Besos Robados Capítulo Cinco
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Capítulo Cinco

CHASE

El lunes por la mañana fui a nuestra sede central. Sterling Investments estaba ubicada en un rascacielos del centro de San Diego; un edificio de veinte plantas de las cuales nosotros ocupábamos las dos últimas.

Fui el primero de los hermanos en llegar. Aunque mi despacho estaba en la última planta, me detuve un momento en el piso inferior para echar un vistazo a la zona diáfana donde trabajaban los brókers y analistas.

Cada semana, mis hermanos y yo nos reuníamos en junta.

Aunque todos gestionábamos otros negocios al margen de Sterling Investments , nos gustaba estar al corriente de todo lo que ocurría en nuestra empresa.

Como siempre, mi asistenta había dejado la carpeta con el informe sobre mi mesa.

Esta vez venía cargada: cuarenta páginas.

Lo habitual eran entre siete y diez, pero con lo volátil que había estado el mercado bursátil la semana anterior, aquello era de esperar.

Nuestros brókers preparaban esos informes todos los viernes por la tarde, después del cierre de la bolsa, así que la información estaba al día.

A decir verdad, lo repasé más rápido de lo normal porque tenía la cabeza en otro sitio.

Para ser exactos, en Hannah. No había conseguido quedarme a solas con ella durante el resto de la boda, pero bien pensado, tal vez fuera lo mejor.

No podía olvidar lo que me había dicho el sábado anterior, que las cosas tenían que mejorar. ¿Por qué no iban bien ahora? Necesitaba saber qué estaba pasando con el hostal.

Joder, si alguien me hubiera dicho el viernes que acabaría besando a la desquiciada del aeropuerto y luego obsesionándome con ella, le habría dicho que estaba loco.

Cuando dieron las diez, fui a la sala de reuniones. Duncan, Griffin, Wyatt, Finn y Knox estaban en sus asientos habituales. Me senté al lado de Duncan y les lancé una mirada fulminante a Finn y Knox. Finn hizo un gesto de reverencia ante mí y Knox imitó mis pasos de baile.

—Dejadlo ya —dijo Griffin—. Que estamos en la oficina, hombre.

—¿En serio? No nos habíamos dado cuenta —replicó Finn, pero se quedó completamente callado cuando el resto del equipo fue entrando.

Wyatt nos miró con las cejas levantadas. Nadie lo había puesto al corriente de lo que había pasado el fin de semana.

Duncan carraspeó una vez que todo el equipo estuvo dentro de la sala:

—Muy bien, señores. Hablemos de la catástrofe de la semana pasada.

Puse los ojos en blanco. A Duncan le gustaba dramatizar.

Ya le había dicho mil veces que tenía que cambiar esa actitud.

Era importante que transmitiéramos un tono más seguro, ya que, al fin y al cabo, se trataba de las inversiones de nuestros clientes.

A menos que estuviéramos hablando de la crisis del año dos mil ocho, nada, en mi opinión, merecía ser descrito como una catástrofe .

—Tú siempre tan optimista, eh —comentó Knox con tono sarcástico.

Nadie más del equipo dijo nada. Estaban hechos a nuestras pullas entre hermanos, pero jamás se habrían atrevido a usar ese tono con nosotros.

Por nuestra parte, Duncan nunca diría algo así delante de gente ajena al equipo y Griffin y Wyatt solían tener un buen filtro sin importar quién estuviera delante; sin embargo, no se podía decir lo mismo de mis hermanos pequeños.

Tras repasar los puntos altos y bajos de la semana, Duncan nos pidió que aportáramos ideas estratégicas.

—Deberíamos esperar a que pase esta semana —dije sin dudar—. Ya vi este patrón hace dos años. El nivel de volatilidad era casi idéntico. Se estabilizará en una semana.

—Menos mal que tienes memoria fotográfica —comentó Wyatt.

—No estoy de acuerdo con Chase —repuso Cyrus.

Cyrus Smith fue uno de los primeros empleados de Sterling Investments .

Antes había dirigido su propia empresa, pero era un dinosaurio.

No había sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos, así que muchos de sus clientes se pasaron a nosotros.

Al final acabamos comprando su compañía —nos interesaba sobre todo su cartera de clientes—, pero también lo incorporamos al equipo directivo.

Normalmente le gustaba llevarme la contraria, pero yo lo disfrutaba.

Duncan negó con la cabeza. No le gustaba el carácter beligerante de Cyrus.

—¿Qué argumentos tienes en contra? —le pregunté.

Empezó a enumerarlos, pero el equipo los fue desmontando uno por uno.

Al final, todos estuvieron de acuerdo en que no debíamos hacer cambios precipitados.

En la universidad, mis profesores solían decir que tenía un sexto sentido para el mercado de valores.

Era cierto, pero también era verdad que leía los periódicos de forma casi obsesiva.

Siempre estaba al tanto de las noticias, no solo en Estados Unidos, sino en todas las regiones donde teníamos inversiones.

