FINAL
BESTIA
N unca entenderé por qué la gente disfruta tanto de las jodidas flores.
Hay cientos de ellas por todas partes. Blancas, rojas, rosas, amarillas; están repartidas por todo el maldito jardín.
Los senderos de piedra están cubiertos por pétalos, los árboles llevan colgadas pequeñas luces de cristal que se balancean con la brisa y una enorme estructura de madera, completamente envuelta en hiedra y rosas, preside el lugar donde dentro de unos minutos dos personas van a prometerse amor eterno y bla, bla, bla.
Es empalagoso. Hago una mueca de fastidio.
—Llevas diez minutos mirando las flores como si fueran tus enemigas —dice Bella a mi lado.
Desvío la vista hacia ella.
—Es que lo son —sentencio muy seguro.
Está guapísima, joder. Con ese vestido amarillo que combina con el color de su pelo, su piel bronceada de haber pasado tardes con Cara y Maia en nuestra casa de la costa, y esos ojos que me vuelven loco.
Han pasado unos meses desde nuestra vuelta.
Con solo pensar en el día que estuve a punto de perderla, el miedo vuelve a instalarse en mi garganta.
—Pues no deberían. Se les puede dar usos peculiares.
Arquea una ceja y mi polla se despierta al instante. Joder con la monstruita. La follo todos los días y nunca se cansa, pero es que yo tampoco. Siempre necesito más de ella. Siempre. Recuerdo aquella vez que tuvo un orgasmo con las espinas de una rosa. Su coño lleno de sangre…
Exquisito.
—Cambia esa cara, que está a punto de entrar tu hermano. —Taddeo me golpea el brazo desde el otro lado.
Recuerdo la confesión de Vito pocos días después del suceso con los mejicanos.
Le pregunté cómo nos habían encontrado y me confirmó lo que yo ya me imaginaba.
Taddeo. Mi amigo protector. Nos conocemos los dos demasiado bien.
No hemos hablado sobre ello, pero sé que él sabe que me lo han confirmado.
De todas formas, nuestra relación no ha cambiado.
Él destapó nuestra operación a Pantera y Lobo cuando vio que la relación que teníamos Bella y yo se descontroló.
Mi amigo supo incluso antes que yo que estaba enamorado hasta las trancas de ella, y apostaría con mi vida a que lo hizo para que yo no llegara a perderla.
El cabrón siempre está cuidando mis espaldas.
Y joder, me siento muy afortunado por tenerlo.
—Tengo planes mejores en mente ahora mismo —le contesto a mi amigo pensando en lo que voy a hacer con una de esas rosas colgadas de la estructura en cuanto tenga oportunidad.
Taddeo se ríe por lo bajo; nuestra conexión es suficiente para que sepa a lo que me refiero. Él ve cómo me quedo observando las flores con una sonrisa perversa. Bella me golpea el brazo con el dorso de la mano.
—Eres insufrible —admite. Ha escuchado nuestra conversación.
La miro de arriba abajo con absoluta calma conteniendo un hambre voraz.
—Y aun así aquí estás —la vacilo guiñando un ojo.
Ella rueda los suyos y lucha por esconder una pequeña sonrisa.
Todavía hay días en los que, al despertarme, necesito comprobar que sigue respirando antes de convencer a mi cabeza de que todo aquello terminó de verdad. No se lo diré nunca, pero es con la única persona que he sentido y siento verdadero miedo de perderla.
Un murmullo recorre el jardín. Todos giramos la cabeza hacia la mansión. Ciro acaba de aparecer. Lleva un traje negro impecable que no consigue hacer que parezca menos peligroso. Camina con la tranquilidad tan característica de él. Cuando llega a mi altura, me observa de reojo.
—Has venido —afirma para los dos.
Esbozo una sonrisa sincera. Yo no pude decirle esa frase en mi boda porque llegó cuando ya había acabado y solo fue para acuchillar a la que era la zorra de mi esposa.
—No te emociones —le contesto aburrido.
