Capítulo I #5
Los rayos de sol se clavan como alfileres en tus retinas.
Necesitas algo de oscuridad. O mejor, oscuridad total para dejar de sentir esa punzada que te atraviesa el cerebro, rasgando tu cuerpo calloso neurona a neurona.
Te arrastras entre los helechos, te acurrucas entre las espinas de los tojales, arañándote y clavándose en tu piel.
Todo es mejor que la insoportable luz del día.
Y, sin embargo, algo de positivo hay en todo ello.
Quién te iba a decir que los continuos vómitos, y la profusa diarrea sanguinolenta, te habrían llevado a esa sensación de bienestar que produce el sentir que tu cuerpo y tu voluntad ya no te pertenecen.
Que no eres más que un espectador de tu propia vida y de tus acciones.
Debes seguir esa voz que te llama. Esa voz que te guía y te conduce hacia lo que más te conviene.
Y te abandonas a esa premisa como quien se entrega, sin saber el momento exacto, al apacible sueño de la noche oscura.
¿Dónde se habrán metido ahora?, se pregunta Casimiro. Suda a chorros debido al intenso calor, pero no se quita la chaqueta ni a tiros. Antes muerto que sencillo. Be different . Saca un pañuelo del bolsillo interno de la chaqueta y se lo restriega por la cara con su consabida gracia natural.
Cuando vuelve a abrir los ojos, una señora ha invadido su campo de visión, caminando entre las tiendas de campaña, con un mapa y vestida como si fuese a un safari.
Hay que ser ridícula, piensa. Es el botijo de antes, aunque ahora que la tiene más cerca, en movimiento, le recuerda más bien a un bulldog francés persiguiendo una pelota.
Qué ocurrencias, Casimiro. Se ríe para sí mismo.
La señora le pasa por delante sin reparar en su presencia. Hasta ahí podíamos llegar.
—¡Oiga, usted! Sí, sí, a usted le digo. Je, je, buenos días.
¿Qué tal? Hola, ¿cómo está? Es usted la funcionaría que ha enviado la Junta, ¿verdad?
Ya me lo suponía. Disculpe que no la haya recibido, pero es que no se imagina lo ocupado que estoy, justo ahora que estamos empezando la temporada turística.
Hay que ponerlo todo en movimiento, dinamizar los equipos, inventariar los stocks , evaluar los sistemas, analizar las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, ya me entiende.
O no… Permítame que me presente. Mi nombre es Casimiro Carneiro.
Como ya sabrá, soy el gerente de todo esto.
Bueno, del camping … del camping más importante de toda la costa atlántica.
¡Ahí es nada! ¿Y usted es? Ah, no se preocupe, la verdad es que soy pésimo para los nombres.
Se me olvidan antes de haberlos escuchado.
No estoy orgulloso de ello, pero es lo que tiene ser una persona tan ocupada, no retengo, no retengo.
Además, me imagino que no tendrá intención de quedarse mucho por aquí, así que tampoco vamos a regodearnos en los formalismos, ¿no cree?
Le recomiendo que no pierda usted el tiempo.
Supongo que tendrá un marido esperándola en casa.
¿Cómo? ¿Que es viuda? Bueno, pues unas hijas echándola de menos.
Ah, que no tiene hijas. Mi propia madre está en una residencia de mayores, pero hace tiempo que no la visito.
Seguro que tiene usted una madre que cuidar.
Tampoco. Pero tendrá plantas. Las plantas de interior necesitan un estricto cuidado, y más con estas temperaturas.
¡Ojalá me regasen a mí como a un ficus! Sí, el calor.
Es evidente que la culpa de todo esto la tiene este insufrible calor.
¡El tiempo está loco! No me malinterprete.
Apruebo que la hayan enviado. Casimiro Carneiro es el primer interesado en que se vea que en este camping garantizamos que todo funciona como debe funcionar.
Además, usted debe de ser la piedra de Rosetta de la epidemiología.
Quiero decir, que se la ve muy experimentada.
Usted viene, hace su informe y santas pascuas.
En fin, no puedo entretenerme más con usted, que tengo un lío tremendo.
Ah, no, no hace falta que se disculpe, tranquila. ¡Tenga un buen viaje de vuelta!
—¿Qué coño es eso de que Yáñez-Santiso no va a asistir al acto de candidatura de Vigo a los Juegos Olímpicos?
¿Me lo puedes explicar, Prado? —La voz del jefe de gabinete de Caín Fidalgo, alcalde de Vigo, satura el auricular de Prado, la jefa de Gabinete de Yáñez-Santiso, Presidente de la Xunta de Galicia.
Pues como lo oyes, querido Vidal —contesta Prado, haciendo un exigente acto de contención—.
Es una pena, porque el Presidente tenía muchísimas ganas de acudir, pero está ocupadísimo ocupadísimo.
