Bestia (Mafia Italiana 3) CUARENTA Y CUATRO
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CUARENTA Y CUATRO

BELLA

E l motor del coche ruge. Taddeo pisa el acelerador con fuerza, esquiva vehículos en la carretera mientras nosotros, en el asiento de al lado, nos devoramos como animales enjaulados que por fin han olido la sangre.

Nuestro beso está lleno de posesión salvaje, brutal.

Nuestras bocas chocan con una violencia indescriptible.

Elio muerde mi labio inferior hasta que siento el sabor metálico de la sangre mezclándose con nuestra saliva.

Su lengua entra hasta el fondo como si quisiera conquistar cada rincón, con urgencia.

Jadeo contra él, sedienta, desesperada. Mis manos se clavan en su nuca para atraerlo más cerca.

Procuro no presionar más de la cuenta para no clavarle el filo de las cuchillas.

Mi cuerpo arde con una necesidad enfermiza.

De reojo, miro a Taddeo. Tiene una sonrisa ladeada en el rostro, cargada de doble intención.

Sus ojos se desvían del camino devorándonos con hambre.

Noto el bulto en sus pantalones. Mi mirada baja directamente a su polla, y él lo sabe.

No puedo evitarlo. Con lentitud, sin dejar de sonreír, se agarra la polla por encima de la tela, se la aprieta con fuerza.

No aparta la vista de nosotros. Nos está observando.

Mi beso con Elio se vuelve más sucio y más desesperado.

—¿Estás mojada por mí o por Taddeo, bella ? —pregunta Bestia en tono amenazante con una voz baja y ronca que me atraviesa como un cuchillo.

Mierda. Me ha pillado.

Su mano baja por mi cuello, aprieta para recordarme que podría estrangularme si quisiera; yo gimo dentro de su boca. Lejos de asustarme, lo que hace es excitarme más, pero no le respondo. ¿Sería capaz de matar a su amigo por celos? Lo ha hecho con todos los que me han mirado o tocado.

—¿Te pones caliente con Taddeo? —vuelve a insistir Elio en voz baja mientras sus dedos se clavaban en mi trasero—. Dime la verdad.

Sigo sin contestarle. Trago saliva con dificultad. Giro la cara hacia la ventanilla para apartar la vista mientras el corazón me late con fuerza. No sé si sería buena idea admitirlo, aunque me pone aún más saber que podría matar a su único amigo y compañero de vida por mí.

Joder.

Bestia suelta una risa oscura y mueve la cabeza haciendo un gesto rápido hacia su amigo. Taddeo se desabrocha el pantalón con una mano y saca su polla. Lo veo de soslayo, intentando que parezca que no me importa. Pero todo lo contrario.

Veo de reojo cómo es su miembro, grueso, un poco menos que la de Elio, creo. El capullo le brilla ya por el líquido. Se curva mientras la envuelve con su puño y empieza a masturbarse con lentitud y disfrutando del momento. El sonido húmedo de su mano subiendo y bajando impacta directo en mi vagina.

—Míralo —me ordena Elio con su voz ronca contra mi oído—. No apartes la mirada.

Sus dedos se hincan en mi barbilla; me obliga a observar a Taddeo. Intento zafarme y girar el rostro, pero sus dedos me aprietan con fuerza, clavándose en mi piel, y me la vuelve a poner en dirección a él.

—He dicho que mires —repite, más feroz—. Quiero que veas cómo se pajea pensando en ti.

Los ojos de Taddeo se encuentran con los míos. Sonríe con altivez y acelera el movimiento de su mano, haciendo que su polla gruesa se hinche aún más; el prepucio se mueve sin parar.

—Te gusta Taddeo, ¿eh? —insiste Bestia. Su mano baja entre mis piernas, roza mi coño empapado por encima de las bragas—. Dímelo. ¿Te pone cachonda verlo así? ¿Quieres probar su polla?

Aprieto los labios. Mi cuerpo me traiciona, estoy empapada. Cada movimiento de la mano de Taddeo me produce un éxtasis profundo. Siento que voy a explotar. Las piernas me tiemblan sobre el regazo de Elio, y él lo sabe. Puede sentir cómo me mojo contra su polla.

—Contéstame —gruñe mientras me aprieta las mejillas hincando sus dedos sin piedad—. ¿O quieres que le meta un tiro? Si me dices la verdad, quizás te lleves una sorpresa.

Mi respiración se vuelve entrecortada. Taddeo ha sido un apoyo fundamental. No puedo ni pensar en la posibilidad de que Elio lo mate.

De repente, pienso que si Taddeo está masturbándose a la vista de Elio es porque este ha dado su beneplácito. Si no, no lo estaría haciendo, ¿no? No sería tan tonto como para jugarse la vida por una simple paja.

Joder, no sé cuál es la puta respuesta correcta. ¿Espera que le diga que solo quiero follar con él?

Estoy al borde, cachonda hasta el punto del dolor; lucho con todas mis fuerzas para no derrumbarme y confesar lo que ambos ya saben de sobra.

Pero, Dios, es que apenas puedo pensar.

¿Y si pregunto para saber? No estaría afirmando nada. Aúno valentía para formar la pregunta.

—¿No decías que era tuya? Que nadie podía mirarme, tocarme… —me sale con un hilo de voz aunque haya intentado parecer segura de mí misma.

Me aprieta el trasero con fuerza y de ese manotazo pega mi cuerpo al suyo.

—Sin mi consentimiento, bella —acaba mi frase—. Y a Taddeo se lo consiento todo. Solo falta que te decidas tú —sentencia con un tono glacial que me pone los nervios de punta.

—Sí.

Me aprieta más hasta el punto que creo que me va a atravesar la carne del culo.

—Sí, ¿qué? —Pega mi rostro al suyo con una fuerza sobrehumana.

—Sí me gusta —suelto dejándome llevar.

Que sea lo que el diablo quiera. Estoy ya en el puto infierno.