Capítulo Tres
CHASE
A la mañana siguiente, el hotel estaba completamente en silencio cuando me desperté. Me gustaba empezar el día corriendo. En casa, aunque mi loft estuviera cerca de la playa, usaba la cinta de correr, pero ahora quería estar al aire libre.
Correr por la arena suponía un desafío mayor que la cinta, pero me gustaban los retos.
Empecé trotando despacio y luego fui subiendo la intensidad hasta alcanzar mi velocidad habitual.
Tenía un espíritu competitivo, siempre competía contra mí mismo y contra mis logros anteriores. Era la única forma de mejorar.
Tras cincuenta minutos de carrera, reduje el ritmo a una caminata rápida y consulté las estadísticas en mi Apple Watch . Nada mal: había recortado unos segundos respecto a mi última marca y ni siquiera me había esforzado mucho.
Ralenticé el paso y revisé mi correo. Mi asistente aún no me había contestado.
En el pasado, mis padres habían tenido una tienda de ultramarinos.
Cuando se divorciaron, se vieron obligados a venderla, pero ahora estaba de nuevo en el mercado y mi intención era comprarla para darles una sorpresa.
En ese momento, esperaba que ella tuviera alguna noticia sobre la operación.
Tampoco tenía ningún correo sobre el videojuego de Jeremy, pero era comprensible, apenas se lo había pedido el día anterior.
De camino al hotel, le escribí a mi madre. Desde que vivía sola, nos organizábamos para visitarla con frecuencia y encargarnos de cualquier reparación que necesitara su casa.
Al acercarme al hotel, me sorprendió ver que el personal ya estaba dando vueltas por el jardín. Aunque aún faltaban horas para la ceremonia, ya estaban montándolo todo.
Tenía la intención de ir directo a mi habitación para ducharme, pero una silueta familiar me llamó la atención: era Hannah. Estaba hablando con una mujer rubia y alta, y ninguna de las dos parecía muy contenta. Movido por la curiosidad, me acerqué a ellas.
Hannah llevaba un vestido corto playero de color rosa que dejaba poco a la imaginación. Tenía un culo perfecto y unas piernas largas y bronceadas.
¿Qué probabilidades había de que coincidiéramos en la misma boda?
—Buenos días —saludé.
Hannah se sobresaltó, se dio la vuelta y su mirada descendió hacia mi torso. Tenía la camiseta empapada, así que me la había quitado. Me quedé absorto en sus labios carnosos mientras hablaba.
Su reacción me gustó más de lo que me habría gustado reconocer.
—Chase, buenos días —respondió.
La mujer que la acompañaba me saludó con la cabeza:
—Hola, soy la responsable del catering .
Le tendí la mano para saludarla:
—Encantado, yo soy el padrino.
Tras el saludo, se despidió rápidamente.
—Bueno, os tengo que dejar, tengo mucho que hacer. —Estaba claro que tenía prisa para retomar sus labores.
En cuanto se alejó lo suficiente como para que no nos oyera, un suspiro escapó de los labios de Hannah.
—¿Ha pasado algo? —quise saber.
—La wedding planner me llamó esta mañana. Tiene un virus estomacal y no puede venir.
—¡Joder! —solté con fastidio.
—Tuve la misma reacción —respondió, y por fin volvió a mirarme a los ojos. Me sostenía la mirada con tanta intensidad que sospeché que estaba haciendo un esfuerzo por no bajar la vista. Un caballero se habría puesto la camiseta, pero yo estaba disfrutando de la incomodidad de Hannah.
¿Por qué me comporto así?
—¿Cuándo llega su sustituta? —pregunté.
—No hay sustituta. Trabaja sola. Me ha dado acceso a todas sus listas, pero, aun así, estoy segura de que voy a meter la pata en algunas cosas.
—Hannah, no puedes encargarte de la boda de tu hermana. Eres la dama de honor. Ya tienes bastante.
Ella negó con la cabeza:
—Chase, no empieces.
—Hablo en serio. Si te encargas de todo, no tendrás tiempo para disfrutar de la boda.
—Ya, pero mi hermana la disfrutará y, a fin de cuentas, eso es lo más importante. Ahora mismo no tengo otra opción, ¿sabes? Si me disculpas, tengo que volver a hablar con la empresa de catering para ultimar algunos detalles.
Hannah esbozó una pequeña sonrisa antes de darse la vuelta y dirigirse hacia donde estaba la chica.
Vaya, estaba increíble con ese vestido rosa; mi imaginación se disparó al instante. A duras penas me contuve para no ir tras ella.
Quería ayudarla de alguna manera, pero necesitaba darme una ducha.
Además, debía ocuparme de mis obligaciones como padrino.
Sin embargo, no podía dejar que cargara con todo sola.
Su empeño en que la boda de su hermana fuera perfecta me conmovía.
¿Cómo era posible que la wedding planner no tuviera sustituta por si pasaba algo así?
Malditos chapuceros. Detestaba profundamente la falta de profesionalidad, pero lamentarse no servía de nada, ahora Josh y Blair necesitaban una solución.
De vuelta en mi habitación, me di una ducha y me cambié rápido. Entonces se me ocurrió una idea: todos mis hermanos, menos Wyatt, asistirían a la boda. Entre los cinco, podríamos encargarnos del trabajo pesado.
Duncan era el que más se aproximaba a mi edad. De pequeños, mi madre decía que parecíamos gemelos porque éramos similares tanto en personalidad como en físico. Pero él había madurado antes que yo porque tuvo a Jeremy a los veintidós.
Griffin era el más impulsivo de todos. Por su parte, Wyatt era más cerebral que Griffin, pero compartía su espontaneidad.
Y finalmente, Knox y Finn eran… diferentes. Nunca sabías qué estaban tramando ni qué pensaban.
Cuando a Duncan y a mí se nos ocurrió la idea de fundar Sterling Investments , Griffin y Wyatt acababan de graduarse de la universidad y se incorporaron a la empresa de inmediato.
Finn estaba en su primer año de universidad y Knox en el último de instituto.
Al principio, me opuse a que se unieran a nosotros a una edad tan temprana; pensaba que debían disfrutar de sus años universitarios antes de atarse al mundo de los negocios.
Pero eran muy cabezotas, estaban comprometidos al cien por cien, y eran realmente buenos en lo que hacían: desarrollar software .
Visto con retrospectiva, habría sido más difícil poner en marcha la empresa si no hubiéramos contado con sus conocimientos.
Protegía a mis hermanos con uñas y dientes. Siempre les cubría las espaldas, pasara lo que pasara. Y ellos hacían lo mismo por mí. Era algo que valoraba muchísimo.
Sterling Investments fue una de las primeras sociedades de valores en ofrecer una plataforma online donde los clientes podían realizar muchas transacciones de forma muy sencilla.
La tecnología era de vanguardia y más intuitiva que la que ofrecía la competencia. Fue una de las claves de nuestro éxito.
Fui a buscar a Finn a su cuarto, aprovechando que estaba pegado al mío. Tras insistir llamando a la puerta repetidamente, finalmente me abrió.
—Qué pronto vienes —murmuró con voz todavía algo ronca por el sueño.
—Buenos días —saludé—. ¿Te he despertado? ¿Cómo vas?
—Tío, son solo las ocho y media.
—Lo sé. Es que ha surgido un inconveniente.
Entrecerró los ojos.
—¿Estás intentando encasquetarme tus obligaciones de padrino?
—No, peor.
—Dime entonces qué pasa —respondió, ya totalmente espabilado.
—La organizadora de la boda está enferma.
—Joder, ¿y no tiene sustituta?
—Al parecer no. No tengo más información, pero da igual.
—Entendido. Entonces tenemos mucho que hacer —coincidió.
—Exacto.
Una de las cosas que más me gustaba de trabajar con mis hermanos era que nos complementábamos a la perfección. Casi siempre lográbamos descifrar las intenciones del otro sin mediar palabra; esa era parte de la razón por la que habíamos tenido tanto éxito en los negocios en tan poco tiempo.