Hay muchos eventos: actos que clausurar, inauguraciones a las que asistir, cintas que cortar, problemas que resolver…
Estamos liadísimos aquí. Liadísimos. Ya sabes cómo es el día a día en el Palacio de Montepío.
Pero ¡eh!, no os preocupéis: entendemos que es un acto importantísimo para nuestra región y por supuesto, os vamos a enviar a alguien en representación de la Xunta que dé empaque al evento —Prado ojea su libreta y sonríe—.
¿Qué os parece la conselleira de Cultura y Deporte? ¿O el conselleiro de Turismo?
—¡No me jodas, Pradito, no me jodas! No estoy para canilladas .
¿Tú sabes el cabreo que tiene el alcalde?
¡Que son las putas Olimpiadas! Que vienen miembros del Comité Olímpico Internacional.
Tienen que ver que Galicia está unida en este proyecto, Prado.
¡Y nos queréis enviar a una merda de conselleiro !
—Uy, uy, uy, ese tonito, Vidal —contesta Prado, intentando disimular el placer que le produce ver a su rival político tan irritado—.
¿Se te ha olvidado tomarte la pastillita esta mañana?
Sin acritud te lo digo, que me caes bien y no quiero que te dé algo, pero es que te veo alteradísimo alteradísimo.
Vamos a ver, Vidi —odia cuando lo llaman Vidi—, contéstame a una pregunta: ¿va a acudir la Presidenta del Gobierno del Estado al acto? —Prado sabe perfectamente la respuesta.
—No… —contesta Vidal después de un pequeño silencio.
—No… Entiendo, entiendo. Y ¿va a asistir algún Ministro al menos? —Prado saborea cada palabra. También conoce la respuesta.
—No —admite Vidal contra las cuerdas.
—¡Pues ahí lo tienes, cariño! El Presidente de la Xunta no puede acudir a un acto que, viendo la lista de personalidades, no se puede categorizar como de alto nivel .
Por eso hay que priorizar otros eventos.
¡Si tú sabes de esto mejor que nadie, Vidal!
No os nada personal. Es política —sentencia Prado, y Vidal puede percibir la sonrisa de oreja a oreja que se dibuja en el rostro de su contrincante al otro lado del hilo telefónico.
« No es nada personal, es política », repite Vidal para sus adentros.
Esa frase la ha aprendido de él. Vidal permanece en silencio por lo que Prado continúa—.
Bien, pues si no puedo ayudarte en nada más, permíteme que te cuelgue porque estamos hasta arriba con el Campeonato Mundial de Quesos, el World Cheese Awards .
Nos hemos gastado un pastizal en el spot publicitario que acabamos de difundir en diecisiete idiomas y se celebra en un par de semanas.
Dice: ¡Que te la den con queso! Take it with cheese!
Una maravilla. Somos unos genios del marketing .
Y esta ola de calor, uf, me tiene chorreando desde primera hora.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, pero yo estoy por quedarme en picardías en la oficina, qué quieres que te diga. ¡Que tengáis un buen día!
—Gracias, Prado, por la imagen mental.
—De nada y ¡casi me olvido! —exclama Prado antes de colgar—. Si al final van a clausurar el acto con un concierto de las Chuchungueiras, avísame e igual me acerco. ¡Biquiños!
Vidal se queda solo, apretando el auricular y con el tu-tu-tu de la línea cortada al otro lado.
Después de encuestar a los enfermos y analizar la información, Marga ha podido consolidar sus sospechas. Todos cenaron la noche anterior en la cafetería, así que lo más seguro es que el brote esté relacionado con dicho establecimiento. Es y no es una buena noticia.
—Buff… Eso habría que hablarlo con el gerente —masculla Berta mordiéndose las uñas.
—¿Pero no eras tú la responsable de camping ? —contrólate Marga.
—A ver, yo me ocupo de la recepción y de algunas cuestiones logísticas —reconoce Berta con una risa nerviosa—. No somos muchos aquí, así que todos hacemos un poco de todo, especialmente ahora que la temporada todavía no está en su máximo apogeo, ¿sabe? —apunta Berta.
—Ya. Piensa que tenemos suerte de que así sea.
Si esto hubiera pasado en julio o en agosto, podríamos estar ante un brote mucho más grande y, por tanto, más difícil de controlar en muchos sentidos.
Como te imaginas, cuantas más personas estén expuestas, más probabilidad hay de que la enfermedad se transmita y no queremos eso, ¿verdad que no?
Me parece que hay que empezar a poner un poquito de orden por aquí.
Si hasta creo que me he cruzado con un enfermo cuando venía hacia el camping , ahora que lo pienso.
Dime, ¿dónde está esa gente del puesto de salud?
Berta ríe nerviosa.