Capítulo Cuatro #3
—Heredé el hostal de mi difunta abuela en Point Loma 1 y quería intentar por todos los medios que funcionara.
—Eso dice mucho de ti.
Me costaba saber si sus palabras eran sinceras. Gary se había empeñado tanto en repetir que aquello era un error, que su falta de apoyo terminó siendo la estocada final para nuestro matrimonio.
—Mira, creo que hay un camino de madera en la playa —comenté.
Él asintió y luego preguntó:
—Entonces, ¿tus problemas de esta noche tienen que ver con el hostal?
Resoplé:
—No hablemos de eso, ¿vale?
—Claro. Como quieras.
Caminaba bastante cerca de mí; podía sentir el calor de su cuerpo envolviéndome como una manta. Di un sorbo y luego otro, y mi cuerpo se relajó. Caminamos cerca del agua, pero sin salirnos de la pasarela de madera, así que no tuvimos que quitarnos los zapatos.
Di unos sorbos más de champán y, de repente, vi que la copa estaba vacía.
—¡Vaya, ya me lo he bebido todo! —exclamé. Chase se rió—. Creo que ya noto cómo las burbujas me suben a la cabeza.
—¿Quieres sentarte? —preguntó, señalando un banco.
—Sí, sentémonos —respondí—. Solo unos minutos.
Me puso una mano en la parte baja de la espalda y me guió hasta el banco. Aquel contacto hizo que se me pusiera la piel de gallina al instante. Estaba muy sensible desde nuestro baile, y el champán no ayudaba. En cuanto nos sentamos, retiró la mano y nos quedamos mirando las olas.
—¿Sabes qué sería perfecto ahora? —pregunté.
—¿Qué?
—Una fogata y unos s’mores 2 —respondí mientras lo miraba disimuladamente. Estábamos medio a oscuras ya que había una distancia considerable hasta el hotel.
—Nunca aprendí a hacer s’mores —admitió Chase.
—No te creo. Todo el mundo sabe hacerlos.
Es uno de los mayores placeres de la vida.
Y saber darle el punto perfecto al dulce es una habilidad valiosísima.
Me encantan los s’mores . Todo ese chocolate derretido, la nube y las galletas Graham…
—murmuré con un deje de satisfacción—. Bueno, creo que deberíamos volver.
Necesito un poco de agua, me empieza a dar vueltas la cabeza.
Chase se rio mientras se terminaba el champán.
—¿No has comido?
—La verdad es que estaba un poco nerviosa, así que apenas he probado nada.
—Entonces volvamos —sentenció.
Extendió la mano para ayudarme, pero me incorporé demasiado rápido, el tacón se me encajó entre dos tablas de madera y perdí el equilibrio. Antes de que pudiera caer, el fuerte brazo de Chase me rodeó la espalda, levantándome en vilo para sostenerme contra su cuerpo.
Apreté los ojos con fuerza y, cuando los abrí, me di cuenta de lo cerca que estaba. Sus labios estaban prácticamente en mi mejilla y me dieron ganas de besarlo allí mismo.
—Maldita sea, ¿por qué no puedo dejar de pensar en cómo te movías en la pista? —solté en voz alta. Y lo peor era que no podía dejar de pensar en lo bien que se sentía su cuerpo contra el mío, sobre todo ahora que me estaba sujetando contra él.
Se rió.
—¿Qué?
—Es que estabas tan sexy, y parecía que ni te costaba esfuerzo… —resoplé, dándome cuenta un segundo tarde de que había vuelto a pensar en voz alta.
Al instante siguiente, la boca de Chase se posó sobre la mía.
Me besó de una manera profunda y salvaje, todo mi cuerpo vibraba.
No me cansaba de sentir sus labios contra los míos, mientras su mano presionaba mi espalda.
Entonces gemí, rodeándole el cuello con los brazos y atrayéndolo aún más hacia mí.
Pasé los dedos por su pelo. Su aroma era adictivo; tenía que averiguar qué perfume era.
Con un gemido, me aparté, y el mundo a nuestro alrededor recuperó la nitidez, haciéndome caer en la cuenta de a quién estaba besando. Era Chase Sterling: el mejor amigo de Josh, el padrino de la boda y un escéptico declarado del matrimonio.
—Hannah… —susurró, pasándose una mano por el pelo.
Di un paso atrás.
—¡Chase! —Aunque estábamos en plena penumbra, podía sentir su mirada clavada en mí—. No era mi intención… No sé qué decir.
—No hace falta que digas nada. —Su voz era grave, ronca, y tan jodidamente seductora que me estaba nublando el juicio.
Justo en ese momento, oímos a alguien llamarme. Parecía ser la voz de Josh.
—Mierda, creo que nos necesitan —señalé—. Espero que no haya pasado nada malo.
—Después de ti. —Señaló hacia delante y caminé a paso rápido, con cuidado de no volver a engancharme el tacón.
—Ah, ahí estáis —dijo Josh cuando llegamos de vuelta al cenador—. ¿Dónde estabais?
—Necesitábamos tomar un poco de aire —explicó Chase.
—Os necesitamos para las fotos.
—¡Claro! —respondí, dirigiéndome rápidamente hacia el fotógrafo… y sintiendo que Chase observaba cada uno de mis pasos.
1 Nota del traductor: Point Loma es una encantadora y residencial comunidad costera de San Diego conocida por sus impresionantes vistas al océano, su historia y sus legendarios faros.
2 Nota del traductor: Un s’more es un postre tradicional de campamento en Estados Unidos y Canadá. Consiste en un sándwich dulce formado por una nube asada y una porción de chocolate derretido, todo ello prensado entre dos galletas crujientes.