Bestia (Mafia Italiana 3) TREINTA Y CUATRO
60%

TREINTA Y CUATRO

BELLA

E lio me echa una mirada de advertencia antes de abrir la puerta que da al salón principal.

Mis ojos se abren cuando veo a Maia. No la esperaba.

Esto es un suicidio para ella. Su sonrisa se agranda llena de felicidad.

Vito, a su lado, asiente orgulloso de mí.

Detrás, mi padre tiene la expresión llena por completo de preocupación y miedo.

Sus ojos recorren todo mi cuerpo para ver en qué estado me encuentro.

Aquí no hay guardias, ni siquiera Baloo. Solo Cara, que no me parece bien que esté presente, Ciro y ahora Elio y yo. Y bueno, Rosi sirviendo bebidas.

—Hija… —mi padre se abre hueco entre todos y viene hasta mí a paso acelerado.

Frunzo los labios ahogando el sentimiento de añoranza que me carcome. Voy a dar un paso cuando Elio tira de mi muñeca para que no me mueva. Lo fulmino con la mirada. Él arquea una ceja a modo de advertencia.

ME. IMPORTA. UNA. MIERDA. TU. PUTA. ORDEN.

Giro mi mano hasta dar con un hueco para deshacerme de su agarre. Avanzo hasta que me encuentro con los brazos de mi padre.

— La mia bambina [5] , me tenías muy preocupado —susurra él en mi oído mientras me aplasta con sus brazos dejando salir todo su cariño.

—Estoy… bien —miento. No quiero meter en un problema a Cara—. Me han tratado con respeto y han cuidado de mí.

Esas palabras me queman en la garganta y casi me sale un sollozo.

Vito se acerca para abrazarme él también.

Elio a mi espalda gruñe ante el gesto. Lo ignoro.

Vito no. Él le lanza una mirada llena de amenazas.

Luego, Maia es la que se acerca y me acaricia el cabello antes de darme besos por toda la mejilla, siendo tan dulce conmigo como siempre.

Me recuerda a Cara, aunque esta última tiene menos carácter y una ternura tan grande que no parece pertenecer al mundo de la mafia.

Maia, sin embargo, aunque conmigo sea un cielo, siempre ha mostrado fuerza, orgullo y una determinación digna de la mafia.

He entrenado muchos días con ella en los alrededores de la cabaña cuando he venido estos últimos meses de visita algunos fines de semana a casa.

Siempre le ganaba, porque yo llevo toda la vida con técnica y ella está aprendiendo ahora, pero estoy segura de que llegará a ser muy buena en ello. Su voluntad es de acero.

—Ya está bien de tantas tonterías.

Elio tira de mi brazo para apartarme de mi familia. Mi padre da un paso. Veo en su expresión que quiere asesinarlo.

—Ni se te ocurra ponerle una mano encima —lo amenaza Gepetto. Seguido, se gira hacia Ciro—. ¿Se puede saber qué es eso que lleva en el cuello? Me dijiste que estaba herida por el ataque de Santoro, pero…

El rostro de Ciro se queda pálido. Está avergonzado. Yo sé que a él tampoco le gusta lo que me hace Elio, pero es que su puto hermano es insoportable.

—Eso te lo explico yo. Es un collar explosivo, y si me sale del nabo, la hago explotar a ella y a todos vosotros. ¡BOOM! —grita Bestia con gesto exagerado como el maníaco que es—. Así que si alguien intenta separarla de mí, hoy cenará con sus antepasados.

Una carcajada macabra resuena por toda la habitación.

Mi familia se queda impactada, asimilando sus palabras. El primer gesto lo hace Vito, que da un paso listo para matarlo. Antes de que suceda nada, giro sobre mis pies y lanzo un gancho haciendo que impacte justo en la mandíbula del puto loco.

—Para que veáis que puedo defenderme. Este imbécil no me ha hecho nada. Podéis quedaros tranquilos —aseguro con firmeza.

Antes muerta que ser un lastre para mi familia.

