Besos Robados Capítulo Trece
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Capítulo Trece

HANNAH

—¿Jeremy tiene algún tío favorito? —pregunté, esperando que pillara la indirecta y cambiara de tema—. Se moría de ganas de ver a Knox y a Finn.

Me dedicó una sonrisa. ¡Sí, una sonrisa! ¿Por qué lo hacía tan poco? Le sentaba genial.

—Esos dos son probablemente sus tíos favoritos.

Un rato después, llegamos frente a un pequeño restaurante mexicano. Dimos un par de vueltas por las calles de alrededor hasta que encontramos sitio para aparcar y luego fuimos andando. Tenía una terraza preciosa con bancos de madera.

Mientras buscábamos con la mirada al dueño del local, Chase me apoyó una mano en la parte alta de la espalda y la retiró enseguida. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reclinarme hacia él, buscando su contacto.

Se aclaró la garganta y dijo:

—Ahí está.

Nos aproximamos a un hombre mayor que ocupaba una de las mesas de la esquina. Teniendo en cuenta que apenas eran las seis, el lugar estaba sorprendentemente lleno. Había sitio dentro, pero todo el mundo estaba disfrutando de la terraza. La tarde era cálida y agradable.

Al vernos llegar, se levantó y me tendió la mano.

—Hola, soy Elijah Casson.

—Y yo, Hannah Levine —saludé.

—Chase, me alegro de verte. Por fin te pongo cara. —Me pareció buena señal que se tutearan.

—Nunca había estado en este restaurante —le comenté a Elijah—, y eso que vivo a solo unas calles de aquí.

—¡Es de mis favoritos! —exclamó—. Os recomiendo el trío de tacos. Los preparan con los ingredientes frescos del día, sobre todo pollo y cerdo, pero a veces también te ponen gambas. Siempre están buenísimos.

Asentí:

—Venga, pues me pido eso entonces.

—A ver qué te parecen. A todo el mundo que traigo aquí le chiflan.

En cuanto nos sentamos, Chase llamó a un camarero. Los tres pedimos tacos y refrescos. Nada más marcharse el camarero, Chase fue al grano:

—Bueno, Elijah, ¿te has pensado mejor mi oferta?

¿Qué narices está haciendo? Tiene que ir ganándoselo poco a poco. Elijah tenía ganas de disfrutar de la cena y Chase poco más y le pasa por encima como una apisonadora.

Presioné mi muslo contra el suyo y él se calló de inmediato. El contacto me electrificó.

Elijah me señaló a mí y luego a Chase:

—Hacéis una pareja interesante.

Casi me da la risa por cómo cambió de tema, pero sentía las mejillas en llamas.

—No somos pareja. Trabajo con Chase.

—¿En serio? Entonces, ¿por qué estás aquí exactamente? —Se centró en Chase—. ¿Pensaste que si me presentabas tu propuesta a través de una chica tan guapa me convencerías?

Maldita sea. Esto no ha empezado nada bien. Tenía pensado averiguar un poco más sobre Elijah antes de jugar la carta de la historia familiar, pero no tuve más remedio que cambiar de estrategia.

—No se trata de una simple propuesta de compra —intervine, manteniendo la voz tranquila—, el local es importante para Chase.

Elijah hizo un gesto de desdén con la mano:

—Diriges una empresa de servicios financieros. ¿Para qué quieres este local?

—Perteneció a sus padres —solté a bocajarro.

Eso tuvo exactamente el efecto que buscaba. Echó la cabeza hacia atrás y miró a Chase:

—¿Eso es cierto?

Chase asintió. ¿Cómo podía resultarle tan incómodo el tema?

—¿Por qué no me lo dijiste? —continuó Elijah.

Chase se aclaró la garganta justo cuando el camarero nos traía los tacos.

—Porque no me pareció un argumento relevante.

Elijah nos miró con incredulidad, primero a él y luego a mí, antes de coger uno de sus tacos.

Yo tenía uno de cerdo, otro de pollo y otro de gambas. Empecé por el de gambas y mi idea era seguir con el de cerdo.

No pude evitar mirar a Chase de reojo. Con sus gemelos y su traje caro, la verdad es que desentonaba un poco en aquel sitio. Pero comía con una soltura sorprendente, lo que me demostró que no era ningún estirado con la comida.

Me terminé el taco de gambas en un pispás y suspiré.

—Estaba buenísimo. —Sin duda iba a volver a aquel sitio—. Tenía muchísimo sabor, pero el justo para no camuflar el de las gambas. —También noté el toque de cilantro y lima.

—Exacto —coincidió Elijah, pero seguía absorto en Chase y en el asunto principal—. A ver, cuéntame más sobre tus padres. ¿Cuándo tuvieron ellos el local?

—Hace veinte años —dijo Chase. Su tono era seco.

—¿Por qué vendieron la tienda?

Miré de reojo a Chase y comprendí perfectamente por qué le resultaba tan incómodo el tema. No quería hablar de los problemas de sus padres con un extraño, pero no había forma de contar la historia sin mencionarlo.

—No pudieron seguir pagando la hipoteca del local, así que el banco se lo quedó y salió a subasta.

Mi mano se congeló a mitad de camino del siguiente taco. Eso no me lo había dicho. Se me partió el alma por sus padres.

—Vaya, lo siento mucho.

—Hicieron lo que tenían que hacer —repuso Chase con tono tajante—. Con lo que sacaron de la venta, pudieron empezar de cero en otra parte.

—¿Qué es lo que quieres hacer exactamente con el local? —Elijah solo miraba a Chase, así que me mantuve al margen.

