Besos Robados Capítulo Diez
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Capítulo Diez

CHASE

Salí de la oficina a primera hora de la tarde, usando el ascensor de la dirección. Hannah seguía con Magda. Me costó toda mi fuerza de voluntad no volver a entrar en esa sala. Mantenerme alejado de ella me estaba exigiendo mucho más autocontrol de lo que pensaba.

Me subí al ascensor con Cyrus.

—¿Ya has terminado por hoy? —preguntó con tono de reproche.

—Sí. ¿Y tú?

—Qué va, voy a salir a fumar y luego vuelvo arriba. Todavía tengo varias reuniones.

Era un viejo cascarrabias, pero era un gran activo para la empresa.

Negué con la cabeza:

—Tienes que relajarte de vez en cuando, Cyrus.

—Ya lo hago. Juego al golf todos los fines de semana con mis colegas de Farley era un error de principiante en los negocios y, a fin de cuentas, aquello era básicamente una transacción comercial.

—Bueno, tal vez un día aprenda que no todo es cuestión de dinero. Que pase una buena tarde.

Sabía cuándo reconocer una derrota.

—Igualmente.

No dijo nada más, simplemente colgó.

Maldita sea. Se trataba de algo muy importante para mí, y era una oportunidad que no quería dejar pasar, porque quién sabía si tendría otra ocasión tan propicia en el futuro.

Dudé si volver a llamar, pero al final decidí no hacerlo. Si insistía demasiado, lo perdería por completo. A pesar de que me había dado largas, podía notar por su tono de voz que seguía sopesando mi oferta. Había muchísimo dinero sobre la mesa, una cantidad que le cambiaría la vida a Elijah.

No me podía creer que estuviera obsesionándome tanto con el tema. Por lo general, se me daba bien pasar página y desconectar, pero desde que ese local había vuelto al mercado, lo tenía en la cabeza a todas horas.

Me había criado en la tienda de mis padres. Era mi hogar, casi tanto como la casa en la que crecimos. Odiaba que hubieran tenido que venderla, y ellos también.

Entonces me di cuenta de que solo había una persona que probablemente entendería mi punto de vista: Hannah. El cariño que le tenía al hostal de su abuela era tan fuerte como el que yo sentía por la tienda de mis padres.

Eché un vistazo por la ventana. Mi loft se encontraba situado a una calle de la playa y tenía unas vistas despejadas del mar. Normalmente, ver las olas me tranquilizaba, pero esa noche no.

En lugar de subirme a la cinta de correr como solía hacer cuando necesitaba despejar la mente, me serví un whisky con hielo y llamé a Hannah, que contestó enseguida.

—¿Chase? —preguntó.

—El mismo.

—Hola.

—¿Qué estabas haciendo? —pregunté.

—Estoy revisando el contrato otra vez. Ya lo he revisado con Magda, pero nunca está de más leer la letra pequeña.

—Nunca nos aprovecharíamos de ti —afirmé.

—Claro que no, pero me quedaré más tranquila si lo examino un par de veces más.

Joder. Una parte de mí quería que rechazara el trabajo. Así podría intentar conquistarla.

Di otro sorbo a la bebida y luego me regañé a mí mismo.

El whisky ya debía de haberme subido a la cabeza, aunque no imaginé que fuera a hacer efecto tan rápido.

Incluso si Hannah no trabajara en Sterling Investments , la advertencia de Josh resonaba en mis oídos.

No era el hombre adecuado para ella en absoluto, y tenía que olvidarme del tema.

—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó.

Miré mi vaso.

—De hecho, sí. ¿Qué te impide vender el hostal de tu abuela?

—Vaya, no me esperaba esa pregunta —murmuró—. Ni siquiera puedo explicarlo, por más ridículo que suene. Pero es que allí tengo los mejores recuerdos de mi infancia.

Asentí:

—Sí, sé exactamente a qué te refieres.

—¿Ah, sí?

—¿Te acuerdas de que te dije que quiero volver a comprar la tienda de mis padres?

—Sí.

—La llevaban cuando aún estaban casados, y mis hermanos y yo íbamos allí todos los días después del colegio. Prácticamente nos criamos en ese lugar. Luego, cuando decidieron separarse, ambos necesitaban capital para poder empezar de nuevo, así que tuvieron que venderla.

—Vaya, qué pena —dijo ella.

—Sí. En fin, aunque estoy seguro de que ofrezco más que nadie, el dueño sigue considerando a todos los posibles compradores. Dice que no todo es cuestión de dinero.

