Besos Robados Capítulo Veinticuatro
80%

Capítulo Veinticuatro

HANNAH

Nuestro destino era precioso, rodeado de palmeras y flores. Pero aquello no se parecía en nada a la idea que tenía de una cabaña, sino que era una construcción moderna con grandes cristaleras y un diseño de madera y metal.

—¿Qué te parece? —preguntó.

—Es increíble. Y no hay nadie cerca, me encanta la intimidad.

Sonrió, me rodeó la cintura con un brazo y me atrajo hacia él. Inmediatamente le rodeé el cuello con los brazos.

—Ese era mi plan desde el principio.

Me besó en la frente antes de dar un paso atrás y coger nuestro equipaje.

Caminé un poco por detrás a propósito para poder contemplar esos espectaculares bíceps que se marcaban con el esfuerzo de llevar nuestras cosas.

El interior de la cabaña también era impresionante, con grandes ventanas que daban a la parte trasera.

—Vaya, tenemos piscina —comenté.

—También hay una sauna en alguna parte.

—Estoy deseando conectar con toda esta naturaleza.

Cambié el apoyo de una pierna a otra, con tanta energía fluyendo por mi cuerpo que no podía quedarme quieta.

Apenas podía creérmelo, me sentía como en un sueño. Chase se había tomado la molestia de llevarme hasta aquel precioso lugar solo porque sabía que me gustaba pasar tiempo al aire libre.

Abrí mi maleta allí mismo, en el salón, y me puse el bikini. Al incorporarme, oí un sonido que pareció un gruñido.

—Aún vas vestido —señalé, acercándome a él y contoneándome de forma seductora—. Ni siquiera puedes hablar, ¿eh?

—Hannah —dijo con un gruñido—. No sé qué me haces, pero no puedo dejar de desearte.

Sonreí.

—Ahí lo dejo, pero si estás pensando en cosas guarras, no me importa que pasemos a lo importante antes de meternos en la piscina.

Negó con la cabeza.

—No. Has dicho que querías conectar con la naturaleza y, como nos metamos en la cama, no vamos a salir de aquí en un buen rato.

Di un paso atrás, me lamí los labios y luego me di la vuelta, moviendo las caderas al alejarme.

—Vale, entonces disfrutemos de este día increíble. Y después puedes hacer lo que quieras conmigo.

Casi podía sentir la testosterona que desprendía. Sabía que mis palabras lo estaban encendiendo, y me gustaba provocarlo.

Una vez fuera, me metí en el agua y cerré los ojos, escuchando el canto de los pájaros.

Nunca me sentía tan en paz como cuando estaba rodeada de naturaleza. Una vez leí el término “baño de naturaleza” y era una descripción perfecta. Prácticamente sentía cómo me empapaba de buena energía.

Abrí los ojos cuando Chase se metió en el agua a mi lado. Me miró con la expresión más feliz que le había visto en mucho tiempo.

—¿A qué viene esa cara? —pregunté.

—Pareces feliz.

—Es que lo soy —aseguré—. Muy, muy feliz.

—Me alegro. Eso es todo lo que quiero para ti.

Nos quedamos en silencio un rato, simplemente mirando las palmeras.

—Esto es precioso —comenté por fin, acercándome tanto que nuestros cuerpos entraron en contacto, a pesar de que teníamos todo el espacio del mundo.

Me di la vuelta y examiné los botones de las funciones. Apreté el que hacía burbujas, o eso creía; pero, por lo visto, lo que activé fue el masaje. Un chorro me dio justo por encima de la rodilla, otro por debajo del ombligo y otro directo en mis partes íntimas.

—¡Mierda! —Di un paso atrás en el agua.

—¿Qué pasa? —preguntó Chase, agarrándome por los hombros y mirándome con preocupación.

Sonreí avergonzada.

—Nada. No esperaba que los chorros tuvieran tanta potencia.

—¿Qué quieres decir?

—Me ha dado justo en la entrepierna.

Gruñó y, de repente, me empujó contra el borde de la piscina.

Posó su mano sobre mis partes íntimas y dijo:

—Esto es mío. Soy el único que tiene permitido darte placer.

Me lamí los labios.

—¿Tienes celos de un hidromasaje?

—Mío —repitió—. Todo mío. Solo mío.

Capturó mi boca, besándome con fuerza y pasión. Me puso a cien, por mucho que intentara disimularlo.