—Mi idea era comprarlo para darles una sorpresa a mis padres.

Puede que mi padre quiera retomar el negocio donde lo dejó.

Con mi madre no lo tengo tan claro; está encantada con su jubilación.

Se dejaron la piel en esa tienda, así que creo que les hará ilusión que vuelva a estar en manos de la familia.

—¿Por qué narices no me lo dijiste desde el principio? —preguntó Elijah, hincándole el diente a su tercer taco. Yo apenas iba por el segundo, igual que Chase.

—Al fin y al cabo, la compra de un local es una transacción comercial —respondió Chase.

—Ya, pero esta tienda es el trabajo de toda mi vida. Yo también le he puesto cuerpo y alma —replicó Elijah—. Saber que irá a parar a alguien que la aprecia tanto como yo, bueno, eso es justamente lo que siempre he querido.

Chase se quedó atónito. Madre mía, si hubiera tenido el móvil a mano, le habría hecho una foto en ese mismo momento.

—Todos los que han ofertado tienen pensado reformarlo. Uno incluso dijo que, en realidad, solo quiere el terreno y que piensa derribar el edificio. ¿Por qué demonios se lo iba a vender a él? Así que mándame toda la documentación y la firmaré.

—¿Me lo vas a vender a mí? —preguntó Chase.

Elijah entrecerró los ojos:

—Sí, eso es lo que he dicho.

—De acuerdo —respondió Chase, y pude ver al instante cómo se ponía en modo CEO—. Mis abogados se pondrán en contacto mañana a primera hora. Creo que podemos cerrar todo rápidamente.

—Me parece bien —asintió Elijah—. Estupendo entonces.

—¿Y qué vas a hacer ahora que te jubilas? —le pregunté.

—Para empezar, plantarme en un crucero. Llevo veinte años sin cogerme un solo día de vacaciones. He estado guardando dinero, Dios sabe para qué. Ya va siendo hora de disfrutar de la vida con mi mujer.

—¡Qué bien! Me alegro un montón por ti —le dije.

Charlamos un rato sobre cruceros y vacaciones mientras terminábamos nuestros tacos.

—En fin, un placer haber compartido este rato con vosotros —se despidió Elijah media hora después, ya en la calle—. Una lástima que no estéis juntos, hacéis una pareja estupenda.

Intenté decir algo, pero me quedé muda. Un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo.

—Mis abogados se pondrán en contacto contigo —fue todo lo que dijo Chase.

Elijah me dio la mano a mí primero y luego a Chase, antes de darse la vuelta y alejarse a paso ligero.

Yo seguía desconcertada por lo que había dicho Elijah al despedirse. Necesitaba serenarme.

—Enhorabuena por cerrar el trato, Chase —felicité dándome la vuelta despacio, para ganar tiempo.

—Todavía te estás sonrojando.

—¿En serio? —Me llevé ambas manos a las mejillas; sin duda estaban calientes. Cuando levanté la vista hacia Chase, tenía una sonrisa de suficiencia.

—¿Es por lo que ha dicho Elijah?

—Es que no entiendo por qué ha hecho ese comentario.

—Yo sí.

—¿Me lo vas a explicar?

—Prefiero no hacerlo. No vayamos a abrir la caja de Pandora…

Ya no era solo un chispazo; es que aquel hombre me ponía a cien.

—Gracias por la ayuda, Hannah —dijo.

—Nada. Me alegro mucho de que haya salido bien.

—¿Qué te parece si salimos a celebrarlo? ¿Un poco de champán?

—¿Tú y yo, más champán? No sé si es la mejor idea.

Tragó saliva sin quitarme los ojos de encima.

—Tienes razón. Te llevaré a casa.

—Qué va, si vivo al lado. Además, me apetece caminar un poco, hace una temperatura buenísima.

Solía ir a la oficina en coche o en transporte público. Aquel día había elegido lo segundo y ya había caminado bastante, pero aun así quería estirar un poco las piernas.

—Venga, te acompaño hasta la puerta y luego me doy la vuelta.

—Vale.

No quería que se terminara la noche todavía. ¡Estaba muy emocionada con la idea de que Elijah le fuera a vender el local! A decir verdad, tenía muchas ganas de celebrarlo con él. Pero ir a algún sitio juntos y beber champán me parecía una muy mala idea. Un paseo, sin embargo, era perfecto.

—¿Se lo vas a contar a tu familia? —pregunté.

—Se lo contaré a mis hermanos y luego decidiremos juntos cómo darles la noticia.

A los pocos minutos cruzamos bajo el famoso arco luminoso del barrio de Gaslamp. Las calles estaban abarrotadas de gente que salía de trabajar para ir de cañas.

—Me encanta este barrio tan histórico —murmuré.

—Hace tiempo que no vengo por aquí —admitió Chase.

—Después de romper con mi ex, supe que quería vivir aquí. Aunque, para ser sincera, pensaba que me pasaría casi todo el tiempo en el hostal y que solo saldría por aquí de vez en cuando.

—¿Lo echas de menos? —preguntó de forma cortante.

—¿A mi ex? Para nada. Ya es parte del pasado.

—¿Lo ves alguna vez?

—Qué va, ni de coña. ¿Podemos dejar de hablar de él?

—Por mí, perfecto.

Me había hecho polvo, de eso no había duda. De una traición y un chasco así no se sale tan fácilmente. De hecho, ni siquiera sabía si lograría superarlo del todo. Pero Chase no tenía por qué enterarse.

—Hace una noche estupenda para dar un paseo. ¿Te importa si nos desviamos un poco? Suelo hacerlo a menudo de camino a casa.

—Claro —respondió.