Besos Robados Capítulo Nueve
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Capítulo Nueve

HANNAH

El jueves llegué a Sterling Investments a las ocho en punto de la mañana. Mi primera entrevista empezaba a las ocho y cuarto, y quería tener tiempo suficiente para registrarme. Tenía tres rondas de entrevistas, además de una prueba práctica con un caso de estudio.

Años atrás, Sterling Investments estaba en mi lista de empresas a las que enviar mi currículum, pero acabé haciendo las prácticas en una de sus competidoras y terminé quedándome allí.

El área de recepción era bastante sencilla. Una recepcionista muy amable me dio una tarjeta de visitante y me indicó qué ascensor debía usar y en qué planta tenía que bajarme.

Estaba empezando a ponerme nerviosa y a tener hambre.

Como aún me quedaba un poco de tiempo, saqué una pequeña magdalena de arándanos de mi bolso.

Había comprado dos de camino a las oficinas de la empresa, junto con un café, pero solo me comí una, con la intención de dejarme la segunda para justo antes de la entrevista, más que nada para el subidón de azúcar que necesitaría.

Un dulce siempre me venía bien para animarme, y quería que vieran mi mejor versión.

Subí al ascensor con otras personas vestidas de traje, y una de ellas me miró de reojo.

Me pregunté si me había visto prácticamente devorar mi magdalena.

Sonreí tímidamente, usando el espejo del ascensor para limpiarme la boca de posibles migas, y luego me limpié las manos con un desinfectante que llevaba en el bolso.

La mujer que me había estado observando se bajó en la misma planta que yo.

Entonces miró mi tarjeta de identificación.

Mi nombre estaba escrito con un rotulador negro debajo de la palabra “Visitante”.

—Hannah, hoy tienes una entrevista conmigo.

Tragué saliva con dificultad . Bueno, me lo tengo merecido. ¿Por qué demonios me traje la magdalena y no me la comí en la calle como cualquier persona normal?

—Encantada de conocerte. Todavía nos quedan unos minutos hasta que empecemos la entrevista, pero ¿por qué no pasamos a mi despacho? Por cierto, me llamo Magda —continuó.

—Encantada de conocerte —respondí.

Pasamos junto a filas y filas de escritorios. Sabía, sin que nadie me lo dijera, que eran brókers porque reconocí la disposición de los escritorios y los monitores. Al otro lado de la sala estaban los analistas.

El despacho de Magda era grande. No tenía ventana que diera al exterior, pero sí una enorme pared de cristal que dominaba el espacio diáfano donde trabajaban los analistas y los brókers.

—Bueno, he revisado tu currículum. Es impresionante. Entre tú y yo, nos gusta fichar a empleados de la competencia, pues ya nos demuestra que son capaces.

Sonreí, empezando a sentirme un poco más a gusto.

—Fue una gran experiencia trabajar en Dingle Finance . Aprendí mucho.

—Entonces, ¿por qué te fuiste? Tienes un paréntesis de un año en tu currículum.

Vaya, su comentario fue como un cubo de agua helada. En ese año especifiqué “propietaria de negocio y gerente de hostal”, pero entendía por qué ella lo veía como un paréntesis, ya que había estado fuera del sector.

—Heredé el pequeño hostal de mi abuela, y estaba decidida a sacarlo adelante. Sin embargo, hemos tenido algunos contratiempos por el camino, y creo que al final, lo mío, es el mundo financiero y de las inversiones.

—Muy bien, ¿entonces no piensas volver a marcharte dentro de unos años? Es importante que lo sepamos, porque nos gusta invertir en nuestros empleados.

No iba a mentir.

—Mira, Magda, seré sincera. No puedo prever lo que pasará en el futuro, pero soy una bróker muy, muy buena, y siempre estoy decidida a dar lo mejor de mí en mi trabajo. Ten por seguro que, si me das alguna oportunidad, la aprovecharé al máximo y demostraré mi valía.

—Me gusta tu energía, Hannah. Me alegro de que Chase me pasara tu currículum.

Examiné su expresión. Era perfectamente educada y neutral. Quizás era algo que Chase hacía a menudo y no era un favor especial como yo pensaba.

—Bueno, por mi parte eso es todo —concluyó.

—¡Ah! —solté.

Ella se rió.

—No te relajes demasiado. Lo difícil aún está por venir. Tienes cuatro entrevistas seguidas.

—Vale, tenía entendido que eran tres, pero no hay problema —sonreí.

—La alta dirección se ha reservado una entrevista, siempre y cuando te vaya bien en la prueba. No te diré con quién será. No quiero estropearte la sorpresa.

Joder. ¿Tendré una entrevista con Chase después de todo? ¿Y cuál sería el problema? Tendría que impresionarlo a él también. Pero solo de pensar en verlo, se me aceleró el corazón. Ay, Dios, ¿cómo iba a estar en el mismo edificio que él si reaccionaba así ante la simple idea de cruzármelo?

Las entrevistas tuvieron lugar en la sala contigua a la oficina de Magda. Me gustó mucho más, ya que tenía una ventana que daba directamente al exterior. En su oficina me sentía como dentro de un acuario.

Las dos primeras entrevistas pasaron volando.

Eran cosas fáciles que cualquier bróker que se preciara debería saber.

Después de terminarlas, me dejaron sola en la sala con un portátil y un caso práctico.

Tenía las palmas sudorosas y me sentía un poco mareada.

