Bienvenidos a Cíes Capítulo III
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Capítulo III

Capítulo III

_Noche del primer día

Queridos fieles que me escucháis en esta homilía:

Hace calor esta semana, ¿verdad? No tenéis de qué preocuparos, pues aquí en la Iglesia, en la casa del Señor, que también es vuestra casa, estáis a buen recaudo de las altas temperaturas de estos días.

Estas iglesias fueron construidas con gruesos muros de piedra para que podáis acudir a ellas en estas tórridas horas, y aun así, sentir sobre vuestras almas la misericorde y fresca caricia de nuestro Creador.

¡Sed bienvenidos! El Señor enfriará vuestras penas.

Resguardaos de esos infernales calores que azotan la Tierra sin compasión.

Sí, me habéis oído bien. ¡¿Qué calentamiento global ni qué ocho cuartos? ! Es el calor del mismísimo Infierno.

Las puertas del Infierno se han abierto de par en par, y el calor de sus fraguas, donde arden las almas pecadoras, campa ya por la Tierra a su antojo, como campan los demonios y los ángeles caídos, los monstruos de Belcebú, los espectros diabólicos y otras huestes de Satanás.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis están de camino: la peste, el hambre, la guerra y la muerte.

¿No oís sus cascos al galope? ¿No escucháis las espuelas azuzantes de sus monturas?

Pues yo sí las oigo, ¡alto y claro! ¡Las oigo cada día!

¡En la televisión, en internet, en esas redes sociales, en los videojuegos, en la misma calle, contaminadas todas ellas por el vicio que corrompe las almas de los más débiles!

Abandonad la senda del pecado, hijos míos. Puede que todavía estéis a tiempo. Puede que todavía haya salvación para vosotros. Regresad a la senda del Señor, regresad por el camino del Bien.

Yo os lo mostraré.

—Ni Carmela ni Carmelo —aclara la doctora Peleteiro sujetando con fuerza el teléfono.

Habla con el director médico del hospital—.

Escucha, Martiño: si te digo que hay que ingresarla en la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel, es porque hay que ingresarla en la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel.

Este sistema no se ideó solo para el ébola.

¡Me da igual que no tenga un resultado microbiológico confirmado!

La paciente está fatal y tiene pinta de ser una enfermedad infecciosa de alto riesgo.

Y precisamente esto se pensó para actuar ante la sospecha de cuadros contagiosos que pintan fatal.

He hablado con la coordinadora de la Unidad y está de acuerdo.

He hablado con Salud Pública y están de acuerdo.

¿Qué más quieres, Martiño? Además, en mi condición de secretaria de la comisión de seguridad del paciente y de la comisión de infección hospitalaria, te digo que tener a esta mujer en un nivel de aislamiento inferior es inasumible.

Sería poner en riesgo al resto de personas ingresadas en este hospital, por no hablar de los profesionales que la atiendan.

[…] Pues si todavía no te han llamado de la Consejería, los llamas tú a ellos y les dices que te pones en marcha.

Un poquito de resiliencia, Martiño, coño.

Carmela hubiera querido decir iniciativa, pero a veces se le mezclan todas esas palabrejas que llenan informes e informes.

El que entendió, entendió. La relación con el director médico fluye como fluye el magma incandescente dejando a su paso rastros de tierra quemada, donde únicamente al cabo de mucho mucho tiempo vuelve a crecer algo.

Ese director al que se le llena la boca recitando manuales de buena gestión clínica, pero cuando es necesario realizar un gasto inesperado, se entrecruza en su austero camino la excusa de la contención del gasto.

La verdad verdadera es que la dichosa Unidad de Aislamiento de Alto Nivel ha sido siempre una entelequia, un espacio en el hospital que, cuando se activa el protocolo, hay que montar casi desde cero, subiendo camas especiales, revisando el hermetismo de las esclusas, cambiando los filtros de las tomas de aire, validando la presión negativa, impartiendo cursos acelerados sobre cómo ponerse y quitarse los equipos de protección individual y sobre cómo procesar los residuos…

Una se exhausta solo de pensarlo. Y, para más inri, en Vigo hasta ahora nunca habían necesitado más que el nivel básico de aislamiento y la paciente que le envía Marga requiere el nivel avanzado.

Vamos, que montar toda la parafernalia implica un lío de tres pares de narices.

Es verdad que Marga no le ha dado demasiadas explicaciones, pero a Carmela le ha bastado escuchar la preocupación en la voz de su colega para entender que el caso que les ha caído entre manos tiene bemoles y algún sostenido.

Tras la llamada de la epidemióloga de campo, la preventivista del hospital se ha remangado la bata.

El helicóptero medicalizado está a punto de llegar y Carmela sabe que la única forma de tener lista la Unidad a tiempo es contar con el puño de hierro de la persona que más manda en el hospital.

