Capítulo Veintiuno
CHASE
El lunes siguiente, adelanté el final de la reunión general porque mis padres estaban a punto de llegar.
—Perfecto. Tengo un montón de cosas que hacer de todos modos —dijo Cyrus. Estaba sorprendentemente animado.
Después de que se fuera, la puerta se abrió y Griffin entró con mis padres.
Había subido con ellos en el ascensor de los directivos. Susan y Bruce Sterling rondaban ya los setenta y solo habían estado en las oficinas una vez antes, cuando nos mudamos a aquel edificio.
Mi padre era alto y fornido, con el pelo castaño oscuro y los ojos verdes. Hacía ejercicio con regularidad y estaba en plena forma. Mi madre solía bromear diciendo que lo había clonado seis veces, porque nos parecíamos mucho a él, hasta en la estructura ósea y el color del pelo.
Mi madre miró a su alrededor con inquietud. Me dio la impresión de que pensaban que algo iba mal.
—Chicos, un sinvivir —comentó mientras se sentaba entre Duncan y yo. Mi padre se sentó al lado de Knox—. ¿Qué ocurre? ¿Cómo podemos ayudar?
No me equivocaba.
—¡Maldita sea! —exclamó Knox—. No pensaba que esto fuera a salir así. Mamá, papá, no pasa nada malo. Chase os tiene una sorpresa.
— Os tenemos preparada una sorpresa —lo corregí.
—Técnicamente, es de Chase. Él no se va a atribuir el mérito, pero todo es obra suya —continuó Knox—. Nos enteramos esta misma semana.
Mi madre se volvió hacia mí, sonriendo.
—Ay, cariño. ¿Por fin te vas a casar?
La miré fijamente.
—¿Por qué asumes que os he hecho venir para eso?
—No lo sé. Has dicho que es una sorpresa. Y eso es algo que me sorprendería mucho.
—Susan —intervino mi padre, pero no era su tono exasperado de siempre—. Nos habría dicho si estuviera saliendo con alguien. Debe de ser otra cosa. Hijo, ¿de qué se trata?
—Iré al grano —dije—. He vuelto a comprar vuestra antigua tienda.
Mi madre ahogó un grito de sorpresa.
—Espera, ¿qué quieres decir? —preguntó mi padre.
—Lleva unos meses en venta —expliqué.
—Lo sé, lo he visto —repuso mi madre. Miró un segundo a mi padre y luego volvió a mirarme a mí—. Pero ¿por qué la has vuelto a comprar?
—Imaginé que os haría ilusión. Sé lo mucho que significaba para vosotros.
—Pues sí —susurró mi madre.
—Hijo, de verdad que no tenías por qué gastar ese dinero en nosotros —replicó mi padre.
—Papá, por si no te has dado cuenta. —Knox se inclinó hacia él sobre la mesa—. Tu hijo está forrado, ¿vale? Puede pagar esa cantidad sin enterarse.
—¡Esto es maravilloso! —exclamó mi madre—. Muchísimas gracias.
Tanto ella como mi padre estaban que no cabían en sí de la alegría. Se mostraban mucho más amables el uno con el otro de lo que esperaba. Todo iba sobre ruedas.
—Ya tengo la llave. —Metí la mano en mi bolsillo y se la pasé por encima de la mesa a mi madre, porque era la que estaba más cerca.
—Qué rápido —dijo ella—. Imaginaba que… Olvídalo. —Miró la llave como si no pudiera creérselo y luego levantó la vista hacia mi padre. Para mi asombro, tenía lágrimas en los ojos.
Desconcertado, miré a Duncan, que se limitó a encogerse de hombros. Entonces eché un vistazo al resto de mis hermanos. Griffin levantó una ceja, mientras Wyatt miraba fijamente a Knox y a Finn esperando que tuvieran una explicación.
—¡No me lo puedo creer! ¿Cómo sabías siquiera que estaba en venta? —preguntó nuestro padre.
—Iba mirando de vez en cuando, y mi asistente me avisó. Costó un poco convencer al dueño de que nos la vendiera.
—Hannah, nuestra nueva empleada, expuso unos argumentos muy buenos que, al parecer, acabaron convenciéndolo cuando ella y Chase lo llevaron a cenar —aclaró Knox.
¿Por qué demonios le gusta tanto buscarme las cosquillas?
Nuestra madre se volvió al momento para mirarme.
—¿Hannah?
Fruncí el ceño, mirándola:
—La conocí en la boda de Josh y Blair. Es la hermana de Blair.
A mi madre se le iluminó la cara con una sonrisa mientras me señalaba.
—Espera, ¿es esta la misma Hannah de la que nos habló Jeremy? —preguntó.
—Sí —respondió Duncan.
—Estaba segura de que había algo entre vosotros —le dijo nuestra madre a Duncan.
—¡Ni de coña! —exclamé. La sala quedó en completo silencio—. No hay nada entre Duncan y Hannah.
—Hermano, todos sabemos que eres un hombre de pocas palabras, pero creo que nunca habías dicho tanto con tan poco —dijo Wyatt con una sonrisa.
—Está bien. No necesito más información. —Mi madre tenía una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Qué? ¿Por qué no? —preguntó Knox—. Venga ya. Pensaba que le darías la lata.
—No, no lo haré. —Volvió a mirar las llaves—. ¿Podemos ir a ver el local ahora mismo?
—Por supuesto —respondí, contento de que volviéramos al asunto principal.
—Os llevaré yo —se ofreció Knox—. ¿Aún queréis hacer un recorrido por la empresa antes?
—¡Sí! —exclamó mi padre—. Hace tiempo que no vengo por aquí, me encantaría echar un vistazo.
