Bestia (Mafia Italiana 3) VEINTICUATRO
43%

VEINTICUATRO

BESTIA

N o puedo dejar de observar sus carnosos labios entreabiertos. Su respiración es lenta y profunda. No tengo ni idea de cómo le gusta dormir, pero parece que no le incomoda esta posición. O es que está tan cansada que ni su cuerpo responde. Prefiero pensar que es la primera opción.

Nunca había dormido con nadie. Nunca. Me emborracho, me meto dos rayas y suelo dormir como un crío.

Hoy no ha sido así. No me ha hecho falta ninguna sustancia para hacerlo.

Me quedé dormido mientras acariciaba su espalda y ella ronroneaba en voz bajita por el gusto que le producía. Y… me ha gustado. Demasiado.

Resoplo con cuidado de no despertarla. La muevo hacia un lado, poco a poco, dejándola sobre el colchón.

Ella ni se ha inmutado. Veo la hora en el móvil.

Es más temprano de lo que suelo despertarme, pero me quema la cama.

O quizá es su presencia. O simplemente soy yo, que sentir otra cosa que no sea violencia me abruma, me asfixia.

Pongo la aplicación y me cercioro de que está desactivada la distancia de los explosivos.

Ayer lo hice justo en el último momento, antes de que saltara hacia mí.

No tenía un metro ni centímetros cuando rozaba sus pechos conmigo, pero eso ella no lo sabe.

Me encanta verla al límite. Me gusta verla enfadada.

Que saque su carácter me pone muy cachondo.

Decidí que no la mataría, y eso hago. Juego con ella y parece que no me importa, pero controlo los tiempos, las reacciones y las acciones lo necesario para que no ocurra ningún imprevisto.

No puedo sacarla de mi vida. Me desquicia su forma de ser, de contonearse. Incluso sus insultos. Me entran tantas ganas de comérmela que es inimaginable darle la libertad.

Me tiene obsesionado.

Sacudo la cabeza al dejar de observarla.

Tengo que poner en orden mis ideas. Me levanto despacio de la cama.

Entro al baño a orinar y darme una ducha.

Siento el impulso miles de veces de despertarla y follarla, pero me contengo.

Como dije, quiero que sea ella la que me reclame.

Quiero que se arrastre y sea la que me suplique.

Y lo hará.

Una vez que estoy preparado y listo, bajo a la cocina. Por el camino, le envío un mensaje a Taddeo.

“En la cocina. YA”.

La casa aún no tiene movimiento, solo los hombres a los que les ha tocado trabajar en la guardia nocturna van paseando por los pasillos. Igual que los tenemos por el perímetro, también están por el interior. Toda precaución es poca, aunque nunca se han atrevido a atacarnos en nuestro territorio.

—Joder, tío. Ni dormir me dejas. ¿Qué coño te pasa?

Mi amigo entra por la puerta con los ojos hinchados aún sin haberse despertado del todo.

Cojo de la nevera un bote de zumo. Bebo del cartón sin usar un vaso.

¿Qué le digo? ¿Que no sé por qué no puedo parar de pensar en Bella?

¿Que me estoy volviendo demasiado tolerante con ella?

¿Que es la única chica que me está produciendo un sentimiento que no conozco y me asusta? ¿Que no sé cómo calificarlo?

No.

—Estoy rayado —decido explicar al final.

Eso embarca todo y no me hace débil. Creo.

—¿Por Bella? —Se sienta en un taburete mientras se acomoda el cabello, que lo tenía apelmazado por la almohada.

Le lanzo una mirada sin contestar con palabras para corroborar mi afirmación. No quiero ni reconocerlo en voz alta.

Cojo pan, un poco de fiambre y verduras para dejarlo todo encima de la isla y hacernos el desayuno. De soslayo, me doy cuenta de que la cafetera está encendida y hay café preparado. Además su olor inunda el ambiente. Yo no soy de tomarlo. No me gusta. Alguien ha madrugado más que yo.

—Tío, he visto cómo os miráis, cómo os tocáis. Y parece más una relación que un juego —confirma para mi desgracia.

Él se abre dos rebanadas y las llena de lechuga, tomate y pepino. Yo, en cambio, le pongo solo tomate y jamón york, como siempre. Pongo el bote de zumo en medio de los dos.

—No es una maldita relación —debato.

