Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 21
32%

Capítulo 21

—Saldré tarde de trabajar hoy —digo, en voz baja. Sueno avergonzada y temerosa, pero no puedo sonar de otro modo. No cuando Harry Stevens me ha ignorado durante casi dos semanas.

Desde aquella fatídica noche que lo rechacé, nada ha sido igual. No es como si estuviese esperando que las cosas fueran como siempre, es solo que pensé que tendría la oportunidad de dar una explicación.

He tenido la confesión en la punta de la lengua todo el tiempo. Las palabras pican en mi boca desde ese día y la revolución de ideas, pensamientos y sentimientos, se ha vuelto insoportable.

Cada noche, de camino a casa, ensayo un discurso que sé que no voy a decir; una confesión que sé que no haré; una justificación que sé que no voy a tener el valor de pronunciar…

Cada noche trato de obtener su atención para hablar, pero ni siquiera se digna a dirigirme una mirada.

Es más fácil para él pretender que no estoy ahí. Prefiere eso a enfrentarme.

He tratado de entablar conversaciones casuales, pero lo único que hace es responderme con monosílabos.

Hace unos días pude arrancar una oración completa de sus labios cuando le pregunté qué quería cenar.

No fue una respuesta importante o especial.

Se limitó a levantarse del sillón y decir: «No prepares nada para mí».

Después de eso, no me ha dirigido la palabra.

He pasado noches enteras sin poder dormir. Me hundo lentamente en el mar de angustia que yo misma he creado y, a pesar de que deseo hablar y contarle a alguien lo que ocurrió, no puedo hacerlo.

Me siento acorralada entre el miedo, la vergüenza y la imperiosa necesidad que tengo de decir la verdad.

Tengo miedo de la reacción que Harry pueda tener. Me da horror pensar en la forma violenta en la que puede actuar, y me aterroriza aún más pensar que puede llegar a ser indiferente a mi sufrimiento.

—De acuerdo. —Su voz me saca de mi ensimismamiento, pero ni siquiera me mira.

Su vista está clavada en la pantalla de su computadora portátil, su ceño está fruncido en concentración y la parte interna de su mejilla es mordida por sus dientes.

Abro la boca para decir algo, pero las palabras no llegan a mí. Sé que lo único que hago al tratar de hablar con él, es humillarme a mí misma. Sé que habla con indiferencia de forma deliberada. Sé que hace esto para herirme; y, aun así, no puedo dejar de buscar un poco de su afecto.

Me siento como una idiota y, al mismo tiempo, estoy molesta. Estoy enojada con él porque no entiende lo difícil que es hablar sobre eso. Porque no me da un poco de tiempo para armarme de valor y contárselo.

Me digo a mí misma que no puedo seguir aquí, mendigando por un poco de atención, así que, sin más, me giro sobre mis talones y salgo del apartamento.

Al llegar al restaurante, lo primero que hago es colocarme el mandil alrededor de la cintura.

Me amarro el cabello en un moño alto y apretado, y tomo una libreta de notas y una pluma.

Acto seguido, tomo una inspiración profunda y salgo al comedor con una sonrisa, lista para enfrentar un día más de lo mismo de siempre.

Un día más de gestos groseros, palabras duras, miradas altaneras y desastres provocados por niños descuidados.

Kim y Fred hacen mi día más liviano. Sus constantes bromas y cuchicheos me arrancan más sonrisas de las que me gustaría admitir. El ambiente ligero en el que me desenvuelvo hace que me olvide por un momento del desastre en el que se ha convertido mi vida sentimental.

No sé en qué momento pasé de ser una chica que se preocupaba por pagar la renta y los gastos del hogar, a ser esta chiquilla idiota que no puede dejar de pensar en un tipo que la ignora a la primera de cambios.

—¿Ya vas a contarme? —pregunta Kim, durante nuestra hora de comida.

—¿Qué se supone que debo de contarte?

—Maya, eres como un libro abierto, ¿sabes? Se nota a leguas que hay algo que te inquieta. Tienes ya mucho tiempo actuando extraño. —Se encoge de hombros, pero la preocupación se filtra en su rostro.

Clavo la vista en la lata de jugo que sostengo entre los dedos y me muerdo el labio inferior.

—Peleé con Harry —digo, finalmente. Mi ceño se frunce y niego con la cabeza al escuchar lo erróneo que suenan esas palabras—. En realidad, no peleamos. Es solo que… —Un suspiro tembloroso brota de mis labios—. Es complicado.

—Maya, las parejas tienen diferencias todo el tiempo. —Trata de animarme, pero no tiene idea de cuán angustiante fue lo que nos pasó—. Estoy segura de que van a arreglarse pronto.

—Es algo más complicado que una pelea o una discusión, Kim —digo, sin detenerme a pensar en lo que estoy a punto de decir—: Harry quiere que haga cosas que no estoy lista para hacer.

La expresión horrorizada de mi amiga, hace que me dé cuenta de cuán siniestra sonó mi afirmación. Eso no salió, ni de cerca, como esperaba que lo hiciera.

—Dios mío, Maya… —El susurro incrédulo de mi amiga, hace que el arrepentimiento crezca—. No puede obligarte a hacer nada si no quieres. Es un completo imbécil si quiere forzarte.

