Bestia (Mafia Italiana 3) CUATRO
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CUATRO

BELLA

N o sé cuál es el fin de mi secuestro, pero creo que lo averiguaré pronto. Viene directo a mí, con la barbilla baja por el desafío que supone que yo no le haya apartado ni una sola vez la mirada.

Su jodido perrito, Taddeo, trae consigo un cubo colgando de una mano. No es igual de atrayente que Elio, pero también tiene un rostro y un cuerpo que harían suspirar a más de una mujer.

—Bienvenida al mundo, bella —enfatiza la palabra— durmiente —se burla Taddeo.

Me lanza el contenido del cubo de mala manera, que resulta que estaba lleno de agua helada.

—Hijo de puta —espeto con la sangre hirviendo a pesar de la temperatura del agua—. No sé cómo os salen bien los negocios con esas dos neuronas que luchan por sobrevivir.

Elio inclina el torso para pegar su rostro al mío.

—Comprenderás dentro de poco cómo funcionamos —susurra con un tono tan calmado que me inquieta a pesar de creer que ya nada podría hacerlo. Es más una amenaza lo que ha insinuado.

—Yo no tengo nada que ver con mi padre. Lo que haya pasado, lo habláis con él —dispongo.

Sé que es malgastar palabras, pero tengo que intentarlo. Estoy tratando con los más monstruosos de la mafia. Con ellos no se dialoga, se actúa. Los conozco, pero aun así quiero sacar la psicóloga que tengo dentro.

Elio levanta una de sus comisuras a la vez que deja salir una risa baja.

—No te recordaba tan… guapa —afirma obviando mis palabras. Me acaricia la barbilla y me acerca aún más a su rostro—. Joder, sí que me voy a divertir.

Mi pulso se acelera. Sé lo que les han hecho muchos cabrones de la mafia a las chicas. Mi padre me lo enseñó. Él nunca me ocultó las barbaridades, quería que yo estuviera prevenida. Lo agradezco, porque así siempre he sabido a lo que me enfrento. Estos idiotas piensan violarme, seguro.

Las pupilas de Bestia brillan de emoción. Mi corazón late acelerado. Debo salir de aquí cuanto antes. Hago un par de respiraciones profundas para calmar los nervios y estrecho los ojos.

—Conmigo te has equivocado, comemierda —insulto con todo mi desprecio.

Le doy un cabezazo en la nariz. Él se echa hacia atrás, herido, maldiciendo.

Taddeo se acerca con rapidez a mí. Levanto una pierna y le golpeo con fuerza en la entrepierna.

No lo ve venir y se agacha retorciéndose de dolor.

Aprovecho el instante para levantar el culo.

Las cuerdas me aprisionan los brazos con fuerza queriendo cortarme la piel.

He probado antes la dureza de la silla de madera y es muy endeble, cruje con cada movimiento.

Salto hacia arriba con intención y me dejo caer al suelo de espaldas.

Surge efecto mi plan y se rompe en pedazos.

Mi espalda choca contra el frío pavimento provocando olas de dolor por todos mis músculos y huesos.

Gimo al querer incorporarme. Solo han sido dos segundos, pero ya puedo ver cómo Elio vuelve a la carga con las fosas nasales chorreando sangre.

Me mira con curiosidad y con un poco de diversión. No está enfadado o no lo aparenta. Desde el suelo, levanto las piernas para pegarle en el torso. Él se adelanta y me coge de los tobillos con las manos.

—Joder, las ganas de romperte aumentan por segundos si sigues comportándote así —declara con voz ronca.

Me abre las piernas dejando ver mi tanga y parte de mi culo. Me atrae hacia él sin dificultad. Mi espalda se desliza algunos centímetros por el cemento, rasgándose.

—¡Suéltame! —grito enrabietada.

Me revuelvo en su agarre, pero sus brazos y espalda son muy grandes. Es un puto armario empotrado.

Taddeo se recompone con rapidez también.

Me agarra los brazos que justo iba a utilizar para mi defensa.

Los pone hacia atrás y pega mis muñecas al suelo.

La falda se me ha subido hasta casi enseñar la ropa interior por completo; la parte inferior de mis pechos también queda expuesta al subirse el top.

