Besos Robados Capítulo Veintidós #3
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Capítulo Veintidós #3

—Después de eso, Chase se volvió aún más protector con sus hermanos, y Duncan también.

A Knox y a Finn pareció afectarles menos.

Eran más jóvenes y no creo que se enteraran ni de la mitad de lo que pasaba, se conformaban con saber que iban a tener dos Navidades, dos fiestas de cumpleaños y ese tipo de cosas.

A Wyatt y a Griffin les tocó la peor parte, porque no eran lo bastante mayores para entenderlo, pero sabían que algo pasaba.

No me enorgullece admitirlo, pero Bruce y yo apenas podíamos estar en la misma habitación sin discutir después del divorcio.

—Esas situaciones son muy duras para todos los implicados.

Susan asintió:

—Es verdad. Durante un tiempo, pensé que ninguno de mis hijos traería jamás a casa a una chica.

—Pero Duncan tiene a Jeremy. Tener un nieto debe de ser maravilloso.

—Sí, y es una bendición. Pero la relación con la madre de Jeremy no funcionó en absoluto. Le dejó secuelas. Te juro que, cuando Jeremy nos habló de ti, pensé que habría algo entre tú y Duncan. Pero en cuanto os vi a ti y a Chase, supe que estabais hechos el uno para el otro.

—¿En serio? —pregunté con una sonrisa.

Era una frase de las que diría mi abuela. Cada vez que hablaba de mi madre y mi padre, yo escuchaba embelesada cada palabra.

—Sí. Ambos transmitís una energía increíble cuando estáis juntos. Nunca había visto a mi hijo tan feliz. —Levantó la vista y frunció el ceño—. Uy. Creo que sabe que estamos hablando de él porque viene hacia aquí.

Chase se colocó justo a mi lado:

—Mamá, deja de acaparar a Hannah.

—La estaba ayudando con los libros —intervine.

—Sí, y ella no paraba de hablarte. He oído mi nombre unas cuantas veces. —Me rodeó la cintura con un brazo.

Susan me guiñó un ojo como diciendo: “¿Ves? Eso es exactamente lo que te estaba diciendo”.

—¿Qué piensas hacer con los libros? —preguntó Chase. Habíamos llenado dos cajas.

—Los llevaremos a mi planta —respondió Susan—. Me los voy a quedar.

—Vale, los subiremos. —Finn cogió una de las cajas y Chase la otra.

—Joder, cómo pesan —dijo Finn.

Eché un vistazo al sótano. Había tres montones que claramente eran basura. Wyatt y Griffin habían llenado otra caja con lo que parecían herramientas.

—Voy a meter los brownies en el horno —anunció Susan—. Es hora de un descanso.

—Solo llevamos una hora trabajando —replicó Griffin—. Pero por mí está bien.

Susan se volvió hacia él:

—Los brownies tienen que hornearse unos cuarenta minutos, así que aún tienes tiempo para terminar de ordenar tu rincón.

Él puso cara de disgusto:

—Me he metido en esto yo solo…

—Muy bien, chicos, a tope durante cuarenta minutos y luego a por la recompensa —dijo Bruce.

Me acerqué a Griffin y Knox, que estaban hojeando una pila de revistas.

No parecía que hubiera mucho que valiera la pena conservar. A continuación, revisamos una pila de juguetes y luego un set de cubertería vieja.

Exactamente cuarenta minutos después, bajó Susan:

—¡Los brownies ya están listos! —anunció, echando un vistazo a su alrededor.

Solo quedaban tres cajas más con la etiqueta de “Para guardar”; el resto iba directo al vertedero.

Bruce se frotó las manos:

—Me muero por probarlos. Tus brownies siempre están de muerte.

—Aunque hace tiempo que no los hago. Estoy un poco oxidada.

—Qué va, eres como el buen vino. Mejoras con los años —le soltó Bruce con un guiño.

Acto seguido, ambos subieron las escaleras.

—¿Es mi imaginación o mamá y papá están coqueteando? —preguntó Wyatt en cuanto se alejaron lo suficiente.

—Sí —asintió Chase, atónito—. A mí también me lo parece.

—¡Joder, ¿alguien me puede explicar qué está pasando aquí?! —exclamó Griffin.

No me correspondía meterme, pero sí que veía posible que, en el futuro, acabaran reconciliándose. Especialmente si iban a estar tan cerca el uno del otro todos los días.

—¡Tranquilizaos, chicos! —pidió Knox—. Deberíamos alegrarnos de que se lleven bien.

—Qué va, yo estoy con nuestros hermanos mayores —replicó Finn—. Aquí hay gato encerrado.

Cogí la bolsa con el regalo de Jeremy y subí las escaleras. Chase caminaba justo detrás de mí, con una mano apoyada en mi espalda baja, como si quisiera protegerme en todo momento; y eso era algo que me encantaba de él.

—¿Nadie se ha fijado en lo mucho que se han ablandado con Chase? —preguntó Finn.

—Sí, la próxima vez deberíamos venir todos con pareja. A mamá le va a encantar y nos hará trabajar menos —respondió Knox, y no pude evitar reírme.

Chase negó con la cabeza:

—Te reto a que salgas con una chica lo suficientemente en serio como para traerla a conocer a nuestros padres.

Knox me sonrió:

—Hannah, que sepas que todo esto es por tu culpa. Ahora que ha conseguido conquistarte, es aún más creído que antes.

—Nunca pensé que eso fuera posible —añadió Finn.

Los miré.

—¿En serio? ¿Por eso le habéis estado haciendo la vida imposible desde la boda?

—Alguien tiene que tocarle las narices —respondió Knox.

—En eso estoy de acuerdo —dije, y entonces Chase me dio un pellizco en el trasero.

—¡Oye! —le di un ligero culazo hacia atrás, dándole de lleno en la entrepierna.

Él gruñó.

—No puedes estar de parte de nadie que no sea yo.

Sonreí:

—Me lo apunto.

1   Nota del traductor: La Jolla es un exclusivo distrito costero ubicado a 20 km del centro de San Diego, California.

Es famoso por sus acantilados, playas de clase mundial como La Jolla Cove, sus colonias de leones marinos residentes, y su ambiente elegante con boutiques, restaurantes gourmet y lujosas mansiones.