Capítulo Veinte
CHASE
Sus labios se entreabrieron y se le sonrojaron las mejillas.
La música se reproducía en modo aleatorio, pero daba igual. Hannah y yo podíamos bailar lo que fuera.
—Me encantaría volver a escuchar “Earned It” , pero que esta vez me hagas un striptease —murmuró.
La atraje hacia mí, pegándola a mi pecho. Se le cortó la respiración.
—Ya quieres que me desnude, ¿eh?
Ella sonrió:
—¿Por qué se me habrá ocurrido proponer lo de bailar?
Acerqué la boca a su oído:
—Es un muy buen juego previo.
Noté cómo contenía el aliento justo antes de hacerla girar.
Ahora tenía su culo presionando contra mi entrepierna.
Nos movíamos al unísono, dejándonos llevar por el movimiento de las caderas.
Le puse una mano en el vientre y sentí un ligero temblor en su cuerpo.
Entonces, apartándole el pelo hacia un lado, le besé la nuca y luego volví a acercar la boca a su oído.
—Quería bailar contigo así en la boda. Quería hacerte tantas cosas… —comenté.
—¿Qué cosas? —murmuró.
Deslicé la mano desde su cintura hasta su pecho.
—Lo primero, quería cogerte en brazos y llevarte a mi habitación. Y luego, explorarte con mis manos, con mi lengua, y darte tanto placer que nunca quisieras salir de mi cama.
De inmediato, la besé contra la pared. Ya no me quedaba ni una pizca de autocontrol; lo había agotado todo.
Ella gimió contra mi boca, pasando los dedos por mi pelo y tirando de él.
Profundicé el beso, poniendo ambas manos en sus caderas y apretándola contra mí.
Luego la despegué de la pared y la guié mientras caminaba hacia atrás.
Levantaba la vista de vez en cuando, solo para asegurarme de que no nos desviáramos.
—Te prometo que esta noche llegaremos a la cama —murmuré.
Dejé de moverme cuando llegamos a la barra americana, la besé antes de levantarla y colocarla encima. Perfecto, ahora podía besarla hasta que me suplicara que la penetrara.
Le puse las manos en los tobillos, luego las subí hasta las rodillas y seguí subiendo por la cara interna de sus muslos. Hannah era mucho más pequeña que yo, pero tenerla sobre la barra igualaba las cosas. Su piel era increíblemente suave. La acaricié muy despacio, provocándola.
Gimió contra mi boca, arqueando la espalda. Le besé la clavícula y coloqué mi palma sobre su pecho. Joooder. No llevaba sujetador. El vestido debía de tener algún tipo de copa de sujeción, porque no era su piel desnuda lo que tocaba, pero tampoco un sujetador.
Me excité al instante y le abrí la cremallera, bajándole el vestido hasta la cintura. De inmediato, atrapé uno de sus pezones con mi boca.
Gimió.
—¡Chase! —exclamó, y entonces la estimulé con la lengua hasta que empezó a moverse muy ligeramente hacia delante y hacia atrás.
Presionó los muslos contra mí, y supe exactamente lo que quería: necesitaba que la masturbara en ese mismo instante.
De hecho, yo quería ir un paso más allá: quería hacerla correrse así, con el vestido subido hasta la cintura y las bragas aún puestas.
Tenía tantas ganas de darle placer que no podía esperar ni un minuto más, ni siquiera lo suficiente para quitarle la ropa.
Volví a recorrer sus piernas con las manos, disfrutando de cómo su piel había pasado de estar suave como la seda a erizarse por completo.
Deslizando una mano por debajo de su vestido, llevé la otra a la parte baja de su espalda.
Así podía inclinarle la pelvis justo como yo quería, acercándola mucho más al borde de la barra y tumbándola ligeramente hacia atrás.
Me di cuenta de que, en esa posición, no podía lamerle los pezones al mismo tiempo que la estimulaba con la mano, así que levanté la vista y le ordené:
—Túmbate boca arriba.
Tragó saliva con dificultad, mirando a su alrededor.
—¿Aquí?
—Sí. Voy a hacer que te corras aquí primero, y luego en cada rincón de mi casa. ¿Te parece mal?
Negó con la cabeza y se tumbó hacia atrás, dejando los brazos a los lados y tamborileando con los dedos sobre la barra, como si no supiera qué hacer con ellos.
Me gustaba verla tan entregada a mí, siguiendo mis órdenes. Iba a hacer que se corriera tan fuerte que me suplicaría por más.
Me incliné para llevarme un pezón a la boca mientras deslizaba la mano más arriba por debajo de su vestido.
Ella apretó los muslos, atrapando mi mano. Dejé de estimular su pezón para darle instrucciones.
—No. Abre bien las piernas. Necesito llegar bien a tu coño.
Relajó las piernas y las separó aún más.
Acaricié su sexo con dos dedos. Joder. ¿Cómo podía estar ya tan mojada? Lo único que había hecho era estimularle los pezones.
Quería bajarme los pantalones en ese mismo instante y hundirme dentro de ella, pero en lugar de eso moví los dedos sobre la tela con un movimiento circular.
Sus piernas empezaron a temblar.
—¡Chase! —gritó.
Pasé mi lengua por su pezón y acaricié sus partes íntimas con los dedos, tocándole el clítoris por encima de las bragas.
Estaba tan empapada que el contacto parecía piel contra piel, pero en ese momento mi intención era hacer que se corriera así, sin siquiera quitarle las bragas y, de hecho, ya no le faltaba mucho para llegar al orgasmo.
Tenía la llave de su placer y podía tocar su cuerpo exactamente como quería.
Cambié el ritmo de los dedos, moviéndolos de arriba abajo, y luego presioné ligeramente en su entrada, como si fuera a introducirlos, antes de volver a acariciarle el clítoris.
Hannah estaba fuera de sí en ese momento, así que empecé a estimularla con más rapidez hasta que se corrió.
Aparté la boca de su pezón, observando cómo se retorcía de placer y me pedía más.
—Chase, necesito… ¡ooooh!
Joder, se estaba corriendo y aun así seguía suplicando por mi polla. Quería llevarla a la cama, ya que no lo habíamos conseguido en el hostal, pero estaba demasiado desesperado por ella.
—Baja de allí, preciosa —le ordené.
Aunque todavía temblaba, no dudó ni un segundo. Bajó al suelo y entonces la giré, haciéndola jadear.
—Te necesito —dije.
—Sí, sí, por favor. No me hagas esperar más.
Oírla suplicar fue mi perdición. Me bajé los pantalones y le quité la ropa interior de un tirón. Luego me detuve justo antes de agarrarme la polla por la base.
—Mierda, necesito un condón.
Me miró con los párpados entrecerrados.
—¿Te has hecho las pruebas? ¿Estás sano? Porque yo sí, y llevo un DIU.
Tragué saliva con dificultad, sin poder creer lo que estaba oyendo.
—Estoy sano —confirmé.
—Entonces no me hagas esperar más, por favor —pidió.
Estaba perdido, ni siquiera podía pensar con claridad. Lo único que quería era sentirla.
Le aparté las bragas y la penetré; mi intención era deslizarme despacio, pero estaba tan mojada que me metí hasta el fondo sin contenerme.
—¡Joder! ¡Joder! —exclamé.
Parpadeé varias veces. Toda la zona de la barra se volvió borrosa ante mis ojos y, durante unos segundos.
Luego recuperé la visión, me aparté y volví a embestirla con fuerza.
Ella dobló el brazo derecho para apoyar la cara de lado sobre su mano.
Cerró los ojos y soltó un gemido sordo. Tenía un rubor encantador en el cuello.
Bajé la mirada para poder observar cómo mi polla desaparecía dentro de ella con cada embestida. La escena era increíble. Me apretaba con una fuerza brutal. Y entonces, de repente, sentí sus dedos rozando mi polla.
—Te estás tocando. Eres espectacular —dije, y luego le ordené—: Detente, quiero mirar.
Dejó de mover la mano y casi exploto. Me encantaba cómo seguía mis órdenes.
—¿Quieres que me dé la vuelta? —murmuró.
—No, eso sería una maldad, Hannah. Quiero ver tu cara cuando te corras.
Ella jadeó y sentí cómo su coño se contraía en torno a mi miembro.
Eso es. Este no va a ser el último orgasmo que te voy a dar esta noche.
Me moví más rápido, con sus dedos rozándome los huevos en cada embestida. Soltó un grito tremendo y ni siquiera intentó disimularlo.
¡Sí! ¡Sí! Quería que gritara hasta derribar las paredes. Quería que todo el mundo supiera que era mía.
No bajé el ritmo ni un poco. Sentir y ver cómo se corría me ayudó a recuperar el control.
Cuanto más controlaba el ritmo, más placer podía darle.
Ese era mi único objetivo esa noche. En cuanto sus músculos internos se relajaron un poco y abrió los ojos, deslicé una mano entre la barra y su torso, atrayéndola hacia mí mientras seguía dentro de ella.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó.
—Vamos, preciosa, que esta noche sí que llegamos al dormitorio.
—No creo que pueda —murmuró.
Me retiré y le di la vuelta. Luego la cogí en brazos, haciendo que me rodeara la cintura con las piernas.
Tenía la intención de rozar su clítoris con la punta de mi miembro, pero había sobreestimado mi autocontrol.
No fui capaz de hacerlo. Sentir su cálida piel contra mi erección era demasiado excitante.
Volví a deslizarme en su interior, y Hannah se rio, agarrándose con fuerza a mis bíceps.
—¿Piensas pasearte conmigo así?
—Claro que sí —dije—. Exactamente así.
—Vale —susurró de manera sensual, mordiéndose el labio inferior.
Subimos rápidamente las escaleras y me arrodillé en medio de la cama antes de tumbarla. Justo en ese momento, su cuerpo volvió a contraerse a mi alrededor y supe que estaba perdido.
—¡Joder! —exclamé.
Sí, estaba claro que había sobreestimado mi autocontrol. No iba a aguantar mucho más.
Me quedé quieto unos segundos, respirando lentamente, pero fue en vano.
Cuando bajé la mirada hacia ella, tenía una sonrisa de plena satisfacción.
Todavía estaba flotando en una nube después del orgasmo.
Quería llevarla al límite una vez más. Lo necesitaba; su placer estaba conectado al mío a un nivel primitivo.
—Tócate, Hannah. Quiero verlo.
Llevó la mano a su clítoris y lo acarició. Me grabé a fuego el movimiento de sus dedos, poniéndome aún más duro que antes. Sabía que iba a correrse antes que yo.
Al momento, todo su cuerpo se tensó y clavó los talones en el colchón, empujando la pelvis hacia arriba.
Hannah gritó y mi propio grito la siguió de inmediato cuando, por fin, me corrí.
Fue tan intenso que supe al instante que nunca olvidaría ese momento.
Sentí como si mi cuerpo se desmoronara y se recompusiera al mismo tiempo.
Iba más allá del mero placer. Era muchísimo más que eso.
Busqué aire con desesperación, sin apartar los ojos de ella. En ese momento, no era consciente de nada más, ni de mi cuerpo ni de lo que nos rodeaba, pero no podía dejar de mirarla; me daba el equilibrio que necesitaba.
Aquella noche, Hannah era mi conexión con el mundo.