—Tal vez quiera saber si eres la persona adecuada. Si algún día vendo el hostal quiero asegurarme de que el comprador sea una buena persona.

Me aclaré la garganta:

—Entonces la cosa no pinta muy bien para mí.

Ella resopló:

—¿Le has causado otra de tus legendarias y gruñonas primeras impresiones?

—Normalmente eso me ayuda a conseguir lo que quiero en los negocios.

—Chase, esto es un negocio familiar, ¿no? Creo que el dueño espera un enfoque diferente. Quizás no le gusta la idea de venderle la tienda a un fondo de inversión. ¿Sabe que era de tu familia?

—No. Eso no es asunto suyo.

Hannah se rió:

—Ay, Chase…

—Pero creo que tu teoría tiene sentido. Gracias por la sugerencia.

—A veces es bueno que la gente vea que tienes un lado tierno.

—¿Tierno? Eso no es verdad, para nada.

—Claaaaro —Parecía que estaba a punto de echarse a reír—. ¿Cómo lo digo? Demuéstrale lo que significa para ti a nivel personal.

Madre mía, era adorable. En lugar de despedirme para que pudiera revisar el contrato con tranquilidad, dije algo completamente diferente.

—No aceptes el trabajo, Hannah.

—¿Qué? —preguntó sorprendida.

Cerré los ojos, suspiré y los volví a abrir.

—¿Por qué no? ¿Has cambiado de opinión? ¿No crees que sea una buena candidata? —preguntó.

—No, creo que eres la candidata perfecta. De hecho, eres tan perfecta que supone un inconveniente. Has llamado la atención de media empresa con tu puntuación en la prueba.

—¿Y eso es malo? ¿Por qué no quieres que acepte el trabajo?

—Porque me gustas.

Listo. Lo dije en voz alta.

Ella dio un grito ahogado.

—Chase, no. No deberías haber dicho eso. Ahora ya no hay manera de ignorarlo .

—Ya veo. Sumado a los pasos de baile que no puedes borrar de tu mente…

—No puedo creer que saques ese tema ahora.

—Olvida lo que he dicho, Hannah. Me he pasado de la raya. Me he tomado unos tragos de whisky.

—Ah, claro. ¿O sea que la culpa es del alcohol?

—No, es la verdad. Es solo que lo disimulo mejor cuando estoy sobrio. El alcohol me suelta la lengua.

—Chase, no creo que esto… Quiero decir, incluso si no aceptara el trabajo… —Se le trabaron las palabras. No tenía ni idea de si no sabía qué decir o si simplemente no quería decirlo, pero le ahorré el esfuerzo.

—Lo sé —asentí.

—Entonces, ¿por qué me has llamado?

—Porque me he dado cuenta de que probablemente eres la única persona que entendería por qué quiero comprar la tienda.

—¿Por qué se divorciaron?

Suspiré.

—Siempre dicen que no hubo un motivo en concreto, pero, por mucho que lo intentaron, no pudieron conseguir que las cosas funcionaran, se peleaban todo el tiempo.

De pequeño, pensaba que eso era normal. Recuerdo que una vez pasé la noche en casa de un amigo y me quedé completamente desconcertado al ver que sus padres no se peleaban.

Flipé. Pero después de divorciarse, estaban mucho más tranquilos.

Es evidente que fue lo mejor para ellos.

—¿Se ven a menudo ahora?

—Más que antes, hacen muchas actividades con Jeremy. Pero sé que la tienda significaba mucho para los dos. Me pregunto si encontrarían la manera de volver a trabajar juntos o no. Pero bueno, el primer paso es comprarla. Ah, por cierto, no se lo digas a nadie por favor.

—Guardaré tu secreto.

Dudé antes de admitir:

—¿Sabes? No se me da bien abrirme con la gente, pero contigo es diferente.

—Me halaga que me digas eso. Pero… quiero aceptar el trabajo, Chase. —Dijo mi nombre en un susurro. Su voz me llegó directamente a la entrepierna, a pesar de que no estaba diciendo nada obsceno. Pero oírla decir mi nombre me volvía loco.

Joder. ¿Cómo iba a contenerme en la oficina? Bueno, había formas de evitarla. Además, yo no pasaba mucho tiempo con los brókers, así que realmente no había ninguna razón para que coincidiéramos.

—Lo sé —respondí.