¿Martiño?, ¿el director médico? ¡Ja! No, hombre, no.

La subdirectora de enfermería. Rosalía vino con los cimientos del hospital.

Con la misma forma que tienen las columnas, cilíndrica, sostiene sobre su cabeza el peso de la historia con hache minúscula.

Ganársela significa ganarse al hospital entero.

Toca el silbato y todo el personal se pone firme, incluido el director médico, ese que se quiere hacer el remolón con la activación de la Unidad.

Por suerte, Carmela ha trabajado codo con codo con ella desde hace muchos años.

Ambas comparten la misma pasión por la seguridad del paciente, por el control de las infecciones en el hospital y por los vídeos de gatitos. Pero nunca se sabe.

—Rosalía, ¿te puedo robar un minuto? —suplica Carmela en el umbral del despacho de la subdirectora de enfermería—. Me temo que vamos a estar entretenidas durante los próximos días: se nos viene un marrón de lo lindo.

—Dime qué necesitas y nos ponemos a ello —responde Rosalía.

Carmela respira profundamente, sabiendo que lo que va a pedir le costará muchas cajas de bollos suizos y mini cruasanes.

—Necesito activar la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel. Salud Pública nos envía una paciente con un cuadro infeccioso de origen desconocido en estado muy grave. Piensan que puede tratarse de una fiebre hemorrágica y nuestro director médico…

—¿Cuándo llega la paciente? —la corta en seco Rosalía.

—En media hora si todo va bien. La dejarán en el helipuerto del hospital y tendremos que trasladarla desde ahí hasta la Unidad de Aislamiento.

Esto… Rosalía, todo esto tiene una pinta muy rara.

Necesito a las enfermeras más preparadas.

Lo último que necesitamos es que se infecte alguien de nuestro equipo.

—Carmela, mis chicas son las más preparadas.

Yo me encargo de los de mantenimiento para que movilicen el material y de las supervisoras de enfermería para que liberen al personal necesario para el operativo.

Tú asegúrate de que el servicio de salud laboral tenga a punto todos los equipos de protección individual para antes de ayer, porque vamos a tener lío seguro cuando esto llegue a los sindicatos si la gente no tiene el material a mano.

Otra cosa: no esperes demasiado del pan sin sal de nuestro director médico.

Está ahí porque debe ser el cuñado de alguien de la Consellería.

Ya sabes cómo es esto —y hace un gesto con las manos y la boca sugiriendo algo que Carmela no llega a entender—.

Ya sabes lo que se dice: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

—¿Lo dices porque lleva un ojo de cristal?

La subdirectora de enfermería le dedica un guiño a Carmela y comienza a caminar. Se puede acojonar hasta el apuntador, pero mientras el hospital siga en pie, Rosalía seguirá allí tirando del carro, de todos los carros que haga falta.

Al pie del helipuerto está la propia doctora Peleteiro, junto a la médica de guardia de la unidad de cuidados intensivos y las dos enfermeras que ha conseguido Rosalía.

El equipo de microbiología está también preparado para recibir las primeras muestras.

Mientras se visten con los monos blancos de astronauta, el personal de salud laboral supervisa el proceso con una lista de verificación para asegurarse de que se cumplen todos los pasos, uno a uno.

Carmela aprovecha el momento para hacer una breve recapitulación de la situación: mujer, de unos treinta años, arqueóloga de profesión, hallada hace unas horas inconsciente con hemorragias múltiples en el contexto de un brote infeccioso en las Illas Cíes.

La intensivista empieza con una batería de preguntas.

La respuesta a todas es la misma: desconocido.

I NSTAPIC

Cayetana Polo

@petateypalacaye

[Foto posando en Faro Principal al atardecer]

Afortunada y agradecida al sol por darnos este maravilloso sunset.

#cies #islascies #faro #feliz #influencer #puestadesol #humble #blessed

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Post publicado

—¿Cómo se atreve a cerrar la cafetería? —Barrita enfurecido Casimiro Carneiro dejando caer el puño cerrado encima de la mesa con rabia—.

Pero ¿quién se ha creído usted que es? —Casimiro alza los brazos al cielo, consciente de ser el centro de atención.

Simula una pausa dramática y busca los ojos de Marga—.

Hay muchas familias que dependen de esta cafetería y de este camping , el más importante de la costa atlántica.

¿Qué va a ser de ellas? ¿Se lo va a explicar usted?

¿Nos lo quiere explicar a todos los aquí presentes?

—exclama Casimiro con las manos tendidas hacia Marga.

—Bueno, ti… jefe —interviene Berta—. En realidad está proponiendo el cierre cautelar de uno de los tres bares que hay en el camping , el resto no parece que….