Bienvenidos a Cíes Capítulo I #3
7%

Capítulo I #3

—Gracias por venir a recogerme. Y por ayudarme con la gaviota. Si no llega a aparecer usted, creo que me habría devorado.

—¡Seguro que sí! —ríe Eusebio—, solo que yo no iba a buscarla, simplemente pasaba por allí —Marga se sonroja de vergüenza—.

Pero me alegro de haberla conocido. Tenga cuidado con las gaviotas, con este calor parecen más alteradas de lo normal.

—Marga concuerda y asiente. Aunque a decir verdad, a lo que más teme es a los especímenes humanos de la isla.

Junto al puesto de recepción, Marga espera a ser atendida.

—Buenos días, ¿tiene reserva? —pregunta una joven menuda, vestida con una camiseta de tirantes y el pelo ondulado al más estilo isleño.

Marga resopla una vez más y eleva una silenciosa plegaria a la Virgen de la Resignación, patrona de los funcionarios. Su cara no es de reserva precisamente.

—Buenos días, bonita. No, no tengo reserva. Soy la epidemióloga que ha enviado la Xunta para gestionar el brote alimentario que tenéis en el camping —responde con sequedad. En la boca y en el tono.

—Ah, disculpe, es usted… —responde la joven, mirando hacia los lados, esperando que nadie la haya oído, y remueve unos papeles. Finalmente encuentra un papelito con un nombre anotado a bolígrafo—. Margarita… Erauso, ¿verdad?

—Doctora Margarita Erauso —corrige.

—Doctora, doctora…

—Me dijeron que vendríais a recogerme al embarcadero. Llevo un buen rato dando vueltas y perdiendo el tiempo y, por si fuera poco, me ha atacado una gaviota. Así que de buenos días, poco, cariño —expone Marga dejando caer el pesado bolso sobre el mostrador.

—¿No ha ido nadie a buscarla? —Berta se queda boquiabierta—.

Lo siento muchísimo. El gerente del camping me dijo que se encargaría él mismo.

De haberlo sabido… —La joven abandona su puesto en la caseta de recepción y sale para situarse junto a Marga—.

Mi nombre es Berta, soy la responsable del camping —dice Berta, la responsable del camping , tendiéndole la mano.

—Encantada —responde Marga, colocando el asa de la maleta en la mano tendida de Berta—. Supongo que me habréis reservado una tienda de esas tan cómodas que he visto, ¿verdad?

—¿Piensa quedarse muchos días? —pregunta Berta sorprendida ante el gesto de Marga y el tamaño de la maleta.

—Espero que no. Créeme que yo soy la primera en querer volverme a mi casa.

Pero con estas cosas nunca se sabe, cariño —responde mirando dentro del bolso.

Saca la cartera y coloca su carné de identidad sobre el mostrador.

Marga capta la sorpresa en los ojos de la responsable y decide cambiar de tema—.

¡Qué bien que haya personas de tu edad con responsabilidades!

Me encanta trabajar con gente tan joven.

—Bueno…, cada vez soy menos joven. Tengo ya veinticuatro años.

Marga da la espalda a su veintegenaria interlocutora.

—Di que sí, bonita —responde más para sí misma que para Berta, colocando los brazos en jarra y recorriendo el lugar con su mirada—. Veinticuatro años ya es toda una edad.

No ha terminado de decir su frase, que el cerebro de epidemióloga ya se ha puesto en funcionamiento y realiza una primera panorámica de la situación del camping .

Su escáner visual arroja un resultado aparentemente normal: parejas jóvenes con hijos, algún grupo de jubiladas risueñas y demasiado arregladas para la ocasión, posadolescentes fingiendo que no consumen drogas, todos entretenidos con cosas y con nada a la vez.

Marga no va de acampada desde que estudiaba con las monjitas, pero todo se mantiene igual, como congelado en el tiempo de los campings .

Sin embargo, bajo esa aparente normalidad, algún germen está haciendo de las suyas, saltando de una persona a otra hasta encontrar un huésped en el que causar estragos.

Esos malditos bichos van siempre un paso por delante, modelados por la evolución biológica para sacar provecho de las debilidades fisiológicas e inmunitarias del ser humano.

Aunque no los vea, Marga puede sentirlos causando esa electricidad en el ambiente, ese olor a enfermedad que puede percibir gracias a su olfato de sabuesa veterana.

¿Algo transmitido por alimentos, tal vez?

¿Un norovirus? No puede decirlo con exactitud, pero su instinto epidemiológico le dice que algo está ocurriendo.

Su instinto y la notificación que ha recibido en Salud Pública, claro.

Marga no quiere perder más tiempo con formalidades, así que pide a Berta que su maleta sea trasladada directamente a una tienda de campaña, de esas con somier y cama incorporadas, que una ya tiene una edad, y, sin más retrasos, que la acompañe a las tiendas ocupadas por las personas afectadas.

Berta guía a Marga a través de las distintas secciones del camping , instaladas bajo un verde pinar.

La luz del mediodía y los reflejos del mar se filtran entre las copas de los árboles.

Si no fuera por este calor inhumano, nadie diría que alguien pudiese enfermar en un lugar como este.

Marga extrae el pañuelo de hilo del bolso, con sus iniciales bordadas en un esquina, y se lo pasa por la frente.

En su mano izquierda reposa una carpeta con los cuestionarios epidemiológicos que debe administrar a los enfermos.

Así se le llama a recoger toda la información posible sobre su estado actual, antecedentes, síntomas…

La diarrea, los vómitos y el dolor de cabeza la esperan.

La diarrea, los vómitos y el dolor de cabeza no pueden esperar en tu interior.

Pelean por salir a toda velocidad desde tus entrañas.

Desean explotar en un arcoíris marrón, rojo y amarillo, ser expulsados a través de tu boca, tu ano, tu duramadre.

No puedes contenerlos más. No puedes luchar contra la llamada de la naturaleza. La derrota es inevitable.

La moneda gira, da vueltas en el aire, para caer inevitablemente en la palma de su mano.

Podría estar así todo el día, pero hay cosas que hacer.

Casimiro baja los pies del escritorio de su oficina y, aprovechando el impulso, hace rotar la silla sobre su eje de izquierda a derecha.

Da dos vueltas completas hasta que planta súbitamente sus dos pies en el suelo.

Echa un último vistazo a la agenda y la cierra con poderío.

No puede negar que hoy está de muy buen humor.

Es un gran día para Casimiro. Sí, es cierto, puede que haya unos cuantos enfermos en su camping y sí, puede que se hayan intoxicado con algo de la cafetería, pero si es así, ¡tanto mejor!

Como enseñan en su curso de coachinq para emprendedores, no hay problemas, solo oportunidades.

Y esta puede ser su oportunidad de realizar una excelente gestión y demostrar a todo el mundo que no está ahí por ningún tipo de enchufe.

Meritocracia. ¿Quién sabe? Puede que incluso algún pez gordo de la Consejería se dé cuenta de su savoir faire y decida ofrecerle un puesto más digno, acorde a de sus altas capacidades.

Lo cierto es que —y lo sabe todo el mundo— es solo cuestión de tiempo que algún cazatalentos lo descubra y se lo lleve consigo.

Todas las miradas están puestas sobre él.

¿Por dónde iba? Ah, sí, cosas que hacer.

De un salto se planta frente a la puerta de la oficina, que da directamente al camino que conduce al camping .

Lanza un último beso hacia el espejo y este le manda otro de vuelta.

Abre la puerta con brío juvenil. Es lo bueno de trabajar con gente joven, repite siempre Casimiro: la juventud es contagiosa, te llena de vitalidad.

Hay que rodearse de personas vitamina. El intenso calor de la calle abofetea su cara disminuyendo drásticamente sus ganas de vivir.

Pero un poco de calor no va a aguarle la jornada.

La única diferencia entre un buen día y un mal día es tu actitud.

Como si le esperase su cochero frente a la iglesia mayor, a trotecito lento recorre el paseo que lo lleva hacia la recepción del camping .

Quizá no debería haberse puesto los zapatos nuevos.

Le aprietan un poco y van a llenársele de polvo.

Pero ¿quién puede resistirse a estrenar unos nuevos mocasines de piel de carpincho de Pestian Zamarelli?

A Casimiro le gusta ir elegante. Por detrás y por delante.

Ninguno de esos provincianos sin gusto se daría cuenta, está claro.

Así que es evidente que no lo hace por presumir.

Pero cuanto mejor te sientas contigo mismo, menos necesidad tienes de buscar validación externa.

Además, trabaja duro y se merece un capricho de vez en cuando.