Debería haber desayunado de manera más consistente aquella mañana, pero estaba demasiado nerviosa y el subidón de azúcar ya había pasado hacía rato.

Después me recompensaría con una buena comida saludable.

No perdí de vista el cronómetro mientras tecleaba sin parar. La prueba era fácil, la mayoría eran ecuaciones y conocimientos del mercado. Al pulsar “Finalizar” cuando quedaban dos minutos, me quedé muy satisfecha con mi desempeño.

Me preguntaba con quién sería mi última entrevista. Me levanté del escritorio y di una vuelta por la sala para estirar las piernas. Cuando miré el móvil, tenía un mensaje de mi hermana.

Blair: Buena suerte. Sé que lo vas a petar.

Sonreí de oreja a oreja y le respondí rápidamente.

Hannah: Ya casi he terminado, pero de momento todo va bien.

Me serví un poco de café del termo que me habían dejado en una mesita auxiliar. Estaba templado, pero buenísimo.

Entonces, oí risas al final del pasillo y me puse muy erguida. ¿Es Chase? No, él no se reía así.

Se abrió la puerta y entraron Knox y Finn. Knox sonreía y Finn negó con la cabeza, sonriendo.

—¡Hola! —saludé, intentando ocultar mi decepción.

Por el amor de Dios, ¿por qué tendría que estar decepcionada?

“¿Porque en realidad querías ver a Chase?”, me susurró una vocecita en mi interior. Hice todo lo posible por ignorarla.

—Hola Hannah, me alegro de verte de nuevo —dijo Knox.

—¿Voy a tener una entrevista con vosotros? —pregunté.

Finn cerró la puerta:

—¿Entrevista? ¿Eso es lo que te han dicho? Nada de eso. Solo queríamos ponernos al día.

—Sí, más que nada, averiguar cómo ha pasado esto —añadió Knox.

Fruncí el ceño:

—¿A qué te refieres?

—La última vez que Chase habló de ti, estaba pensando en contratar a un investigador para averiguar en qué clase de líos andabas metida.

Se me salieron los ojos de las órbitas.

—¡Knox! —lo reprendió Finn—. Creo que eso te lo tendrías que haber callado, tío.

Knox hizo un gesto con la mano, restándole importancia.

—Si se queda en la empresa el tiempo suficiente, verá lo exagerado que es Chase. Solo la estoy previniendo.

Me reí, mirando a los dos. No tenía ni idea de qué decir; mi mente se había quedado bloqueada en un detalle.

—¿Quería contratar a un detective?

Knox se apoyó contra la puerta.

—Estaba inusualmente obsesionado, así que nosotros, muy amables, le sugerimos que lo más fácil era preguntárselo a Josh.

—Y eso fue lo que hizo —afirmé.

Knox entrecerró los ojos:

—¿Mi hermano te habló de este trabajo?

—Sí. ¿No os lo dijo?

—No, y no creo que se lo haya dicho a nadie. Solo le mandó un correo a Magda. Me enteré esta mañana por casualidad y pensé en preguntarle directamente a la fuente.

—No hay nada raro —dije con rapidez—. Le comenté a Chase que estaba buscando trabajo y, bueno, salió el tema de que en esta empresa siempre estáis buscando brókers.

—Así es —confirmó Finn. Sonaba más serio que antes—. A Recursos Humanos les han gustado tus entrevistas. Has bordado la prueba.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté.

Finn esbozó una sonrisa:

—Yo recibo personalmente las puntuaciones antes que los candidatos. El mínimo del sector es setenta. El nuestro es ochenta. Tú has sacado ochenta y cinco de noventa. Es impresionante.

Knox sonrió:

—Bienvenida a Sterling Investments , Hannah.

Me quedé atónita.

—¿Estoy contratada, así, sin más?

—Sí. Tenemos un sistema muy automatizado.

Después de cada ronda de entrevistas, el entrevistador sube inmediatamente las puntuaciones a la intranet, donde evaluamos a los candidatos.

La última pieza del puzle era la prueba, y la has clavado.

Normalmente es Magda quien da las buenas noticias, pero esta vez pensamos que la situación requería un toque más personal —explicó Knox.

—Vaya, gracias.

De repente, alguien llamó a la puerta.

Knox me señaló a mí y luego a la puerta.

—¿Quién es? —pregunté.

Knox volvía a sonreír, pero esta vez era diferente. Con picardía. ¿O tal vez con segundas?

—Chase —respondió la persona al otro lado.

Knox miró a Finn y se señaló a sí mismo, murmurando:

—He ganado yo —Obviamente, habían hecho una apuesta.

—El hombre del momento y el hermano Sterling al que Hannah realmente quería ver —afirmó Knox cuando se abrió la puerta.

Sentí cómo se me calentaban las mejillas, y estaba segura de que Chase podía ver cómo me sonrojaba mientras me miraba fijamente. Luego miró a sus hermanos.

—¿Qué hacéis vosotros aquí? —preguntó.

—Hemos venido a darle la buena noticia a Hannah —respondió Finn.

—Y tal vez a advertirla… —añadió Knox.

—¿Sobre qué? —Sí, Chase estaba claramente molesto.

—Acaban de darme la bienvenida a la empresa —intervine con rapidez, temiendo ya que las cosas se pusieran tensas.

Finn me miró directo a los ojos:

—Hannah, la regla número uno con los hermanos Sterling es que no intentes controlarnos. Nunca funciona.

Apreté los labios y levanté las manos: