Bestia (Mafia Italiana 3) CUARENTA Y CINCO
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CUARENTA Y CINCO

BESTIA

D ibujo en mi rostro un sonrisa perversa como el monstruo que soy.

Sin decir una palabra más, le levanto las caderas sin esfuerzo y le arranco las bragas de un tirón.

La tela se desgarra dejando su coño expuesto y haciendo que me ponga aún más duro.

La bajo de golpe sobre mi polla, penetrándola hasta el fondo sin piedad.

Su coño está empapado, así que me recibe con una bienvenida paradisíaca.

Siento cómo su sexo se agranda alrededor de mí, y eso me hace gruñir de placer.

La follo como un animal. Me ciega el deseo por marcarla. Todo lo de mi alrededor desaparece. Solo está ella. Sus gemidos. Sus jadeos. Su piel.

Ella.

Ella.

Ella.

Me vuelve jodidamente loco.

—Este coño es mío. Mío para destrozar —dictamino con contundencia mientras le clavo los dedos en las caderas con tanta fuerza que sé que le dejará moretones.

Eso pretendo.

La embisto desde abajo con salvajismo, levantándola y dejándola caer con violencia sobre mi polla. Quiero más.

Ciego de instinto primitivo, saco el cuchillo que llevo en la funda sujeta al cinturón.

Sin dilación, le hago un corte limpio y profundo justo debajo de la clavícula.

La hoja rasga la piel con facilidad y la sangre le brota al momento.

Observo cómo chorrea deslizándose por su pecho.

Ella suelta un gemido con los ojos cerrados.

La follo con fuerza salvaje, levantándola y estrellándola contra mí mientras la sangre baja por sus tetas.

Sin poder aguantarme, lamo todo el recorrido del líquido rojo.

Cuando el hilillo se mete por sus pechos, bajo el filo del escote de su vestido hasta dejar sus tetas expuestas.

Comienzo desde el pezón y recojo todo en mi lengua hasta llegar al corte.

Taddeo suelta una risa enferma desde el asiento del conductor. Nos gusta. Disfrutamos con esto. La conexión que tenemos él y yo es tan grande que le cedo lo que más me importa. A Bella.

—Chúpale la polla, ahora —le ordeno.

Ella obedece entre gemidos. Se inclina hacia él sin salir de mí.

Abre la boca y se la mete hasta que le entra tan profundo que le dan arcadas.

Yo no paro de follarla. Dejo salir mi furia.

Le doy una palmada tan fuerte en el culo que se queda al instante la marca roja.

Luego otra. Y otra. Todo su cuerpo rojo. De sangre o de golpes. Pero ROJO.

Paso los dedos por la sangre del corte y la froto en el clítoris mientras sigo follándola como un demente.

—Joder, Bella. Eres una puta muy buena —gruño—. ¿Te gusta ser NUESTRA puta?

No puede contestar. Se está ahogando con su nuevo juguete.

Taddeo suelta un gemido ronco y le agarra la cabeza con ambas manos dejando el volante suelto por unos segundos.

La empuja hacia abajo con fiereza. Eso es, amigo mío.

Reviéntale la puta tráquea. A toda velocidad, por la carretera, le folla la garganta sin compasión.

Yo acelero mis movimientos, hundiéndome en ella hasta los huevos.

—¿Te gusta que te destrocemos? Pues esto no es nada, bella . Te abriremos el coño en canal. En cuanto paremos, la polla que te estás comiendo y la mía te atravesarán hasta la garganta. Juntas —aseguro.

Taddeo vuelve a coger el volante solo con una mano. Me inclino hacia ella, le muerdo el hombro con saña y tiro de su carne hacia mí hasta que la desgarro. Ella grita demostrando el dolor que ha sentido, pero su coño se contrae con fuerza; la noto correrse como la masoquista degenerada que es.

—Buena chica —le susurro al oído, y lamo la sangre de su piel—. Pero aún no hemos terminado.

Sigo como loco, cada embestida más violenta que la anterior, manchando todo el asiento de sangre y fluidos. Taddeo y yo nos miramos un segundo, los dos tenemos la misma sonrisa sádica.

Ella es nuestra. Y cuanto más sangra, más cachondos nos ponemos los tres.

La cabaña que tenemos ocupada para nuestras barbaries aparece en mi vista.

Está abandonada, la maleza la rodea escondiéndola de miradas ajenas.

Las enredaderas suben por la pared ocultando ventanas y fachada.

Perfecta para nuestro plan. Solo la hemos puesto un poco decente por dentro: un sofá, una cama y productos de higiene.

Poco más. No vamos a instalarnos aquí para siempre; solo serán unos días hasta que consigamos sacarle la información al mejicano.

Cojo a Bella del cabello y la obligo a retirarse de mi amigo. Ella se limpia el líquido preseminal de la boca con el dorso de la mano. Tiene los párpados caídos, las pupilas dilatadas, las mejillas coloradas y una pinta de zorra maníaca exquisita.

La voz desesperada de nuestra presa rompe el momento. Me cago en la puta. Se ha despertado. Mi polla lucha por no salirse, pero la saco contra su voluntad. Estamos cubiertos de sudor, fluidos y saliva. El coche huele a sexo y a adrenalina.

Tenemos toda la vida para destrozar a Bella. Ahora toca divertirse de otra forma. Se oyen los gritos ahogados desde el maletero y patadas contra el metal.

—Joder, ya está berreando el cabrón —suelta Taddeo con fastidio.

Bella sale del coche primero, luego yo. Ella se baja el vestido, que se le había subido a la cintura, y se sube la tela ocultando sus pechos.

Me la guardo en los pantalones, pero no me molesto ni en cerrar el botón.

Al recordar que ella no tiene ropa interior y su precioso coño está expuesto, mi miembro palpita.

Abro el maletero de un tirón. Los ojos de Damián se abren sobresaltados al verme.

—¿Qué chingados quieres de mí? Sabes que por esta pendejada romperán a tu madre, ¿no? —espeta el mejicano furioso.

Mierda. Se nos olvidó taparle la jodida boca para no escuchar tantas tonterías.

Lo agarro por el cuello con una sola mano. Mis dedos se hunden en su piel blanda, siento el pulso frenético recorriéndole. Lo saco sin esfuerzo y lo estrello contra el suelo. Cae gimiendo como un animal herido.

—Miradlo —anuncio riéndome, con la voz ronca de excitación—. Todavía cree que tiene alguna puta oportunidad.

Taddeo sale del coche y se ajusta la entrepierna. Seguido, lo levanta con la misma facilidad con la que yo lo he sacado. Lo arrastra hacia la puerta de la casa mientras el tipo patalea.

Miro a Bella, nuestros ojos se encuentran. La tensión es tal que casi se puede tocar. Sus pupilas están negras de deseo, de pura locura. Yo siento la misma voracidad subiéndome por la garganta, el sadismo puro mezclándose con la lujuria.

Doy un paso hacia ella. Ella da otro hacia mí.

—Lo de Taddeo es solo esta vez. No pienso compartirte ni una vez más.

Llevamos meses en esta mierda, buscando información, y tú y yo follamos, pero él se la menea solo — le explico para que no haya dudas—.

Es normal que él sienta atracción por ti.

Tienes un cuerpo hecho para el puto pecado.

Pero solo es eso. —La agarro de la barbilla para incidir en mi declaración—.

Solo sexo. Tu alma, tu ser, tu cuerpo, tus putos pensamientos, cada célula, TODO es solo mío. ¿Te ha quedado claro?

Ella traga con dificultad. No siente miedo, Bella nunca ha sentido eso; es placer. La excita que yo sea tan dominante. Tan posesivo.

Esta noche va a ser muy muy larga.

Y muy sangrienta.