«¡Maldita sea, Maya!».

—No es eso lo que quise decir. —Me apresuro a aclarar—.

Me refiero a que… —A que mi papá me violaba, y Harry desea tener un poco de intimidad conmigo, pero yo no puedo intentarlo porque cada vez que se acerca demasiado o cruza esa línea delgada, todo mi mundo se deshace a pedazos y no puedo apartar los recuerdos horrorosos lejos de mi cabeza—. ¡Dios, Kim! ¡Es complicado!

—Maya…

—Harry nunca me haría daño —digo, porque de verdad lo creo—. Y tampoco me fuerza a hacer cosas que no quiero. Es solo que… no estoy… —La frustración se filtra en mi tono.

—No estás lista aún —Kim asiente—. Es entendible, Maya.

Mi primera vez fue hace mucho tiempo, pero aún recuerdo cuán asustada estaba.

—De pronto, me siento como un completo fraude.

Como si estuviese engañando a todo el mundo.

Hace mucho tiempo que me arrebataron la virginidad.

Hace mucho que la arrastraron por los suelos—.

Si Harry realmente siente algo por ti, lo entenderá. Te lo aseguro.

Me muerdo el labio inferior y asiento. Quizás no esté enterada de nuestro problema, pero sus palabras me llenan de alivio. Quiero pensar que, si Harry en realidad siente algo por mí, va a entender mi situación. Va a entender el porqué de mi miedo sin sentido y mi rechazo a su toque.

—¿Crees que deba decirle? —Hablo, después de unos segundos en silencio absoluto.

La sonrisa suave en los labios de Kim, me hace sentir como si tuviese cinco años. Me mira como si contemplara a una pequeña niña que no comprende lo más básico de la vida y eso me incomoda un poco.

—Por supuesto que debes decirle, Maya. Él necesita saber qué sucede.

De otra manera, va a pensar que él es el causante de tu inseguridad.

No tienes una idea de cuán heridos pueden sentirse los hombres respecto a eso.

—Hace un gesto de fingido horror—. Solo díselo.

Va a entenderlo y todo va a fluir mejor para ustedes.

Un suspiro entrecortado brota de mis labios, y fijo la vista en un punto en la calle.

Estoy agradecida por tener a alguien como Kim en mi vida. Es absolutamente todo eso que deseo ser, y tiene todo aquello que me gustaría llegar a tener algún día. La admiración que siento por ella es tan grande, que temo que pueda notarla a simple vista.

Así pues, me digo a mí misma que voy a contarle todo a ella también —cuando sea el momento adecuado—. Kim merece saberlo, y yo quiero decírselo, pero, por ahora, creo que es más importante que se lo diga a Harry. No sé cómo voy a hacerlo, pero necesito hacerlo.

El resto de la jornada laboral pasa más rápido de lo esperado.

A pesar de ser casi las diez de la noche cuando salgo, me encuentro de mejor humor que hace unas horas.

La compañía de Kim es reconfortante y sus palabras no dejan de resonar en mi cabeza: «Si Harry realmente siente algo por ti, lo entenderá».

Espero que realmente lo haga.

Camino por las calles vacías en dirección al complejo habitacional donde vivo. Me siento aletargada debido al cansancio, pero el nerviosismo no deja que la sensación de fatiga se arraigue en mí.

«Hoy voy a decírselo». Pienso, por milésima vez esta semana.

La ansiedad zumba en mi cuerpo conforme me acerco al edificio y, a pesar de que estoy aterrada, me obligo a avanzar hasta la entrada principal a paso rápido y decidido. Una vez que he subido las escaleras hasta el piso de Harry, me detengo para recuperar el aliento.

Introduzco la llave en el cerrojo de la entrada, y giro de la perilla cuando el pestillo cede.

La oscuridad total en la que está sumido el lugar, me hace saber que Harry no se encuentra.

Cierro la puerta detrás de mí y avanzo hasta la sala para encender la luz.

La nueva iluminación me ciega unos instantes, pero, cuando me acostumbro a ella, echo una ojeada alrededor.

Todo está tal cual lo dejé por la mañana.

—¿Harry? —pronuncio en voz alta solo para confirmar que no se encuentra.

El silencio que le sigue a mis palabras, solo confirma eso que ya sé y hace que la decepción se filtre en mis huesos.

Avanzo hasta la cocina y enciendo la luz para buscar dentro de la nevera algo que preparar. Los restos del pollo que hice ayer se encuentran en una pequeña cacerola, así que la saco para calentarlos de nuevo.

Rápidamente, preparo una pasta con especias y recaliento la comida que quedó de ayer. Sirvo una porción y me siento a comer. Una vez que termino, lavo los platos que utilicé y limpio el desastre de la mesa.

Mientras recojo, trato de decidir si debo o no guardar la comida. Es muy tarde y Harry aún no ha regresado. No sé si va a querer comer algo cuando llegue o si va a negarse a probar bocado alguno de lo que preparé, como ha hecho las últimas semanas.

Un suspiro largo se me escapa y sirvo una ración en un plato grande. Cubro la comida con plástico y guardo el resto en la nevera. Si desea cenar algo, solo necesitará meter el plato al microondas.