Ciro deja escapar una risa baja. Después me hace un gesto con la cabeza.
Ocupo mi lugar a su lado. Nunca imaginé que acabaría siendo el padrino de boda de alguien.
La vida tiene un sentido del humor bastante cuestionable.
Él nunca dejará de ser mi hermano; con sangre o sin ella, es el que ha estado toda la vida a mi lado.
Sofía tampoco dejará de ser lo que es. Lo he comprendido con mucha ayuda de Bella.
A terco no me gana nadie, pero tenía razón ella cuando me decía que los dos me querrían sin importar lo que pasara.
Aún no hemos encontrado a mi mamma . Miro de reojo a Gepetto, que está al otro lado de los asistentes, con Pantera y Maia a su lado; al Don le asoman dos sombras negras bajo los ojos.
Él la busca sin descanso, día y noche. Está abatido, pero no podía perderse la boda de su hijo.
La música comienza a sonar. Todos se ponen en pie.
La puerta de la mansión se abre con lentitud y entonces aparece Cara.
Lleva un vestido blanco de líneas sencillas que se mueve con suavidad a cada paso.
Una mano descansa con delicadeza sobre la curva de su vientre, donde la bebé que ambos esperan convierte esta ceremonia en un acto todavía más especial.
El velo cae sobre sus hombros sin ocultar la sonrisa que ilumina su rostro al encontrarse con la mirada de Ciro.
Nunca había visto esa expresión en mi hermano. Es una emoción más profunda que la felicidad. Es su refugio, y eso se ve aun con los ojos vendados.
Yo me estoy empezando a cansar de tanta cursilada.
—¿Recuerdas cómo trataste a la novia el día de mi boda? —Hago referencia a las puñaladas que le metió a Bina—. ¿Te imaginas que se volviera a repetir de un hermano a otro?
Su mirada me atraviesa gélida y amenazante. Su expresión ha cambiado y ahora presenta un miedo difícil de esconder.
—Ni se te ocurra pensarlo —me amenaza con el tono más duro de lo normal.
—Vamos, hermanito, solo estaba bromeando —me río en voz baja mordiendo mi labio inferior.
Nunca le haría daño a Cara, pero, joder, ahora sí está siendo esto más divertido. Pocos entienden mi humor negro, solo Bella y Taddeo.
Cara llega hasta nosotros, Ciro le ofrece la mano y el juez comienza a hablar.
No presto demasiada atención al discurso ya que me lo sé de la vez que estuve aquí, en el mismo lugar que mi hermano.
Me sorprendo pensando en cómo sería volver a repetir este día pero con Bella a mi lado.
¿Le gustaría a ella casarse? Sacudo la cabeza con disimulo y aparto esos pensamientos de mi mente.
¿Qué cojones me pasa? Yo no soy ese. Yo solo quiero follar con sangre y cubrirle el coño con mi esencia una y otra vez, no ponerle un anillo en la mano.
Aunque estaría mucho más follable con un diamante enorme en el dedo. Podríamos hacer muchas cosas con él.
“ CÉNTRATE ” , me riño.
Observo la forma en la que se mira el nuevo matrimonio. Ya han sobrevivido a lo peor. Han pasado los dos por mucho, todo lo demás parece sencillo comparado con eso. Cuando intercambian los anillos, el aplauso estalla por todo el jardín. Ciro se lanza hacia Cara y estrella su boca en ella con deseo.
La gente sonríe y vitorea, algunos incluso lloran.
Qué costumbre tan rara, no entiendo por qué lo hacen.
Se encaminan los dos tortolitos pasillo abajo para comenzar el banquete.
Ciro coge en brazos a su mujer como tantas veces ha hecho.
Pantera lo sigue de cerca, no sin antes dedicarme una mirada de advertencia porque supongo que ha estado pendiente de la broma que le he gastado a mi hermano.
Está todo el tiempo pendiente de mí. Continúa a diario queriendo echarme discursos y controlando mis movimientos.
Me llama “idiota” constantemente. Algún día le daré un puñetazo por pesado.
Aún no se lo ha llevado porque recuerdo cómo me salvó la vida.
Podía haberme dejado allí tirado, haberse deshecho de un monstruo y hacer del mundo un lugar mejor.
Y no lo hizo. Nunca hemos hablado de aquella noche ni me ha pedido nada a cambio, pero no se va de mi lado.
Me demuestra todos los días que quiere estar presente en mi vida.
La única diferencia de ahora al pasado es que lo soporto, ya se ha hecho un hueco en mi oscuro mundo.
Como lo considero de los míos, si alguien intenta amenazarlo, tendrá que rezar para que yo no lo encuentre.
El único que tiene derecho a insultarlo y a vacilarle soy yo.
O mi hermano Ciro, que también disfruta con ello.
Vuelvo al lado de Bella y Taddeo, que aún aplauden mientras los observan. Ella tiene los ojos húmedos y una sonrisa imposible de borrar.
—No me jodas que tú también —suelto comprobando lo dura que me la pone esta faceta de sensible de ella.
Ella entiende a qué me refiero y se limpia una lágrima con rapidez.
—Solo un poco —esconde su rostro inclinando la cabeza hacia abajo.
—Es increíble que te guste hacer sufrir, los gritos desgarradores y la sangre, pero te emocione una boda —expongo con un poco de confusión.
Me da otro pequeño golpe en el brazo mientras se ríe.
—Eres idiota —asegura.
—Me lo suelen decir mucho —esbozo una sonrisa.
Su risa llena el ambiente siendo el sonido que más me gusta escuchar del mundo.
Es la mujer que apareció en mi vida para ponerla completamente del revés.
La mujer que consiguió hacerme sentir cosas cuya existencia habría negado delante de cualquiera.
La mujer por la que descubrí que incluso un monstruo puede amar.
Ella levanta la vista al notar la intensidad con la que la miro.
—¿Qué piensas? —pregunta.
Me acerco despacio hasta que nuestros rostros quedan a unos centímetros.
—Solo estaba pensando que esta noche no dejaré que toda esta decoración romántica te haga creer que me he vuelto blando.
—¿Ah, no? —Sus ojos brillan con esa mezcla de desafío y diversión que tanto me gusta provocar—. Qué decepción —bromea.
Inclino la cabeza hacia ella. Mi sonrisa se vuelve oscura y retorcida.
—A la mierda con la boda; tú y yo tenemos otros planes.
Me muerdo el labio inferior lleno de excitación.
Taddeo, que me ha estado escuchando, se aleja un momento para coger una de las rosas; pongo una mano en la espalda y él me la deja en ella. Siempre ahí, cubriéndome. Siempre cómplice. Algún día volveré a ofrecerle a Bella.
Muevo el brazo hasta llevarlo cerca del rostro de ella, que ve la rosa y se le corta la respiración.
Se la paso con lentitud sobre la boca, incidiendo en la parte donde tiene espinas, y la presiono hasta que consigo que sus carnosos labios sangren.
Ella emite un jadeo. Me inclino y recorro con mi lengua el hilo rojo que le cae sobre la barbilla.
Su gemido choca contra mi aliento. Joder, qué ganas tengo de devorarla.
Clavo mis ojos en los suyos y veo esa oscuridad que tanto reconozco.
—Te quiero, bella —las palabras me salen solas por primera vez.
Podría decir que me sorprende escucharlas, pero es que ya sé que ella produce eso en mí.
Me hace experimentar tantas nuevas emociones que me vuelve jodidamente loco.
Y no me desconcertaría que en un futuro acabe proponiéndole matrimonio.
Eso sí, la nuestra será con cadáveres colgados y desnudos follando como los depravados que somos.
Los cuentos dicen que Bella se enamora de Bestia. El nuestro empezó cuando Bestia descubrió que Bella era capaz de devorar el mundo a su lado.
Mi compañera de locuras.
La mujer de mi vida.
Mi monstruita.