Correlacionaba los acontecimientos mundiales con el mercado de valores incluso antes de que el propio mercado los reflejara.

Siempre iba un paso por delante, y mis clientes me lo agradecían.

Además, eso nos había llenado los bolsillos generosamente a lo largo de los años.

La reunión concluyó poco después, pero cuando el resto del equipo se marchó, mis hermanos y yo nos quedamos en la sala.

Tras la reunión general, siempre debatíamos sobre otras oportunidades de inversión que podríamos aprovechar como grupo y como familia.

Todos teníamos participaciones en los negocios de los demás.

—¿Sabéis qué? La semana pasada eché un vistazo a algunas bodegas —dijo Griffin—. Nunca hemos explorado ese sector, pero es interesante. Puedo preparar un informe al respecto si os interesa a todos.

—Suena bien —dije.

Todos aportaron alguna que otra idea y luego me miraron fijamente.

—Ahora te toca a ti —me animó Knox.

—Esta semana no se me ocurre nada —respondí.

—¿Cómo es posible? Siempre tienes muchísimas ideas —intervino Finn.

Me encogí de hombros:

—Pues esta mañana no.

Finn se rió:

—Míralo, sigue enfadado porque su mejor amigo se ha casado. Me sorprende que no lo hayas convencido para que se echara atrás.

Me senté más erguido en la silla:

—¿Por qué todo el mundo se empeña en pensar que soy un imbécil?

Knox frunció el ceño:

—¿A quiénes te refieres con “todo el mundo”? Te estamos vacilando, tío.

—Bueno, Hannah no fue muy… —La frase se me quedó a medias en cuanto vi las sonrisas burlonas de Finn y Knox, y cómo Duncan le lanzaba una mirada de complicidad a Griffin.

Wyatt miró a todo el grupo:

—Me parece que me estoy perdiendo algo. ¿A qué vienen esas caras que os estáis poniendo?

—Bueno, resulta que nuestro hermano aquí presente tuvo un pequeño encontronazo con la hermana de la novia —explicó Knox.

—Se encontraron en el aeropuerto y empezaron con mal pie. Luego bailaron —añadió Finn—. Fue idea mía y la verdad es que salió incluso mejor de lo que esperaba.

—Tal cual, y luego se besaron, ¿no? —repuso Griffin.

Se hizo el silencio en la habitación. Mis hermanos estaban en shock . Yo también. No tenía ni idea de que lo sabía.

—¿Nos viste? —pregunté, porque era la única conclusión lógica a la que podía llegar.

—Sí, pero no te preocupes, solo os vi un momento.

Duncan ladeó la cabeza hacia mí y dijo:

—¿De qué vas, tío?

—¿Qué quieres que te diga? Pasó y punto. ¿Por qué estamos hablando de esto en nuestra reunión?

—No tenías nada más que aportar, así que este tema vale tanto como cualquier otro. Quizás deberíamos dedicar una ronda al cotilleo los lunes por la mañana. Sería una buena manera de empezar la semana —respondió Finn.

—Algo te tiene preocupado… —comentó Duncan, ignorando a Finn.

Asentí, sin querer compartir realmente la situación personal de Hannah, pero pensando también que mis hermanos podrían ayudarme.

—Creo que está en apuros con su negocio.

—¿A qué te refieres? —preguntó Griffin rápidamente, ya sin bromear.

—No lo sé. Estaba pensando cómo averiguarlo. Quizás contrate a un investigador privado o algo así.

Finn y Knox se echaron a reír.

—Chicos, no está bromeando —afirmó Wyatt.

Esta vez fue Griffin quien puso cara de desconcierto.

Duncan se acercó un poco.

—¿Por qué no se lo preguntas a ella? —sugirió.

Lo miré fijamente:

—¿No crees que ya lo he intentado, genio?

—¿Por qué no se lo preguntas a Josh? —replicó Griffin.

—Por fin, alguien con una buena idea —admití.

Knox dio una palmada:

—¿Quién dijo que no podemos ser productivos después de un fin de semana en el que apenas hemos dormido?

Duncan se rió:

—Creo que este es un día que todos recordaremos. En lugar de presentar ideas de millones de dólares, nuestro hermano nos ha pedido consejo sobre la chica que le gusta.

—No he pedido consejo —aclaré justo antes de salir a zancadas de la sala de reuniones.

—¡Pero no has negado que te guste! —señaló Griffin en voz alta, haciéndome reír.

No lo negaba porque era verdad, pero a mi hermano se le había ocurrido una buena idea. Contratar a un investigador era una tontería. Josh sabría lo que estaba pasando. Al fin y al cabo, era su cuñada.

Cerré la puerta de mi despacho antes de hacer la llamada. Lo último que quería era que el equipo me oyera. No quería airear mi vida privada delante de todo el mundo.

Sonó varias veces antes de que Josh contestara.

—Buenos días, Chase. ¿Qué tal? —preguntó.