Me derretí contra él, sintiendo que ardía por dentro. Presionó sus caderas contra las mías, y no cabía duda de que estaba empalmado. Cuando se separó, le sonreí y se hizo a un lado de inmediato.

—¿Quieres que entremos? —sugerí.

—No. Te hice una promesa y voy a cumplirla.

—Vale.

Me reí y cerré los ojos, disfrutando del sol. No tenía ni idea de cuánto tiempo nos quedamos así sin decir nada. Pero entonces mis pensamientos volvieron al hostal y al portal de inversiones.

Me pregunté qué pensaría Chase al respecto. Abrí los ojos y lo miré de reojo. Estaba descansando con la cabeza apoyada en el borde de la piscina. Le besé la nuez y luego me enderecé rápidamente.

—Estás muy sexy así, relajado y con los ojos cerrados. Siempre estoy en un dilema entre dejar que disfrutes del momento y comerte a besos.

—Nunca me importará que me beses, cariño —respondió.

Acto seguido, me puse a horcajadas sobre él, apoyando los brazos en sus hombros.

—Le estás dando vueltas a algo —señaló.

—Quiero pedirte tu opinión sobre un asunto.

He encontrado una plataforma donde ponen en contacto a dueños de negocios con posibles inversores, y quiero que eches un vistazo al perfil que he creado allí para el hostal.

A mí me parece que está bien, pero me gustaría contar con tu cerebro empresarial, que es brillante.

Hubo un cambio instantáneo en su lenguaje corporal. Se enderezó, echando los hombros hacia atrás, y su mirada se volvió más concentrada. Pasó de ser el Chase relajado al Chase de negocios en un santiamén. Eso me puso a cien.

—Claro. Dispara —dijo.

—Voy a coger mi móvil para que podamos echarle un vistazo.

—¿Quieres que salga del agua?

—¡No, no! Quédate ahí. Yo traigo el móvil —respondí. Salí de la piscina y se me puso la piel de gallina. Hacía un poco más de frío fuera que en el agua.

Me sequé rápidamente con la toalla y entré en la cabaña. Cogí mi móvil y volví enseguida, dejándolo en el borde de la piscina antes de meterme en el agua.

—Hace un poco de viento.

—La próxima vez salgo contigo y te protejo del viento.

Sí, así era Chase Sterling. Quería protegerme de todo, incluso del viento.

Nos giramos hacia el borde de la piscina y abrí la página web en mi móvil.

—No conozco esta plataforma —comentó Chase.

—Lógico, es para pequeñas empresas como la mía.

Echó un vistazo al perfil y luego fue a la sección “Quiénes somos” de la web.

—Vale, esto es de fiar —afirmó, y luego volvió al perfil del hostal—. ¿Has tenido alguna respuesta ya?

Se me hizo un nudo en el estómago.

—No, lo publiqué ayer mismo y es todo muy reciente. No me hago ilusiones, pero quiero dar la mejor impresión posible. —La página tenía principalmente dos secciones: una con información general y otra con proyecciones financieras. Chase fue directo a esa última.

—Tu plan de negocio es sólido —señaló, fijándose en la pantalla. Cinco minutos después, dejó el móvil—. Es una propuesta muy buena.

—¿No me pones ninguna pega? —pregunté.

—No. Sinceramente, yo habría hecho lo mismo.

Ese fue el mayor cumplido que pude recibir.

—Gracias —agradecí—. Me encanta esto de intercambiar ideas contigo, ya sabes, sentir que somos un equipo.

Se colocó detrás de mí, me abrazó y me besó en la mejilla.

—Gracias por compartir esto conmigo —respondió mientras me besaba en la sien. Sabía lo importante que era aquello para mí.

Chase me besó el lóbulo de la oreja y luego bajó por el lateral del cuello. No me besaba solo con los labios, sino también con la punta de la lengua. En ese instante, supe que había llegado al límite de su autocontrol. Moví el trasero contra su entrepierna y noté cómo se empalmaba.

—Creo que ya nos hemos portado bien durante bastante tiempo, ¿no? —pregunté.

Gruñó en mi oído y sentí las vibraciones recorrer todo mi cuerpo. Era un sonido tan sexy y primitivo que casi perdí la noción del tiempo y el espacio.

—Me has leído el pensamiento.