Bestia (Mafia Italiana 3) TREINTA
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TREINTA

BESTIA

M is manos sujetan su amoratado cuerpo antes de que golpee el suelo. Siento tanta rabia que me arde todo el cuerpo. Verla tan destrozada me quiebra el corazón.

¡Joder!

Estaba tan furioso con ella por retarme que pensé hasta por un momento darle una buena lección, y ahora está tan débil que ojalá pudiera volver al pasado y verla entera, fuerte, decidida. Desafiándome con esa firmeza que me encanta y me desarma.

—Dios mío… Dime que no está… —suplica Cara con un hilo de voz arrodillándose a mi lado.

—Se pondrá bien —digo en voz alta.

No estoy seguro; las heridas son profundas y ha perdido mucha sangre, pero no quiero ni pensar en perderla. A Cara no debo decirle la verdad. Está embarazada y más disgustos podrían desembocar en un resultado que todos lloraríamos.

Ciro viene ya de camino. Lo avisaron en cuanto supe lo que pasaba y di la orden de que me siguieran.

Vi a esa zorra acercarse por detrás y no me dio tiempo de avisarla.

Estoy orgulloso de que Bella se pusiera alerta al instante y actuara.

Ha sido muy valiente, ha podido con dos mujeres entrenadas ella sola.

Por cómo se había defendido conmigo sabía que tenía conceptos básicos de pelea, pero esto lo supera. Está muy bien entrenada.

—Llamad a Rosi y que le prepare algún tranquilizante —me refiero a Cara—. Y que vengan cuanto antes Aurora y Mattia.

Le doy un beso en la frente a Cara. Ella me importa, mucho, pero ahora mismo Bella es lo primero.

Me levanto con mi chica en brazos. Camino con ella hasta mi habitación.

Va dejando un reguero de sangre. He visto cortes y heridas peores.

Es verdad que es muy grave, pero tengo la esperanza de que se cure.

Ciro estuvo a punto de morir, tenía muy pocas posibilidades, y aun así aquí está.

Mattia es un genio y podrá solucionarlo.

La dejo sobre mis sábanas con cuidado. Retiro los mechones pegados a su rostro. Ya en privado, le abro el albornoz y observo los cortes. Frunzo el ceño. Me levanto para coger el botiquín que hay en un cajón de una de las cómodas.

Presiono con gasas y envuelvo con vendas las dos heridas. Quiero contener la sangre todo lo que pueda hasta que llegue la ayuda. Mis ojos vuelan hasta sus preciosas tetas. Luego bajan por su abdomen hasta el coño. Siempre lo ha tenido depilado. Me relamo y no aguanto las ganas de tocarlo.

Introduzco un dedo en su vagina. No hace falta mucho para que su cuerpo actúe ante mí. Se moja al momento. Hasta su subconsciente me adora. Fricciono con suavidad esperando ver alguna reacción por su parte. Espero que se despierte y se lance hacia mi polla de cabeza.

Pero no ocurre, no se mueve. Está demasiado débil.

Aun así eso no me frena. Me tiene tan obsesionado que no puedo evitarlo. Me pongo de pie y comienzo a masajear mi polla. Me la zumbo cada vez más rápido viendo su increíble cuerpo. Sus labios hincados de los golpes me provocan.

Pienso en lo cerca que ha estado de la muerte y lo que me hubiera dolido perderla.

La quiero conmigo para toda la vida. Me masajeo el capullo con movimientos circulares.

Se me está ablandando de sentir inquietud por un resultado que no ha sido.

Así que paseo la punta por sus labios, dejo mi líquido preseminal sobre ellos.

Gruño sintiendo una excitación imparable.

Ha luchado con fiereza, ha defendido su territorio como una verdadera guerrera. Es digna de ser admirada y venerada. Muevo mi mano con más rapidez, más brutal, más salvaje.

Han mancillado su cuerpo. Han tocado lo mío.

Han dejado sus putas huellas por él y no puedo hacer nada al respecto.

Ese pensamiento me pone furioso y hace que me pajee con más fuerza.

Odio que haya pasado esto. He matado a las que lo han hecho, pero no me siento satisfecho.

Ella tiene que volver a estar llena de mí, que sepa a quién pertenece.

Me encargaré de hacérselo saber a partir de ahora a todo el que no lo sepa.

Recibo oleadas de placer indicándome que mi polla está a punto de estallar. Solo quiero marcarla. Me niego a seguir dejando libre su cuerpo lleno de otros que no son yo. Esas dos putas me la han arrebatado, pero lo solucionaré.

Me pongo de rodillas sobre el colchón. Le abro las piernas, poniéndolas sobre mis hombros para tener mejor entrada. Agarro mi gruesa y palpitante polla para introducirla en su centro. Está mojada, y eso me permite embestirla sin dificultad. La follo con una bestialidad de otro mundo.

“Mía”.

“Mía”.

“Mía”.

Hasta que exploto en su interior consiguiendo mi objetivo: llenarla tanto de mí que se desborde. Que cada célula de ella sepa a quién pertenece.

Imagino mi semen impregnando cada rincón, campando a sus anchas por su interior, recordándole a cada parte de ella que es él el dueño y que le debe sumisión.

Querrá matarme cuando se despierte. Y me divertiré con ella. No solo he vuelto a reclamar lo mío, sino que la he castigado por todos los desafíos que me ha presentado.

Nunca podrás superarme Bella.

Te dominaré.

Te someteré.

Hasta que comprendas dónde te has metido y qué puta clase de bestia soy.