Capítulo 20 #2
Sus manos se deslizan por la curvatura de mi cintura y caderas hasta llegar a mis muslos.
Las yemas de sus dedos se arrastran por la piel caliente de esa zona, hasta introducirse por debajo del material de la falda.
Soy consciente de cómo sus pulgares se enganchan en mis bragas de algodón.
Sus dientes se apoderan de mi labio inferior, y todo pensamiento coherente se drena de mi mente en ese instante.
Desliza las bragas hacia abajo, pero se detiene cuando el material se atasca entre el colchón y mi trasero. Debo alzar las caderas para que pueda ser retirado por completo, pero no estoy segura de querer hacerlo.
—Harry… —Mi voz sale en un susurro tembloroso. Sueno más asustada de lo que me gustaría.
—Solo quiero tocarte —susurra de vuelta, pero suena más a una súplica que a una afirmación—. Nada más, Maya. Solo déjame tocarte…
El nerviosismo me invade.
Miedo, ansiedad, euforia, adrenalina… Toda clase de sensaciones vertiginosas se apoderan de mí y tiemblo de anticipación.
Una inspiración profunda e inestable es inhalada por mis labios. Quiero hacerlo. Quiero sentir, por una vez en mi vida, lo que es ser tocada por alguien sin sentir repulsión o asco.
Toma todo de mí prepararme, pero, al cabo de unos instantes, alzo las caderas.
El material delgado se desliza por mis piernas y es removido de mis tobillos una vez que llega a ese punto.
Lucho contra el impulso que tengo de levantarme y recoger la ropa interior para volver a vestirme.
Se siente como si estuviese desnuda, a pesar de que solo ha retirado esa prenda de mi cuerpo.
Entonces, su toque se eleva y ahueca uno de mis pechos por encima de la ropa. Me siento avergonzada y torpe. No soy una chica con muchos atributos físicos y las manos de Harry son demasiado grandes. No puedo dejar de pensar en cuán pequeños deben parecerle y cuán llenos deben de gustarle.
Mi respiración es desigual y ligeramente superficial. Un sonido suave me brota de los labios cuando su pulgar presiona contra una pequeña protuberancia en mi pecho y su boca encuentra a la mía cuando su mano libre se introduce en mi falda.
Quiero pedirle que se detenga. Quiero pedirle que continúe. Quiero gritar de la frustración porque ni siquiera yo misma sé qué demonios deseo en este momento.
Jamás me habían tocado de esta manera. Jamás me había sentido así. Estoy a su total merced.
Mis rodillas están flexionadas y mis piernas abiertas, ya que él se ha asentado entre ellas. No es difícil para Harry, rozar mi feminidad con sus dedos. Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando lo hace y me tenso cuando busca entre los pliegues húmedos.
Un gruñido brota de su garganta cuando mis caderas se alzan casi por voluntad propia. Sus dedos rozan mi punto más sensible, y todo se vuelve intenso y abrumador.
Sus labios rompen el beso y hunde su rostro en el hueco de mi cuello. Su aliento caliente roza la piel sensible de esa zona, y un escalofrío me estremece hasta la médula. Sus dedos trazan caricias en mi centro, y tiemblo ante la sensación placentera provocada por su toque.
Su respiración me golpea la oreja con fuerza y, de pronto, los recuerdos vienen.
Él sobre mí. Él entre mis piernas. El líquido caliente de mi sangre brotando a borbotones por mi nariz cuando opuse resistencia una de esas tantas veces.
Su respiración rancia y asquerosa contra mi oreja; sus gruñidos de placer, mis gritos angustiados, el dolor insoportable, la violencia de sus movimientos…
El pánico se arraiga en mi sistema y todo el calor se drena de mi cuerpo en un instante. El suave placer que comenzaba a construirse en mi interior, se transforma en algo enfermizo y retorcido.
Aferro las manos a sus hombros y lo empujo, pero él no cede.
«¡Es Harry, es Harry, es Harry, es Harry!». Me repito una y otra vez, pero no puedo dejar de sentirme asqueada.
—¡No! —jadeo, y lo empujo de nuevo.
Mi papá sobre mí, mi papá dentro de mí, mi papá llamándome perra, mi papá gritando que lo merezco…
De pronto, el nudo en mi garganta me ahoga; su cuerpo se ha vuelto pesado de repente y, cuando mi vista se clava en la figura sobre mí, lo único que soy capaz de ver, es el rostro del hombre que me destrozó la vida.
Terror puro inunda mi pecho, un grito amenaza con abandonarme, y me paralizo unos instantes sin apartar la mirada del hombre sobre mí.
Necesito alejarme. Necesito respirar.