A Elio se le instala un leve temblor en el ojo, conteniendo una furia abrasadora. Tal como esperaba, me coge del pelo y me tira hacia atrás para pegarme mi rostro al suyo enfurecido.

—Elio, basta —ordena su hermano viniendo hasta nosotros.

—Mala chica —murmura con un tono apabullante en mi oído.

—Y más mala que voy a ser —asevero con una sonrisa de prepotencia.

Me giro sobre mi misma poniendo una mano sobre la suya en mi cabello para sujetarlo y no hacerme daño; con el otro brazo le doy un puñetazo que lo hace recular. Esto hace que le salga un hilillo de sangre por la nariz. Le saco el dedo corazón y le sonrío con vacile.

Bestia hace el ademán de lanzarse hacia mí, pero Vito se pone delante cortándome la visión. Ciro también se interpone entre los dos empujando el pecho de su hermano para alejarlo.

—Vamos a sentarnos. Esto es una locura —pide Cara resoplando.

Todos vamos a los sofás enfrentados. En la izquierda se sientan Elio, Ciro y Cara. En el de la derecha, Maia, Vito y mi padre.

Todos se fulminan con la mirada unos a otros, incluso Maia participa en ese desafío; juraría que no está pensando nada bueno sobre Bestia. Cara, sin embargo, se muerde el labio inferior y su pierna da golpecitos mostrando lo preocupada y nerviosa que está.

Yo no elijo. Necesito espacio y perspectiva, así que me siento en la butaca que hay en medio de los dos.

—Me prometiste que estaba a salvo —es Gepetto quien se dirige a Ciro—. Mírala, magullada y tratada como si fuera uno de nuestros enemigos —señala mi padre el collar de mi cuello.

—Te juro, Gepetto, que ha estado bien. Eso es un detalle sin importancia. Elio se deshará de él ahora mismo —afirma Lobo decidido.

¿Sin importancia? Él sabe lo mal que lo he pasado. Aparte de haberlo visto, sé que Cara también ha hablado con él. Entiendo que al ser su hermano quiera defenderlo, pero ¿a costa de qué? ¿De minimizar mis sentimientos? Mi pecho se encoge. Me invade una decepción difícil de evitar.

Bestia se ríe y niega con la cabeza. No me quita ojo. Bajo la barbilla; no puedo hacerle frente por la decepción que me acabo de llevar por las palabras de Ciro.

—Es mi juguete favorito y así se quedará —insiste Elio en tono divertido.

Vito hace el ademán de levantarse, Maia lo frena y junta sus manos para calmarlo.

Esto no va a acabar bien. No sé por qué quise hacerlo. Tendría que haberme escapado y ya. No montar este circo que terminará con una maldita bala en la frente de alguno.

—Os prometo que entrará en razón —declara Ciro en tono firme. Luego mira con reproche a su hermano.

—No puedo fiarme de tu palabra. Tienes a un puto depravado al lado. Que desaparezca de mi vista si no quieres que nuestra tregua acabe aquí. No se merece ni un poco de compasión —dispone Gepetto hacia Ciro.

—Es mi hermano, y por mucho que digas que eres mi padre, él siempre irá por delante de cualquiera. Y sí, se equivoca, es un jodido bruto, pero es MI hermano, repito. Y no se va porque es mi Sottocapo —difiere Lobo.

—Tu hermana también es Bella y has dejado que la maltrate. ¿Qué crees que dice eso de ti como persona? ¿Así tratas a tu familia? —sigue Gepetto arremetiendo.

—Bella está bien, joder. No la he visto muy agobiada cuando la escuchaba… —de repente se calla.

NO.

Que no diga que hemos tenido relaciones sexuales. ¿Para excusar a su hermano me pondrá a mí de mala?

—No seas cínico, Ciro. No he estado bien.

Sabes la de cosas que me ha hecho este monstruo —señalo a su hermano, que está relamiéndose los labios como si no fuera con él—.

No esperaba que me dieras la espalda de esta forma.

En el avión juraste protegerme. Es verdad lo que dice mi padre, no tienes palabra —escupo con rabia contenida.

