Besos Robados Capítulo Veinticinco
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Capítulo Veinticinco

CHASE

Durante los días siguientes, no pude dejar de pensar en lo que me había dicho Hannah. Necesitaba un inversor y sabía que no sería nada fácil. Por eso estaba barajando una idea peligrosa, que esperaba no tener que poner en práctica. Aun así, mientras no interviniera en nada, todo marcharía bien.

Pero cuando llegó el miércoles, cedí y convoqué a mis hermanos a la sala de reuniones. Ellos eran mis consultores de confianza. Me dirían si aquello era una locura total y si debía dar marcha atrás. De hecho, esperaba que me dijeran eso, porque de lo contrario nada me detendría.

Les había enviado un correo electrónico pidiéndoles que se reunieran conmigo a las ocho para no llamar la atención de la mayoría de los empleados que empezaban la jornada a las nueve.

Knox, Finn y Wyatt llegaron los primeros.

—Tío, tienes que incluir más detalles en tus correos —dijo Wyatt—. ¿Quieres que me dé un infarto o algo así?

Justo en ese momento entraron Griffin y Duncan.

—¿De qué va esto? —preguntó Griffin.

—Sí, ¿por qué nos haces trabajar horas extra? —preguntó Knox.

—Más te vale tener una buena razón —refunfuñó Wyatt.

—La tengo —respondí.

—¡Joder! —exclamó Duncan—. ¿Cuál es el problema? No puede tener nada que ver con la SEC. Cyrus se está ocupando de eso.

La SEC estaba solicitando documentos para su investigación, pero yo no estaba ocupándome de eso en absoluto. Cyrus había insistido en hacerse cargo del tema.

—No hay ninguna crisis y no ha pasado nada malo —aclaré.

—Entonces, ¿qué coño hacemos aquí? —preguntó Knox.

—Necesito vuestra opinión sobre una cuestión y pensé en preguntaros antes de que llegaran todos a la oficina.

—¿Por qué no salimos a tomar algo? —preguntó Wyatt. Ahora se lo veía mucho más relajado.

—La verdad es que no se me ocurrió —admití—. Llevo unos días dándole vueltas a una cosa y quería consultarlo con vosotros.

Finn sonrió:

—¿Se trata de mamá y papá otra vez?

—Qué va, no se trata de ellos —respondí—. A ver, todos sabéis que Hannah está pasando por algunos apuros económicos.

—Sí. Por eso aceptó el trabajo —recordó Duncan, frunciendo el ceño.

—Exacto. Bueno, el caso es que está buscando un inversor.

—¿Un socio silencioso, tal vez? —preguntó Griffin.

Le lancé una sonrisa cómplice:

—Ya le has estado dando vueltas al tema.

—Ya sabes cómo es esto, tío. Cuando oyes un problema, buscas soluciones. Así es como tengo entrenado el cerebro, y no puedo evitarlo, ni siquiera cuando quiero —admitió.

—Pues eso es justo lo que ella está buscando, pero no es fácil.

—Quizás una gran cadena hotelera podría estar interesada. La ubicación es buenísima —continuó Griffin.

Duncan negó con la cabeza:

—Lo tirarían abajo para construir algo mucho más grande.

—Coincido —dije—. A ella le gusta el edificio tal y como está. Todo el lugar es un homenaje a la memoria de su abuela.

Duncan levantó la vista:

—Eso no le va a servir de nada con los inversores. A nadie le interesan los proyectos sentimentales.

—Lo sé.

—¿Y cuál es tu idea? —preguntó Finn.

Knox se mantenía extrañamente callado. Sospechaba que sabía por dónde iba la cosa, pero agradecí que no se metiera en la conversación aún.

—Quiero crear una sociedad patrimonial e invertir en su hotel. Pero tengo que hacerlo con cabeza para que ella no se dé cuenta de que estoy detrás de todo esto.

Griffin abrió los ojos como platos. Finn parpadeó.

—¿Os lo podéis creer? —preguntó Wyatt.

Duncan se rio:

—Venga ya, tío. Estás bromeando, ¿no?

Knox no dijo nada.

—No es ilegal —afirmé.

—Esa no es la cuestión. A Hannah no le gustará ni un pelo —replicó Griffin.

Wyatt miró a Duncan:

—Por favor, quítale esa idea de la cabeza. Míralo, tiene esa mirada de “lo voy a hacer digáis lo que digáis”.

Knox y Finn seguían sin decir nada.

—Llevo unos días dándole vueltas al tema y, sinceramente, os he reunido a todos con la esperanza de que me convencierais de que no lo hiciera.

Griffin negó con la cabeza:

—Sí, claro, porque se nos da muy bien eso.

—Griffin tiene razón. Sería un error —dijo Wyatt—. ¿Por qué no le preguntas directamente a ella su opinión?

—Porque diría que no —respondí.

Finn se enderezó en la silla:

—¿Y cómo piensas hacerlo?

—¿El qué? ¿Crear una empresa patrimonial?

—No, eso lo tengo claro. Pero ¿cómo lo plantearías todo sin que se diera cuenta de que en realidad eres tú?

Me aclaré la garganta:

—Ya se me ocurrirá algo cuando llegue el momento.

Griffin negó con la cabeza:

—Pues yo creo que es al revés. Deberías empezar a pensar en soluciones ya mismo, ¿vale? Sinceramente, no veo cómo va a evitar que te salga el tiro por la culata.

—Yo sí veo maneras de que la cosa salga bien —dijo Knox, hablando por primera vez—.

Quiero decir, hay un montón de inversores que ponen dinero en todo tipo de negocios, incluidos los hoteles.

¿Es poco probable que alguien invierta en un hotel pequeño?