No puedo moverme, no puedo parar la oleada de repulsión que invade mi sistema; no puedo, no puedo ¡No puedo!
—¡No! —El grito brota de mi garganta en un sollozo aterrorizado. Empujo con todas mis fuerzas y me remuevo, en un intento desesperado por deshacerme del cuerpo que yace sobre mí—. ¡No me toques! ¡No me toques!
El peso cede de inmediato y me arrastro lejos. Me siento sucia, asqueada y humillada en todas las formas posibles. Las lágrimas no dejan de fluir como ríos sobre mis mejillas y me siento horrorizada. Apenas puedo respirar. Apenas puedo mantener todas mis piezas juntas.
Me abrazo a mí misma. Pego las rodillas al pecho y hundo la cara en el pequeño hueco creado por mis brazos.
«Deja de llorar, Maya. ¡Maldita sea, deja de llorar!».
Pasa mucho tiempo antes de que me atreva a alzar la vista.
No quiero mirar alrededor. No quiero ver a Harry a la cara porque sé que no voy a tener el valor de contarle qué sucedió.
¿Cómo le explicas a alguien que estás jodida de tantas formas?
¿Cómo le cuentas a alguien que fuiste violada más veces de las que recuerdas sin querer arrojarte desde el techo del edificio?
La poca iluminación apenas me deja ver la expresión en su rostro cuando logro localizarlo. Luce confundido, preocupado… Herido.
—L-lo siento… —Sueno patética. Mi voz es apenas un hilo tembloroso—. Lo siento mucho, Harry, yo…
—¿Por qué? —La voz de Harry suena ronca e inestable—. ¿Qué fue? ¿Qué hice?
—¡Nada!
—¿Entonces, qué demonios pasó? —La confusión tiñe su voz—. Maya, si no te gustó algo, lo siento mucho. En serio, lo siento. No fue mi intención hacer nada que te incomodara.
—¡Es que no fue eso! —exclamo, y reprimo un sollozo.
—Entonces, ¿qué fue?
Las palabras me ahogan. Los recuerdos son tan intensos, que no puedo dejar de temblar. Tengo tanto miedo de decírselo. Tengo tanto miedo de lo que va a pensar de mí cuando lo sepa…
—¿Es por cómo luzco? —amargura y dolor se filtran en su voz.
—¿Qué?
Los ojos de Harry se empañan ligeramente y, de pronto, luce angustiado.
—Me miraste a la cara y… —Niega con la cabeza—. El miedo en tu cara, Maya. Tu expresión… Estabas aterrorizada.
—¡No es cierto!
Una risa carente de humor brota de sus labios.
—Son las cicatrices, ¿cierto?... —La amargura tiñe su voz.
¿Qué demonios…?
—¡No! ¡No, Harry! ¡No son las malditas cicatrices!
—Avanzo de rodillas por la cama para llegar a él, pero se aparta cuando trato de envolver mis dedos con los suyos.
El rechazo me quema en las entrañas, pero me obligo a no prestarle atención ahora mismo—.
¡No fue por eso, yo solo…! —Busco frenéticamente una mentira para decir, pero nada viene a mi cabeza.
No hay nada que justifique mi comportamiento.
El nudo en mi garganta se aprieta.
—Tú solo, ¿qué?... —escupe.
Abro la boca para decir algo, pero nada me sale de los labios. Trato de nuevo, pero no puedo pronunciar palabra alguna. Las lágrimas no cesan, y me siento más miserable que nunca.
La decepción tiñe su rostro por completo, pero ríe con amargura. Entonces, se gira sobre sus talones y se precipita hacia la entrada.
«¡Solo díselo!».
—Harry! —Trato de alcanzarlo por el pasillo, pero él ya está en la puerta principal—. ¡Harry, detente!
Cierra la puerta detrás de él y me congelo en el instante. Mis piernas apenas pueden sostener mi peso. La humillación, la vergüenza, la impotencia, el coraje, la ira, la desesperación… Todo cae sobre mí como balde de agua helada.
Reprimo el sollozo lastimoso que se construye en mi garganta, y me encamino al baño. Cierro la puerta detrás de mí y abro el grifo del agua caliente.
Me introduzco en el pequeño cubículo, y la quemazón que siento en la piel merma el dolor de mi pecho. Me quito la ropa para dejar que el chorro me golpee la espalda.
Sé que voy a tener ampollas en todos lados, pero no me importa. Nada importa en este momento.
Necesito deshacerme de la repulsión y el asco que siento por mí misma. Debo deshacerme de la culpa. Debo pagar por lo que le hice a Harry.
Acabo de arruinarlo todo. Mi padre acaba de joderlo todo para mí una vez más.