—A ver, puedo seguir echando currículums en otros sitios, pero de verdad me gustaría empezar en este.

—Olvida lo que he dicho, Hannah. Este es el trabajo perfecto para ti, y aportarás muchísimo a la empresa. Yo no seré un problema.

—¿Ah, sí? —preguntó con tono burlón.

—Tienes mi palabra. Apenas me verás.

—Quién sabe, igual funciona. —Siguió bromeando—. Ojos que no ven, corazón que no siente, ¿no?

En cuanto lo dijo, supe que nada podía estar más lejos de la realidad. Pensaba en ella constantemente. No importaba si estaba cerca de mí o no. Pero podía controlarme, era un experto en autocontrol. Además, Hannah necesitaba el trabajo, y yo no era un capullo. Podía manejar la situación.

Me devané los sesos buscando un tema neutral del que hablar.

—Bueno, ¿ves algún problema potencial con el contrato? —acabé preguntando.

—No, la verdad es que no. No sé muy bien por qué dudaba. Quizás porque…

Escuché con atención. Si decía que era por mí, era muy probable que buscara su dirección, llamara a su puerta y la besara hasta dejarla sin aliento.

—No importa —dijo rápidamente, y aún tuve que contener las ganas de salir como un disparo de mi loft.

—Vale. Escucha, le voy a mandar un correo a Magda ahora mismo para decirle que todo está bien —continuó.

Apretando los dientes, tragué saliva.

—Genial. Bienvenida a Sterling Investments , Hannah.

—¡Gracias! Me tengo que ir, quiero terminar con esto.

Sabía que esa no era la única razón por la que quería terminar la conversación, pero lo dejé pasar.

Después de colgar, vi que tenía un mensaje de Jeremy.

Esa mañana lo había llevado al colegio y le había dado el videojuego que le prometí.

No tenía tiempo suficiente para quedarme con él después del trabajo, pero mi hermano estaba encantado de que lo llevara al colegio una vez a la semana.

No solo por la ayuda extra, sino también para estrechar lazos.

Disfrutaba de nuestro tiempo juntos; adoraba a ese niño.

Jeremy: GRACIAS por el videojuego, tío Chase. Hoy me he pasado la tarde jugando.

Chase: De nada. No te olvides de estudiar también, ¿vale? No quiero que tu padre se enfade conmigo.

Jeremy: [emoji de pulgar hacia arriba]

También tenía una llamada perdida de Duncan, así que se la devolví mientras me servía un segundo whisky.

—Hola —dijo—. ¿Tienes unos minutos?

—Claro.

—Necesito comentarte un par de cosas.

—Siento no haber contestado antes. Estaba hablando con Hannah.

—¿Y eso? —Preguntó con cierto aire de reproche.

—Me ha dicho que va a aceptar el trabajo.

—Escucha, sé que hay historia entre vosotros, pero es muy inteligente y va a ser una pieza clave para el equipo. Quizás con el tiempo incluso podría llegar a ser socia directora.

—También lo he pensado —admití.

—Perfecto. Pues entonces no la cagues, ¿vale?

—¿Por qué me has llamado? ¿Por el videojuego de Jeremy?

—No, por eso no, aunque sigo yendo con mucho ojo con las horas de pantalla que tiene permitidas.

No, no es por eso. Bastante tengo ya con limitar las horas que Jeremy pasa frente a las pantallas y soportar que la gente me mire mal por haberle comprado un simple móvil para estar en contacto con mi hijo.

Y mira que ni siquiera es un smartphone . Pero no… no te llamaba por eso.

—Entonces, ¿por qué?

Necesitaba que fuera al grano. Cuanto más me advertía que me alejara de ella, más deseaba a Hannah. Era como un toro ante una muleta. ¿Por qué no podía controlarme?

—Tenemos que romper la alianza con Cloudport . Ya les hemos dado suficientes oportunidades.

Eran una empresa externa especializada en análisis de datos, y no estaban dando la talla.

—Estoy de acuerdo —respondí, poniendo de inmediato mi mente en modo negocios.

—Perfecto, ¿lo vemos igual entonces?

—Sí. Y yo mismo puedo encargarme del tema.

—Genial, porque contaba con ello.

A lo largo de los años, había hecho el papel de poli malo en ese tipo de situaciones. Siempre que teníamos que poner fin a una colaboración, era yo quien tomaba la iniciativa. Nunca me había costado romper relaciones.

Pero entonces, ¿por qué no podía hacer lo mismo con Hannah?