Sí. Pero no es algo inaudito. Los pequeños hoteles boutique están de moda últimamente, y hay empresas reales que invierten en negocios familiares por todo el país.

Lo investigué una vez. Puedo echarle un vistazo a todo el asunto.

—Ni se te ocurra —intervino Duncan—. No alimentes su locura.

—Hazlo —le dije a Knox. Él había hecho sus pinitos en la inversión inmobiliaria a lo largo de los años, y confiaba en su criterio.

—Normalmente no son inversores silenciosos. Compran una participación minoritaria, pero suelen tener algo de poder de decisión.

—No me interesa lo más mínimo eso —aclaré.

—Ya, pero nadie va por ahí ofreciendo dinero sin pedir nada a cambio. Levantaría sospechas —afirmó Finn.

Duncan se levantó:

—Bueno, querías nuestra opinión, y yo creo que no deberías hacerlo. Si sigues adelante, no quiero que nadie me cuente los detalles. Esto no es propio de ti, y te va a estallar en la cara —sentenció antes de salir furioso de la sala de reuniones.

—Bueno, ha dejado clara su opinión —comenté.

Griffin y Wyatt intercambiaron una mirada. Finn le estaba preguntando a Knox cómo montarlo todo de forma legal, así que supuse que empezaba a ver la idea con buenos ojos.

—A ver —empezó Griffin—, la verdad es que no deberíamos animarte a esto, pero obviamente, si quieres seguir adelante, podemos organizarlo.

—Tengo una pregunta —dijo Knox—. ¿Al menos le has preguntado a ella sobre esto?

—Ya le ofrecí mi ayuda antes y me la rechazó. Si se la vuelvo a ofrecer, le parecerá muy sospechoso que aparezca un inversor de la nada con la solución perfecta bajo el brazo.

—En eso tiene razón —señaló Wyatt. Se cruzó de brazos y me examinó con la mirada.

Conocía esa expresión. Ahora que había escuchado todos los pros y los contras, los estaba sopesando, y esperaba que volviera a repetirme que aquello era una locura.

Pero entonces me sorprendió por completo. —Te importa mucho, ¿verdad?

—Sí.

—Tío, qué lento eres —le dijo Griffin—. Yo ya me di cuenta cuando te preguntó si debía contratar a un detective para averiguar qué tipo de problemas tenía Hannah. —Luego se volvió hacia mí—. Ha aceptado tu oferta de trabajo. ¿Por qué estás tan convencido de que no te aceptará como inversor?

—Porque esto es diferente. Ha pasado por muchas cosas con su exmarido.

—Entonces deberías reconsiderarlo. Quiero decir, ¿y si se entera? —preguntó Wyatt. Siempre era el más cerebral de todos nosotros, con la excepción de Duncan, tal vez.

—Ya me ocuparé de eso cuando llegue el momento. Espero que, si al final se entera, lo acepte simplemente porque… bueno, en definitiva, ya estará hecho.

Griffin dio una palmada y luego me señaló con el dedo:

—Hermano, la vida no funciona así.

—Me la voy a jugar —repliqué. En algún momento de toda la conversación, ya había tomado una decisión.

Knox se levantó:

—Vale, cuenta conmigo. Puedo encargarme de todo el papeleo, y acabo de terminar unos cuantos proyectos, así que tengo algo de tiempo.

—Gracias, de verdad te lo agradezco.

—Me debes una. No sé cuándo te la cobraré, pero será pronto.

—Estoy aquí para lo que necesites —le aseguré.

Finn y Wyatt miraron a Griffin y luego a mí.

—Nosotros también nos apuntamos. ¿Se lo decimos a Duncan? —preguntó Finn.

—No. —Respetaba su decisión—. No hace falta decir, obviamente, que el dinero va a salir de mis cuentas, no de Sterling Investments .

Griffin puso los ojos en blanco.

Wyatt negó con la cabeza:

—Claro, porque eso era justo lo que nos preocupaba a todos. Podemos aportar todos, tío.

—No —dije categóricamente—. Esto tiene que ver con mi vida y es mi decisión. Solo yo invertiré.

—Me parece bien —repuso Wyatt. Luego miró a Knox—. Yo también puedo echar una mano, pásame lo que sea, tengo algo de tiempo.

—Vale. ¿Cuáles son los primeros pasos? —le pregunté a Finn, pero Knox intervino.

—No, tú vas a saber lo menos posible.

Me quedé mirándolo con los ojos como platos.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque así será más fácil ocultárselo. En cambio, si conoces todos los detalles o estás involucrado en el día a día, será más fácil que se te escape algo o que te delate tu cara de culpable.

—Tienes razón, no había pensado en eso. Hay una plataforma que pone en contacto a dueños de negocios con inversores. Te reenviaré la información.

—Genial —respondió Knox.

—¿Podemos dar por terminada la reunión? —preguntó Finn.

—Sí.

—O sea que nos has reunido aquí para que te quitemos la idea de la cabeza y luego básicamente nos dices que vas a hacer lo que te dé la gana de todos modos —concluyó Wyatt.

—Son cosas de los Sterling, sin más —comentó Finn—. Deberíamos habernos dado cuenta desde el principio y no haberle dado tantas vueltas.

Fruncí el ceño:

—Sinceramente, pensé que se os ocurrirían varias maneras de hacerme cambiar de opinión, pero me alegro de que no fuera así.

La verdad era que mis hermanos tenían razón.

Ya lo tenía decidido incluso antes de que pusieran un pie en mi oficina.

Hannah necesitaba el dinero y a mí me sobraba.

No había ninguna razón para no hacerlo. Quería que fuera feliz y que estuviera tranquila.

Haría todo lo que estuviera en mi mano para conseguirlo.