Capítulo 45 #3
Trato de decir algo, pero lo único que brota de mi boca es un balbuceo ininteligible. Todo mi cuerpo tiembla en el instante en el que mis terminaciones nerviosas chocan y me envuelven en una oleada de intenso placer.
La mano de Harry ha dejado de moverse, pero sigue en su lugar. Es solo hasta que los espasmos desaparecen, que la retira.
El silencio de la habitación solo es interrumpido por el sonido de mi respiración dificultosa. Mi cuerpo se siente pesado y lánguido. Mi cabeza descansa sobre su hombro y mis manos aún están aferradas a él.
Harry besa mi hombro antes de recargar su cabeza contra la mía.
—¿Estás bien? —pregunta, en un susurro quedo y tímido.
No confío en mi voz para hablar, así que asiento. No me pasa desapercibido el modo en el que su cuerpo se relaja con el movimiento de mi cabeza.
Mis manos se deslizan por su pecho y caen sin fuerza sobre sus muslos vestidos. El material elástico de su bóxer blanco sobresale por el pequeño triángulo creado por el cierre abierto, y no puedo reprimir el impulso que tengo de pasear mis dedos por la superficie.
Escucho cómo inhala con brusquedad, y la sensación de poder que me invade, es gratificante.
Mis dedos tímidos frotan la superficie abultada que se ha formado en su entrepierna, y lo siento tensarse por completo.
—Maya…
—Quiero esto —lo interrumpo. Mi voz suena avergonzada, pero él no dice nada al respecto.
Mi palma se posa sobre su miembro vestido y sus caderas se impulsan hacia mí. Su corazón late con tanta fuerza, que soy capaz de escucharlo. Mis dedos se deslizan en el interior de su ropa interior y la calidez de la piel tersa, me saca de balance.
Un gruñido retumba en su pecho en el instante en el que lo libero. Mis dedos temblorosos trazan su longitud antes de atreverme a tomarlo por completo con mi palma. Es pesado y suave al mismo tiempo, y me siento intimidada por su tamaño.
Mi vista se alza para encontrarlo y la imagen vulnerable con la que me encuentro, me hace sentir más segura que nunca.
Sus ojos se han empañado con el deseo, sus labios entreabiertos dejan escapar el aire en pequeñas bocanadas, y su rostro se ha ruborizado ligeramente.
Eso hace que las cicatrices en su rostro sean más notorias y blancuzcas.
Mi mano se mueve. Bombea de arriba hacia abajo con lentitud y un sonido —mitad gruñido y mitad gemido—, se escapa de sus labios.
Mis caricias son firmes y tímidas al mismo tiempo. No estoy muy segura de qué hacer, pero tampoco me detengo.
Mi pulgar roza su punta y Harry inhala entre dientes. Sus manos cierran en puños el edredón de la cama, y sus muslos se tensan con fuerza. Los músculos que saltan en sus brazos lo hacen lucir salvaje y violento, pero la expresión en su rostro, es indefensa.
Él sostiene mi muñeca con su mano al cabo de unos instantes, y la alarma se enciende en mi sistema.
Una sonrisa avergonzada se dibuja en sus labios.
—¿Estás segura de que es esto lo que quieres? —susurra.
Asiento, pero estoy muriendo del nerviosismo.
Harry humedece sus labios con su lengua, pero asiente y envuelve su brazo alrededor de mi cintura antes de hacerme girar. De pronto, mi espalda queda sobre el mullido colchón de su cama y él se levanta para desaparecer por la entrada al baño.
Al cabo de unos segundos, vuelve con un envoltorio de aluminio entre los dedos.
El miedo se apodera de mis entrañas, pero me quedo quieta mientras lo miro deshacerse del resto de su ropa. Hay duda en la forma en la que me observa. Estoy segura de que puede ver el pánico en mis facciones, pero trato de mostrarle mi determinación con una sonrisa.
Él parece relajarse un poco, ya que avanza en mi dirección y se sienta al borde de la cama, dándome la espalda. Entonces, comienza a trabajar con el preservativo en privado.
Estoy aterrorizada. Tengo tanto miedo de arruinar esto, que quiero salir corriendo de aquí antes de que algo malo suceda.
He pasado los últimos minutos tratando de mantener a raya el mundo de emociones que se arremolinan dentro de mi pecho, pero es casi imposible hacerlo cuando hay un chico como Harry desnudo en la misma cama que yo.
Él mira por encima de su hombro y hace un gesto con su cabeza.
—Ven aquí —susurra.
Me toma unos segundos reaccionar y avanzar hacia él por encima de la cama. De pronto, soy consciente de la desnudez de nuestros cuerpos y de lo que está a punto de ocurrir.
Harry, sin decir una palabra, me toma por la muñeca con suavidad y me acomoda a horcajadas sobre sus piernas. Su miembro descansa en mi muslo izquierdo y el peso me hace aún más consciente de lo que va a pasar.
Mi atención se posa en él y una sonrisa tranquilizadora se apodera de sus labios.
—Cuando estés lista, amor —susurra.
El peso de sus palabras cae como balde de agua helada sobre mí… Él desea que sea yo quien imponga el ritmo y la forma en la que todo esto será.
El nerviosismo apenas me permite respirar correctamente, pero me las arreglo para tomar un par de inspiraciones antes de elevar mi peso sobre mis rodillas para tratar de acomodarlo en mi entrada.
Se siente como si mi corazón estuviese a punto de hacer un agujero en mi pecho, pero no dejo que eso me amedrente.
Mi mano temblorosa viaja entre nuestros cuerpos y lo tomo para guiarlo al lugar indicado.
Harry espera pacientemente, pero mis torpes movimientos son cada vez más lentos y asustados, así que tiene que intervenir para ayudarme.