—Me entran ganas de mandar a la mierda el puto plan, bella —espeta Elio dejando ver parte de su enfado.

—Si me tocas, te mato —le aseguro quedándome muy quieta.

Juro por Dios que lo cumpliré.

Elio sonríe con arrogancia ante mi amenaza.

Le hace un gesto a su amigo y este me ata las manos con la cuerda que ya conozco.

Bestia la agarra por el medio una vez que el otro ya me ha amarrado y de un solo tirón consigue levantarme del suelo.

Ese gesto me impone, porque no es que yo sea delgada precisamente como para que pueda tan fácil conmigo.

Su amigo va hasta el final del almacén. Pienso en segundos en que ahora sería más fácil deshacerse solo de uno de ellos. Tengo que volver a intentarlo.

Levanto las manos para atacar. Él me las atrapa en el aire. Me gira sobre mí misma hasta quedar de espaldas a él. Agarra mi pelo entre sus dedos y tira de él haciendo que mi cabeza se eche hacia atrás y luego hacia abajo, curvándome la espalda hasta casi quedar doblada por completo.

—Deja de actuar así, que me la estás poniendo tan dura que no sé si podré contenerme mucho más —susurra cerca de mi rostro.

Puedo notar su aliento. Su respiración acelerada. Saca la lengua y me lame toda la cara desde la frente hasta la barbilla. Maldito sádico de mierda.

—Sabes tan bien como imaginaba antes de venir a Londres, pero tu coño sigue ganando el primer lugar. Es tan adictivo… —afirma con diversión.

Mi sangre se queda helada. Dios… La barba, esos músculos, esa forma de agarrarme…

¿Era él al que me follé antes? No puede ser, ¿no?

¿Por qué se habría ido entonces? Si me tenía en la palma de la mano, podría haberme secuestrado en aquel momento.

Además, Mike me confirmó que era cosa de él.

No puede ser. Pero me acaba de asegurar que me ha comido el coño.

—Tu puta madre —lo insulto sin dejarme amedrentar.

La expresión le cambia. Se torna a serio.

Parece que no le ha gustado mi respuesta.

Me incorpora de un tirón. Escucho el sonido de un metal siendo arrastrado, me chirría en los oídos.

Pienso en lo que ha podido afectarle. ¿Ha podido ser su madre?

¿Es que ha pasado algo con Sofia Barone? Genial. Tengo un hilo del que tirar.

—Espero que tu madre se pudra en el infierno —arremeto con odio.

Oigo cómo gruñe a mi espalda. Bingo. He dado en el clavo.

Taddeo llega hasta mí con una nueva silla, esta vez de acero.

Joder, no. Elio me lanza a ella con desprecio.

Mi cuerpo choca con fuerza clavándose el material en él.

Su amigo me cierra las muñecas en brazaletes de metal unidos a la silla después de deshacerse de la cuerda.

Aquí sí que no hay escapatoria. Los tobillos también me los aprisiona en otros grilletes pegados a las patas.

Intento moverme para comprobar el peso y no me muevo ni un solo centímetro. Mi corazón lucha por salirse del pecho.

Estoy perdida, encadenada y confundida.

—¿Sabes? Pensaba portarme bien, pero creo que no será posible ya que me estás dando muchos problemas. —Elio me abofetea la mejilla.

—¡Maldito cabrón! —bramo entonando la última consonante y dejando salir toda mi furia.

Lo fulmino con la mirada.

—Guarda fuerzas, bella , las necesitarás. No te imaginas todo lo que te voy a hacer —declara volviendo a sonreír. Se gira hacia su amigo—. Tráelos.

Taddeo me echa un breve vistazo cargado de intenciones perversas antes de dirigirse hacia la puerta por la que entraron.

—Vamos a jugar tú y yo a un juego que se llama —canturrea en tono burlón— “a ver cuánto dura Bella Genovese sin romperse” —finaliza fijando su iris azul glacial en mí.

La forma de hacerlo me produce escalofríos. Quiero pensar que saldré de esta. Juro que voy a ser fuerte, que no podrá conmigo, pero no puedo prometer que salga intacta, y menos cuando mi vida está en manos del mayor monstruo del planeta.