—Estupendo, vamos —repuso mi madre.
Mi padre, mi madre y Knox salieron de inmediato.
—¿Me parece a mí, o nuestros padres están sospechosamente amables? —preguntó Griffin una vez que se habían marchado.
—Creo que es solo porque se han llevado una grata sorpresa —respondió Wyatt.
—No sé. Las últimas veces que los vi también parecían llevarse bastante bien —explicó Griffin.
Duncan me miró directamente:
—Mamá no va a soltar la presa ahora que ha oído lo de Hannah. ¿Te parece buena idea dejar que ella y Knox vayan por ahí sin control?
—Mamá no hará nada —aseguré.
Finn me señaló:
—Por la boca muere el pez, hermano.
***
HANNAH
Me encantaba mi trabajo. Cuando empecé en Sterling Investments , lo hice por pura necesidad.
Sin embargo, me di cuenta de que estaba disfrutando más que en mi anterior empleo, posiblemente porque el ambiente en la oficina era mucho menos estresante.
Todo el mundo parecía más relajado, y eso se debía sobre todo a la dirección, es decir, a los hermanos Sterling.
El único inconveniente era que no me dejaba absolutamente nada de tiempo para el hostal.
Varios contratistas me habían enviado presupuestos por correo electrónico basándose en las fotos que les mandé y en el informe del inspector, pero los costes de las reparaciones eran astronómicos.
La franquicia del seguro se salía por completo de mi presupuesto.
La cuestión era simple: mis ahorros no daban para tanto.
Pero no iba a dejar que eso me frenara. Yo no me rendía con tanta facilidad.
Por eso estaba considerando algo a lo que antes me había negado rotundamente: estaba buscando un inversor.
Había descubierto un portal web donde había que crear un perfil para el negocio y los inversores podían ponerse en contacto si estaban interesados.
Era como una especie de speed dating , pero para empresas.
Aunque todavía no había tenido tiempo de hacer nada.
Me sobresalté cuando mi móvil vibró en el bolsillo.
Al sacarlo, me sorprendió encontrar un mensaje de Knox.
Había olvidado que tenía mi número de teléfono.
Se lo di en la boda y debía haberlo guardado.
El único hermano Sterling con el que había estado hablando era el mío .
Era increíble, pero cada vez que pensaba en Chase, me invadía una sensación de vértigo.
¿Era un poco insensata por tirarme de cabeza a la piscina y dejarme llevar por el corazón? Tal vez, pero no podía hacer nada al respecto. Desde luego que no quería contenerme, no cuando todo fluía de una manera tan increíble y tan perfecta.
Knox: ¿Puedes venir a la sala de descanso de la tercera planta, junto a las escaleras? Tengo que presentarte a alguien.
Fruncí el ceño, pero me levanté de inmediato. Cuando uno de los jefes pedía algo, no se lo cuestionaba. Bueno, a menos que fuera Chase. A él siempre podía cuestionarlo y tomarle el pelo.
Rápidamente, le envié un mensaje a Chase por si podía darme algún tipo de información privilegiada.
Hannah: Knox quiere presentarme a alguien en la sala de descanso que hay junto a las escaleras. ¿Tienes idea de qué va esto?
No me respondió, así que me dirigí a la sala. Knox ya se encontraba allí, de pie junto a una pareja mayor que no conocía.
Knox miró por encima del hombro de la mujer.
—Ahí está —dijo Knox al verme llegar—, la mujer del momento. Hannah, ven aquí y únete a nosotros.
—Hola —dije, mirándolos con curiosidad. De cerca, me resultaban vagamente familiares. Quizás sí que los había visto antes, después de todo.
—Estos son mi madre y mi padre —dijo Knox—. Susan y Bruce.
—¡H-hola!
¿En serio acabo de tartamudear con una palabra de dos sílabas?
—Encantados de conocerte, Hannah. Nos han dicho que ayudaste a Chase a conseguir la tienda —comentó su madre.
—Oh, bueno… yo diría que eso es exagerar un poco. Solo expuse un par de buenos argumentos.
Knox me guiñó un ojo:
—Nuestro hermano nos confesó que él estaba haciendo de poli malo.
Aunque yo ni siquiera creo que fuera una situación de “policía bueno, policía malo”, más bien una de…
. —Hizo una pausa, y pensé que estaba buscando las palabras adecuadas, pero resultó que solo era para darle dramatismo a su discurso—.
Sí, diría que era más bien “el gruñón contra el encanto en persona” —terminó Knox.
—Bueno, hay que decir que esa descripción encaja perfectamente con Chase. Nuestro nieto también nos ha hablado de ti —dijo su madre.
—¿Cómo está Jeremy? —pregunté mientras intentaba descifrar el verdadero motivo por el cual querían conocerme. Sentía que se me escapaba algo.
—Está muy bien. Pasará este fin de semana en mi casa. Estoy deseando enseñarle la tienda —respondió ella.
—Pero cuéntanos más sobre ti, Hannah. Chase te ha tenido bastante escondida —me dijo su padre.
Esta vez no pude ocultar mi sorpresa. ¿Sus padres sabían lo mío con Chase? Miré a Knox, que parecía estar conteniendo la risa.
—¿Pero qué narices…? —retumbó la voz de Chase detrás de nosotros. Debía de haber visto mi mensaje.
Giré la cabeza para echar un vistazo mientras se acercaba a nosotros.
—¿A qué viene esto? —preguntó. Se quedó mirando fijamente a Knox y luego a su madre.
Knox me miró con los ojos entrecerrados.
Levanté las manos: