Capítulo Cuatro #2
—¿Hermana? ¿Pasa algo? —me preguntó Blair.
—Oh, no, no. —Le eché un vistazo a sus pies. Se había quitado los zapatos.
Se rió:
—No me juzgues. Ya ni siquiera siento los dedos de los pies. Debería haber elegido unos tacones más bajos. No sé si mis pies volverán a caber en estos zapatos.
—Seguro que sí —afirmé—. Oye, ¿me has hecho una tarjeta?
Me dio un beso en la sien.
—No. Pensé que preferirías no participar en esto. Por cierto, eres mi heroína, lo sabes, ¿no?
Josh se giró hacia nosotros:
—Totalmente. Tenemos mucha suerte de tenerte. Chase y sus hermanos también estuvieron geniales. Por cierto, yo mismo escribí su tarjeta, le tengo preparada una sorpresa muy divertida.
Abrí la boca y volví a cerrarla. Le había prometido a Finn que no me iría de la lengua. Tenía muchas ganas de ver qué le tenía preparado a su hermano.
Volví a mi mesa, mirando al DJ mientras anunciaba al siguiente participante.
—La siguiente tarjeta es para… ¡Chase Sterling!
Chase estaba sentado en la mesa justo al lado de la mía. Se enderezó en la silla, frunció el ceño y miró a Josh, que le dedicó una enorme sonrisa.
—Vale, tu reto es “Sacar a bailar a la dama de honor con la música que nosotros elijamos”.
Me quedé boquiabierta y miré inmediatamente a Finn, que se tapaba la boca con el puño, intentando ocultar la risa.
—No me lo puedo creer —murmuré.
Josh parecía perplejo. Eso te pasa por aceptar guardar secretos para gente que no conoces, Hannah, me regañé a mí misma.
Esperaba que Chase protestara o se negara rotundamente. Para mi sorpresa, se levantó y se acercó, tendiéndome la mano.
—¿Me concedes este baile?
Puse mi mano sobre la suya y apenas pude contener un grito cuando la electricidad del contacto me recorrió entera. El cosquilleo que había sentido antes cuando había estado cerca de mí no era nada comparado con esto. ¿Cómo narices iba a ser capaz de bailar con él?
Respiré hondo y me levanté de la silla.
—Claro —respondí—. Esto no me lo esperaba.
Me puso la otra mano en la parte baja de la espalda. Esa vez, no conseguí recomponerme. Se me revolvió el estómago y exhalé con fuerza.
—Josh me las va a pagar —amenazó Chase.
—No fue Josh quien escribió el reto. Bueno, al principio sí. Pero luego Finn y Knox metieron mano.
—No tienen remedio —comentó con un gruñido. La manera en que lo dijo me resultó seductora.
—Oye, me lo voy a tomar como algo personal —bromeé—. Tampoco es que bailar conmigo sea un castigo.
—En cuanto oigas la canción que han elegido, cambiarás de opinión.
—¿Cómo sabes lo que han elegido?
—Conozco a mis hermanos.
Entonces empezó a sonar a todo volumen “Earned It” de The Weeknd por el sistema de sonido y entendí lo que quería decir. La canción era extremadamente sensual.
—Los voy a matar —dijo.
—Te ayudaré encantada —respondí, sintiendo cómo se me sonrojaban las mejillas.
—Por cierto, esta canción aparece en muchas listas de las diez mejores canciones para un striptease , pero con bailar basta, no hace falta que os quitéis la ropa de verdad —resonó la voz de Knox por el micrófono—. A menos que la dama de honor lo pida, por supuesto.
Los invitados se rieron de nuevo.
—N-No —tartamudeé antes de darme cuenta de que no lo decía en serio.
Dios mío. Estaba empezando a sudar.
Chase se rió.
—¿Qué es lo que te hace tanta gracia? —murmuré.
—Tu reacción. Parecía que te lo estabas planteando.
—Para nada —respondí con demasiada rapidez—. Es que todo esto me ha pillado por sorpresa.
Chase me miró fijamente. De cerca, su mirada era más intensa.
—Vamos a darles una lección, Hannah.
Espera un momento. ¿Sabe divertirse? Hasta ahora me había parecido poco menos que imposible.
Chase empezó a mover el cuerpo y me quedé alucinada otra vez.
¡Vaya ritmo tenía! El mundo a nuestro alrededor parecía desvanecerse.
No oía los suspiros ni las risitas; solo tenía ojos para él.
Mi cuerpo se movía por su cuenta, pero eso no era nada que me preocupara.
Bailar era lo mío y no necesitaba concentrarme para hacerlo bien.
La música era fácil de bailar y, aunque los movimientos de Chase no eran sugerentes, no podía dejar de imaginarlo quitándose la ropa. Estaba increíblemente sexy con su esmoquin, pero seguro que desnudo era aún más irresistible.
Me cogió de la mano y me hizo girar. Casi pierdo el equilibrio porque no me lo esperaba.
—¿Quieres que dejemos a todo el mundo boquiabierto? —preguntó Chase.
—¡Venga! Espero que estén mirando.
—Lo están —aseguró.
Cuando volvimos a estar cara a cara, me abrazó con fuerza y nuestros cuerpos empezaron a moverse al unísono. Era una escena tan sensual que me daba vergüenza mirarlo, así que fijé la mirada en su hombro.
—Bailas de maravilla… —susurró en mi oído, con una voz ronca y grave, y tuve la impresión de que su frase quedó incompleta. ¿Qué más quería decir?
Subió la mano por mi espalda, hasta llegar a mi nuca. Por un instante, estuve segura de que iba a besarme.
No te imagines cosas, Hannah. Solo es un baile.
Entonces, ¿por qué tenía el pulso a mil y la boca seca?
Casi sin darme cuenta, la canción empezó a apagarse.
Me quedé con unas ganas tremendas de seguir así, unidos.
Sus abdominales se marcaban contra mi estómago a cada paso, en una cercanía tan íntima que me permitía respirar su aroma, dudando si era el rastro de su colonia o simplemente el olor de su gel de ducha.
Cuando terminó la canción, nos detuvimos y miramos a Finn, que parecía atónito. Knox estaba aplaudiendo y, por el rabillo del ojo, le eché un vistazo a Chase. Tenía una sonrisa de lo más presumida.
Mmm, me encanta…
—Señoras y señores, os presento al padrino y a la dama de honor —anunció Finn—.
Tengo que admitir que, cuando elegí la canción para mi hermano, mi intención era gastarle una broma.
Por si alguien se lo pregunta, estos dos no se conocían hasta ayer, pero viendo la química que hay entre ellos, nadie lo pensaría.
Ya veremos si acaban honrando la antigua tradición de que el padrino y la dama de honor se hagan “amigos”.
—El énfasis de Finn, con las comillas en el aire, casi hizo que me atragantara.
—Joder. ¿Este no tiene botón de apagado? —comentó Chase, dándose cuenta claramente de mi vergüenza.
Finn le devolvió el micrófono al DJ y el calor regresó a mis mejillas con más fuerza que antes; incluso más que cuando estábamos en la pista de baile.
—¿Qué le has hecho para que te gaste una broma así? —le pregunté.
Chase se volvió hacia mí en cuanto salimos de la pista:
—¿Por qué asumes que le he hecho algo?
—Porque tenía toda la pinta de ser una venganza.
—Eso es porque no conoces a mis hermanos. Nos las pasamos chinchando.
Me abaniqué con la mano:
—Necesito un poco de aire fresco. Aquí el ambiente está muy cargado.
Aunque el cenador no estaba cerrado ni tenía ventanas, todo el calor quedaba retenido bajo el techo.
—¿Quieres dar un paseo por la playa? —preguntó.
Se me aceleró el corazón. En el fondo, me preguntaba si eso era algo bueno o no.
—Claro, déjame coger el móvil. Quiero volver a revisar la lista, por si se me olvida algo.
—Lo estás haciendo muy bien, Hannah. —Chase esperó junto al borde del cenador mientras yo me dirigía a la mesa.
—Muy bien hecho, guapa —me dijo la mujer sentada a mi lado mientras sacaba el móvil del bolso.
No conseguía ubicarla en absoluto, y mi madre no estaba en la mesa para preguntarle. Era mayor, posiblemente de unos setenta años. ¿De qué conocía a mi hermana?
—Gracias.
—Menudos pasos. ¿Cuánto tiempo os llevó aprenderlos?
—No los habíamos ensayado. Simplemente nos los inventamos sobre la marcha.
Su cara expresaba duda:
—¿De verdad?
—Sí, de verdad. Su hermano le ha gastado una broma.
—Mmm… pues entonces, asegúrate de que no se te escape. —Bajó la voz hasta convertirla en un susurro cómplice—. Por cómo se mueve en la pista, apuesto a que es bueno en la cama.
Se me salieron los ojos de las órbitas.
—Yo no… nosotros… quiero decir…
Joder, ¿por qué no puedo hablar con coherencia?
Me guiñó un ojo:
—Sea lo que tengas que decir, ese hombre parecía querer hacer mucho más que bailar contigo. Si fuera unos cuarenta años más joven, sin duda probaría suerte.
Sonreí con cortesía antes de irme. Chase me estaba esperando con dos copas de champán en la mano.
—Déjame comprobar la lista primero —murmuré, echando un vistazo a mi móvil mientras caminábamos lentamente hacia el agua—. Todo parece ir bien.
Entonces, por pura costumbre, revisé mi correo. Me detuve en seco y respiré hondo. Maldita sea . Tenía más cancelaciones en el hostal.
—¿Todo bien? —preguntó.
Bajé el móvil.
—La verdad es que no. Tengo un problema, pero contártelo no servirá de nada.
—¿Qué pasa? —preguntó con preocupación. Me gustó que se interesara en el asunto, pero no había nada que pudiera hacer.
Negué con la cabeza:
—De verdad que no quiero hablar de ello. Me encargaré de resolverlo cuando vuelva. Las cosas tienen que mejorar. Sea como sea, quiero disfrutar de estos días aquí.
—¿Cuándo te vas? —preguntó.
—Mañana por la tarde. ¿Y tú?
—En el primer vuelo de la mañana.
—Vaya. Debe ser muy temprano, ¿no? ¿Vas a volver a San Diego? ¿Es el de las ocho?
—Sale a las seis —me corrigió.
Hice una mueca de desagrado.
—¿Y te has metido en ese madrugón por voluntad propia?
—Tengo una reunión nada más llegar.
—Pero si es domingo.
—Lo sé. La concerté antes de que fijaran la fecha de la boda y no quería cancelarla en el último momento. Ya sabes cómo es el mundo de las finanzas…
—Sí, yo también trabajé unos años en ese sector.
—¿Ya no? —preguntó mientras salíamos. Acepté la copa de champán que me ofreció y le di un sorbo—. Tenía entendido que os habíais conocido en una conferencia de finanzas, de acuerdo a lo que me contó Josh.
—Así fue —asentí—, pero para entonces ya había dejado el sector.
Omití el detalle de que mi viaje se debía al pánico de tener que buscar un empleo a jornada completa y a mi necesidad de hacer contactos. En lugar de eso, al llegar el verano, decidí apostarlo todo por el hostal.
—¿Y eso?