Bestia (Mafia Italiana 3) SIETE
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SIETE

BELLA

N o tengo idea de cuánto tiempo ha pasado. Cerré los ojos cuando ya no pude soportarlo más.

Pantera me llevó con él a algunos ajustes de cuentas de niña.

He visto cómo mataba, mutilaba y torturaba.

Yo también lo hice a mi corta edad. Incluso maté a mi primer hombre a los once años.

Por eso mi estómago está aguantando. Pero eso no quiere decir que lo vea normal o bien.

Es más, huí de Roma y de la mafia por una razón, y ahora ese problema lucha por volver.

Estoy intentando aguantarlo en una jaula al fondo de mi pecho, pero no sé cuánto tiempo podré seguir conteniéndome.

¿En serio ha matado a un chico solo por mirarme?

Bueno, según él, solo estaba inconsciente.

Me extraña que vaya a darle la libertad sin más.

Y Mike… Él era un inútil, un niño de papá con la vida resuelta y el ego por las nubes, pero no se merecía nada de esto.

Qué lástima. Mi pecho se aprieta al recordar su expresión suplicante y sus ojos llenos de pánico.

Mis muñecas están llenas de moratones y sangre seca.

He intentado soltarme tantas veces que he perdido la cuenta.

Está tan apretado que es imposible. La cuerda podía aflojarla con la fricción, pero con este metal no he conseguido ni un solo avance.

Tengo el culo adormecido de las horas que llevo en la misma posición.

En algún momento me quedé dormida, eché la cabeza hacia atrás y, como no quería ver esos ojos ensangrentados, me quedé en esa posición hasta que el cansancio me venció.

He despertado hace poco; la luz del sol se filtra por algunas rendijas, aunque la mayor parte del almacén sigue sumido en la oscuridad.

La bombilla a veces hace algún ruido. No parece que esté en óptimas condiciones y ha hecho el ademán varias veces de querer apagarse.

La locura es el peor enemigo en estos casos; si la controlas, ya has ganado parte de la partida. Es normal sentirla, lo que no puede es hacerse cargo del cuerpo, de la situación. Hay que mantenerla a raya.

No pienso en cuánto tiempo estaré aquí. No pienso en mañana ni en la posibilidad de que nadie venga. Mi cerebro intenta correr hacia los peores escenarios y yo lo obligo a volver a este instante, a esta habitación, a esta respiración.

Empiezo a crear rutinas. Las personas no pierden la cabeza por estar solas, lo hacen cuando dejan de tener una organización.

Así que mido la distancia de la habitación.

Repaso mentalmente libros que he leído. Recuerdo los nombres de mis profesores.

Recreo conversaciones enteras. Cualquier cosa que me mantenga la mente ocupada.

Hago un informe de todo lo que sé sobre La Cosa Nostra.

Sé que Pierino murió y alguien se hizo cargo de la organización.

Al parecer, esa persona se quedó en un segundo plano cuando Lobo cogió las riendas.

Él y Elio han sido el dolor de cabeza de La Camorra.

Mi padre no los ataca, solo se defiende de sus intentos de ofensiva.

Sofia y Jasmine tengo entendido que no son malas personas, solo los familiares, y viven esa vida por consecuencia, como yo.

Algunos rumores cuentan que Lobo se hizo con el poder a base de un golpe de estado, con mano dura, que traicionó a alguien que lo ayudó mucho en su momento.

Me lo creo aunque no esté confirmado. Es tan despiadado como para eso y más.

Después busco elementos del almacén, lo analizo, cada rincón. Sigo respirando y pensando con claridad. Saldré de esta. No sé cómo ni cuándo, pero lo haré.

No puedo perder la cabeza.

La puerta se abre de repente y mis pensamientos se esfuman. Aúno fuerzas y valentía para la siguiente ronda.

Aquí está.

Su imponente forma de caminar me confirma que es él. En sus movimientos deja ver su maldita seguridad, la arrogancia y la chulería que son características de él.

— Bella —susurra avanzando hacia mí.

Preciosa.

Odio que utilice mi nombre como apodo. Odio su voz grave e intimidante. Odio esa mirada cargada de intenciones. Odio todo de él. TODO.

—¿Cómo te ha tratado mi amigo? —pregunta Taddeo a su lado señalando a los ojos que dejaron enfrente de mí.

Siempre me he sentido cómoda con el humor negro, cosa que nadie a mi alrededor entendía, pero creo que ahora mismo, hasta esa parte de mí está escandalizada.

—Abre la boca —ordena Elio a mi lado con calma.

Lo fulmino con la mirada. No pienso obedecer en nada.

Bestia sonríe de forma amenazante sin perder esa puta tranquilidad.

Me agarra el pelo para tirar de mi cabeza hacia atrás y pegar su boca a mi mejilla.

Me olfatea como un maldito animal. Estoy tratando con un loco. Está completamente pirado de la cabeza.

Me suelta de repente.

Le hace un gesto a Taddeo. Este se acerca con una botella de agua.

Me tapona la nariz con una mano y aguanto la respiración.

No quiero ceder. No. Mi pecho se queda quieto.

Mi mente me dice que respire, que entreabra los labios, pero no lo hago.

Me mantengo así minutos, lo que me parecen horas eternas.

—Tiene aguante la niña mimada —anuncia Taddeo en tono déspota.

La vista se me nubla. No voy a ceder. Si tengo que desmayarme, lo haré. Si este es mi final, también lo acepto. No voy a ceder. Todo el cuerpo me hormiguea. No voy a ceder. Pierdo fuerzas. Los párpados me pesan. No voy a ceder.

Hasta que involuntariamente, mis labios se abren. Es una maldita reacción de supervivencia del cuerpo. Él ha cedido, aunque mi mente sigue sin hacerlo.

Taddeo me obliga a tragar agua. Hago un gesto para escupirla, pero Elio me agarra de la barbilla y me la sostiene hacia arriba para que no pueda hacerlo. Lucho por no atragantarme con el líquido.

Me sueltan cuando me han hecho tragar hasta media botella. Bueno, la necesitaba. Lo único que no quería es que parezca que obedezco, que no crean que me han sometido. Con eso me vale.

—Voy a llamar a tu padre. Le dirás que te tenemos, que o suelta a Sofia o no habrá una próxima llamada —explica Bestia con tono serio y amenazante.

Ya no hay sonrisas de diversión ni expresión vacilante. Esto le afecta. Así que mi padre ha secuestrado a su madre. No lo veo haciendo algo así sin un motivo de peso. Me falta información, pero confío en él con mi vida y sé que, si lo ha hecho, es porque tenía que hacerlo.

No le contesto a mi opresor. No quiero darle pistas sobre mis verdaderas intenciones.

Él saca mi móvil de su bolsillo. Lo enciende. Mi pecho se acelera al pensar que escucharé a mi padre. Puede que sea la última vez que lo haga ya que es imposible saber cómo acabará esto.

Suenan dos tonos hasta que al fin lo coge. Está en altavoz.

—¡BELLA! —exclama mi papá, muy preocupado.

Mis ojos se llenan de lágrimas. Las aguanto. No quiero darles el placer a estos monstruos de verme rota.

—Gepetto, qué placer escuchar tu voz —se burla Elio con una gran sonrisa.

—Maldito hijo… —comienza a decir mi padre.

Elio lo corta.

—Es fácil. Bella por Sofia. De momento está viva; no puedo prometerte que siga así dentro de unas horas —declara con una frialdad escalofriante.

—¡Suéltala! No tengo a Sofia. ¿No has hablado con Ciro? Él te explicará lo que está pasando. Yo no sé donde está, pero lo… —explica nervioso a través de mi móvil.

Bestia no lo deja acabar.

—Me importan una mierda tus malditas excusas.

Dentro de un rato encenderé el móvil. Si Ciro no me confirma que mi madre está en casa, destrozaré a Bella de formas que no te puedes ni imaginar, Gepetto —advierte muy serio y decidido.

Su tono me produce escalofríos. Me agarra del pelo para tirar de mi cabeza hacia atrás.

Pega su mejilla a la mía y acerca el móvil a nuestras bocas—.

Vamos, dile a tu papi lo que pienso hacer contigo.

Veo de reojo cómo sonríe. Cree que me voy a derrumbar, que diré lo que ha hecho con Mike y el otro chico, que confirmaré sus atrocidades para alimentar el miedo de mi padre. Pero está equivocado. No pienso hacerlo.

—Papá —mi voz sale casi inaudible. Aúno fuerzas para hablar cerrando los ojos un segundo. Al abrirlos, estoy preparada—, no le hagas caso. No podrá conmigo. Mata a Sofia y a todo el que puedas. ¡Que te jodan, hijo de puta! —La última frase la grito a todo pulmón dirigiéndome a mi captor.

Para mi sorpresa, Elio no se enfada. Su sonrisa se agranda y me gira el rostro para que quedemos pegados. Sus labios rozan los míos. Sus ojos me atrapan con intensidad.

—¡BELLA! —escucho a mi padre desesperado.

—Me lo estoy pasando muy bien, Gepetto. Ya sabes lo que eso significa.

Cuelga sin apartarme la mirada.

Mi respiración está acelerada por todo lo que he gritado. He derrochado mucha energía, una que es vital que sepa controlar y regular si quiero vivir. Pero me he dejado llevar por la rabia y no he podido evitarlo.

—Eres un espectáculo, bella , en todos los aspectos —murmura Elio observándome con intensidad.

Juraría que es un halago de verdad, que no es el típico comentario vacilón, pero con él, que es tan imprevisible, no sé qué pensar.

Él aparta la vista y se encamina con Taddeo hacia la salida, pero para mi asombro, no se va con él. A los segundos, vuelve a mi posición sin su perrito. Está solo. Pone una silla justo enfrente de mí y me doy cuenta de que lleva una rosa en la mano.

¿Cuál será su próximo movimiento?