—Vale, me marcho para empezar cuanto antes. Hannah tiene todas las listas de tareas.
Finn esbozó una sonrisa pícara.
—La famosa Hannah. Estoy deseando conocerla.
Era evidente que Duncan y Griffin no habían tardado en soltar la lengua sobre lo ocurrido la noche anterior. Esos cabrones se lo pasaron en grande.
Arqueé una ceja en señal de advertencia mientras Finn levantaba las manos en señal de defensa.
—Iré a buscar a los demás —dijo—. ¿Dónde nos vemos?
—En la parte de atrás, en el terreno que hay entre el jardín y la playa.
Asintió:
—Vale. Salgo enseguida.
—Gracias, hermano.
Me dirigí a la parte de atrás con la intención de tranquilizar a Hannah. No me gustaba verla tan agobiada.
Al salir al jardín me la encontré intentando levantar una silla de unas cincuenta que habían dejado los trabajadores allí.
—Deja eso, yo me encargo —le dije.
Una vez más, se sobresaltó y me miró después de dejar la silla en el suelo.
—Chase, has vuelto —dijo con un tono que denotaba sorpresa.
—Claro.
—¿Por qué?
La miré fijamente:
—¿No es obvio? Estoy echando una mano. Venga, pásame esa lista.
Se humedeció el labio inferior. Joder, me moría por pasar mi lengua por ese mismo lugar.
—¿Estás seguro? Puedo apañármelas sola —dijo. Admiraba su actitud resolutiva, pero el tono de su voz denotaba duda.
—No me cabe duda de que puedes. Pero pásame esa lista de todos modos.
Las comisuras de sus labios se levantaron.
—¿Qué? —pregunté.
—Ese tono que usas es demasiado autoritario para mi gusto.
—Hannah… —Mi voz sonó severa incluso para mis propios oídos.
—Vale, dame tu correo y te la reenviaré.
—Ahora mismo —respondí, dictándole mi correo electrónico. Cogió el móvil y, al desbloquearlo, soltó un gruñido—. ¿Más malas noticias?
—Sí, aunque esta vez no tienen que ver con la boda.
—¿Qué ha pasado?
Negó con la cabeza:
—No importa. Ya tienes la lista en tu correo. Si cada uno cumple con su parte, deberíamos ser capaces de solucionar todo esto juntos.
—No te preocupes, he conseguido refuerzos —le aseguré.
Levantó la vista de golpe.
—¿De verdad?
—Sí, he reclutado a mis hermanos.
Me regaló una amplia sonrisa.
—Genial. Con más gente, las cosas avanzarán mucho más rápido. ¿Estás seguro de que no les importa?
—Qué va. Somos seis en total. Wyatt no está, pero todos los demás arrimaremos el hombro.
—Vaya… Chase Sterling, tú sí que estás lleno de sorpresas —comentó antes de bajar su móvil y centrar su atención en mí.
—Escucha, te propongo una tregua —sugerí.
—Te escucho.
Su encanto era innegable; no podía dejar de mirar sus labios.
—Pongamos toda nuestra atención en los preparativos de la boda…
—¿…y nos olvidamos de lo que pasa entre nosotros? —Terminó ella por mí—. Me parece bien.
Me estaba centrando en ella, sí, pero no de la forma que ella pensaba…
Eché un vistazo a la lista:
—¿Por qué estás moviendo las sillas? Aquí pone que hay un equipo encargado de hacerlo.
—Solo intentaba agilizar un poco las cosas —respondió avergonzada—, pero lo dejaré estar. Cuesta más de lo que parece, y ya estoy sudando. No quiero arriesgarme, esta prenda es muy ligera y podría terminar transparentándose.
¡Joder! Si eso ocurría y sus pechos quedaban a la vista, mi autocontrol desaparecería.
—Vale, dinos qué hay que hacer —intervino Finn, apareciendo de pronto tras de mí.
Giré la cabeza para mirar hacia atrás. Todos mis hermanos estaban allí.
Volví a mirar a Hannah: estaba sonriendo de oreja a oreja, con la mirada fija en mis hermanos.
