CINCO
BELLA
E s imposible que haya sido él quien me dio ese placer tan exquisito.
No fue precisamente delicado, pero sí que ha sido el tío más “atento” con el que he estado.
No solo se centró en darme placer, sino que no paró hasta que supo que había tenido un orgasmo.
Los tíos con los que he estado, cuando llegaban al final, ni se molestaban en disimular que para ellos ya había acabado.
No me esperaban para que llegásemos juntos.
No me hacían sentir especial. Mike es el único que aguanta un poco y por eso he repetido varias veces con él aunque no haya nada formal entre nosotros.
Me niego a pensar que fue Bestia el que hizo que yo experimentara todas esas increíbles emociones, todo ese placer.
Tengo que estar confundida. Quizá se ha referido a otra cosa y yo no…
—¿Sabes? No creí que me fuera a gustar tanto este plan. Acabaría rápido contigo y volvería a Roma, pero he cambiado de idea. Te has vuelto un asunto más… interesante —su voz es tan amenazadora que es imposible que no tenga impacto sobre mí.
Mis músculos se engarrotan preparándose para lo que está por venir.
Estoy empapada de agua y aun así no siento frío.
Estamos en primavera, tampoco es que haga baja temperatura, pero por encima de eso, es que ahora mismo estoy en modo supervivencia y, aunque me cortaran en pedacitos, apenas lo sentiría.
—¿Qué ha hecho mi padre? —Necesito obtener información si quiero tener algún tipo de control.
—Se ha llevado a mi madre —declara cortante, sin más—, pero a ti eso no te debería importar; voy a matarte de todas formas —finaliza con una frialdad apabullante.
Se encamina hacia un lado del almacén para traer a rastras una mesita.
—A ver si tienes cojones, gilipollas —bramo aunando valentía.
¿Cómo es posible que mi padre haya hecho eso?
Él no hace nada dejando cabos sueltos. Además, aunque La Cosa Nostra sea nuestra enemiga, nunca ha metido las narices tan a fondo.
Como mucho unas incursiones en la costa y, cuando ha sabido que entraban en su territorio, lo ha defendido, pero poco más.
Él siempre me ha dicho que no quería empezar una guerra porque no es partidario de hacer una matanza de esa envergadura.
Ha intentado buscar la forma de convivir con ellos, por eso me extraña que haya secuestrado a Sofia Barone.
O hay información que me está ocultando o Bestia está equivocado.
—Algún motivo habrá para que haya ocurrido, ¿no? —insisto para saber más mientras veo cómo prepara instrumentos de tortura a mi lado.
—Ninguno que te incumba —contesta ordenando algunas herramientas de la mesita.
Mierda. Es como darse de bruces con un portón de acero. No me deja entrar.
Vale, no va a violarme de momento, pero sí va a torturarme, a infligirme mucho dolor, y no sé qué es peor.
—No sé que esperas hacer conmigo, Elio, pero te pido que seas razonable. ¿Has pensado la guerra que puedes iniciar si me matas? —intento hablarle con compresión a ver si encuentro una grieta que resquebrajar.
Deja de tocar los materiales. Golpea el acero de los reposabrazos de la silla con sus palmas y acerca su rostro al mío.
Su mirada intimidante me atraviesa. Los segundos de silencio que nos envuelven se hacen muy pesados.
Pienso en el monstruo que es. Recuerdo todas las atrocidades que me han contado de él.
Estar entre sus garras es lo peor que te podría pasar en la vida.
—¿Desde cuándo soy yo una persona razonable, bella ? —su voz baja y cortante me provoca un escalofrío instintivo.
La tensión electrizante se corta al escuchar quejidos y súplicas en la lejanía. Mis ojos buscan el origen. Taddeo trae a alguien más consigo. De repente, el terror se apodera de mí, no por mí, pero ¿y si tiene a Pantera? ¿O a mi padre? ¿O Maia?
Son las únicas personas que me importan.
Por las que daría mi vida. Maia entró en la familia hace poco, el año pasado para ser exactos.
