Besos Robados Capítulo Veintitrés
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Capítulo Veintitrés

HANNAH

La primera planta olía de maravilla, a vainilla y chocolate.

Fuimos directamente a la segunda. Estaba muchísimo más limpio que antes y no quedaba ni una caja.

Había tres habitaciones y entramos en la que tenía la puerta abierta.

Dentro, había una cocina rústica a lo largo de una pared con una isla delante, sobre la cual descansaba una bandeja con brownies .

—Están buenísimos —dijo Bruce, que ya se estaba comiendo uno mientras los demás cogíamos un plato y un brownie .

—¡Abuela! —se oyó la voz de Jeremy desde la planta inferior.

—¡Estamos arriba! —respondió ella en voz alta.

—¡Huelo a dulces! —exclamó Jeremy, que en cuanto llegó se abalanzó directamente hacia la bandeja sin decirle nada a nadie.

Susan puso un brownie en un plato y Jeremy le dio un bocado de inmediato.

—Buenos días, familia —dijo Duncan al entrar en la sala.

—Enhorabuena, has llegado justo a tiempo para comerte un dulce y no dar un palo al agua —le soltó Knox.

Duncan se rió:

—Sí, qué puntería.

Mientras él cogía otro de la bandeja, me volví hacia Jeremy.

—Hola, campeón, tengo una sorpresa para ti. —Deslicé la bolsa por la isla de la cocina y se la entregué.

Se le abrieron los ojos como platos. Ni siquiera se fijó en el segundo brownie que Susan le puso en el plato.

—¿Esto es para mí?

—Sí.

Inmediatamente miró dentro de la bolsa.

—¡Qué guay ! No veo la hora de llegar a casa y jugar al juego.

—¿Qué se dice? —preguntó Duncan.

—Muchas gracias.

Me dio un abrazo sincero y le besé la coronilla. Me encantaban sentir sus pequeños brazos alrededor de mi cintura. Instintivamente miré a Chase que, al igual que su madre, me miraba con ternura.

—Me pareció que hacer brownies aquí era lo más adecuado —dijo Susan. Volviéndose hacia mí, añadió—: Era una tradición quedarnos aquí los viernes por la tarde después de cerrar la tienda. Y yo los invitaba a brownies cuando terminaban los deberes.

—Ahora nos está recompensando por matarnos a trabajar. Es lo más justo —bromeó Knox.

—Me encantan este tipo de tradiciones —comenté.

—¿Cuál es tu tradición favorita con tu familia? —preguntó Susan.

—Déjame pensar… ¡Ah, ya sé! Una vez al año, nos reuníamos en el invernadero de la señora Adams, que está al lado del hostal de mi abuela.

Tiene unas plantas espectaculares y las trasplantaba cuando ya no cabían en las macetas.

Era todo un acontecimiento que no nos perdíamos por nada del mundo.

Cuando mi madre y Blair se mudaron fuera, venían todos los años para el evento.

Me invadió una punzada de tristeza. Aquel año sería la primera vez que lo haríamos sin la abuela. El año anterior nos lo habíamos saltado.

—¡Qué pasada! —exclamó Jeremy—. Como en Harry Potter , cuando cogían mandrágoras pequeñas y las ponían en macetas más grandes.

Me reí y le revolví el pelo:

—Algo así. Si quieres, le puedo avisar a tu padre cuando lo hagamos este año, y puedes venir tú también.

—Síííí, por favooor. Eres la mejor.

Miré de reojo a Duncan, que sonrió y asintió.

Chase se acercó a mí y me rodeó la cintura con un brazo por detrás.

—Eres increíble.

Su contacto me reconfortó y le sonreí a Jeremy.

—¿Quién quiere otro brownie ? —preguntó Susan.

Hubo un coro de “¡Yo!”, y repartió los que quedaban en la bandeja entre todos.

—Están tan buenos como los recordaba. Los echaba de menos —comentó Bruce.

Susan lo señaló:

—No me regales tanto el oído o me vas a convencer para que prepare otra bandeja.

—Esa era exactamente mi intención.

Wyatt miró a sus padres y luego se volvió inmediatamente hacia Duncan, que parecía perplejo.

El resto de los hombres Sterling mostraban distintos grados de sorpresa.

—Vale, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Duncan al cabo de un rato.

Bruce se encogió de hombros y respondió:

—No nos queda mucho por hacer en el sótano. Algunos tenemos que llevar la basura al vertedero y el resto tiene que llevarse algunos de los muebles que quedan en el dormitorio.

Nos repartimos las tareas y me di cuenta de que Chase y yo no teníamos nada que hacer.

—¿Y nosotros? —pregunté.

Susan me sonrió radiante:

—Por lo que tengo entendido, vosotros dos tenéis planes.

Chase se acercó a mí y me besó en la sien:

—Sí, así es.

Levanté una ceja:

—¿Ah, sí? ¿Qué planes?

—Nos vamos fuera lo que queda de hoy y mañana.

Abrí los ojos de par en par:

—¿En serio?

—Sí.

Me quedé tan sorprendida que ni siquiera supe qué decir.

Nos quedamos otra media hora, ayudando a desmontar la cama y luego nos despedimos de todos.

Jeremy, que era un sol, me abrazó otra vez:

—Muchísimas gracias, Hannah. Eres la mejor. Y, para que lo sepas, para mi cumpleaños en verdad lo que quiero es un dron.

