Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 45 #4
80%

Capítulo 45 #4

Su mano se coloca sobre la mía con firmeza y agradezco la seguridad con la que me sostiene.

Sus ojos y los míos se encuentran una vez más y entonces, dejo caer mi peso poco a poco.

La mano de Harry sigue entre nosotros para guiar su camino en mi interior, así que no es difícil sentir cómo todos mis músculos se abren para recibirlo.

Tomo una inspiración profunda cuando lo siento llenarme por completo y mis dedos se aferran a sus hombros con fuerza una vez más.

Es incómodo, pero no doloroso. Es invasivo, pero no quiero apartarlo.

La mandíbula de Harry está apretada y su respiración es casi tan inestable como la mía. Pequeñas motas de color rojo tiñen su cuello y su rostro, y sus manos grandes se asientan en mis caderas.

Me quedo quieta mientras trato de adaptarme a su tamaño y él besa mis hombros desnudos mientras espera a que me acostumbre a tenerlo dentro de mí.

Entonces, lentamente, comienzo a moverme.

El ritmo es torpe y pausado, pero a Harry no parece importarle mi poca experiencia. Sus caderas se alzan para encontrar las mías, y mis dedos se aferran a las hebras del cabello que hay en su nuca.

Un gemido me traiciona en el momento en el que se deja caer de espaldas contra el colchón y encoge sus rodillas para cambiar el ángulo de los envites suaves.

El ritmo, ahora, es impuesto por él…

Un pequeño quejido se me escapa cuando mis caderas y las suyas chocan con más fuerza de lo normal, y él aprovecha ese momento para girarme sobre mi espalda y quedar encima de mí. Entonces, comienza a moverse.

Mis piernas están alrededor de sus caderas, y mis brazos siguen envueltos alrededor de su cuello.

Sus codos están apoyados a cada lado de mi cara y su frente y la mía casi se tocan.

El vaivén de su cuerpo contra el mío, acompañado de la sensación placentera que ha empezado a formarse en mi vientre, hacen que todos los recuerdos tortuosos se mantengan a raya.

Él es Harry. Harry está haciéndome el amor porque yo se lo he pedido. Harry nunca me haría daño. Harry es el único hombre al que amo…

Su respiración se vuelve más pesada. Pequeños gemidos brotan de mis labios y no puedo hacer nada para detenerlos. El chico que se encuentra sobre mí, empuja con más profundidad de la habitual y un sonido particularmente fuerte brota de mi garganta.

El placer estalla en mi cuerpo cuando el ritmo que impone se acelera un poco más y, de pronto, es casi imposible poner atención a cualquier cosa a mi alrededor.

Todo es tan intenso y abrumador que no puedo concentrarme en nada que no sea sentir; pero, a pesar de eso, me obligo a observar a Harry a detalle. Necesito guardar esta imagen en mi cabeza para siempre.

Los músculos de sus brazos están tensos debido a que sostiene su peso para no aplastarme; sus caderas chocan con las mías, y las depresiones de sus caderas se marcan cuando empuja hacia mí.

Su cuerpo está cubierto por una fina capa de sudor y su cabello húmedo cae sobre su frente; su ceño está fruncido ligeramente, y sus labios enrojecidos están entreabiertos.

Hay marcas rojas en la piel de sus hombros y sé que se las he hecho yo con las uñas. Hay, también, un pequeño raspón que mis dientes dejaron en su mandíbula…

Harry se mueve con más intensidad y un pequeño grito se me escapa. Entonces, no puedo pensar más. Todo es acerca de sentir y aferrarme a él.

Mi cuerpo tiembla y se siente caluroso. Una pequeña capa de sudor empieza a envolverme y sé que estoy a punto de estallar.

Mi vista se nubla, mi respiración es jadeante y rápida, y todo mi cuerpo se estremece por completo.

—Maya —Harry gruñe—. Necesito… ¡Joder!

Su mano viaja entre nuestros cuerpos y alcanza mi feminidad. Entonces, sus dedos frotan mi punto más sensible y todo se detona con violencia. Mi espalda se arquea casi por voluntad propia y mi cabeza se echa hacia atrás en un acto reflejo.

El orgasmo demoledor apenas me permite ser consciente de cómo Harry gruñe y embiste con fuerza un par de veces más antes de dejarse caer sobre mí.

La habitación se vuelve silenciosa en ese momento. Lo único que es capaz de escucharse, es el sonido de nuestras respiraciones.

Mi pecho sube y baja y mi corazón no deja de latir a toda velocidad. Su cabeza se encuentra acomodada en el hueco de mi hombro, así que es fácil envolver mis brazos alrededor de su torso desnudo.

No se mueve y yo tampoco me atrevo a hacerlo. Ninguno de los dos dice nada, así que nos quedamos aquí, en silencio, mientras el peso de lo que acaba de pasar se asienta en nuestras cabezas.

Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios porque no hubo recuerdos, ni tortura, ni amargos momentos. Solo fuimos Harry y yo. Nada más.

—Te amo, Harry —digo, sin esperar una respuesta a cambio.

Él aprieta su brazo alrededor de mi cintura, antes de susurrar algo ininteligible.

Entonces, se acurruca aún más cerca y poco a poco lo siento relajarse.

Sé que va a quedarse dormido, pero no hago nada por impedirlo. No tengo el valor suficiente para apartarme de él. A decir verdad, no sé si algún día llegaré a tenerlo.