Capítulo 45 #2
La imagen que invade mi campo de visión pone mis rodillas a temblar.
La tinta que mancha la piel de su abdomen y brazos solo lo hace lucir más imponente de lo que ya es.
No es marcado, ni luce masivo, ni cincelado; sin embargo, soy capaz de ver la firmeza de sus músculos ondulando debajo de su piel tensa.
Es evidente que ha estado ejercitándose, pero, a pesar de eso, su cuerpo no se ha deformado.
No es una masa de músculos hoscos y prominentes.
Es solo un abdomen firme y unos brazos fuertes.
Mi vista se desliza por todo su torso, antes de atreverme a volver la vista hacia su cara. Harry se inclina hacia adelante, y su cabello cae sobre nosotros como una cortina. Entonces, roza nuestros labios.
Sus manos ahuecan mi rostro para besarme y me dejo llevar. Dejo que sus besos marquen el ritmo del modo en el que nos sostenemos el uno al otro.
Mis caderas están unidas a las suyas y mi estómago está pegado a su abdomen. La sensación de estar piel con piel con él, es indescriptible y maravillosa, y lo único que deseo es estar más cerca…
Su aroma inunda mis fosas nasales, su toque está en todas partes, sus labios besan la piel de mi rostro, cuello y hombros, y mis manos exploran la piel de su abdomen, torso y espalda…
Los dientes de Harry se apoderan de mi labio inferior y un gruñido brota de sus labios cuando sus manos se ahuecan en mis pechos. Un jadeo me asalta en ese instante, y se siente como si pudiera estallar en fragmentos diminutos.
Su tacto se desliza hacia mi espalda y deshace el broche de mi sujetador de un solo movimiento. El material cae por mis brazos y tenemos que apartarnos un poco para poder retirarlo.
De pronto, estamos aquí, los dos, medio desnudos, respirando como si no existiera aire suficiente para los dos en este mundo.
Sus dedos se enganchan en las presillas de mis vaqueros, y me atrae más cerca para trabajar en el botón que los mantiene en su lugar. El cierre se desliza casi por su cuenta, así que solo tiene que tirar hacia abajo de la mezclilla que me viste.
Harry ríe entre dientes cuando mi ropa interior baja junto con el material de mis pantalones y trato de detenerla.
Me siento ridícula por el acto reflejo, tomando en cuenta lo que estamos haciendo; sin embargo, hago acopio de toda mi dignidad y me quito los zapatos para ayudarlo a remover las prendas fuera de mi cuerpo.
Me enderezo después de dar un par de pasos torpes para sacar la ropa restante fuera de mí, y es entonces cuando la resolución me golpea…
Estoy completamente desnuda delante de Harry.
La incomodidad se arraiga en mí a una velocidad impresionante, y lo único que quiero es encontrar algo con lo que pueda cubrir mi desnudez.
La mirada de Harry recorre toda mi extensión y da un paso más cerca.
El deseo se ha encargado de hacerlo lucir más salvaje que nunca y mis piernas apenas pueden sostenerme.
Mi corazón late con violencia contra mi pecho, las manos me tiemblan y siento la garganta seca. Por un momento, no puedo moverme. Estoy congelada en mi lugar.
Finalmente, después de unos segundos de parálisis, mis manos se enganchan en el cinturón que mantiene sus vaqueros en su lugar, y trabajo en la hebilla con dedos temblorosos y torpes.
Me toma varios intentos poder abrirla y, cuando lo hago, mi corazón se salta un latido debido al nerviosismo.
Trato de deshacer el botón de sus vaqueros, pero el temblor en mis extremidades me hace cada vez más torpe.
Es entonces cuando las manos de Harry se colocan sobre las mías.
—Tranquila, pequeña. Todo está bien —por primera vez en toda la noche, escucho el tono dulce que siempre utilizaba conmigo.
Mis ojos se llenan de lágrimas y ni siquiera sé por qué quiero llorar ahora. No sé si es porque he tenido un vestigio del chico que solía ser o si es porque estoy muriendo de los nervios.
Harry retira mis manos con suavidad y deposita un par de besos en los dorsos antes de deshacer el botón por su cuenta. Trato de llegar a la pretina del pantalón, pero él me lo impide. Sus dedos se entrelazan con los míos, y guía nuestro camino hasta su cama.
Él se sienta al borde del colchón y tira de mí para hacerme sentar a horcajadas sobre sus caderas. Mi cabeza está ligeramente más arriba que la suya, así que tengo que mirar hacia abajo para verlo a los ojos.
Él aparta mi cabello —que cae como cortina sobre nosotros—, y lo coloca detrás de mis orejas. Sus ojos verdes estudian mis facciones y yo aprovecho para deslizar los dedos por las marcas escandalosas que ensucian el lado izquierdo de su cara.
—No sabes cuántas veces deseé estar así contigo —susurra.
Las lágrimas amenazan con abandonarme, así que hundo la cara en el hueco de su cuello mientras trato de controlarme.
Sus dedos cepillan las hebras oscuras que caen sobre mi espalda de forma tranquilizadora, y eso solo hace que el nudo en mi garganta se intensifique. Ni siquiera sé por qué voy a llorar. Ni siquiera sé por qué se siente como si estuviese a punto de romperme en mil pedazos.