Cara coge de la mano a su pareja. Lobo está inquieto y creo que avergonzado, así que baja la barbilla evitando mis ojos. Sabe que está metiendo la pata. No lo siento, no permitiré que me deje de lo que no soy.

Elio sigue con sus ojos puestos en mí como si yo fuera un jodido manjar apetecible. Está con la espalda y un brazo apoyados en el respaldo, con la actitud muy segura y tranquila.

—Bella se viene con nosotros. Haya pasado lo que haya pasado, ya se acabó. Es hora de que vuelva a casa —se levanta Maia dispuesta a acabar con la discusión.

—Si la tocas, estás muerta —amenaza Bestia en un susurro escalofriante.

No le ha hecho falta alzar la voz para que todos lo hayamos escuchado. Pantera se levanta y echa hacia atrás a su mujer.

—¿A quién vas a matar tú, hijo de puta? —amenaza, y avanza hacia él sacando pecho y con determinación.

—A lo mejor la puta es tu madre y no la mía. Yo sé quién es mi madre, ¿Tú sabes quién es la tuya? —se ríe Bestia, y el sonido es tan retorcido que un escalofrío me recorre la espalda.

Qué golpe más bajo. Él es así, tan despiadado, tan cruel…

Vito saca el arma de la espalda y le apunta con una rabia descomunal.

—Por encima de mi cadáver.

Ciro se pone delante de su hermano. Pega la frente al arma.

Vito no tiembla ni duda. Ciro tampoco. Maia, con el rostro pálido, agarra el brazo de Pantera para que pare.

A Cara se le escucha un sollozo. Gepetto está muy atento, pero no frena a nadie.

Si de verdad Ciro es su hijo, ¿estaría dispuesto a verlo morir? ¿Por qué? ¿Por mí?

El cañón del arma permanece inmóvil, apoyado contra el entrecejo, y el tiempo deja de existir. Nadie respira. Nadie se atreve siquiera a pestañear. El aire es tan denso que resulta imposible llenarse los pulmones.

Vito no aparta el arma. Ciro tampoco se mueve. Se sostienen la mirada con una calma insoportable, una que me hace dudar de quién tiene realmente el control. Un solo gesto. Eso es todo lo que separa este instante de un desastre imposible de deshacer.

Siento el corazón martilleándome las costillas tan fuerte que estoy convencida de que todos pueden oírlo. El sudor me resbala por la nuca y la mandíbula me duele de apretarla. Mis músculos arden por mantenerse tensos, preparados para reaccionar ante cualquier movimiento.

Todos parecen atrapados en la misma espera enfermiza, pendientes de quién cederá primero. Lo peor es la incertidumbre. No saber si el siguiente latido traerá alivio o hará saltar todo por los aires.

Piiiiiiiiiiiiiiii.

De repente el sonido de mi collar se hace estridente y llama la atención de los asistentes. Todos giramos la cabeza hacia Elio, quien se levanta con seguridad y alza su móvil.

—Todo lo que hacéis es malgastar palabras cuando aquí nunca habéis tenido poder de decisión.

Bella es MÍA y nunca se irá de mi lado. —Hace una pausa con una sonrisa retorcida—.

Puedes hacerte la inocente, pero los gemidos que salen de tu boca cuando te follo no mienten, ¿verdad, zorra?

—el frío de su tono me encoge el estómago.

Mi padre saca su arma y apunta a Bestia con un odio profundo reflejado en su expresión.

—Saluda a Pierino en el infierno de mi parte y dile que su puto hijo depravado lo acompañará hasta la eternidad. Firmado, el Don.

A punto de apretar el gatillo y mi corazón bombeando adrenalina de forma acelerada, Cara se interpone entre el arma y Elio.

—¡NO! —grita—. Tenéis que calmaros. Hay mucho más detrás de todo esto. Y juro que os lo contaré si bajáis las armas.

Frunzo el entrecejo. Creo que me tiemblan las piernas por la maldita intensidad de la situación.

—Quizá tengas a tu hermano más cerca de lo que crees —se dirige Cara a Pantera.

¡¿QUÉ?!