Bestia (Mafia Italiana 3) SEIS
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SEIS

BELLA

L os dos chicos tiemblan frente a mí de forma brusca.

Están arrodillados en el suelo sucio del almacén, con las muñecas atadas a la espalda.

El que no conozco tiene la cara empapada en sudor y lágrimas; sus labios temblorosos murmuran súplicas incoherentes mientras su cuerpo se sacude con violentos espasmos.

Mike intenta mantener la compostura, pero sus ojos desorbitados delatan el pánico absoluto; respira en jadeos cortos y entrecortados.

Me siento culpable porque tenga que pasar por algo así por mí.

No le deseo ningún mal, pero tampoco es que sea imprescindible en mi vida; es solo la herramienta que utilizaba para un fin, sin más.

Me crié aprendiendo a no encariñarme demasiado con nadie que no fueran mi padre o hermano.

Cada semana moría un integrante. Nunca me he permitido tener amigas de verdad para no ponerlas en peligro.

He sabido adaptarme a mi soledad y me siento bien con ella.

Pero aun así, como he dicho, nadie debería morir o pasarlo mal por mi culpa.

Si muestro signos de cariño por Mike, Elio actuará peor, así que debo mantenerme lo más lejos posible de mis sentimientos.

—No sé qué pretendes. A ese solo me lo he follado una vez y no sé ni cómo se llama —señalo con la cabeza a Mike—, y al otro ni lo conozco.

Elio arquea una ceja con diversión.

—¿Crees que puedes engañarme? —su tono burlón me atraviesa haciendo que mi odio aumente. Chasquea la lengua—. Según tú, el tonto soy yo.

Mira a Taddeo y los dos se ríen. Estoy tratando con dos locos, cojones. Tengo que dejar de ser razonable y ponerme a su altura.

—¡Suéltalos! Maldito comemierda —insulto dejando salir cada palabra llena de ira.

Elio me acaricia la mejilla y pega sus labios a los míos. Los roza con suavidad. Me quedo muy quieta. ¿Qué pretende? ¿A qué juega? Es tan volátil que no sé ni qué decir, hacer o pensar.

—Estoy deseando volver a follarme esa boquita tan sucia —murmura en tono provocador.

Retiro hacia atrás el rostro, dejo un poco de distancia y le escupo en la cara. Esboza una sonrisa divertida ante mi mal gesto. Recoge con dos dedos mi saliva esparcida por la piel y, seguido, se los mete en la boca, lamiéndose hasta la última gota con gesto maníaco.

Maldito sádico de mierda.

—¡Que te follen! —grito como una energúmena alargando la última sílaba y pegando sacudidas con todo mi cuerpo para intentar liberarme.

Estoy fuera de mí. Forcejeo de nuevo con el metal. Quiero reventarle la cabeza. Es un tema delicado para mí y él se ha adueñado de mi problema como si nada. Odio haber tenido un orgasmo con este puto loco.

Cuando me quedo sin aire en los pulmones, le lanzo una mirada cargada de rabia. Mi pecho sube y baja acelerado, pero me quedo quieta.

—Bien —dice quedando conforme de mi silencio y actitud. Solo intento recuperar fuerzas—. Sigamos —indica como si estuviera en un programa de televisión.

Taddeo agarra del pelo al chico que no conozco y le tira hacia atrás para que levante el rostro.

—Este —señala Bestia con un dedo hacia él— se atrevió a ligar contigo en el bar —afirma. Mi mente intenta recordar ese hecho, pero no obtengo resultados. De verdad que en mi memoria no está—. Y repito que lo mío no se mira —indica con calma—. Por lo tanto, te sacaré los putos ojos.

No me da tiempo ni a asimilar sus palabras cuando Bestia lo tira haciendo que la espalda del chico se golpee contra el suelo.

El chico grita aterrorizado mientras su atacante saca un cuchillo de su arnés.

Solo puedo ver las piernas de la víctima moviéndose inquietas y la gran espalda de Elio, que está sentado encima, tapando lo que está sucediendo.

La voz desgarrada del chico invade todo el almacén. Está sufriendo mucho. Mi pulso acelerado hace que apenas pueda respirar al presenciar todo el horror.

—¡Déjalo! —suplico con un hilo de voz.

Elio se levanta. Deja salir una carcajada retorcida que resuena en todo el espacio. Taddeo lo imita también con más risa.

El chico yace quieto contra el pavimento, con la cabeza echada hacia atrás en un ángulo antinatural.

Donde antes habían estado sus ojos, ahora solo quedan dos cuencas vacías y destrozadas.

Salen de ellas un río espeso de sangre oscura mezclada con fluido ocular viscoso y transparente.

La piel alrededor de los huecos está desgarrada en jirones, con trozos de músculo y tejido adiposo colgando.

El líquido carmesí resbala por sus mejillas hundidas formando charcos en el suelo.

Los párpados, medio arrancados, cuelgan flácidos y rasgados sobre las órbitas vacías, revelando el fondo oscuro de las cavidades craneales, donde se puede intuir el brillo blanquecino del hueso expuesto. El olor metálico inunda todo el lugar.

Giro la cabeza solo unos centímetros para observar cómo Elio y Taddeo juegan a tirarse los ojos de ese pobre chico. Una auténtica barbaridad.

He dejado de respirar. He visto horrores en la mafia, pero ellos están a otro nivel.

Me quedo inmóvil. Mi cuerpo tiembla por la adrenalina.

Justo aparece esa sensación de locura que tanto lucho por esconder.

Había podido controlarme, estaba segura de vivir en paz, y ahora Elio está derribando todo lo que he construido sin dilación.

Parece todo surrealista. ¿De verdad está pasando?

—Mira —me enseña los dos ojos envueltos en sangre muy de cerca como si fueran un trofeo—, esto es lo que pasa cuando te miran sin mi permiso —sentencia con la expresión de estar divirtiéndose.

—Lo… has… matado —balbuceo aún asimilando y mirando fijamente el cuerpo del chico.

—No, bella —afirma quitándole importancia—. Solo se ha desmayado por el dolor. No aguanta una mierda —explica pareciendo aburrido—. Pero ese —señala a Mike— sí va a morir.

Sé por desgracia cuál será el final. Sé qué va a pasar.

Una parte de mí quiere cerrar los ojos, pero no puedo evadir lo que es evidente.

Es mi culpa. El insoportable dolor que eso me produce me quema por dentro.

Por un segundo, Mike y yo cruzamos nuestras miradas; intento pedirle perdón, pero él solo demuestra el terror tan brutal que siente.

Sus ojos medio cerrados, sus quejidos, las lágrimas que derrama y le empapan el rostro, el castañeo de dientes...

, todo eso me hace sentir tan culpable que creo que nunca podré perdonármelo.

Elio saca su arma del arnés. Apunta hacia la cabeza de Mike. Antes de que suceda, mis lágrimas caen por mis mejillas con fuerza. Bajo la barbilla, derrotada. Llena de dolor.

Dispara.

Suelto un gemido lleno de sufrimiento. Levanto la cabeza para ver que ha cumplido su palabra. Ahora Mike tiene un agujero en el entrecejo. Su cuerpo yace ya inerte tirado sobre el suelo.

Mis ojos se dirigen a Elio. Está disfrutando y se acerca a mí con una gran sonrisa y me lame las lágrimas.

—Mmm, el sabor del pecado es exquisito —se ríe—. Me la pone tan dura tu sufrimiento que juro que estoy intentando controlarme —declara con una alegría incomprensible.

Taddeo coge por el cuello de la camiseta a los dos chicos y se encamina hacia la salida arrastrándolos mientras me lanza una mirada de orgullo y arrogancia.

—Aún queda mucho por delante, quiero destrozarte mucho más.

Y luego será Gepetto quien llore lágrimas de sangre.

Y al final, tú y él estaréis juntitos para toda la vida bajo tierra.

La niñita con su papaíto. Suena bien, ¿verdad?

—su voz es apenas un murmullo, pero la frialdad que contiene me hace contener el aliento.

Sus ojos desafían a los míos. Yo ya no tengo fuerzas. Aparto la vista. Él sonríe como el digno ganador. Se va hacia la salida no sin antes dejar los ojos ensangrentados del chico a unos metros de mí, acomodándolos en el suelo de forma que parecen observarme.

Puto monstruo de mierda.

Un demonio sin alma.

Una bestia cruel e imparable.