Finn tenía mal aspecto, con ojeras y aún medio dormido.
Griffin sostenía una taza de café enorme, Knox estaba bostezando y Duncan era el único que parecía fresco y capaz de echar una mano.
Pero él siempre había sido así, podía funcionar con tres horas de sueño si hacía falta.
Cuando montamos la empresa, curraba como un animal y encima se encargaba de un recién nacido sin ayuda de nadie.
Una vez me confesó que el ritmo frenético de aquellos años terminó por arruinarle el sueño para siempre.
—Hola, Hannah. Soy Knox, y este es Finn. Nos hemos enterado por ahí de que hoy estás al mando —se presentó con una sonrisa.
—Así es. Encantada —respondió ella—. Vale, pues le he enviado a Chase la lista que me dio la organizadora de bodas. Vamos a dividirnos las tareas; con todos lo que somos, debería ser fácil si cada uno se encarga de una o dos tareas. ¿Queréis que dividamos la lista ahora? —preguntó.
—Claro —asentí.
Mis hermanos se amontonaron tras de mí, curioseando la lista en la pantalla de mi móvil.
—¡No me jodas! —exclamó Griffin—. ¿Cómo es posible que aún queden tantas cosas por hacer?
—¿Has visto? —murmuró Hannah—. Por eso quiero que nos ocupemos de todo esto, para que Josh y Blair no tengan que preocuparse por nada.
Griffin se quedó observándola:
—Eres una gran hermana.
—Solo quiero que todo salga bien —respondió Hannah. Que se preocupara tanto por su familia hablaba muy bien de ella, y era algo que teníamos en común. Para mi forma de ver las cosas, eso significaba mucho.
Durante los siguientes diez minutos, debatimos cómo repartirnos las tareas.
—Mil gracias a todos —dijo Hannah una vez que decidimos quién haría qué. Parecía mucho más relajada que cuando me la había encontrado esa mañana.
—La idea ha sido de Chase —comentó Finn. Por alguna razón, parecía estar disfrutando de la situación—. A él se le ocurrió meternos a todos en esto.
—Ahora que lo pienso, puede que lo haya hecho solo para escaquearse y no tener que trabajar demasiado —añadió Knox—. No me extrañaría eso de él.
Griffin carraspeó:
—Sí, Hannah, no te dejes engañar pensando que es un buen hombre.
—Qué va, ni se me había pasado por la cabeza —respondió Hannah, guiñándome un ojo. Ella y yo éramos los que menos tareas teníamos asignadas, pero lo habíamos planeado así porque también teníamos que atender nuestras funciones como padrino y dama de honor.
—Venga, manos a la obra —animó Duncan, señalando a Finn y a Knox. Mis hermanos se dispersaron rápidamente por la finca.
—Madre mía, qué calor hace —comentó Hannah—. Tendré que volver a ponerme crema solar.
—Necesitas un sombrero —recomendé.
—¿Así que solo finges hablar con un tono normal cuando estás delante de tus hermanos, y en cuanto nos quedamos solos, vuelves a ponerte en plan jefe conmigo para que haga lo que tú digas?
Lo que en realidad quería hacer era capturar su descarada boca y besarla hasta dejarla sin aliento. Pero ella no tenía por qué saberlo.
—Lo digo en serio, Hannah. Entra y busca un sombrero.
Me señaló:
—Iba a hacerlo de todos modos, ¿vale? No lo hago solo porque tú lo digas. ¿Les has dicho a tus hermanos que tengan cuidado con el sol?
Estaba a punto de responderle: “No, porque son adultos que saben cuidarse solitos”, pero ella también lo era, y lo sabía.
—No.
—¿Y entonces a qué viene esto, Chase?
No supe qué responder:
—Hannah. —Medí mis palabras con cuidado—: Tenemos una tregua, ¿recuerdas?
Ella sonrió.
—Es cierto. Pero no estoy segura de que podamos cumplirla —respondió mientras volvía al hotel.
Y lo más probable era que Hannah tuviera razón.