—Perdón, Harry —mi voz suena tan temblorosa, que sé que ha notado que estoy a punto de echarme a llorar.
—Shh… —él susurra contra mi cabello—. Todo está bien, Maya. No es necesario que pase. Yo entiendo…
Niego con la cabeza y me aparto para mirarlo a la cara.
—No es eso —digo, y la confusión se arraiga en sus facciones de un segundo a otro—.
Te pido perdón por todas las veces que te hice daño.
Por todas esas veces que cargaste con mi mierda sin tener que hacerlo.
Por todas las veces que te hice sentir miserable, y por todas y cada una de las veces que te perdiste a ti mismo por mi culpa.
—Maya, nada es tu culpa —el tono dulce de su voz, me toma por sorpresa y me lastima—. Yo me hice esto a mí mismo. Cavé este agujero para mí, y no fue culpa de nadie más que mía. No tienes que pedir perdón de nada.
—Fui egoísta —susurro, y bajo la mirada—.
Solo pensé en mí. Nunca pensé en el daño que te hacía al ocultarte cosas, o al no confiar en ti, o al tener miedo de tus impulsos.
Fui egoísta al pensar que podía cambiarte.
Me enamoré del chico que conocí. No tenía derecho alguno de intentar hacerte ser alguien diferente.
—Sabes que no es verdad. Tú nunca trataste de…
—Fui una estúpida —lo interrumpo—. Fui una completa inmadura. Fui todo eso que siempre he detestado de mi persona y que nunca he podido cambiar… —Alzo la vista—. ¿Recuerdas qué fue lo último que me dijiste antes de marcharte del apartamento de Kim?...
Su mirada se oscurece y sé que recuerda perfectamente lo que dijo.
—«Si esta es la última vez que te veo —cito—, quiero que sepas que te amo» —mi voz se quiebra ligeramente, pero no dejo que eso me detenga.
Tengo que decírselo a como dé lugar. Tengo que confesarlo antes de que se marche y no sea capaz de decirlo nunca—.
Bueno, pues ahora soy yo la que tiene algo que decir, por si esta es, realmente, la última vez que te veo.
—Maya…
—Te amo, Harry —susurro. La angustia que se apodera de sus facciones me quiebra por completo, pero no dice nada, así que me obligo a continuar—. Y no importa si tú no me amas de vuelta. Solo quiero que lo sepas.
Él traga duro y cierra sus ojos antes de ahuecar mi rostro entre sus manos y tirar de mí en su dirección. Sus labios buscan los míos en un beso pausado y lento, y todo pensamiento coherente se drena de mi cabeza.
No sé cuánto tiempo pasa antes de que sus manos comiencen a explorar la piel caliente de mi cuerpo.
Pequeñas caricias son trazadas en mi espalda, abdomen, muslos y trasero, mientras sus labios hacen su camino hasta apoderarse de uno de mis pechos.
Mi espalda se arquea hacia él y muerdo mi labio inferior para reprimir un gemido.
Una de sus manos ahueca mi pecho libre y tortura la pequeña protuberancia de la cima. Un suspiro brota de mis labios y la sensación abrumadora de sus caricias se mezcla con el nudo en mi garganta, haciendo que todo sea más intenso que antes.
Sus dientes muerden y raspan la piel sensibilizada, pero no es desagradable. Sus labios recorren cuanto pueden de mi torso; mientras sus manos trazan caricias en mis muslos desnudos.
Jamás me había sentido de esta manera. No hay lugar para malos recuerdos, ni para escenas traumatizantes. Es Harry y nada más. Es él quien me besa, quien me toca, quien me sostiene, quien me protege…
Una de sus manos se desliza por la parte interna de mi muslo izquierdo y roza mis pliegues húmedos con suavidad. El mero contacto hace que un gemido se construya en mi garganta y, entonces, me toca.
Sus dedos buscan el punto más sensible y, una vez que lo encuentran, dibujan pequeñas caricias en él. La sensación placentera comienza a construirse dentro de mi cuerpo y mi vientre se aprieta con violencia cuando uno de sus dedos se desliza en mi interior.
Un suspiro entrecortado brota de mis labios y dejo caer el peso de mi cabeza sobre su hombro.
—¿Se siente bien? —susurra, y no sé qué responder.
No estoy segura de cuánto me agrada o cuán incómodo es. Ni siquiera sé si podré encontrar mi voz para responder.
Su dedo bombea en mi interior y pequeños quejidos involuntarios me asaltan.
—¿Te gusta? —dice, y su pulgar presiona mi punto sensible. Un gemido resuena en la habitación y mis uñas se clavan en sus hombros desnudos.
Entonces, todo se vuelve intenso.
El ritmo cambia y se vuelve un poco más urgente que antes. Las sensaciones son indescriptibles en este momento y todo pierde enfoque cuando Harry comienza a besarme de nuevo.
El placer se detona en mi sistema cuando el ritmo de sus caricias aumenta y es imposible detener los sonidos provenientes de mi boca. Algo se construye poco a poco en mi interior. Las caricias son cada vez más insistentes, y pronto me encuentro moviendo las caderas para encontrar su toque.
Un gemido particularmente fuerte brota de mis labios y él me besa para acallarlo.
—¡Harry!
—Está bien, Maya —habla casi en un gruñido—. Déjalo ir. Está bien…