Eché la cabeza hacia atrás, riéndome.

—Campeón, esa no es forma de pedir las cosas —señaló Duncan con voz firme pero cariñosa.

Jeremy le guiñó un ojo.

Mientras Chase y yo bajábamos las escaleras, dije:

—Me sabe un poco mal irme cuando todavía hay cosas que hacer.

—Hannah, confía en mí. Hay suficientes Sterling para lo que queda por hacer. Se las apañarán sin nosotros. Además, en principio ni siquiera contaban con que estuviéramos aquí hoy. Les dije que quería hacer algún plan contigo.

—¿En serio?

—Claro. Por eso mi madre hoy ha estado especialmente encantadora conmigo.

Me reí.

—Así que tus hermanos tenían razón.

—Así es —admitió.

Salimos y nos dirigimos directamente al coche.

—¿Adónde vamos? —pregunté cuando dio marcha atrás para salir.

—Primero vamos a pasar por tu casa para que hagas una maleta con algo de ropa para pasar la noche. Y luego nos iremos a Palm Springs.

Sonreí de oreja a oreja:

—¡Qué pasada! —exclamé—. Nunca he estado allí.

Me guiñó un ojo:

—Lo sé. Blair me ha asesorado un poco.

—¿Qué?

—Quería un poco de información acerca de qué cosas te podrían gustar.

—¿Cuándo has hablado con mi hermana?

—Estaba hablando con Josh, y entonces una cosa llevó a la otra…

Asentí.

—Ya veo. Así que Josh está empezando a aceptar la idea de que estemos saliendo, ¿eh?

—Blair lo está ablandando. En fin, pensé que una escapada te vendría bien. Ayer estabas bastante afectada.

—Espera… ¿planeaste esto ayer?

—Pues claro —respondió.

¿Cómo podía tener tanta suerte de tener a mi lado a una persona como Chase? Había estado casada dos años y al hombre al que llamaba marido le importaba un comino cómo me sentía. En cambio, Chase estaba pendiente de cada detalle desde el primer momento.

—Gracias —respondí con sinceridad.

Fuimos directos a mi casa, y no dejé de sonreír durante todo el camino.

—Quería que saliéramos para Palm Springs esta mañana, pero estaba seguro de que te opondrías.

Sonreí.

—Has acertado. Y he disfrutado muchísimo pasando el rato con tu familia. Gracias.

—¿Revisando libros viejos con mi madre?

—Me gusta hablar con ella, descubrir un poco más sobre ti y tus hermanos.

—Puedo contarte todo lo que necesites saber.

—Pero las madres tienen una perspectiva diferente.

—¿Quieres que hablemos de lo de ayer? —preguntó—. He pensado que igual te apetecía después de haber tenido algo de tiempo para procesarlo.

¿Cómo me conocía tan bien?

Antes de conocer a Chase, me habría quedado encerrada en casa, acurrucada con un libro.

Nunca había sido de las que compartían sus problemas, ni siquiera con mi hermana o con mi madre, pero Chase hacía que me sintiera segura y querida.

Confiaba en él, y sentí cómo todo mi cuerpo se relajaba contra el asiento.

—Sinceramente, ni siquiera sé muy bien por qué estoy tan afectada. Creo que fue el efecto sorpresa. Pero, Chase, de verdad que no tienes por qué escuchar todo esto.

—Y una mierda, claro que tengo que escuchar —dijo—. Eres mi chica. Quiero saber qué sientes, cómo puedo hacer que te sientas mejor. Si no, ¿cómo puedo darte exactamente lo que necesitas?

—Chase, a veces ni yo misma sé lo que necesito.

—Ya, pero tú me dirás cómo te sientes y yo me encargaré de averiguarlo.

Pensé que estaba bromeando, pero unos segundos después me di cuenta de que lo decía en serio. Lo decía de verdad . Este hombre se había ganado mi corazón, pero yo todavía no tenía el valor para decírselo.

En cuanto llegamos a mi casa, empaqué rápidamente, llenando una maleta de mano con un neceser, un pijama, un bikini, ropa interior y dos vestidos. No necesitaba nada más. Además, no quería perder ni un segundo; Palm Springs nos estaba esperando.

Durante el trayecto, hablamos un poco más sobre la tienda de sus padres y luego sobre Jeremy.

—Creo que le falta una figura materna —comentó Chase.

—¿No ve a su madre en absoluto?

—A veces pasa las vacaciones con ella, pero vive en Irlanda. Habla con ella a menudo, pero no es lo mismo.

—¡Irlanda! Vaya, eso sí que está lejos. Pero tiene a tu madre —dije.

—Es verdad.

—De pequeña, siempre tenía envidia de las cosas que mis amigos podían hacer con sus padres y yo no. Si quieres, puedo preguntarle a Duncan si necesita que le eche una mano con algo.

—¿Cómo es que eres tan increíble? —preguntó.

—Tú también eres increíble. —¿Cómo podía resultarme tan natural compartir mis sentimientos con él cuando antes había sido tan reservada? No tenía ni idea, pero no quería contenerme en absoluto.

—¿Y adónde vamos exactamente? ¿A un hotel? —pregunté.

—He alquilado una cabaña solo para nosotros.

—Me muero de ganas de estar allí.

Me encantaban las cabañas. Eran pequeñas y acogedoras.

Sí, Chase Sterling se había ganado mi corazón por completo. Nunca imaginé que sería capaz de volver a entregarlo.