentado llamar a la señora aquella que salía del campo de trabajo para que fuera junto a ti, para que se uniera a ti.

Pero ella no quiso. Te rechazó a bolsazos.

Peor para ella. Ahora se presenta ante ti una nueva oportunidad.

Llamarlos, traerlos, unirse. Solo necesitáis conectar.

Lo que me preocupa es lo que dijo la doctora, que Xan les había atacado.

¿Y si está agresivo? Un brote psicótico de esos.

Tanto calor puede volver loca a la gente.

O yo qué sé. La rabia. ¿Pero cómo va a ser la rabia?

La señora dijo que aquí no hay rabia. Yo creo que es una exagerada.

Cierra la cafetería. Pide un helicóptero.

Dice que la han atacado. La señora doctora me parece a mí que es un poco drama queen .

Hace de todo un mundo. Quizás Xan estaba pidiéndole ayuda y ella interpretó que la estaba atacando.

Ya sabes, esas señoras. ¡Si creo que hasta lleva una bolsa de plástico de supermercado para cubrirse la cabeza por si llueve!

Es verdad que es todo un poco demasiado.

Y tú, Xulia, ¿no dices nada o qué? No sé vosotros, pero yo no estoy aquí para discutir.

Estoy aquí para intentar encontrar a Xan.

Si estuvierais callados, quizás podríamos escuchar, si es que está pidiendo ayuda.

Pero con el barullo que metéis va a ser imposible oírlo.

Eh… Xulia, quizás no haga falta poner mucho la oreja.

Mira… ahí… ¿Lo veis? Al final del camino…

hay alguien. Sí, yo también lo veo. Está muy quieto.

¿Es Xan? ¡Xan! ¿Eres tú? ¿Por qué no se mueve?

Me está dando un mal rollo, tío. Igual está muy débil, vamos.

Espera, Catuxa… ¡Lois, suéltame! Necesita nuestra ayuda.

¿Qué hace? Está corriendo… ¡Corre hacia nosotros! Pero qué cojones…