Bestia (Mafia Italiana 3) TREINTA Y SIETE
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TREINTA Y SIETE

BESTIA

E s justo lo que sabía que sería; como yo o incluso más depravada aún.

Soy yo quien sigue sus retorcidos juegos.

Soy yo quien cuida de ella mientras se divierte.

No pude aceptar el peso de la verdad, y si soy sincero, aún me niego a pensar en ello.

Sin dilación, me dispuse a buscar a mi madre por cada rincón del país.

En aquella reunión me obligué a liberar a Bella, a desertar de ella, a volver a mi soledad.

Mi mente daba mil vueltas y me estaba volviendo más loco.

No soporto saber que soy hermano del puto Pantera.

Lo he odiado toda mi vida, he deseado su muerte con afán cada segundo.

Ese sentimiento no puede cambiar de la noche a la mañana.

Y que mi madre no sea Sofía… Ese fue el mayor golpe que recibí.

¿Llevo toda mi vida viviendo una mentira? De pensarlo me pongo enfermo.

Decidí apartar ese dato y centrarme en lo que se me da bien: la destrucción y la sangre.

Me encomié a ello y, para mi sorpresa, Bella cambió en segundos de actitud, de carácter, de valores.

En cuanto la vi caminar sin preocupación hacia mí en la entrada, supe que aquello que tanto había estado intentando contener había salido a la luz.

No puedo decir que no disfrute de ello. Ahora es más cruel, más brutal, más retorcida, y es quien lleva el mando. Taddeo y yo la adoramos y la veneramos a partes iguales.

Es una fiera en el sexo. No creo que nadie pueda estar a su altura jamás. Ahora me arrepiento de haber pensado por un momento en dejarla libre. Nunca más lo será.

Taddeo, al saber lo que viene, presta más atención. Lo dejamos quedarse. A ella le gusta gritar más cuando él la está viendo y a mí no me importa que lo haga. Los dos sabemos que es mía, y él es mi amigo y de los pocos en los que confío con mi vida.

Estoy de pie en el centro del almacén, con las piernas firmes, sujetándola por el culo con las dos manos. Ella está pegada a mi polla, rodeándome la cadera con sus piernas fuertes y su coño caliente y resbaladizo engullendo mi miembro hasta el fondo.

Justo detrás de ella cuelga Petar, suspendido por los pies, su cuerpo desnudo y tembloroso rozando la espalda de ella. Ella levanta los brazos hacia arriba, rodea las cadenas frías y oxidadas con sus manos para sujetarse fuerte y balancearse mientras yo la follo.

Empiezo a embestirla con una fuerza brutal, levantándola y dejándola caer sobre mi polla tan dura como un martillo. Cada golpe la hace rebotar contra el cuerpo de Petar.

Mi móvil suena. Le hago un gesto a Taddeo. Él viene hasta nosotros. Coge el aparato del bolsillo de mis pantalones y le da al altavoz.

—Necesito más tiempo —escucho a Iván, el segundo del líder búlgaro.

Bella grita extasiada por la embestida tan brutal que le acabo de meter.

—No hay más —gruño—. Hoy es el día de su muerte. ¿Cómo está el Sultán?

—Más fuerte —brama Bella fuera de sí.

Me presiona con sus muslos.

—¿Estás follando? —oigo a Iván.

—Sujétate bien, puta —ordeno a Bella.

Le dije a Iván que o me daba la ubicación de Sofía Barone o lo mataría, y solo tenía hasta esta noche.

No me conocen precisamente por ser benevolente.

Clavo el cuchillo grande sin piedad en la barriga de Petar.

Le rajo el abdomen de arriba abajo con un movimiento seco, abriéndole las entrañas.

El grito desgarrador que suelta es inhumano, un aullido largo y roto que llena la oscuridad.

Bella gime alto, excitada por el dolor ajeno, poniendo su oído hacia abajo para escucharlo mejor. Los intestinos calientes y húmedos de él se derraman sobre la espalda de ella.

—Ve buscando al niñito por si no lo has escuchado. Tienes una semana o el siguiente en morir es el crío —sentencia Taddeo en un tono aterrador.

Cuelga. Los tres sonreímos al sentirnos satisfechos.

Agarro un puñado de sus tripas todavía calientes, viscosas y sangrantes y las paso por encima de los hombros de Bella. Las enrollo dos veces alrededor de su cuello como una soga, apretando fuerte. La sangre tibia le chorrea por los pechos mientras yo tiro de la piel muerta para estrangularla.

La follo más salvaje ahora, levantándola por el culo y clavándola con violencia en mi polla.

Cada embestida hace que los intestinos se tensen más alrededor de su garganta.

Ella jadea con la respiración entrecortada; tiene la cara enrojecida, y los ojos vidriosos de placer.

Le falta el aire, pero no frena. Tira de las cadenas para sostenerse.

Su rostro y cuerpo son la viva imagen del terror.

—Sus tripas te ahogan mientras te parto el coño, zorra —le susurro.

Le muerdo el cuello con violencia. Ya no sé si es su sangre lo que sale o la del tipo. A Bella se le vuelven los ojos blancos de placer. Taddeo se pasea por nuestro alrededor sin parar de comer, como si estuviera viendo una película en el salón de su casa.

Tiro más fuerte de los intestinos enrollados en su cuello mientras la follo como un animal rabioso.

Su coño se contrae violentamente alrededor de mi polla por la asfixia y el placer sádico.

Se corre con un gemido que se escucha tan alto que vibra el almacén entero, está temblando, casi inconsciente, mientras yo sigo tirando de las tripas y embistiéndola sin parar.

Solo cuando noto que se le van las fuerzas la suelto un poco para que respire, pero no le dejo ni un segundo cuando vuelvo a apretar para correrme yo también, llenándola de mi semen mientras pienso en lo impresionante que es.

Está hecha para mí.

Hay días en los que olvido quién es el monstruo de esta historia.