—Hola, tío. ¿Cómo estás?

—Mimando a mi mujer.

¡Joder! Se me había olvidado que estaba de luna de miel. Se habían ido a las Bahamas el día anterior.

—Lo siento. Gracias por contestar —dije con sinceridad.

—¿Pasa algo?

—Oye, ¿tienes unos minutos para hablar? Quería preguntarte algo.

—Claro —respondió.

—Sin que te escuche tu mujer.

—Mmm, no me gusta por dónde va esto —respondió con tono cortante.

Titubeé por un momento:

—Es sobre Hannah.

Soltó un gruñido evasivo y luego oí un ruido, como unos pasos de fondo.

—Vale, ya estamos solos. Por favor, dime que no te acostaste con ella.

—No lo he hecho.

—Uf, menos mal.

—Escucha, me dio la impresión de que las cosas no van bien con su hostal. ¿Qué pasa?

—¿Y por qué te importa tanto eso?

—Solo dímelo.

—Sé que estás acostumbrado a estar rodeado de gente que solo se limita a cumplir tus órdenes, pero yo soy Josh, ¿te acuerdas? Así no funcionan las cosas.

Cerré los ojos un momento antes de volver a abrirlos y respirar hondo:

—Tal vez pueda ayudarla.

—Ya. ¿Qué está pasando? ¿A qué se debe ese repentino interés en ayudarla?

—Es la dama de honor y la hermana de tu mujer —dije, dándome cuenta de la estupidez que acababa de decir.

—Te lo vuelvo a preguntar. ¿Te acostaste con ella?

—No, sabes que no miento. Pero pasó algo. Nos besamos.

—Déjala en paz.

—¡Vete a la mierda! ¿Por qué intentas que pase de ella?

—Porque te conozco, Chase. No eres de los que tienen relaciones serias, y no quiero que te líes con mi cuñada. ¿Sabes lo horrible que sería eso? ¿Que mi mejor amigo le hiciera daño?

—No lo había pensado de ese modo —admití—. Pero no pretendo hacerle daño —dije con sinceridad—. Solo tengo curiosidad por saber qué es lo que le pasa.

Josh gruñó:

—No vas a dejar el tema, ¿verdad?

Ya podía oler la victoria.

—No.

—Sabes que lleva ese pequeño hostal en Point Loma.

—Lo mencionó, pero no conozco los detalles.

—Pues es un desastre financiero.

—¿Y por qué no lo vende? —Mi mente empresarial se activó al instante—. Point Loma es un lugar popular, la ubicación le resultaría atractiva a cualquier potencial comprador. Sacaría un buen dinero por ella.

— Loma House tiene un valor sentimental para ella —señaló Josh—.

Pertenecía a su abuela. De hecho, podría acabar siendo una mina de oro, pero necesita una reforma integral.

Me ofrecí a invertir, pero Blair, Hannah y su madre me rechazaron al instante, diciendo que no quieren aceptar dinero de la familia.

Son muy orgullosas, al menos eso es lo que dice Blair.

A mí me parecen simplemente cabezotas. Pero tal vez con el tiempo acabe convenciéndolas.

—Entiendo —dije.

—Ahora, volviendo a ti y a Hannah.

—No pasa nada entre nosotros —aseguré.

—¿Me prometes que seguirá siendo así?

Dudé. Rara vez daba mi palabra porque nunca la rompía.

—Sí —respondí finalmente.

—Perfecto, gracias. Lo último que necesita Hannah es liarse con alguien que no quiere nada serio.

—Ya. Saluda a tu mujer de mi parte.

—Por cierto, le caes bien.

—¿A quién? ¿A Hannah?

—¡Joder, Chase!

—Entonces, asumo que no a Hannah —concluí.

—No. Me refería a Blair. Aunque si le digo que te gusta su hermana, puede que cambie de opinión. Así que hazme un favor y mantente alejado de Hannah.

—Ya te he dado mi palabra de que no pasará nada. Bueno, voy a empezar mi jornada de trabajo. Disfruta de tu luna de miel.

—Eso haré.

Me senté en mi escritorio, pero en lugar de abrir mi bandeja de entrada, busqué Loma House . Revisé la web e incluso le eché un vistazo en Google Maps. Era una casa enorme de estilo victoriano.

Pude comprender por qué a Hannah le costaba tanto mantenerlo a flote. Había una diferencia entre lo encantador y lo destartalado, y la propiedad se inclinaba hacia lo segundo.

No podía desconectar mi mente empresarial. De inmediato se me ocurrieron tres soluciones a corto plazo que podrían ayudar a Hannah.

Tenía que averiguar su número de teléfono. No podía preguntarle a Josh o se me echaría encima, pero estaba lo suficientemente seguro de que conseguiría su número antes de que acabara el día.

Le has dado tu palabra a tu mejor amigo. No seas imbécil .

Le había prometido a Josh que no pasaría nada… no que no volvería a verla.