Vito me contó todo lo que sucedió con ella.
Al principio quise matarlo por haberla hecho sufrir, pero, en fin, están tan enamorados que al menos ya tienen un futuro feliz.
Él está muy arrepentido por lo que hizo, y las conversaciones que he tenido con ella me han hecho ver que lo ha perdonado.
Maia se ha vuelto como una hermana mayor.
Pero si soy sincera, de los tres sería la que menos me dolería, porque no puedo ni pensar en perder a mi padre o a mi hermano de toda la vida.
—¿Tan interesada estás en saber quiénes son? —pregunta Elio en tono burlón.
Pone su rostro delante del mío para cortarme la visión. Arrugo el entrecejo como respuesta a su gesto. Vuelvo a desplazar el cuello hacia el lado un poco más para ver, pero él se vuelve a interponer. Lo intento hacia el lado contrario y él, de nuevo, se pone en medio con gesto de diversión.
—¿Eres tonto o qué? —suelto, exasperada.
Una risa enferma se escapa de sus labios. Dios, realmente está loco.
Taddeo llega hasta nosotros. Al fin Elio se aparta.
¡¿Qué cojones?!
Son Mike y otro chico que no tengo idea de quién es. Están atados y llenos de sangre de haber recibido más de un golpe. Observo con atención el color y la textura del líquido carmesí. Por su aspecto puedo deducir que no es actual. Lleva así ya unas horas, pero…
NO.
Es Bestia quién me ha follado y he sentido placer con él. Mi pecho se acelera. ¿Qué he hecho? Al confirmarlo, mi boca se queda seca, me cuesta hasta tragar saliva. Mis ojos se agrandan y Elio se da cuenta. Sabe lo que estoy pensando porque se carcajea con una alegría que me pone los pelos de punta.
Tengo una duda y mis palabras salen solas.
—¿Cómo me envió el mensaje? —susurro todavía impactada.
Bestia se saca del bolsillo un móvil. Lo reconozco. Es el de Mike. Fue él.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
También saca otro del mismo bolsillo. Es el mío. Él fue quien me robó el bolso. Y yo pensando que había sido algún cliente. Iba camino a la comisaria de policía para denunciar el robo cuando me secuestró.
Ha podido grabarme mientras teníamos sexo y utilizar eso contra mi padre. O a saber qué ha hecho y con qué fin. Ya no sé ni qué pensar. Va a ser mi ruina y la de lo míos.
Forcejeo con los grilletes de la silla. La rabia arde en mi interior como un volcán fuera de control.
Grito fuerte llena de ira. Me desgarro la voz dejando salir todo el fuego abrasador que siento.
Me ensordece y me ciega el odio tan puro y profundo.
Se retuerce en mis entrañas, alimentando un deseo salvaje de destruir todo lo que tengo delante. Solo anhelo venganza, sangre y ruina.
Quiero arrancarle las tripas.
—Te juro que voy a matarte —suelto con una calma perturbadora.
—¿Entiendes ahora la cuestión? —Elio sonríe como si fuera el día más feliz de su vida—. Te he probado y me has vuelto adicto, Bella. No sé si voy a matarte, pero lo que es seguro es que no te liberaré. Nunca. Ya eres mía, hasta la muerte y, si hay vida más allá, tampoco podrás deshacerte de mí.
—Estás loco —murmuro, impactada con su inestable actitud.
Se ríe de mis palabras como un hombre que ha perdido el juicio.
—Comencemos. —Hace el ademán de ponerse serio para luego volver a reírse como un puto desquiciado—. Este —señala al chico que no conozco— tuvo la osadía de mirarte más de la cuenta. Y lo que es mío no se mira sin mi consentimiento —lo último lo dice como una escalofriante amenaza.
Observo cómo las dos víctimas tiemblan por puro terror.
Joder.
Presiento que la noche será larga y dura. Llevo toda mi vida preparándome para lo peor. Lo que ignoraba es que fuera este preciso momento, esta noche, el peor día de mi vida.