Sin darnos cuenta, ya nos hemos comido más de la mitad. Siempre nos despertamos famélicos.

—Pues no lo parece. —Él se gira hacia mí cuando me ve hacer una mueca—. ¿Cuál es el fin? —se interesa mirándome con curiosidad y atención.

Joder.

No lo había pensado ni quiero hacerlo. Siempre vivo el presente, sin pensar en el futuro o en consecuencias.

—¿Fin? No hay ningún fin. Ella se quedará a mi lado para siempre —aseguro dando el último bocado.

—¿Ves? Una relación —afirma con una sonrisa burlona al terminar su desayuno.

—No lo es —respondo pensativo.

Le doy un trago al cartón de zumo. Se lo paso y él también bebe.

Sería una relación si ella quisiera estar conmigo.

Pierino maltrataba a mi madre, Santoro también y, sin embargo, ella se quedó al lado de ellos, incondicional.

Eso es amor. Bella no quiere quedarse, así que no es una jodida relación.

Sin embargo, lo que Ciro tiene con Cara es…

especial. No hay golpes ni insultos ni nada de abuso.

Pero en ellos no puedo centrarme porque lo suyo es lo inusual.

Nunca encontraría ese tipo de amor. Tampoco lo quiero. Sería muy aburrido, ¿no?

Quizá sí es lo que busca Bella. A lo mejor, ella sí quiere una vida tranquila y llena de paz y por eso me odia.

Me cuesta pensar que eso sea cierto, porque he conseguido entrar en lo más profundo de ella.

Sé que le excita el dolor, la sangre, lo anormal.

Así no actuaría una persona racional que quiere una vida aburrida.

El brillo y la emoción que he visto en sus ojos al hacer cosas horribles delante de ella la delatan.

Otra persona ya se habría escandalizado cientos de veces.

Por eso me niego a aceptar que no busca lo mismo que yo.

Es solo que lo nuestro no tiene etiqueta.

¿Por qué habría que ponérsela?

Me estoy poniendo demasiado melancólico, joder. Me estoy encariñando, y eso no puede ser.

—Solo espero que sepas lo que haces. Nunca te he visto así de obsesionado por una tía —pronuncia Taddeo levantándose para guardar los restos que han sobrado.

Seguido, coge una bolsa de galletas saladas y la coloca en la encimera.

Me pone una mano en el hombro antes de sentarse de nuevo—.

Sabes que pase lo que pase, hasta la muerte, hermano.

De eso no tengo duda. Por mucho que me frene cuando lo ordena Ciro, por mucho que parezca que él no está de mi parte, siempre lo está.

Solo que hay que seguir la cadena de mando.

Lo hace porque me descontrolo y él es de los pocos que pueden sobrellevarme.

Mi hermano también, pero últimamente me está jodiendo demasiado mirando tanto por el bien de Bella.

Lo entiendo. Siempre ha sido justo y benevolente, por eso es el Don. Pero está siendo un grano en el culo. Aun así, eso no quita que, aunque me enfrente a él, siga siendo de las pocas personas a las que quiero y protegería con mi vida.

—Se acabó la tregua. Demasiado sentimentalismo por hoy. Esto es una mierda. Vamos a divertirnos.

Saco el móvil y lo balanceo en el aire con la aplicación puesta.

—Tío, eres de lo que no hay —añade Taddeo con una risa divertida.

Entrecierro los ojos imaginando cuál será su reacción. Me muero por verla enfadada de nuevo, perdiendo los estribos y queriendo matarme.

Activo el collar dándole los metros de distancia y poniendo en la pantalla su ubicación en tiempo real.

Veo que se mueve al instante. Juego con el límite para que no llegue nunca a explotar, pero eso ella no lo sabe.

Estará muerta de ansiedad pensando en lo capullo que soy y en que va a morir pronto.

La casa, que estaba en silencio, de repente se vuelve un campo de batalla. Sus pasos pesados y nerviosos se escuchan por toda la primera planta. Oigo portazos, su voz desesperada… Miro a Taddeo y nos echamos a reír.

Nos ponemos de pie, pegando nuestras espaldas a los muebles para ver su rostro mejor y prepararnos para cualquier cosa. Ella es imprevisible como yo. No tengo ni idea de lo que puede llegar a hacer.

Y eso me obsesiona más aún.